Como los boletines oficiales son aburridos, a veces leo sobre historia antigua, y en este caso, concretamente sobre la Grecia de tiempos de Pericles (s.V a.C.), de la que me llamaron la atención algunas cosas singularmente valiosas que tenía aquélla “democracia” de las que debería tomar buena nota nuestra joven democracia (eso sí, me apresuro a señalar que solo la décima parte de la población disfrutaba de la democracia griega, pues estaban excluidos las mujeres, los esclavos y los metecos o extranjeros).
Veamos las tres curiosísimas notas.
- Los que proponían las leyes en la Asamblea (Ecclesía), si se aprobaban, pero luego resultaban penosas, erradas o lesivas del interés de Atenas, determinaban la responsabilidad directa del que la propuso.
- La inmensa mayoría de los cargos públicos eran por sorteo y duración de un año (más de mil puestos). Se excluían los cargos que requerían saberes técnicos y que tenían que recaer en «los mejores». Este era el caso de los “estrategos” o especie de generales porque la guerra requería prestigio y experiencia; el tesorero, porque los fondos públicos no podían estar en manos de cualquiera; y el encargado del abastecimiento de agua, porque no podían permitirse en este ámbito errores.
Eso sí, el sorteo se efectuaba entre quienes se presentaban voluntarios (mal trabajo haría el que no tuviese tiempo ni ganas), cualquier ciudadano podía denunciarles si no hacían bien las cosas, y sobre todo, debían rendir cuentas al final con sanciones económicas y civiles. Cosa seria.
- El ostracismo o expulsión del territorio por diez años mediante votación pública en la Asamblea (y que requería 6.000 votos para que prosperase) no era una castigo o pena, sino que era una medida preventiva para evitar dictadores. Se trataba sencillamente de conjurar a quienes el pueblo “sospechaba” que querían convertirse en tiranos o aspirar al poder personal, y los afectados conservaban sus bienes y reputación pero, eso sí, fuera de Atenas.
No deja de ser curioso que fueron víctimas del ostracismo personajes de prestigio, entre otros: Milcíades (el general victorioso sobre los persas en Maratón), Temístocles (el general victorioso sobre los persas diez años después en Salamina), o Arístides el Justo (quien fue prestigioso magistrado y del que se cuenta que cuando se sometió a votación su ostracismo, que suponía depositar en unas vasijas una concha -ostraka- con el nombre del designado, un votante le rogó que escribiera en su concha el nombre de Arístides, y éste le preguntó, ¿qué ha hecho el tal Arístides para que le votes la expulsión?; la respuesta fue: «Nada, pero me fastidia que todo el mundo le llame “el justo”» Y Arístides, haciendo honor a su apodo, estampó su propio nombre, y fue desterrado.
En fin, hagamos el experimento mental de pensar en una democracia española en la que:
- Los diputados que propongan una Ley, si es ineficaz o inconstitucional, que respondan personalmente (económica, disciplinariamente, etcétera). O sea, ojito con los faroles, tirar con pólvora del rey o con fácil demagogia.
- Los cargos públicos por debajo de las máximas autoridades, que fueren designados por sorteo (sin designaciones de confianza, oposiciones ni concursos)
- Se aplicase el ostracismo a los “políticos trepa”, cuando se les ve el plumero.
Baste como experimento mental, porque ciertamente ni los tiempos ni las dimensiones del Estado o sus problemas, permitirían tales medidas, pero al menos nos demuestran el sentido común que imperaba en la sociedad griega del siglo V antes de Cristo, en abierto contraste con el sinsentido que parece brotar de algunas decisiones de democracias veteranas actuales como las que está adoptando Donald Trump y que me hacen estremecer y preguntarme si la legitimación democrática es una patente de corso para todo, o si debería tener algunos límites.
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Yo creo que la solución es otra: es trabajar «a años vista» implantando desde niños unos valores adecuados, como la justicia, la honradez, etc. Sin estos valores (en mi opinión) tampoco la propuesta-comparación con Atenas funcionaría. ¿Por qué? Porque los que controlan las cuentas públicas, o los jueces, o los políticos actuarían persiguiendo intereses espurios. Um! ¿Les suena?
Gracias por tu tiempo.
Me quedo con «el tesorero», que imagino, igual que hoy en día, no informaba correctamente a los recaudadores y estos por seguridad se propasaban.
Actualmente, se está permitiendo que se tribute por «demostrar» la capacidad económica del contribuyente, cuestión muy diferente a «poner de manifiesto» una capacidad económica, que sería más adecuado recaudar por «descubrir» capacidad económica nunca antes manifestada, por no puede ponerse de manifiesto lo ya manifestado.
Esta reflexión encaja en la doble tributación, que se está incumpliendo porque «el tesorero» educa a «los recaudadores» en la idea que se tributa impuesto por «demostrar» la capacidad económica, modificando la intención de ley.
http://www.baseimponible.com/info/26399Pdf20220302ActaNotarial.php
Joer, D. José Ramón, ¡qué gusto poder despacharme!, pues sobre esto he meditado un poco. Precisamente, por eso, y por ser breve, me voy a la parte que considero clave: «Sorteo». Pero no, como se dice, para los cargos menores: no. Debe ser para los mandos y por un plazo no superior a 4-5 años. Entre los voluntarios con capacidad (que no es lo mismo que formación, porque ¡madre mía con la supuesta formación!). B
Ventajas:
– desaparición de los trepas políticos (añadiría inútiles, incapaces e ignorantes, pero podría ser un pleonasmo intolerable).
– desaparición (al menos reducción) del tráfico de influencias.
– falta de necesidad de sometimiento de los técnicos al poder político (de nada les serviría ser serviles para ascender, justo lo contrario de lo que ahora tiende a pasar).
– Su Señoría habría tenido alguna posibilidad de haber sido nombrado Presidente de Sala como merecía (nunca hay que olvidar las afrentas de los malos, ellos son implacables en su maldad). He personalizado, pero podría hacerse extensivo a todos los miembros de los órganos máximos del Estado, hoy «okupados» por lo «mejor» de cada casa.
– hay muchas más, pero estas son incuestionables.
Desventajas:
– se me dice que el sorteo, por mera cuestión estadística, acabaría poniendo en cada puesto al menos un 50% de los menos capacitados. Pues bien, ante semejante escenario y viendo lo que vemos cada día y lo que es nuestra (lo que queda de) España, sólo se me ocurre una respuesta: ¿sólo un 50%?.
– por vueltas que se le de, no hay más, pues aunque puedan plantearse, todas tienen soluciones factibles.
En fin, que al menos así podríamos asegurarnos que al menos, alguna vez, podríamos tener al menos un 50% de los más idóneos para cada puesto. ¿Y si fuera éste el sueño de Martin Luther King?
Me gustaría que en el lote también pudiera entrar el poder judicial, no solamente el legislativo y el ejecutivo. Las decisiones de los «intocables» causan enormes perjuicios a la ciudadanía. En pocas ocasiones los mismos jueces encargados de juzgar a otros jueces adoptan medidas contra sus propios compañeros y reconocen sus en sus resoluciones las correspondientes sus fallos y errores y, sobre todo, con el derecho y la ley, prácticamente se puede mantener cualquier criterio aunque sea injusto e ilegal. En las pocas ocasiones en los que los jueces no son tapados por otros jueces las consecuencias económicas que sus conductas causen son afrontadas por los de siempre: los contribuyentes.
Estamos viviendo en unos momentos en los que la democracia cada vez está más cuestionada, por muchas y múltiples razones. Pero de lo que estoy convencido es que personajes como Trump le hacen flaco favor a la democracia y le importa un pimiento esta forma de gobierno. Él y otros personajes son uno de los peligros. La deslegitimación de las instituciones democráticas, especialmente de los que legislan y gobiernan, siempre refuerza más a los que nunca pueden ser cuestionados: los jueces y tribunales, pues cuando se cuestionan sus resoluciones siempre aparece el mismo argumento: se ataca la independencia del poder judicial. La democracia tiene, efectivamente, muchos peligros: uno de ellos es hacer demagogia y populismo.
Estoy muy de acuerdo con el comentario de Marcos: educación.
Opino igual. La rendición de cuentas y la transparencia, como principios democráticos, alcanzan a todos los poderes del Estado: no solo al Ejecutivo y al Legislativo.
El artículo está muy bien y le felicito por ello. Mi único reparo es por su conclusión final, respecto de la cual me asombra que cuando apenas han pasado unos días desde que ejerce su cargo de Presidente el Sr. Trump ya esté intranquilo usted por lo que se nos viene encima (que no digo yo que no haya que estarlo), y sin embargo durante los 7 años que ejerce el cargo el Sr. Pedro Sánchez, y con lo que está haciendo (confinamiento ilegal y cierre del Parlamento también ilegal; ocupación de las instituciones; aprobación de leyes como la de amnistía con fines espureos, etcétera), no le haya causado a usted la necesidad de escribir este artículo antes y referido a esta persona.
Saludos,
Estoy de acuerdo. Lo de la responsabilidad personal de funcionarios y políticos es esencial; incuso previsto en las leyes; pero nunca o casí nunca se aplica.
En lo que tengo un vision diferente es en la actuación de trump y Elon musk y su ofinica DOGE, el Department of Goverment Efficiency, que está limpiando el gigantesco aparato ideológico-propagándistico con millardos de dolares a repartir. USAID, CIA, DOD, DOJ y una miriada de funcionarios muy bien pagados, cientos de miles.
Un verdadero MILAGRO LAICO, como la aparición de Milei en Argentina cuando Chile se había pasado al colectivismo y estatismo de izquierdas.
me temo que esas medidas tan draconianas no impidieron que la democracia ateniense se convirtiera en un imperio despótico para sus aliados y enemigos, ¿ como los usa de trump? y desapareciera mediante la guerra con esparta y sus aliados. No creo en medidas milagro para salvar una constitución o una democracia, pero si podría ayudar que ningún cargo público.(gobierno, administración, partidos políticos, sindicatos, patronal, ongs, etc.) sea ocupado más de cuatro años por la misma persona,, que se instauren mecanismos para garantizar la igualdad de oportunidades entre los que tienen talento y capacidad de esfuerzo y los que sólo tienen padrinos, que se intente garantizar sinceramente la igualdad de todos ante la ley y la justicia, y que los medios de comunicación tengan mecanismos externos que garanticen la objetividad de sus informaciones. todo, me temo, como diría El Hermano Lobo » para el año que viene si dios quiere».
Gracias Chaves.
nos las pones botando y ya ves…una parte de tu «electorado del blog» nos volcamos en identificar los males que tenemos encima.
Yo creo que hay código penal suficiente para estos desmanes.
Pero desde que alguien inventó la coletilla… » la penal es la última ratio» y además abrieron el aliviadero falso …» puede acudir a la vía contencioso administrativa», desde entonces, la caída de este imperio de la ley esta cronificada.
Aplíquese las leyes para todos y todas ( las fechorías).
Dejénse por favor, de tonterías dialécticas para justificar lo no justificable: la penal es la ratio y ámbito en el que las denuncias penales deben verse con intensidad bastante. Ni mas ni menos. ni mirar para otro lado.
Si se sigue con este disimulo y otros parecidos como los indultos ( todos), la responsabilidad es y será de los que están al cargo de hacer cumplir la ley.
y puestos a dar ideas…¿qué tal si los funcionarios ( todos) del estado y del resto de los poderes, dejaran de tener voto mientras ocupen estos puestos a sueldo de la administración? reflexionamos?.
carlos de miguel.
Voy a hacer un ejercicio de especial contención porque, de no hacerlo, cerrarían el blog y yo acabaría dando explicaciones en un Juzgado de Instrucción. Como soy profundamente miope, no alcanzo a ver lo que nos cuentan aquellos que dicen lo que pasa en EEUU, casualmente los mismos que auguraron de modo incontestable una victoria de Kamala Harris. Sin embargo, debe ser cosa del principio de inmediación, distingo nítidamente lo que pasa en mi país. Y, como los hechos notorios no necesitan prueba, me limitaré a advertir que no queda en España organismo, institución, sindicato, partido, administración o poder del Estado que no esté bajo sospecha. Ya no creo en una justicia de jueces rojos o azules ni en un fiscalía corrompida por estirpes y cada vez que acudo a un Juzgado a pedir en nombre de otro me siento como media cáscara de nuez vacía que choca unas veces contra los arrecifes y otras contra el casco de un superpetrolero. Nunca pensé que diría esto pero ¡Cuanto lamento haber estudiado derecho!
La democracia actual no es sinónimo de libertad. Ya lo supo ver Jean-Jacques Rousseau cuando, respecto a la democracia inglesa de su tiempo, decía: creen que son libres pero se equivocan: solamente son libres una vez cada cuatro años. Y es que una vez el ciudadano echa la papeleta en la urna pierde el control absoluto de las decisiones de transcendencia que toman los gobernantes. Y tampoco vale con decir de forma manida que los partidos políticos a los que se votan representan la voluntad popular, pues como también supo discernir Carl Schmitt los miembros de los partidos políticos representan a su partido político y no a los ciudadanos, y más en una sistema de elección indirecta como el nuestro. Incluso, dentro de los propios partidos políticos, Robert Michels nos advirtió que su funcionamiento tendía a la burocratización y a la formación de una élite reducida que monopoliza las decisiones del partido, es decir, se tiende al cesarismo. Cuando Alexis de Tocqueville estudió la incipiente democracia americana, aparte de ensalzar este sistema como el único en el que los hombres son legalmente iguales y libres, también nos advirtió del riesgo de que la democracia pudiera convertirse en una especie de sistema despotismo de la mayoría en el caso de que aquélla no fuera ponderada, pues la concentración de poder en unos representantes elegidos, sin otros poderes intermedios que pudieran mediar con éstos, podría llevar a la tiranía, incluso en forma de populismo trasnochado como se ve en la actualidad.
Todo lo dicho puede observarse en muchas de las democracias actuales, y no solo en la lejana democracia estadounidense. Solo hay que mirar a nuestro ombligo para ver los defectos que ya apuntaron los autores clásicos.
Y con ello no quiero decir que otra forma política sea mejor que la democracia pero debemos ser conscientes de sus defectos y limitaciones, y de la deriva que parece que se embarcan las democracias actuales.
Y todo ello sin mencionar al elefante «políticamente correcto» en la habitación del Tribunal Constitucional…
Nuestros padres mintieron, eso es todo.
Los atenienses también acabaron vencidos por la estupidez. La democracia no es garantía de nada, salvo quizá que tengamos más facilidad para mandar a un gobernante al paro sin librar una gerra, que de por sí, no es moco de pago. Pero nada garantiza, que el siguiente gobernante sea mejor. Lo esencial no es la democracia, sino el establecimiento y cumplimiento de leyes justas. Hay que volver a leer a Aristóteles.
¿Qué opinas de los juicios de residencia? ¿Se podría implantar una medida semejante para puestos políticos y determinados funcionarios?