La atrevida referencia literaria a la gran obra de Jane Austen, al atribuir «Sentido» y «Sensibilidad» al desconcertante y frío «Derecho administrativo» requiere una explicación. Especialmente porque el título de mi última obra es precisamente “Sentido y sensibilidad del Derecho Administrativo. – Buena fe. Actos propios. Abuso de derecho. Proporcionalidad. Equidad. Desviación de Poder” (Ed. Bosch, 2024) o en Amazon.
Quizá bastaría con apelar a la conciencia del administrativista para que confiese si no es cierto que en más de una ocasión se ha preguntado: ¿Pero tiene sentido esta enloquecida disciplina?, o ¿dónde está la justicia y sensibilidad hacia el ciudadano?
Dejemos que hable la PRESENTACIÓN de la obra:
I. En mis casi cuarenta años como empleado público, sea como letrado, profesor o magistrado, he afrontado el aprendizaje del derecho administrativo con ojos ilusionados de astrónomo hacia un universo majestuoso que, en los tiempos actuales, se ofrece como un universo en expansión, bello e inquietante, con fenómenos sorprendentes, y agujeros negros para la seguridad jurídica.
En su día tuve el atrevimiento de exponer una visión sistemática de la disciplina (Derecho administrativo mínimo, 2020), que fue seguida de la perspectiva empírica (Derecho administrativo vivo, 2021) y del diagnóstico de las debilidades y desajustes (Derecho administrativo problemático: 200 cuestiones críticas, 2023).
II. Completada la trilogía, sentí la necesidad de mirar hacia atrás y replantearme el sentido de una disciplina compleja, interminable, cuajada de dogmas. Especialmente incómodo me resultaba que el Derecho administrativo escudase su contenido en el difuso interés general, propiciando unas Administraciones públicas poderosas, con el padrinazgo de unos legisladores complacientes que las arman de potestades y privilegios, tanto para su andadura por la vía administrativa como por la jurisdiccional. Bajo su actuación administrativa, se encuentra el ciudadano, relegado a una condición pasiva y titular de derechos formalmente vigorosos, pero materialmente debilitados.
Este escenario me empujó a indagar en el auténtico sentido y razón del derecho administrativo, a reconocer las garras del león y retorcerle la cola (la senda de la buena ciencia) hasta que finalmente se me ofrecieron las tres dimensiones de un único modelo: el sentido de servicio al interés general, el servicio a la tutela de valores éticos y cívicos, y como garantía de ambas misiones, el sentido el derecho administrativo como herramienta de control.
La luz del túnel en que actualmente estamos inmersos, se vislumbra en un valioso trípode de principios que están en fase de tímida recepción legal pero valiente acogida jurisprudencial, que deben alzarse en brújula inexcusable de los poderes públicos no legislativos: el principio de buen gobierno, el principio de buena administración y el principio de buena jurisdicción.
III. En paralelo, además de esa persecución del sentido de la disciplina, indagué los huecos del derecho público por donde la sensibilidad del empleado público o del juez, podía hacer colar la luz del acierto o la justicia del caso, tratándose de institutos fuertemente enraizados en valores y en el caso concreto, que operaban como palancas correctoras del mecanicismo aplicativo de la fría norma administrativa.
Se trataba de unos institutos con fuerza positiva (la buena fe o los actos propios), otros con fuerza repulsiva (abuso de derecho, desviación de poder) y otros con doble efecto, según el resultado de su funcionalidad de ajuste (proporcionalidad o equidad). Junto a ello, resultaba inevitable examinar la proyección de esos principios en el ámbito procesal.
IV. El resultado es la presente obra. Una primera parte que versa sobre el «sentido» del derecho administrativo, con apoyo en necesarias referencias doctrinales de quienes han reflexionado sobre el poder público y la armadura jurídica del derecho. Y una segunda parte, sobre la «sensibilidad» de los operadores jurídicos, con exposición de la dispersa pero valiosa doctrina jurisprudencial, que demuestra que por las venas de empleados públicos y jueces late un corazón y luce el sentido común.
Para asomarse a la original perspectiva de la obra, prologada por mi admirado Juli PONCE SOLÉ, aquí está el ÍNDICE.
Espero que les guste, y les sea útil. Bien está saber el sentido del Derecho Administrativo, pero mejor contar con la cosecha jurisprudencial de las herramientas por las que el tiempo no pasa y que zanjan infinidad de litigios contencioso-administrativos: Buena fe, actos propios, abuso de derecho, proporcionalidad, equidad y desviación de poder. Además se examinan las manifestaciones de «la malicia procesal».
Por supuesto, esta Obra que acaba de salir al mercado, o enlace a Amazon, va en mi estilo personal, quizá académicamente poco ortodoxo, pero cómodo para el jurista empírico y el lector que quiere sustancia: claridad, reflexiones críticas, algún toque literario, y como no, jurisprudencia para mantener los pies en la tierra.
Un trabajo intenso que ahora comparto, porque creo que en Derecho administrativo tiene especial valor el viejo dicho de que «Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente».
Gracias por llegar hasta aquí.
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¡Hay que tener arte, D. José Ramón, para pretender convencer sobre el sentido y sensibilidad del Derecho Administrativo! Con gran dolor de que la realidad de este Derecho esté apartada de su sentido y sensibilidad originarios, hoy el título literario aplicable ¿no cree que habría de ser «orgullo y prejuicio»? El orgullo con el que las Administraciones Públicas abusan de sus potestades y el prejuicio con el que tratan al ciudadano, como si por definición fuera un tramposo
Gracias por la info.
¿Dónde se puede comprar en PDF?
La tecnología es muy útil, para buscar contenidos por «términos estrictos», en los que se legisla la ley general tributaria, Art.14 en Ley 58/2003 GT
Tiene buena pinta la obra, para un abogado que tiene que luchar diariamente contra el abuso de poder de la Administración del Estado (toda ella fundada en un pacto mefistofélico) puede ser una herramienta útil, lo dijo Heráclito, la vida es una guerra y ello exige ir armado y estar siempre despierto. Es mejor morir de pie que vivir de rodillas, la muerte tiene mala prensa, pero creo que no es tan mala como la pintan, y si le pierdes el miedo, solo te queda el valor y por tanto lo más cercano a la victoria.
Así tras esta prosapia que bien me podría haber ahorrado digo que me haré del libro para mi biblioteca de las artes de guerra del abogado contra los faustos pactos que tanto abundan en la Administración y en la Justicia que tanto monta como monta tanto.
Afortunadamente creo que los derechos materiales, no sólo los formales, de los ciudadanos son más fuertes que nunca (actualmente soy funcionario). Estoy convencido de que en poco tiempo veremos cómo caen muchas Doctrinas Legales y se consolidan otras más respetuosas con los derechos ciudadanos. Hace tiempo, siguiendo las enseñanzas de mi Padre, vaticiné (no puedo demostrarlo salvo por la fecha del archivo Word de mi estudio) que la caducidad de la acción contra el silencio cambiaría tarde o temprano (efectivamente tanto TC como TS) y cambiaron. Vendrán muchas más sentencias que demostrarán que el Ciudadano es mucho más fuerte que todas las Administraciones juntas. Saludos
Afirmaba Sócrates que el estudio para aprender a vivir bien dura toda la vida. Por eso, tratándose de Derecho Administrativo, cuarenta años no son nada. Ahora bien, ¿hay ambición más sana y generosa que la de intentar hacerlo evolucionar acompasándolo a su auténtica razón de ser, a partir de la puesta en práctica de su conocimiento crítico, para que todos vivamos mejor? No, por supuesto que no. Y qué mejor forma de hacerlo que mostrando al mundo administrativo sus propias vergüenzas (su insensibilidad y su sinsentido) para que se sonroje, rectifique y transforme su degradación en dignidad y decencia.
Es curioso ver cómo las verdades más simples acaban siendo las más eternas y universales. Si durante nuestra existencia debiéramos ser humanos y, en el sentido más machadiano de la palabra, buenos. Al Derecho Administrativo y a todos sus protagonistas (sus creadores, intérpretes, aplicadores y destinatarios) les ocurre lo mismo. Buen gobierno, buena regulación, buena administración, buena jurisdicción y buena fe es lo que siempre debiera/n practicar y ser. El auto-plagio es estilo (A. Hitchcock), puro estilo Chaves.
Magnífico José Ramón. ¡Felicidades por tu nueva criatura!
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