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La insoportable levedad del factor humano en la Justicia

Que el Derecho no es algo mecánico, lógico y técnicamente previsible, es algo que vamos aprendiendo conforme maduramos y ganamos experiencia, los jueces, los abogados, los letrados y el común de los ciudadanos.

Personalmente intuyo que en trazo grueso, muchos juristas – abogados, letrados públicos y jueces- atravesamos tres etapas sucesivas en la percepción del fenómeno jurídico:

  • La primera etapa, propia del estudiante y recién graduado, es la Mecanicista, de fuente kelseniana: el Derecho es un mecanismo de relojería, con pesos y contrapesos, que si además se genera en democracia, resulta infalible en términos de máxima legitimidad;
  • La segunda etapa, propia del jurista profesional es la Revelación: constatación de que Derecho y Justicia ni son dos caras de la misma moneda, ni siempre cabalgan juntos, lo que se revela a golpe de sinsabores, leyes defectuosas, sentencias no convincentes,etcétera.
  • La tercera etapa, propia del jurista veterano y curtido, es la de Iluminación, en que el jurista sabe que el derecho es una diana móvil, la Justicia un relámpago que ilumina a los juristas ( acompañado de sombríos truenos y deslumbrantes rayos, según perjudique o favorezca a unos u otros). Es entonces cuando Derecho y Justicia se ofrecen como un satélite y su planeta: el Derecho gira en torno al Sol de la Justicia (sin fundirse ni confundirse) y en su girar cotidiano, en negocios y tribunales, a veces el derecho ofrece luces y sombras, días y noches, estaciones de aplauso y de crítica, pero nunca escapa a la fuerza de la gravedad de la Justicia.

Admito que siempre hay quienes van adelantados y tienen clarividencia desde el mismo inicio profesional de igual modo que los hay que se quedan anclados en visiones idílicas, aunque me temo que la evolución indicada de la actitud idealista de Don Quijote hacia la realista de Sancho Panza es la que impera.

Esta sana divagación ( inspirada en el sugerente artículo de Villar Ezcurra, sobre el factor humano en el Derecho),intenta mostrar que al igual que en la vida cotidiana no somos el mismo observador en cada edad y según la experiencia cosechada, con el Derecho sucede igual.

Dado que el observador importa, fácilmente se comprende el Factor Humano, pues tras la máscara del teatro jurídico- legislador, ejecutivo y juzgador- hay seres humanos de carne y hueso, con su orteguiana “circunstancia” que es la que hace que el Derecho en sus manos sea vivo y dotado de asombrosa plasticidad en buenas manos y agudas mentes.

En particular el juez está llamado a aplicar o que se supone es una ciencia pero pronto llega a la encrucijada previa a dictar sentencia y tener que aplicar el derecho y elegir uno u otro principio (¿ley especial sobre ley general?, ¿primacía, jerarquía o prevalencia?,¿ retroactividad mínima, media o máxima?, etcétera), calibrar la fuerza de cada especie normativa en relación a las restantes (¿reserva de ley, de reglamento?, ¿preceptos constitucionales orientativos o imperativos?, ¿ principios generales del derecho fuertes o debilitados?, etcétera), interpretar la norma ( ¿según su literalidad, finalidad, antecedentes o contexto?) y determinar los hechos que ocurrieron según la sana crítica al valorar testigos, peritos e incluso documentales (¡casi nada!).

Además ese amplio poder de decisión (¿discrecionalidad, arbitrio o automatismo judicial?) se enmarca en la red del derecho procesal como cauce para traer cuestiones, y hacerlo en tiempo y forma ( red en cuya malla y empleo, tiene mucho que decir el pescador judicial).

En suma, el juez se convierte en un Rey Midas capaz de convertir en cosa juzgada intocable el derecho mas débil y los hechos mas inciertos. Y no “el juez abstracto” sino “el juez concreto que ha tocado en suerte o desgracia”, que cumplirá su misión pero siempre bajo su toque personal. Inevitable.

¿Acaso todos los jueces tienen la misma empatía, simpatía o antipatía?, ¿es lo mismo un juez estresado que un juez calmoso?,¿y un juez novicio que un juez veterano?,¿qué decir de la ilusión y empeño en el trabajo bien hecho si un juez no se siente bien tratado por los órganos de gobierno judiciales?, ¿ es capaz el juez de aplicarse a sí mismo una lobotomía ideológica para dictar sentencias?,¿Valora igual los hechos un juez curtido en problemas personales, familiares de salud y vivencias que quien vive enclaustrado y con vida monótona?, ¿tendrá la misma sensibilidad ante una responsabilidad sanitaria quien ha sufrido en sus familiares posibles errores que quien solo tiene referencias externas?, etcétera.

Podrá decirse que el toque personal de cada juez se corrige con la autocontención ética, o la técnica de las deliberaciones en el caso de Salas de Tribunales y con los recursos de apelación en el caso de Juzgados, pero todos sabemos – o al menos cuando se alcanza la Iluminación- que pocos antídotos puede haber frente a las desviaciones del factor humano, tal y como está diseñado nuestro sistema judicial (instancia y recursos) aunque bien está reconocer que ese factor humano está inevitablemente presente en todos los sistemas judiciales del mundo. Y si bien algunos soñarán con un sistema mas automatizado de justicia, mas previsible y con menor decisionismo, lo cierto es que hoy día todo el mundo prefiere que le opere un cirujano con rostro, y que le juzgue una toga con una persona en su interior y no una computadora.

En esas condiciones, no es extraño que me venga a la mente parafrasear un fragmento de los conocidos versos de Calderón:

 

¿que es el derecho? una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la Justicia es sueño, y los sueños, sueños son”.

 

 

14 comments on “La insoportable levedad del factor humano en la Justicia

  1. andres lluch

    me ha entusiamda esta refexion sobre las personas que suministran justicia, igual que me entusiasma porque explica aquellos procesos intangibles del juzgador a la hora de aplicar su magisterio, tambien me asusta por que estamos a expensas de un cierto subjetivismo a la hora de que se nos aplique aquello que llamamanos justicia. «juicios no tengas aunque los ganes» … decian aquellos que de la vida saben mucho

  2. Luis Albo Aguirre

    Digno de la presentación del Módulo Ejercicio Profesional en el Máster en Abogacía.

  3. Anónimo

    Un gran artículo!!!. Siempre he considerado a la jurisprudencia como fuente del derecho, porque nunca he creído en las palabras de Montesquieu que decía que el «Juez es la boca que pronuncia las palabras de la ley».

  4. El «factor humano» puede ser necesario, pero con matices. Tenemos otro factor, «el político» que es el que verdaderamente está haciendo un gran daño a la justicia, muestra de ello son aquellas sentencias que suavizan el fallo por las posibles consecuencias, de las cuales los jueces juzgadores no deben sentirse culpables, porque los verdaderos culpable son los nefastos legisladores y políticosque tenemos en este país.

    • Rafael González de Lara

      Tienes toda la razón. Son esas sentencias «deferentes» a las que se refiere L. Alfredo de Diego Díaz en su fenomenal «¡Al abordaje! Asalto a la Justicia», citando a su vez a Vergara Blanco que dice «La deferencia judicial (o minimalismo) es también una perniciosa actitud de los jueces y tribunales; es contraria al encargo constitucional de un juzgamiento efectivo de la administración.»

  5. Sabino López

    Realidad pura y dura. Es el desnudo integral de la reaiidad.

  6. Brillante la expresión. «lobotomía ideológica».

  7. Si permites la maldad, esos versos finales de Calderón empiezan con «Ay mísero de mí y ay infelice», lo que también podría aplicarse al jurista que se inicia en estos tortuosos caminos nuestros… Gracias por todo lo que compartes.

    • sed Lex

      Creo que ese es otro monólogo. Éste empieza, más o menos:

      Sueña el juez que es juez, y vive

      con este engaño juzgando,

      disponiendo y sentenciando;
      
y este aplauso que recibe

      prestado, en el viento escribe,

      y en cenizas le convierte
      
la muerte (¡desdicha fuerte!);

      ¡que hay quien intente juzgar,
      
viendo que ha de despertar
      
en el sueño de la muerte!

      Sueña el rico en su riqueza
      
que más justicia le ofrece;

      sueña el pobre que padece 

      su injusticia y su pobreza;


      sueña el que a medrar empieza,

      sueña el que impugna y pretende,
      
sueña el que agravia y ofende;

      y en el mundo, en conclusión, 

      todos sueñan lo que son,

      aunque ninguno lo entiende.

      Yo sueño que estoy aquí
      
desta injusticia cargado,
      
y soñé que en otro Estado
      
más justiciero me vi.
..

      Bueno, alguna licencia me he permitido, que el paso del tiempo no respeta ni los insignes versos de don Pedro…

  8. carlos

    gracias JR. Pues yo soy igual de los pocos que preferimos ya una computadora.Si un Ayto. me aplica un PGOU que no me corresponde, lo hacen sus técnicos humanos. Si una computadora lee el año y PGOU que corresponde a esos locales, jamás habría emitido un informe desfavorable.
    Si ese juez que desoye sentencias del TSJ y «busca» el «sentido teleológico «de una norma de un PGOU que no me corresponde, no hubiera estado y en su lugar otro ordenador hubiera analizado datos ( no inspiraciones) «nunca hubiera encontrado» ese sentido teleológico. Y un caso de 10 años para decir finalmente que sí tengo derecho a esas licencias, se hubiera resuelto en pocos días.
    Cierto, que esos funcionarios prevaricadores que siguen en sus puestos, siempre dirán que son necesarios para «interpretar la normativa». Y que los ordenadores no valen.
    saludos como siempre.

  9. Rafael González de Lara

    Otro motivo para que en el contencioso-administrativo hubiese derecho a una segunda instancia

  10. En mi caso desde luego has acertado plenamente con la descripción de la evolución. Cuando veo jueces recién entrados me veo a mí mismo, en su día, creyendo ingenuamente que el juez realmente podía limitarse a ser boca de la ley, y veo como he cambiado desde entonces.
    La reflexión nos conduce a una adicional: al final las variables en la aplicación de la ley son tantas que la fiabilidad del sistema acaba jugándose en el quicio de la honestidad intelectual y conciencia del juez. Casi nada.

  11. La reflexión está muy pero muy bien, pero 1000 jueces más no estarían de más.

    En el sistema Sajón, tengo entendido, únicamente en primera Instancia fallan tres jueces, uno novato y dos veteranos.

    Cuando el novato está formado este continua su carrera en solitario hasta formar parte de la corte suprema de turno.

    Si este sistema estuviera en nuestro país, cuantos jueces más tendríamos y cuantos asuntos se resolverían por jueces y magistrados bien formados?

    Que un asunto se resuelva en 8 años… Claro que letrados y jueces llegan a la tercera fase, todos envejecemos, con mejor o menor añada….

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