El ciudadano español y el lenguaje castellano son grandiosos. Siempre se conoce alguien que tiene la fortuna, acierto o picardía de beneficiarse ante la Administración. Sería bello sino fuese porque a veces esa ligereza en temas jurídicos provoca daños colaterales. Veamos algunas de estas situaciones en que alguien afirma:

  • Yo conozco uno que te hace el recurso de reposición y te ahorras el abogado. (Claro, después es desestimado y para hacer la demanda el abogado se echa las manos a la cabeza porque el recurso administrativo era un desastre).
  • Yo conozco uno que tropezó en una baldosa y le indemnizaron con tropecientos mil euros. (Ahí tienes al abogado “desinflando” la cifra que reclamará judicialmente para ser realista e ilustrando al cliente de que los rumores solo amplifican los éxitos pero no las mas numerosas denegaciones de indemnización).
  • Yo conozco uno que no pidió licencia urbanística y lleva veinte años el chalé alzado en plena campiña (Luego vienen las lágrimas cuando el abogado que explicarle que en zona verde la acción de demolición es imprescriptible e inevitable).
  • Yo conozco uno que lleva tres años sin pagar la viñeta, ni el IBI… ¡un figura! (Luego, antes de pasar cuatro años es embargada la cuenta de ese conocido y todos lo miran con pena por tener que pagar el principal, recargos e intereses).
  • Yo conozco uno que lo metió un político a dedo como funcionario. (Luego se escarba y realmente era alguien que superó sus oposiciones pero como no está prohibido ser amigo de los políticos, los maledicentes suman dos más dos y se equivocan).

Claro que también esa locución se emplea por los propios abogados, aunque en este caso con cierta razón, o mas bien con admiración, por ejemplo:

  • Yo conozco uno… que en vez de seducirse para pagar la multa de tráfico con rebajas, se atrevió a recurrir… ¡y ganó!.
  • Yo conozco uno… que inició un litigio contra la Agencia Tributaria al terminar la carrera, y, consiguió ultimar el pleito ante de jubilarse.
  • Yo conozco uno… que le estimaron un recurso de reposición.
  • Yo conozco uno… que le admitieron un recurso de casación.
  • Yo conozco uno… que le estimaron la nulidad de actuaciones.
  • Yo conozco uno… que le admitieron el recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional.

Aunque con los tiempos que corren también he oído:

“Yo conozco uno que compró un libro de derecho administrativo….” Y otro le replica: “Pues yo conozco uno que… ¡lo leyó!”

NOTA SOCIAL.- Aprovecho para hacer público mi más sincero agradecimiento a los amigos, funcionarios y autoridades que tuvieron la gentileza de acudir ayer -11/12/19- a la presentación en Oviedo de mi último libro “Ser funcionario en tiempos difíciles” (Motivos para el orgullo y claves de supervivencia) (Wolters Kluwer, 2019). Fue una velada maravillosa en que tras una generosa y divertida presentación de Ana Caro Muñoz y Antonio Arias, que me hicieron ruborizar, pude hablar alto para convertirme en portavoz de la masa silenciosa de funcionarios que día a día nos garantizan los servicios públicos y el Estado del bienestar. Gracias, amigos.

19 comments on “Yo conozco uno…

  1. Anónimo

    Yo conozco uno al que le obligaron a ir con abogado y le hizo un desastre de demanda, hecho que confirmó otro abogado. Y conozco otro que teniendo más razón que un santo , por haberlo presentado mal, con abogado, se lo denegaron. También conozco otro que el abogado pensó…”este es un pardillo, paga todo por adelantado, vamos a omitir la prueba principal yle saco un recurso de casación y otro de amparo”, el cliente se dio cuenta y tuvo que cambiar de abogado ya presentada la demanda y pedir al nuevo abogado que incluyera la prueba principal, al día siguiente…
    También conozco un foro, este mismo, donde día sí y día también aconsejan ( con muy buena voluntad y criterio) a los abogados para que no pierdan los juicios por cuestiones procesales y de mera redacción de los escritos y eso ocurre en un país en el que a un pensionista de invalidez, al que obligaron a ir a un juicio con procurador ( de algo tienen que comer ) y abogado, tendrá toda su vida embargada un tercio de la pensión de invalidez porque el abogado lo dejó todo para el último día y luego no tuvo tiempo de prepararlo, comentarlo…
    También conozco un país , éste, donde nunca me he encontrado con un paciente que llegue a pensar que su médico le ha tratado mal a posta…(que se haya podido equivocar, claro), con otras profesiones no podemos decir lo mismo.
    En fin me remito a las encuestas que miden en grado de satisfacción de los ciudadanos con distintos profesionales. Ustedes mismos

    • brombeis

      No me extraña que no se haya encontrado con un paciente que pensara que ha sido tratado mal aposta por un médico, porque apuesto que muchos estarán muertos.

      • Anónimo

        Buena manera de enfocarlo. Todos somos iguales…. por lo bajo

    • Víctor

      Yo no conocía a nadie con tanto rencor por una profesión. Complicado este mundo en el que vivimos. Suerte.
      (PD; Hay algunos pleitos dónde lo que se dirime es justo el dolo eventual (que no impericia) de algún que otro médico, por lo que sí que debe haber pacientes que se quejan de la dejadez de sus médicos).

      • Anónimo

        Los abogados pueden ser como quieran ser y hacer lo que quieran hacer, de todo habrá, no lo dudo. La cuestión es porqué es obligatorio contratarles, cuando luego nada sucede si se pierde el caso a consecuencia de su práctica

    • Yo conozco uno de abogados que trataban mal a posta a sus clientes… «equivocarse» como los médicos, eso nunca les pasa a los abogados. Por eso los médicos tienen seguros de responsabilidad altísimo, y los abogados no tienen ningún seguro de responsabilidad civil y por eso los colegios de médicos tramitan reclamaciones, reclamaciones y más reclamaciones contra los médicos; ya que si las cosas salen mal, la culpa es del médico que es malo.

      Yo conozco uno de abogados que una vez en su vida hizo algo medianamente bien en opinión del experto cliente; y otro de abogados que prescindían de los clientes que sabían más de todo que ellos mismos; incluso conozco un caso, remotísimo, del siglo XIX en que una vez se perdió un caso, también era de pensiones de invalidez (física y psíquica), y que no fue por culpa del abogado. Pero es algo tan, tan remoto que lo posible es que sí que fuera culpa del abogado el perder el caso, y que por ello le demandaron, y además ganaron la demanda contra el abogado. ¿O no?

      • Anónimo

        ¡Pobrecillo, vaya follón. Lo mismo le pasa como aquel otro que luego sale llorando en youtube por haber perdido la confianza de un cliente! De todo habrá en la viña del Señor . Pero como pasa a veces con los médicos es un error creer que porque se sabe más, se sabe todo. Un médico puede conocer el ochenta por ciento de una enfermedad, pero la solución puede estar en el veinte por ciento que no conoce. Le contaré un caso…la investigación sobre el famoso síndrome tóxico. Mientras todos los expertos investigaban sobre los pesticidas o las aves de la Base de Torrejón de Ardoz, una auxiliar de clínica, mientras ayudaba a una madre a vestir al bebé, le preguntó si le había dado solo leche materna y la madre contestó…”de biberón, pero tal como me enseñó mi abuela, le pongo un chorrito de aceite” Todos los demás sabían más que la auxiliar, pero ella supo preguntar…y escuchar. La respuesta no estaba en lo que sabían sino en lo que no sabían
        Los casos que ud conoce son de “Cuarto Milenio” no solo por la antigüedad sino por la inclusión de información relevante que seguro no estaba en el expediente, imagino, no se. Definir una culpabilidad o no por la denuncia acumulada es como investigar una enfermedad por el tratamiento recibido.¿Toma Haloperidol? Luego padece esquizofrenia. Es común, pero no es científico, solo a House le salía bien

    • japorr

      A ver….. ese planteamiento está perfectamente resuelto por el grandioso Gila,…cuando al cenizo dentro de un avión se le responde que no se preocupe que cada uno tiene su día….»…y si es el día del piloto… que?» . Hay profesionales que no tienen porque ….equivocarse….

    • Anónimo

      En todo los colectivos hay gente buena, normal e incluso mala. Y la hay además en el mismo porcentaje en todos ellos. Ocurre entre los abogados….Y ENTRE LOS CLIENTES.
      Cuando me incorporé al Colegio de Abogados, hace ya más de tres décadas, nos advirtió el entonces decano de la existencia de un tipo de cliente para el que si el pleito se gana es porque él (el cliente) tiene razón, pero si se pierden es porque el abogado es malo. También nos dio algunas claves para identificarlos antes de aceptar su asunto y arrepentirnos luego por ello. Una de las claves era que este tipo de clientes entra contando malas experiencias litigiosas anteriores, propias o referidas, por culpa siempre del abogado o en general echando pestes de otros abogados.

      • Anónimo

        Hace ud bien en rechazar aun cliente que no le guste, yo haría lo mismo. Lo que también sería justo es que el cliente pudiera ir o no defendido por un abogado a un juicio. Igual que se le permite a un funcionario aunque sea auxiliar de laboratorio. Udy yo estamis hablando de lo mismo, libertad y que la confianza se la gane cada uno. Libertad no pata elegir entre abogados sino pata elegir acudir sin abogado a plantear lo que considera una situación injusta. Porque si lo es, se verá a las claras y si lo es y se ve, el juez debería impartit Justicia. ¿Como sucede en otros países de nuestro entorno?

    • Pues yo tambien conozco a un cliente, que despues de haberme dejado la piel de defenderle como nunca se ha hecho, la parte contraria se puso en contacto con él a mis espaldas, unos días antes del juicio y le condonaron la deuda para evitar la condena en costas, pero no tuvo la dignidad de llamarme y comentármelo, viéndome sorprendido el día señalado para el juicio con una pérdida sobrevenida del objeto del proceso por satisfacción extraprocesal.

      Tambien conozco A MUCHOS clientes, que habiéndolos liberado de condenas de prisión, aun sigo esperando que paguen por ello.

  2. Mire de Pol

    «Yo conozco uno…» que siempre escribe cosas interesantes y que, además, esta mañana con este artículo me ha hecho reír 🙂 ¡Gracias por compartir tus reflexiones!

  3. Yo conozco a uno que nos ilumina en no pocas ocasiones. Que hace ameno lo árido y que tiene el don de la ubicuidad intelectual. Lo cierto es que lo conozco y no sé de qué….

  4. JAVIER

    Y yo conozco a uno que fue a un abogado, que estudió profundamente el asunto, que hizo bien su trabajo y al que, sin embargo, le desestimaron la demanda porque, sencillamente, las cosas no son siempre tan sencillas.

  5. Anónimo

    A veces ese tipo de comentarios vienen bien al profesional. A quien me dijo que por un caso igual a un amigo suyo le habían sacado tropecientos mil (recuerdo que era un asunto de tráfico) me faltó tiempo para decirle que fuera donde el abogado que lo había logrado. De inmediato me dijo que bueno….que a lo mejor no era del todo exacto o cierto…..pero mi rechazo al caso sí era cierto: no acepto un cliente así. Otro me dijo que él conocía a uno que había sacado lo mismo que se pretendía por procedimiento especial de derechos fundamentales (que yo no veía aconsejable): rechacé el caso igualmente. En ambos casos confirmé pronto que había acertado.
    Aconsejo encarecidamente rechazar de plano el asunto de quien viene con alguno de los primeros «yo conozco uno». Jamás os arrepentiréis.

    • Contencioso

      Pues sí, una de las principales ventajas del abogado que se suele olvidar es que puede rechazar al cliente que no le gusta o conviene. Ojalá en los juzgados también se pudiera …

  6. FELIPE

    Su estupendo artículo me traslada directamente, trascendiendo la estricta temática jurídica, a esta maravillosa letra del gran Serrat.

    «Uno de mi calle me ha dicho que tiene un amigo que dice conocer un tipo que un día fue feliz.
    Y me han dicho que dicen, que dijo que se tropezó en la calle con un sueño y se entretuvo, y desde entonces no estuvo para nada ni para nadie.
    Y a salvo de su conciencia estrenó nuevas sensaciones y asombrado, comprobó que le iban bien.
    Y me han dicho que dicen, que dijo que recreándose en la suerte de ese sueño que atrapó, pegó un grito y se escuchó por primera vez.
    Era un hombre como cualquiera: ignorado, desorientado, contaminado como cualquiera, aburrido, desconocido y poco atrevido donde lo hubiera.
    Y dicen que creció de tal modo que llegó a alcanzar las estrellas, que se sonrió con razón como lo hacen los bobos sin ella.
    Uno de mi calle me ha dicho que han dicho las autoridades que pasó el peligro, que todo está bajo control, que se trataba de un caso aislado,
    pero no obstante recomiendan que se tomen precauciones, que quien lo prueba una vez sueña en reincidir».

    Pues bien, querido y admirado José Ramón, de alguna extraña manera usted es capaz de conseguir, mediante la extensión invisible de su persona y personalidad (experiencias, conocimientos, reflexiones y sentimientos) a través de sus publicaciones y blogs, que algunos nos sintamos de forma pasajera (ya sabe que la dosis hace el veneno y que conviene ser discretos y no llamar la atención) como ese insolito y extravagante tipo de la canción que un día fue feliz y que, tras serlo, sueña en reincidir para poder reconfortarse (y, a veces, reconciliarse) con la vida. Por eso, entre otras razones, nuestra deuda personal con usted es -y será- infinita e impagable.

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