Sobre los abogados

Para ser feliz con la abogacía: Remad y vivid

El Derecho bajo la perspectiva profesional del abogado ejerciente, es saludable y necesario pues constituye su medio de vida. Un letrado no se alegra de que existan litigios pero sí de que, si los hay, le sean encomendados para su resolución (ya requiera negociación, gestión o fajarse en los tribunales.

Además, el abogado experimenta varios pequeños placeres o brotes de felicidad: cuando le encargan el pleito (por la confianza que demuestra el cliente); cuando triunfa en una escaramuza procesal o incidente (por la alegría de una batalla ganada aunque la guerra no esté zanjada); cuando obtiene la sentencia a su favor (por el reconocimiento tácito al trabajo bien hecho) y por supuesto, cuando consigue cobrar sus honorarios.

En suma, el Derecho no le da la felicidad al abogado, pero le proporciona momentos felices. Eso sí, la conducta o resultado inverso al expuesto es fuente de insatisfacción, malestar e infelicidad: si no le encargan el pleito que deseaba, si pierde un incidente, si la sentencia es contraria o si no cobra.

No sé si es por la crisis económica, epidémica, por el impacto de las nuevas tecnologías o por la saturación de la abogacía, pero lo cierto es que cada vez me tropiezo con más abogados brillantes y esforzados que me expresan su desencanto e infelicidad. Estudiaron una carrera universitaria larga, hicieron sus prácticas jurídicas en Escuelas profesionales o en bufetes consolidados y echaron a volar con «sangre, sudor y lágrimas», hasta descubrir las claves de la abogacía, el placer de la lucha judicial y la negociación con clientes y adversarios.

Pero lo que fueron sueños de ejercer una profesión como instrumento de la justicia se ven gravemente socavados en algunos por la cruel realidad (¿Quién me ha robado mi queso?)

Incluso a veces se sienten agraviados respecto de esos compañeros de Facultad que optaron por ser funcionarios y que hoy viven plácidamente, con nómina garantizada y sin sobresaltos. O agraviados respecto de otros compañeros abogados que facturan elevados honorarios a base de vender al cliente, como Cristóbal Colón a los indios, espejitos de colores. O impotentes por llegar tarde al mundo de las nuevas tecnologías y marketing digital.

¿Cuales son los factores de infelicidad en los abogados? Puedo aventurarme a exponerlos, aunque han aprendido a convivir con ello, como «el precio de la profesión».

  • El estrés inherente a luchar con plazos, manejar leyes y reglamentos que les vienen dados y afrontar un proceso convertido en un campo erizado de minas. Ya me ocupé con detalle en mi ponencia titulada significativamente: «Cómo ser abogado y no morir en el procedimiento».
  • La tensión inherente a enfrentarse a otro abogado, sabiendo que dentro de la Ley, «todo vale» (negociación, estrategias, faroles, etc). No es agradable saber que otro profesional –colega– intentará zancadillearle; el abogado, a diferencia del médico, cuenta con alguien «que quiere que falle en su labor».
  • El tener que manejar situaciones mas allá de las leyes, debiendo aplicar psicología fina con el propio cliente (que ve las cosas como quiere verlas) o con peritos y testigos, e incluso tener en cuenta la actitud psicológica del juez (especialmente valioso en los juicios orales).
  • La inmensa incertidumbre sobre el desarrollo y el desenlace del litigio, derivado de un sistema jurídico con agujeros propios del queso gruyere, de una jurisprudencia para todos los gustos y de una valoración de las pruebas bajo una sana crítica del juez que a veces merece crítica sana del abogado.

 También es difícil sentirse cómodo, en las ocasiones en que se defiende a un cliente pese a saber que carece de razón jurídica o moral, o en que no coincide ésta con la del abogado (pues corren tiempos en que el abogado no elige al cliente sino a la inversa). Cierto abogado me confesaba su insatisfacción personal (no profesional) por haber ganado un pleito pese a la baja talla moral de su cliente y el abuso de su posición, y me confesaba con tristeza: «Mi cliente ha ganado, pero el sistema judicial ha fallado».

Lo peor es cuando el abogado se ha dejado la piel en estudiar un pleito y se tropieza con una sentencia alevosa que despacha todo su esfuerzo con un obstáculo procesal o que resuelve el fondo con superficialidad, o abusando de un corta y pega confuso… En esos momentos el abogado no se lo explica ni sabe como explicárselo al cliente, e incluso se siente con ganas de tirar la toalla, pero no puede hacerlo porque es tarde para resetearse, y se pregunta: ¿para esto estudié derecho?, ¿para esto enterré tantas horas en el caso?, ¿todo el tinglado de la Justicia para este parto de los montes?¿ por qué tengo que pagar los errores inevitables del sistema? ¿En qué lugar queda la Justicia cuando la injusticia procede de la propia justicia terrenal?…

Es cierto que a este segmento de abogados teñidos de desencanto, no les queda más remedio que seguir el consejo dado por el cónsul Quinto Arrio al galeote Judá Ben-Hur, en la conocida película (Ben-Hur, 1959): «Remad y vivid».

Aquí dejo la impactante escena de Ben-Hur… No tiene desperdicio ¿Quién no se ha sentido espoleado por la urgencia, la intransigencia o las órdenes arbitrarias, alguna vez -o varias- en la vida?… Me temo que comprenderán bien la escena muchos abogados pasantes; también muchos abogados veteranos ante directores de bufete implacables; o abogados ante la intolerancia de clientes que pagan pero desmesuradamente exigentes; o profesores universitarios haciendo carrera bajo algunos augustos Catedráticos; o incluso jueces ante la presión de los asuntos sobre su mesa… Nadie está libre de situaciones infelices o enojosas.

12 comments on “Para ser feliz con la abogacía: Remad y vivid

  1. También puedo contarle la perspectiva del cliente: primero encontrar un abogado por las páginas amarillas: parecen haberse especializado la mayoría en inmigración y divorcios.¿no hay otros temas?
    Segundo, cuando encuentras uno de te tema, si es administrativo: “mándeme toda la documentanción”, que son montañas de papeles, yo le explico.Mire que temo que bajo esa montaña se aburra y no quiera coger el caso. Todo, todo. ¿Le hago un resumen? No, todo.
    Vamos al precio, según el importe del litigio. Tu vecino te denuncia por dis millones de euros.¿cuánto vale el abogado? O los pagas o pierdes por no presentarte. Quien dice tu vecino, una Administración corrupta a la que acabas denunciando en la Fiscalía después de armarte de valor.
    Pagas al abogado religiosamente, una parte importante. Y cuando lees la demanda te parece un horror. Se ha limitado a enumerar exhaustivamente la montaña de certificados y a mencionar por encima una jurisprudencia que no tiene nada que ver. Tienes que cambiar de abogado y pedir que incorpore la prueba más importante que el otro no mencionó.
    Y al final responde el tribunal con un corta pega en el que no responde ninguno de los puntos tratados en la demanda.
    Y al final dices: “al menos me quedo a gusto, fiscalía anticorrupción y que les tiemble el trasero”

  2. Carlos Marcelo

    Jajjaja.. que bueno, J.R., que bueno. Esos, los que aludes como «o profesores universitarios haciendo carrera bajo algunos augustos Catedráticos;» son los que un catedrático argentino decía que padecen de «BRONCISMO», o sea, están firmemente convencidos de que merecen una estatua en bronce, de ahí esa «carrera».
    Personalmente, siempre digo que todo el mundo tiene sobrinos, tíos, primos y demás familia que acaban de terminar la carrera de Derecho, y te quitan el procedimiento, por ello la urgencia de cobrar la mayor parte en provisión de fondos, y serás más feliz.

    Un abrazo.

  3. JUAN PERÁN ORTEGA

    Apreciado Sr. Chaves ni se imagina lo reconfortante que me resulta leerle. No se puede explicar mejor el panorama existente hoy en día en la abogacía. Lo más sorprendente es que esto lo escriba un Magistrado y no un abogado en ejercicio. Esto prueba su grandísima visión y su humanidad empatizando perfectamente con nosotros, los abogados.

    Y le digo que reconforta porque, lo que Vd. expresa, lo vengo yo sintiendo en los últimos años y a veces uno puede llegar a creer que debe ser demasiado idealista, exigente, perfeccionista, posibilista… En definitiva, que tiene una visión equivocada.

    Pues no. Vd. desde fuera lo ve y describe con precisión de cirujano.

    Cuanta verdad dice Vd. en lo de que «hoy en día los clientes eligen a los abogados y estos se dejan elegir».
    Así es. No están los tiempos para remilgos.

    Los clientes son cada día más difíciles de tratar y lo peor de todo, instalados en la cultura del low cost y del no querer pagar. Hasta el punto de que hasta con una buena Hoja de Encargo bien clara y firmada, muchos te obligan a ir al Juzgado aun habiendo logrado solucionarles el asunto sin acudir a los tribunales. Son esos asuntos en los que el cliente te suelta que «es mucho dinero para lo rápido que lo ha solucionado y que no se justifica porque la solución no debía ser tan difícil».

    En lugar de agradecer el ahorro de tiempo, dinero y sufrimiento son incapaces de atisbar y reconocer lo meritorio que es lograr solucionar un conflicto bien y a la primera.

    Un abrazo y gracias.

    Juan Perán

  4. Anónimo

    Aun recuerdo como si fuera hoy, el verano del 94 cuando, en mala hora, elegí derecho como primera titulación.

    Tras más de cinco años (sí, las noches de copas me pasaron factura) de ardua carrera con profesores prepotentes con exigencias ridículas, otros dos años en la no menos dura Escuela de Práctica Jurídica (2.600 horas, en dos años) y estar de pasante (Oh, sorpresa no te pagan ¡¡) me lance al ruedo de la abogacía por cuenta propia con un compañero, ya cerca de la treintena.

    Si hacemos acto de contrición , los abogados tendríamos que reflexionar si realmente nos estamos dedicando a una profesión que nos gusta o que, siquiera, llegamos a barajar como primera opción cuando estudiábamos.

    Siempre digo que la abogacía es el cajón de sastre de los licenciados en derecho: es abogado el que no puede ser otra cosa.

    Si todos pudiéramos ser abogados del estado, jueces o notarios , no nos dedicaríamos a arreglarle la vida a la gente por cuatro perras.

    pero como para ejercer no había que superar oposición de ningún tipo, pues era «lo fácil»

    Una gran mayoría hemos acabado en esto de rebote. Descartadas las oposiciones el abanico de opciones se cierra tremendamente.

    una vez comenzada la singladura por cuenta propia , pasan años( no uno ni dos ni tres) hasta tener unos ingresos que te permitan «vivir».

    Después lidia con clientes querulantes, funcionarios bordes y jueces que se creen vicarios de Dios en la Tierra.

    El viernes pasado pasado tuve un juicio donde Su Señoría resoplaba una y otra vez tras cada pregunta que yo hacía.

    Tras más de tres lustros, la abogacía solo me ha servido para acabar desayunando, comiendo y cenando entre seis y ocho pastillas de ansiolíticos y antidepresivos al día.

    El problema no es remar, el problema es cuando remas y no te mueves del sitio, cual hamster en su rueda.

    la cuestion es que alternativa hay? porque fuera del derecho no sabemos (por lo menos yo) hacer nada.

    Y como dicen por ahí , los clientes son para darles de comer aparte: el primer día son muy buenos pero después…. enseguida te echan la culpa de todo, se niegan a pagar, los demandas y resultan insolventes, etc etc.

    y como bien dice el artículo las comparaciones son odiosas: cuando un buen día te encuentras con aquel compañero de facultad que se pasaba la vida jugando a las cartas en la cafetería, y te dice que sacó una oposición de administrativo y que no pega palo, y esto y lo otro, y tú ardiendo por dentro.

    Les agradezco que me permitan ejercer este «ius pataleandi», que es lo único que me queda.

  5. Anónimo

    REMEROS A BOGAR!!!!

  6. Gran empatía del autor. Lo malo de la profesión de abogados es que el resultado final no depende del tiempo, esfuerzo dedicado ni del buen o mal hacer. Por cierto, igual de mal te puedessentir cuando ganas un asunto que deberías haber perdido; aunque esto solo me pasó una sola vez.

    Procuro no judicializar asuntos que creo están perdidos o no tienen mérito.

    Con los años creo que la calidad de muchos juzgados ha ido bajando, amen del amor por la justicia material, salvo excepciones. Automatismos y defensa de la Administración (en sede contencioso-administrativa). Es triste; pero ha veces cuando he visto quién ha sido designado como ponente, me ha abstenido de formalizar el escrito de demanda; ya que se podía prever lo que sucedería atendiendo a posiciones ideológicas muy claras de muchos Magistrados. Algunos Magistrados son hoy políticos en Podemos o PSOE, o viceversa,

    La Justicia está cada vez más politizada e ideologizada, y hay una clarísima mayoría pro-Estatista, «progresista», «El Estado te cuida…», Barajas no es España, etc. con diferentes varas de medir -muy, muy, muy diferentes- dependiendo de los sujetos afectos o investigados.

  7. Siempre un placer leerte. Con este post has dado en el clavo.

  8. Anónimo

    Lo ha «clavao», pero somos duros, hechos al trabajo, y como dice un compañero, en este país no hay justicia, se aplica la ley, y la ley no es más que el fruto del Congreso de los Diputados de turno… Lo que nos queda aún por ver, y por soportar.

    Es verdad que uno llega a la Facultad con Perry Mason en la cabeza y similares y creyendo en cuentos de hadas fabulosos, y luego se topa con la realidad del día a día, que nada tiene que ver con las series de Neflix o las pelis, y entras en un mundo en el que se negocia hasta el color de la cuerda del ahorcado por un precio, en el que eres un filibustero, corsario, pirata o mercenario a un precio decente o indecente, y te reconoces con el compañero de fatigas por las cicatrices del combate, pero es nuestro mundo y es lo que somos, luchadores con unas reglas de juego que no hemos escogido, representado a unos clientes que incluso nos ponen a parir a pesar de las 10 llamadas al día con el que hay de lo mio y hasta que la sentencia favorable nos convierte en seres excepcionales o la desestimación confirma lo que el cliente ya pensaba… qué malo eres tio!! Somos el psiquiatra, el psicologo y el abogado, tres en uno.

    Y si, muchos a veces lo enviaríamos todo al guano, pero lo cierto es que el fondo disfrutamos con lo que hacemos, nos va la marcha, y no lo cambiamos por nada, incluso sabiendo que los colegas letrados de las administraciones juegan con ventaja (no hay nada más placentero que meterle un gol por la escuadra a un Abogado del Estado…), No sé si estamos enfermos o somos masoquistas.

    Hoy he comido con dos compañeros. Una delicia. Venga contar batallitas cuales abuelos Cebolleta… Solo las victorias, claro!!! Para las derrotas ya está el cubata de las 7…

    Puede que algo no funcione en nuestro cerebro…. Pero no lo cambio por nada!!

    Manel Pérez

  9. ANTONIO

    Nunca, jamás, he defendido a un cliente que yo no pensara que le asistiera razón moral (primero) y que se pudiera defender jurídicamente. Y creo, a estar alturas que no lo voy a hacer en lo que me quede de singladura. No os creáis compañeros que hay divismo. En ocasiones las he pasado «Put.» y me llegué a jurar que cambiaría. Pero, uno descubre que hay barreras que no puede saltar. Cuando la vida aprieta tienes la oportunidad de saber realmente quién eres.

    Ahora, por ejemplo, me sorprendo respondiendo a este hombre, «galáctico», de otra dimensión. Me gustaría conocerle personalmente para discriminar o que haya de verdad o de postureo en su «pisar». Me había jurado no volver a intervenir en este foro. Pero la grandeza de ciertos mensajes merece el detenimiento y la respuesta después de la necesaria reflexión.

    Todo esto, si se desea tratar desde un ángulo distendido y hasta cierto punto jocoso, yendo desde lo hilarante hasta lo ácido, pasando por la comedia hasta llegar al drama, con paradas en lo histriónico, en la ironía o en la causticidad, puede ser materia de inagotable producción.

    Mas si se abordare desde una perspectiva de seriedad, en función de la contención de su autor, podría hasta desembocar en el suicidio (perdón, esto habría que encuadrarlo en el párrafo inmediatamente precedente). Un jodido ensayo que sería como dijo el poeta «El rayo que no cesa».

    Compañeros, ¿sabéis realmente lo que a mí personalmente me impacta de todo esto? El que nos estemos perdiendo amigos como el Magistrado Chaves. Qué lujo para los que disfruten de esa condición.
    Todo lo demás queda asumido por descarte. Es una montaña rusa de sentimientos y emociones, un relato de sucesos y acontecimientos en los que me veo reflejado y que operan a modo de Déjà vu. Desde el formalismo, dejar también como apunte que si eso sucediera, sería motivo de recusación ¡bendita recusación! Aunque jamás he entendido esta causa si los que se encuentran bajo su enfoque fueran personas «de bien». ¿Por qué no puedo ser amigo de un Juez? Lo cortés no quita lo valiente. Etc. Que me lío.

    ¡Dios qué buen vasallo si oviesse buen señor! (Quien está por encima de Usted, amigo «Joserra», en general, está corrompido. No es una visión pesimista, me apresuro a anticiparme a la objeción que se me formule de contrario).

    ¡Larga vida a la Abogacía! Puede que en algún lugar alguien esté agradecido por habernos conocido. Puede que nuestra vida haya merecido la pena si hemos tenido la fortuna de haber servido a la felicidad de alguien. Joder, ¿dónde habré metido el lorazepám?

  10. Martin Ferrero

    La empatía que demuestra anima a «remar». Muchísimas gracias.

  11. MENDOZA

    Totalmente de acuerdo, con tus comentarios, que como siempre son acertadísimos. Pero bueno es la vida, hay de todo, buenos compañeros, buenos jueces, buenos funcionarios (los más), y algún descarriado y descarriada, pero es la realidad, y así hay que vivirla y sufrirla a veces. Yo quería dar una pincelada, refiriéndome a los colegios de abogados, debo decir que, en general, son una fabrica de cursos, burocracia y relaciones sociales elitistas, pero no defiende realmente a los colegiados, ni se preocupan en mejorar la profesión, hay profesionales que abusan de la posición y el colegio no marca pautas, todo sigue igual como la canción de Julio Iglesias. Gracias por tu trabajo altruista JR, por muchos años.

  12. Carlos

    Muy bueno, aunque soy graduado social me he sentido identificado. Y es desde luego extrapolable a nuestro mundo en la Jurisdicción Social.

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