Los que trabajamos con el derecho administrativo tendemos a separar las normas de sus autores, a separar la ciencia jurídica del plano político y a creernos que existe una autonomía de la disciplina inmune a eso tan impuro e indomable que es la política (pese a que existe una interesante simbiosis entre «derecho administrativo» y «política», pues uno no puede existir sin el otro, aunque a veces tiende al «parasitismo», y uno vive a expensas del otro).
En efecto, no debemos ignorar que lo de “van leyes donde quieren los reyes” (Guillén de Castro) se traduce en la sencilla práctica actual de que quienes aprueban proyectos de leyes y reglamentos, planes o dictan actos administrativos –directa o indirectamente– son autoridades públicas, que cuentan con la legitimación democrática, y ahí están los partidos políticos, y con ellos, la clase política que no siempre tiene «la clase» que esperan los ciudadanos.
Bajo esta perspectiva, la del ejemplo de quienes han tenido oportunidad de ejercer poder político y luchar por eso que se llama Justicia, quiero recordar a José Mújica, quien fuere guerrillero tupamaro y tras quince años en prisión, presidente de Uruguay, y que falleció ayer a los 89 años.
No pretendo valorar la política de Uruguay, ni su trayectoria hasta la presidencia del país, ni sus ángulos oscuros que posiblemente tenía, pero sí valoro el peso de sus enormes virtudes y su ejemplaridad. Su figura gana estatura en los tiempos actuales en que la política adquiere tintes maquiavélicos, y en que buena parte de los políticos, nacionales y extranjeros, de cualquier ideología, juegan con la posverdad, con grandes palabras y pocos hechos.
José Mújica destacó por ser un auténtico paladín de la verdad, del buen hacer, de la coherencia personal y del amor por la naturaleza y del sentido de la vida.Me maravilló enormemente la sencillez y valores que transmitía con su clara voz un hombre tan entrado en años, sin soberbia ni ambición, hablando con mirada limpia y con el corazón en la mano. Sin sobreactuar y sin ira. Confieso que me impactaron sus palabras en la Cumbre de Río de Janeiro en junio de 2012, Río+20, ante la ONU sobre desarrollo sustentable, su lucha por la paz, por la solidaridad y como valoraba las pequeñas cosas de la vida.
Y como no, su modo de vida austero, como un franciscano, que necesitaba poco y amaba mucho a la naturaleza. Le aplico las palabras de Antonio Machado: «Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,/ pero mi verso brota de manantial sereno;/ y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,/ soy, en el buen sentido de la palabra, bueno».
Sí. Cada vez tengo menos referentes de ejemplaridad vivos. Ahora tengo un referente más entre los muertos.
Para terminar, me permitiré citar algunas de sus frases que demuestran su gran sabiduría, pese a su origen humilde y estudios primarios. No le hacían falta oscuras filosofías, ni pomposas cátedras, ni pontificar desde las redes sociales. Ni necesitaba más coaching que su propio sentido común y el valor de decir lo que pensaba y sentía.
Hoy día se llena mucho la boca de ética, y los boletines oficiales alojan principios positivizados en leyes, pero es más efectivo el clásico de «predicar con el ejemplo» y saber destilar de estas frases auténticos principios y valores (incluso toques de humor).
POLÍTICOS
«La política no es un pasatiempo, no es una profesión para vivir de ella, es una pasión con el sueño de intentar construir un futuro social mejor; a los que les gusta la plata, bien lejos de la política».
«El poder no cambia a las personas, sólo revela quiénes verdaderamente son».
LIBERTAD
«Ser libre es gastar la mayor cantidad de tiempo de nuestra vida en aquello que nos gusta hacer».

FELICIDAD
«La felicidad no es una cuestión material. Necesitar poco es el camino más corto para tener libertad, para tener tiempo disponible para gastarlo en lo que a uno le gusta o le apasiona. A veces pueden ser los afectos, la relación con la familia, con los hijos… A veces, dedicar tiempo a un arte, una artesanía, un deporte”.
DESARROLLO INSOSTENIBLE
«Si aspiráramos en esta humanidad a consumir como un americano promedio, son imprescindibles tres planetas para poder vivir».
«La naturaleza ha demostrado su grandeza. ¿Si eliminó a los dinosaurios, por qué no nos va a eliminar a nosotros?”.
EDUCACIÓN
“Los gobernantes deberíamos ser obligados todas las mañanas a llenar planas, como en la escuela, escribiendo cien veces: «Debo ocuparme de la educación». Porque allí se anticipa el rostro de la sociedad que vendrá. De la educación dependen buena parte de las potencialidades productivas de un país, pero también la futura aptitud de nuestra gente para la convivencia cotidiana”.
TIEMPOS DE REFLEXIÓN
“La democracia de la Grecia clásica, tan audaz, capaz de gobernar por sorteo y elegir jueces por sorteo, probablemente produjo los ciento cincuenta o doscientos años de historia más explosivos en el desarrollo de las aptitudes y la cultura humana. Nunca se vio una sociedad tan chica que generara tanto. Es impresionante ver los nombres que se agrupan en esos ciento cincuenta años. Da para preguntarse qué pasó ahí. No estoy haciendo misticismo de la historia griega, pero no se puede ignorar lo que produjo esta forma de participación”.
“En realidad nos toca vivir, no una época, sino un cambio de época acelerado, con una brutal explosión tecnológica, con cosas de maravilla (…) pero si tuviera que representar a la humanidad hoy en un monumento, elegiría el monumento de un mono con una gigantesca ametralladora. Porque en realidad esta humanidad parece tener los recursos que jamás tuvo, pero no sabe usarlos, no puede usarlos, porque desde el punto de vista político no está a la altura de las necesidades de la época. Daría la impresión de que esta humanidad rica en conocimientos no está, desde el punto de vista políticamente consciente, a la altura de los desafíos que tiene por delante. Ojalá que me equivoque”.
ESPERANZA
«No se vive de nostalgias, ni de recuerdos, sino de porvenir».
«No soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivo con lo justo para que las cosas no me roben la libertad».
En fin, se ha cumplido su deseo de vivir «ligero de equipaje, con lo justo para que las cosas no me roben libertad» y reivindicaba como buen guerrero, el derecho al descanso, de manera que al fallecer demostró su afirmación de que “Por ahora, la muerte es lo único fantásticamente democrático que existe”.
Descanse en paz. El problema son los vivos.
Descubre más desde delaJusticia.com
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



Pingback: In memoriam, José Mújica : un hombre bueno de sangre jacobina | CYM
Con el máximo de los respetos por Su Señoría, en este caso no puedo coincidir con sus palabras. Por más que este hombre fuera coherente con su pensamiento, al contrario que la mayoría de los que dicen pensar como él, lo cierto es que si algo le define es que fue un terrorista. Eso, y su alianza con la banda terrorista ETA, le califican para siempre como un asesino y, por tanto, como un ser despreciable. Descansen en paz sus víctimas y las de sus aliados.
A mi hermana Kake, con quien ya se ha reunido, le encantaba este hombre. Lo admiraba.
Desde luego no era un ser perfecto, pero hay que ver cómo algunos se fijan determinados (y reprochables) hechos pasados, pero omiten sus últimas décadas de ejemplaridad. Si ponemos el nivel ahí, creo que nos sobran muchos personajes históricos que hoy se recuerdan «por no bueno» y no «por lo malo». Sobran ejemplos no?
Un hombre admirable, una persona a la que sus turbios caminos de llegada le convirtieron en personaje para la Historia de lo bueno. Del error al acierto hay camino que pocos transitan. Él lo hizo y aportó mucho al presente y al futuro de muchos hombres de bien. Que perdonan por el arrepentimiento, que valoran lo bueno sin que predomine lo malo. El odio destruye, no construye. El perdón engrandece. La comprensión y la voluntad de acertar son el fluido del buen futuro. Mújica fue un encuentro y hoy es una pérdida. Quede lo mejor de su huella y el no olvido de sus errores. Quede como nuestro su victoria.
A diferencia de algunos opinantes, no solo considero admirable la actuación de Pepe cuando tuvo acceso al poder y en su desarrollo vital posterior, sino también cuando, previamente, se enfrentó a la injusticia, junto con otros y otras como él, en lucha siempre desigual, con todas las armas de que disponían. Pagando un terrible precio por ello.
Estimado José Ramón, en su columna del pasado domingo de su blog amigo (léanla saldrán mejorados tras su lectura) nos confesaba un secreto ¡Soy un extraterrestre! Y compartía un informe actualizado dirigido a sus superiores galácticos ¡de lo que es/on y no debería/n ser nuestro mundo y quienes los habitamos!
Pues bien, aún sin saberlo, estaba anticipando su homenaje de hoy al gran Pepe Mújica ¡El extraterrestre por excelencia!
Mújica era plenamente consciente de su rara condición pero no se incomodaba con ella: «sé que soy un viejo medio loco que por mi manera de vivir y valores no encajo en este mundo».
Su doctrina, coherencia y ejemplo (claroscuros aparte de los nadie se libra) era/es admirable.
Valgan algunos ejemplos: lo humano, los valores humanos, la ciencia y la cultura no se pueden hipotecar, deben ir siempre por delante de las ideas, el interés y el dinero y ser faro y cimiento de cualquier sociedad y modo de vida, y por tanto -añado- ¡de toda normativa!; ninguna adicción es buena salvo la del amor; el verdadero patrimonio que tenemos es «nuestro» ¡tiempo!; lo inevitable hay que afrontarlo no llorarlo; triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae; la dependencia electrónica limita nuestra capacidad de pensar, nos controla y envenena; hay que vivir en armonía con la naturaleza y asumir que los humanos somos parte de un todo más grande; el tipo de civilización depredadora que hemos desarrollado, donde los valores económicos están por encima de todo, nos hace caminar a un holocausto ecológico; debemos afrontar la vida desde la razón y el corazón logrando un equilibrio entre emotividad y pensamiento….
Por eso, quienes creemos en mucho de lo que afirmaba, ejemplificaba y practicaba, compartimos su reconocimiento y nos sentimos de duelo.
El mundo está necesitado de muchos Pepe Mújica (vengan de donde vengan). Sin su modelo, sin su saber darle auténtico sabor a la vida y sin su lucha firme -pero sin odios- contra los malos, la Humanidad se va a pique.
Lo más raro de todo es que este hombre levante tantas simpatías y nadie haga nada serio por imitarle.
Sin ninguna ironía, quiero felicitar a los lectores de este blog por su educación y templanza, y al señor Chaves que con sus publicaciones nos reúne. Y lo digo porque, a raíz de las afirmaciones del primer comentario, ninguno de nosotros hemos respondido airadamente ante tales barbaridades, aunque hayamos tenido ganas. Gracias a todos
Paz para Pepe y serenidad para Lucía
«YO, PEPE MUJICA
Os lo cuento.
Fui guerrero tupamaro, agricultor y político.
Pero estoy cansado sin dejar de ser lo que fui; sobre todo, guerrero.
Y ahora me estoy muriendo y también el guerrero tiene derecho a su descanso, el que impone el tumor
que me invade.
Todos los caminos de mi tierra llevan
a mi corazón, y sé distinguir lo que es pasajero de lo que es definitivo.
Fui yo quien eligió este camino y no protesto por llegar hasta aquí, con 89 años.
Pero necesito silencio.
El silencio es manantial de vientos que se llevan los ecos de la vida, los cuchillos hostiles,
los dientes, alfileres y ataúdes,
los desgarros de mil escalofríos,
torbellino de llantos y de lutos.
Dejadme en el silencio de mis higueras y manzanos umbríos, de la lengua que resiste las palabras que hieren por la espalda, de las orillas que besan los crepúsculos
lamidos por las olas.
Devolvedme el silencio, que quiero curar la herida que me dejó en el alma el dolor de las selvas arrasadas, de los bosques de cemento plantados, de la pobreza insuperable, de la justicia no ejercida, de las libertades quebrantadas.
Devolvedme el silencio, que quiero volver a mis verduras, mientras tranquilo, y esperando la paz inevitable, medito sobre la hermosura de la vida, sobre cuánto caí y cuánto me levanté, los buenos amigos que me acompañaron y también bailaron conmigo.
Devolvedme la paz y no me pidáis más palabras.
Necesito el milagro de los labios cerrados, de las bocas mudas, de las tibias sombras,
de los latidos ausentes.
Guerrero soy y seguiré luchando,
sin tregua, jamás derrotado.
La vida siempre es porvenir.
La vida me persigue aunque me esté muriendo.
¡Cuánto de vida hay en la muerte!
¡Cuánto de más allá en la vida!»