El Derecho es necesario y útil para organizar la vida social y evitar que nos peleemos unos con los otros, o que el fuerte aplaste al débil. También es un medio de vida para los profesionales del planeta jurídico. Sin embargo, la profesión jurídica tiende, como la ley de expansión de los gases, a ocupar todo el tiempo disponible. Nos lleva a sufrir estrés y aislamiento por estar enfrascado en problemas jurídicos. Parafraseando a Gordon Gekko en la película “ Wall Street”, “El derecho nunca duerme”, y los profesionales tampoco.
Puede disfrutarse afrontar un litigio con su carga de ingenio y persuasión, como resulta gratificante publicar un artículo o libro de derecho, pero no debemos olvidar la advertencia de Julius Von Kirchann, cuando decía aquello de “un capricho del legislador y decenas de normas van a la papelera”. Y es que los asesoramientos prestados, las mediaciones, los litigios enterrados por sentencia firme, o incluso las publicaciones o charlas jurídicas, toda esa cosecha jurídica, está llamada al cruel olvido.
Ese “sentimiento trágico del Derecho” (fugacidad, inestabilidad y mortalidad) se hace más soportable si el jurista levanta los ojos del boletín, de la base de datos, del ordenador, y se oxigena en la calle o disfrutando de pequeños placeres de la vida.
Viene al caso, porque en mi habitual paseo por la fronda de lectura de alegaciones, artículos jurídicos y jurisprudencia, junto a alguna charla ocasional, conseguí ayer sacar tiempo para una pausa o tregua. Un feliz encuentro con amigos de verdad, en su mayoría ajenos al derecho, y todos dotados de eso tan valioso que es la camaradería y sentido del humor; pudimos reunirnos en una modesta casa portuaria para despacharnos a gusto a base de sidra, percebes, tortilla de patata y fabes con pulpo.
En fin, que hoy no quiero hablar de jurisprudencias ni de dogmas, ni de triquiñuelas procesales, así que a falta de poder celebrar un banquete compartido con todos los seguidores, me limito a brindar con sidra a la salud de todos vosotros, y a recordaros que no dejéis para mañana el calor humano que podáis dar o recibir hoy de eso tan olvidado que es “el prójimo”.
Muchos juristas olvidamos que el mejor truco para aumentar la productividad es no hacer nada, o disfrutar de una pausa con café y sana compañia, o disfrutar de la frescura de la amistad en torno a un mantel, donde no importan formas, plazos ni si se acierta o falla.
En suma, el viejo refrán de “no poner todos los huevos en el mismo cesto” tiene sentido en cuanto no apostar todo por enfrascarse en cuestiones jurídicas, sacrificando familia, amigos y sueños. Cada cosa en su justa medida, pues los placeres sencillos son los más grandes. Como recuerda el castizo dicho: «de lo sano y en buena compañía, nunca hay demasía”.
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Excelente, jajaja, buenísimo, sobre todo el inicio al decir que el derecho sirve para
evitar que ….. el fuerte aplaste al débil
Muy pero muy bueno, tomate otra Sam
Y Bon profit por las tortillas
Sobre el valor de la amistad cdo ya se es mayor, o muy mayor, os recomiendo una maravillosa pelicula recientemente estrenada: DOS DIAS.
Una gran pelicula con el mismo mensaje de este articulo.
Este texto y fotografías muestran la importancia de cosas sin las que no se podría sobrellevar el día a día.
Cuanta verdad en tan poco texto.
Sigo con atención y una sonrisa en el rostro sus interesantes artículos, y me complace especialmente este corto escrito en el que nos lleva a pensar en algo importante al que no damos mucha atención: quedar simplemente para reirnos con los amigos. A los que acumulamos décadas, y ya nos vamos olvidando de muchas cosas, recordar viejas épocas o rememorar lo que ya dijimos varias veces, como diría Dostoyesvki. nos devuelve a la «casa de la infancia que solo tiene buenos recuerdos». Gracias «amigo jurista», que me devuelve con sus escritos a la «casa de mi infancia».
¡Que gran entrada del blog!
Si cada post no sólo es un gran placer leerlo, sino que es un pozo de cultura jurídica que muchos agradecemos, este nos hace volver a la «tierra de los mortales» de un modo cálido y entrañable.
Siempre nos olvidamos de esta parte (¡la más importante!) de la vida y nos diluimos entre plazos, arbitrariedades, IA que se lo inventa todo, «no llego», «-No, aun no he hecho el recurso. Recuerde que se lo notificaron ayer y hay un mes…», etc.
Un brindis por la familia, los amigos, los operadores jurídicos y, especialmente, por Ud. ¡Muchas gracias!