Para los magistrados de lo contencioso-administrativo que somos talluditos, hay jueces de leyenda, jueces cuya estatura moral, profesional e intelectual nos sobrecoge y admiramos. Ha sido el caso de Javier Delgado Barrio, que ha fallecido ayer, 25 de septiembre de 2026, a los 93 años de edad.
Mas allá de su sobresaliente papel en las alturas jurisdiccionales, primero como magistrado del Tribunal Constitucional y luego como presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, me gustaría resaltar su papel como juez de la trinchera contencioso-administrativa, ámbito en que se inició siendo magistrado especialista desde 1974 y magistrado de la sala contencioso-administrativa del Tribunal Supremo desde 1986.
Magistrado excepcional y jurista brillante, no sé si calificarlo como juez con alma de académico, o académico con alma de juez, pues su curiosidad intelectual, sus dotes didácticas y fuerza carismática se manifestaban en sentencias primorosas y artículos iluminadores.
Siempre sostuvo la primacía de los principios sobre la letra de la norma, la prevalencia de los valores sobre la fría disposición administrativa, y como no, se alzó como embajador de lujo de la tutela judicial efectiva, pues siempre sostuvo la superación de la jurisdicción revisora, servil con una administración poderosa, en favor de un auténtico control jurisdiccional. Es aquí donde luchó con su palabra, pluma y obras para recortar la discrecionalidad administrativa desde su castillo de inmunidad usando el lazo de los principios generales de derecho.
No es extraño que el Libro homenaje a Javier Delgado Barrio con motivo de su jubilación, se titulase “El juez del derecho administrativo”(Marcial Pons, 2015), o sea, referido al juez por excelencia que sobresale de la masa de los indeterminados. No un juez cualquiera, sino «el juez», modelo a imitar y fuente de sabiduría.
Quede aquí constancia del texto leído por tan gran personaje, con ocasión de su investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad Isabel I, el 8 de. Septiembre de 2022 en Burgos significativamente titulado “Los principios generales del Derecho en la práctica jurisdiccional” (RAP, nm.219,11-20) que tiene por eje sus dos primordiales preocupaciones: la dignidad de la persona y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos, desembocando su trabajo en recordar la necesaria y valiente función del juez para escudriñar la solución justa, de manera que «cuando al llegar al momento de la sentencia exista ya una única solución justa, como la discrecionalidad ya ha desaparecido el juez habrá de pronunciarla, pues de no hacerlo así quedaría claramente burlado el principio de efectividad procesal. Por el contrario, si al llegar ese momento existen todavía varias soluciones jurídicamente posibles, como el control jurisdiccional de la actuación administrativa es de legalidad y no de oportunidad, el juez no podrá sustituir la decisión anulada». Sirva como una valiosa perla más que se suma a sus anteriores artículos, y que debería llevar todo juez contencioso engarzada en su mentalidad.
Lamento no haberlo conocido personalmente, pero sus obras (publicaciones, discursos y sentencias) nos hablan de un juez sensible, sensato y erudito. No es frecuente.
Ahora este gran juez, tras una vida cuajada de coraje, misterios, éxitos y riesgos, en su compromiso con la causa de la justicia administrativa, ha llegado a la tranquila Ítaca. Como recuerda el poeta Konstantino Kavafis, en el poema del mismo nombre, diríase que su vida ha sido un largo y hermoso viaje lleno de peripecias y descubrimientos, pues “alto es tu pensamiento y refinada la emoción que embellece tu espíritu y tu cuerpo” . Descanse en paz.
RESEÑAS IN MEMORIAM
Javier Delgado Barrio, la grandeza de una excelente persona. El Confidencial 25/09/2026
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