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El derecho administrativo como pretexto

Más allá de su alta misión institucional tutelando la gestión del interés general dentro de la red de la legalidad, el derecho administrativo puede servir de pretexto en el sentido de excusa o incentivo.

No se trata del derecho administrativo como pretexto de los políticos para justificar sus decisiones escudándose en leyes y reglamentos como si fuere algo ajeno a su responsabilidad; ni como pretexto del ciudadano que quiere criticar los abusos de los políticos, y se dedica a quejarse de cómo la administración vulnera normas.

Me refiero al uso del derecho administrativo para fines más personales. Lo comento porque algunos vivimos «del» derecho administrativo, vivimos «el» derecho administrativo e incluso sobrevivimos «al» derecho administrativo. Como dijo el torero Rafael el Gallo, cuando le presentaron a Ortega y Gasset y le dijeron que era un filósofo, aquél exclamó: «¡Hay gente pa tó!».

Por ejemplo, puede ser un buen pretexto enfrascarse en derecho administrativo para eludir propuestas alternativas (“lo siento, tengo que estudiar un problema administrativo”). Otras, es un incentivo para sentirse más comprometido con la labor profesional (el hábito hace al monje). O para satisfacer la duda filosófica de si puede armonizarse el interés general y el interés egoísta de personas y grupos. También puede servir para parecer erudito o miembro de una secta enigmática (¿tú también, Bruto?). O sencillamente, el derecho administrativo como montaña a trepar y gozar de las vistas de una cima que se ofrece inalcanzable.

En cambio, es un mal pretexto hablar de derecho administrativo si se trata de seducir amorosamente, o si se pasea por la playa o el monte (¡herejía!), como es mala idea adorar obsesivamente el derecho administrativo como pasaporte hacia el misticismo o nirvana.

Pero confesaré que el derecho administrativo ha sido un gran pretexto para hacer amig@s. A través de una charla, escribir un post en el blog, publicar un artículo o libro… Ahí el derecho administrativo se convierte en pretexto para conocer gente maravillosa y pasar momentos estupendos (hablando poco de Derecho, claro).

Después de la pandemia (e intento hablar en pasado deliberadamente), como el conejo que se asoma de la madriguera, he salido fuera del territorio a hablar de derecho administrativo. Con anterioridad confesé mi reticencia a las frías jornadas en formato online y mi cicatería a viajar para hablar pese a las amabilísimas invitaciones, por aquello de que la edad te vuelve casero y más celoso de tu tiempo. Además de la pereza inherente a viajar, intendencia, permisos oficiales y que al regreso suele esperarme la mesa intacta o más bien, incrementada con más trabajo; ello sin olvidar que la rentabilidad económica de la aventura suele ser ridícula si se dividen los exiguos emolumentos entre las horas aplicadas de preparación, viaje, ponencia y regreso.

Hablar delante de público y hacerlo de derecho no es el mejor de los espectáculos del mundo, ni para el que habla (que teme no ser innovador ni ameno), ni para el que escucha (que teme no poder contener bostezos y miradas furtivas al reloj). Además creo que un buen libro convalida infinidad de charlas.

Así que, aunque dar una charla no sea el mejor plan del mundo, mejora según las circunstancias. En este caso y a tiempo real, me encuentro inmerso en ofrecer una ponencia a funcionarios técnicos y habilitados nacionales en Mallorca, y las cautivadoras circunstancias consisten en las siguientes: acogedor sol y cielo de Mallorca, la compañía en estas lides formativas de mi amigo Antonio Arias, un auditorio atento y participativo, amable acogida de la portentosa interventora Fátima Lozano, ocasión de saludar a viejos amigos e incrementar la lista con nuevos, etcétera.

Lo que ya elevo de “circunstancia“ a “categoría” es la gastronomía y la cultura mallorquina que también nos acompaña, pues no todo va ser hablar de seguridad jurídica, gestión de recursos humanos, potestad de organización, estabilización y otras lindezas al uso. No. Ni hablar del apasionante control interno de los entes locales en estas mismas Jornadas de lo que se ya ofreció cumplida crónica.

Se debe hacer espacio y tiempo para el ocio, pues en tan solo dos días de jornada en Palma de Mallorca, conseguimos darle a razón a Einstein sobre como se curva el tejido del espacio y tiempo por la fuerza de la amistad. El azar de unas jornadas pone en contacto a colegas del planeta administrativo, pero tras mantel compartido y sonrisas se convierten en amigos que no hablan de derecho administrativo.

Lo que el derecho administrativo une, que no lo separen los malos políticos.

Si nos privan de la herencia positiva de la Revolución Francesa, siempre nos quedará el París de los sanos recuerdos de la lucha por el derecho, del trabajo codo con codo, y del ocio compartido. Clic para tuitear

2 comments on “El derecho administrativo como pretexto

  1. Antonio Arias Rodriguez

    ¡Cuantos esfuerzos hay que hacer para estar al día !

  2. Pep Francisco Mir Barceló

    Ohhh! Don Jose Ramón, ud. por mi tierra conferenciando y yo sin haberme enterado. La próxima vez avise con antelación de sus movimientos!

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