La vida del jurista suele ser una montaña rusa: problemas, estudios y reflexiones, debates y tropezones, victorias y derrotas, ilusiones y decepciones, éxito y supervivencia. No hace mucho, me atrevía a aconsejar a los abogados para salir adelante en las turbulencias de la incertidumbre judicial, un consejo cinematográfico: “Remad y Vivid”.
En suma, moverse en los enredos jurídicos es una labor gratificante por su dimensión intelectual, creativa y tendencialmente benéfica hacia la mejora de la justicia, cada uno desde su posición (juez, fiscal, abogado, académico, etcétera).
Ahora bien, se agradecen los momentos eureka, los de epifanía, los de espacios de sosiego y disfrute. Ciertamente hay juristas que salvaguardan celosamente su tiempo de ocio, pero la mayoría no consiguen (o no conseguimos) desconectar. La tierra media donde se disfruta de un contexto jurídico pero sin tensión, la ofrecen los seminarios, jornadas y congresos, donde los encuentros de personas e ideas son fructíferos. Me refiero lógicamente a los presenciales, pues soy enemigo declarado de los foros telemáticos salvo imperiosa necesidad, por aquello de que se frustra el contacto visual de ponentes con asistentes, y se priva a todos de esas pausas de café, saludos y abrazos.
Quiero compartir que se aproxima el que para mí es un evento gratificante y delicioso, que tendrá lugar este viernes 23 de enero a las 11:00 horas en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, relativo a la Gala de los «Premios Jurídicos Globoversia 2025», y en que se intentará ofrecer amenidad, viveza, humor y fraternidad jurídica; se tendrá ocasión de elogiar a los galardonados y escucharlos, y además de disfrutar del lujo de una charla sobre “Inteligencia artificial y derecho penal” a cargo del magistrado de la sala penal del Tribunal Supremo, don Antonio del Moral García.
En suma, un acto de acceso libre, gratuito y entrañable, al que todos son bienvenidos. Y si alguien desea ir más allá, podrá asistir previa reserva, al ágape en la Sala de Pinturas del Fonseca, donde tampoco faltarán sorpresas.
Así que, en este mundo convulso por las guerras, la economía enloquecida y las tragedias de accidentes ferroviarios y de índole catastrófica –que nos ponen los pies en la tierra y nos demuestran lo pequeños que somos– bien está una bocanada de aire fresco de libertad, sensatez y humor.
Allí estaré con la mejor de mis sonrisas y… con mis mejores amigos.
P.D. No está de más releer mi reflexión, muy vigente, buscando respuestas a la gran pregunta que todos los juristas nos hemos hecho alguna vez: ¿El Derecho da la felicidad?
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Una pena no poder asistir al evento y disfrutar de D. Antonio del Moral y de sus anécdotas de su propia experiencia y su buen humor para comentar asuntos juridicos.