De la Universidad

Saquemos los estudios de Derecho del proceso de Bolonia: un Manifiesto desesperado

 

letradosPor la prensa me entero de la gestación y difusión de un Manifiesto avalado por los cerebros jurídicos mas prestigiosos del Estado (entre otros iuspublicistas, Eduardo García de Enterría, Tomás Ramón Fernández y Santiago Muñoz Machado) en que se pone en entredicho el proceso de Bolonia en lo que se refiere exclusivamente a las enseñanzas universitarias de Derecho. Se impone una lectura sosegada del Manifiesto y una reflexión de urgencia.

1. Tras obtener el texto literal del espléndido blog de Andrés Boix me sumo a la iniciativa de difundirlo en su integridad y efectuar algún comentario contextual.

Manifiesto de profesores de Derecho

El proceso de reforma de los planes universitarios conocido como proceso de Bolonia puede suponer para los estudios de derecho en nuestro país un paso atrás, seguramente irreversible, que determinará la degradación de las profesiones jurídicas y el empequeñecimiento de la aportación de los juristas a la organización de la convivencia y la estructuración de la sociedad española del siglo XXI. El daño que tal retroceso ocasionará a la construcción de las instituciones y la articulación de las relaciones entre ciudadanos y poderes públicos no puede ser pasado por alto. Nos sentimos por ello en el deber de hacer una seria advertencia a la comunidad universitaria y a la autoridad educativa, y solicitar con toda firmeza que los estudios jurídicos sean excluidos del proceso de Bolonia y tratados con el rigor que su importancia requiere.

El camino que está tomando en nuestro país el diseño de los planes de estudio para la formación en derecho ignora el papel de los juristas en la compleja sociedad actual, y se dirige a fomentar un perfil inferior de profesional como mero aplicador mecánico de normas vigentes. En definitiva, confunde lamentablemente lo que debe ser un grado en derecho con lo que es un ciclo de estudios profesionalizado para la formación de personal subalterno. Pero igual que los médicos no son asistentes técnicos sanitarios, los juristas no son asistentes técnicos jurídicos. En una realidad jurídica e institucional muy compleja, con ámbitos de regulación y decisión política extremadamente diversificados, y marcos normativos de convivencia heterogéneos, el jurista ha de sustentar su actividad profesional en una sólida formación general y básica, con un sentido profundo de la estructura del orden jurídico y un dominio de las categorías que constituyen la columna vertebral de las distintas instituciones y disciplinas que ha de aplicar. En una sociedad cruzada por innumerables regulaciones, en la que el ciudadano goza además de un alto grado de garantías jurídicas y protección normativa, necesitamos un jurista capaz de mediar entre la ley y los ciudadanos, entre el poder público y la vida social, de forma que esas normas que posibilitan la convivencia humana sean operativas en la realidad social, y los ciudadanos y los organismos públicos puedan ser orientados por profesionales del derecho conscientes de su ineludible misión de gozne entre el poder y los individuos y grupos sociales. Los juristas no deben concebirse a sí mismos como meros aplicadores de pequeñas parcelas del derecho vigente.

Los planes y directrices que en muchas de nuestras universidades están imponiéndose incurren en ese grave error de confundir la profesionalización del jurista con la mera destreza práctica en la aplicación de preceptos. En algunos casos se llega al extremo de incluir en los estudios técnicas auxiliares, como la contabilidad o los formularios de escritos y contratos, que denotan una mentalidad empequeñecida y simplista de lo que es la dimensión profesional del jurista. El riesgo que corremos es evidente: la creación de un jurista menor, liviano y acrítico, con tendencia al pragmatismo de vía estrecha y a la docilidad, incapaz de elevarse por encima de las pequeñas y eventuales regulaciones del día para proyectar una verdadera mirada profesional al mundo del derecho. Casi todo el derecho que vaya aprendiendo de esa forma estará derogado antes de que acabe sus estudios de grado. El jurista profesional no es un mecánico que trabaja sectorialmente en el taller del derecho. Estamos hablando de jueces, técnicas de la Administración civil, letrados, asesoras de agencias económicas, abogados, es decir, estamos hablando de juristas completos y profesionales, de hombres y mujeres capaces de responder al profundo desafío jurídico que plantea ante nosotros la sociedad futura.

Un jurista versátil, conocedor de la historia de las instituciones, poseedor de las herramientas conceptuales básicas de cada disciplina, formado en la sistemática del ordenamiento y que domine las técnicas del raciocinio y la argumentación jurídica, es capaz además de acceder en poco tiempo a cualquier reducto especializado del orden jurídico. Pero esto no configura un programa de “destrezas”, “competencias” o “habilidades” dirigido a formar ningún “espíritu de liderazgo y empresa”, como afirma el desalentador documento de la Conferencia de Decanos de las Facultades de Derecho celebrada en 2007. Se trata de un proceso de formación y estudio pausado y dirigido, incompatible con la mala retórica pedagógica que preside todo el proceso de Bolonia. Los planes de estudio de Derecho actualmente en vigor son fruto de una reforma que supuso un paso atrás. Se procedió simplemente a comprimir el plan de 1953 en un ciclo más corto que adoptara la fórmula, que entonces se presentó como mágica, de cuatrimestres, optativas y “créditos”, pero se continuó enseñando lo mismo y con los mismos métodos anticuados y pasivos. Todos tuvimos la oportunidad entonces de modificar nuestros procedimientos de enseñanza y abrirnos a pedagogías más acordes con los tiempos. Muy pocos lo hicieron. El resultado fue la bajada del primer escalón hacia la degradación de los estudios. Con la imposición del proyecto de Bolonia, fruto de un insensato voluntarismo apriorístico en favor de cualquier directriz que se adopte en Europa, se va a continuar esa degradación. Ahora adopta la forma de una apuesta mediocre por los conocimientos supuestamente prácticos y útiles del derecho con la vista puesta en un grado destinado a servir de carta de presentación en los primeros niveles del mercado de trabajo. Después todo se fía a los “masters”. Pero ¿qué clase de trabajo puede aspirar a desarrollar una suerte de auxiliar jurídico? ¿Y qué “master” serio puede imaginarse a partir de un grado como ese?

Las primeras experiencias del proceso de Bolonia aplicado al derecho han sido en algunos países tan desastrosas que han determinado su abandono. El más admirado entre nosotros desde el punto de vista de estos estudios, Alemania, simplemente ha declinado la invitación europea a unirse a la aventura. En las pocas Facultades españolas que ya se están impartiendo se ha conseguido que funcionen sin ruidos simplemente porque los estudios según el plan ¡son más fáciles que los anteriores! De hecho se trata de continuar en la infantilización del estudiante universitario mediante simples manuales, “deberes” semanales sencillos, y controles periódicos de examen, como en la enseñanza secundaria. Todo ello ha de llevarnos al convencimiento de que el proceso de Bolonia tal y como está siendo proyectado sobre los estudios de Derecho, supondrá con toda probabilidad una degradación de la formación del jurista y un perjuicio social irreparable para el futuro de la construcción de la sociedad española tanto por lo que atañe a su articulación interna como por lo que respecta a sus relaciones internacionales y globales. Sencillamente no tendremos juristas aptos para afrontar ese futuro. Por ello solicitamos con toda convicción que se excluya a los estudios de Derecho de semejante proceso, y convocamos a nuestros compañeros de todos los claustros de esas Facultades a una reflexión seria sobre el destino de la formación del jurista en el siglo XXI.

2. A juicio de Sevach, como diría Hamlet, tal Manifiesto revela que “algo huele mal en Dinamarca” o mas bien en Bolonia. El Plan de Bolonia tiene una aspiración legítima: homogeneizar enseñanzas para facilitar la circulación de titulaciones y de alumnos. El camino está trazado por el R.D.1393/2007, de 29 de Octubre.

Sin embargo, lo que es rechazable, son los vicios o aspectos cuestionables que Sevach aprecia en la vertiente sobre Derecho del Plan de Bolonia, en los siguientes términos:

a) Igualar a la baja los distintos planes de estudios de la Unión Europea, al menos en lo que se refiere a Derecho, en una suerte de transacción buscando un mínimo común denominador supone podar frutos del árbol de la ciencia jurídica, a costa de compartir unas imaginarias raíces.

b) Limitar a cuatro años el Grado y luego depositar la confianza de los saberes prácticos a un futuro Master, para conseguir un “jurista de pies a cabeza” supone quedarse más en los “pies” que en la “cabeza”. Un jurista no nace, sino que se hace, y requiere una formación horizontal y profunda, con visión global, y no fragmentada. Unos estudios de Derecho culminados pasito a pasito, a golpe de examen con breve periodicidad temporal y sobre una tutoría tan pueril como irreal, es como creer que jugando al Monopoly se forjan Arquitectos.

c) La previsión de adaptación de las enseñanzas de Derecho a Bolonia recuerda los menús del MacDonalds. En primer lugar, se reduce la duración de los cinco años tradicionales a cuatro años (interesa atender cuantos mas clientes lo más rápido posible, mejor). En segundo lugar, el primer año se convierte en un “aperitivo” de nociones básicas de las Ciencias Sociales ( o sea, patatitas fritas que dan sensación de hartura pero no alimentan), luego el atragantón de los tres años siguientes ( pan redondito, mucha cebollita, y tomatito, y por supuesto sin utilizar cubiertos) y si alguien queda con hambre o quiere algo auténticamente nutritivo, ya sabe que cuando abandone el Grado ( o el local) le espera en el exterior un futuro Master ( y aquí puede escoger el restaurante que le plazca, pero eso sí, según la carta y el cocinero, con distinto presupuesto). Al final, la sensación de quien come de esta manera (o alimenta el cerebro jurídicamente), es de estafa porque será después, con la madurez y la experiencia vital, la que le demostrará lo que auténticamente es sano y nutritivo.

d) Dejar la definición de los Grados en manos de las pomposas Conferencias de Decanos de las Facultades de Derecho ( europea o española), supone sencillamente dejar la estrategia de la Armada Invencible en manos de los guardiamarinas, deseosos de hacer méritos y obtener la complacencia de los poderes políticos y de sus electores.

e) En todo caso, si se trata de hacer experimentos, mejor quedarse en la misma situación que Alemania, que en materia jurídica ha sido el espejo en que las Facultades de Derecho han querido mirarse las últimas décadas. Si Alemania no va a llevar a cabo la adaptación de su régimen de enseñanzas jurídicas a Bolonia es para no retroceder en sus conquistas. Europea es caminar hacia delante y no caminar sobre puentes tendidos en el vacío.

f) No es de extrañar que ante una reforma de los Estudios de Derecho se despierten quejas por los veteranos. La experiencia revela que cada reforma de los estudios de Derecho sólo ha servido para crear más plazas docentes y alumnos peor formados. Sevach no estudió Derecho en los años setenta en el mejor de los mundos posibles pero ha tenido oportunidad de impartir docencia universitaria jurídica actualmente y la gran paradoja es que, cuantos mas medios hay disponibles (profesores, aulas, tecnologías,etc), el resultado es más desolador: el diseño de asignaturas es kafkiano ( ensambladas unas con otras como un puzzle defectuoso), los exámenes presentan un formato dantesco (solapados, heterogéneos para la misma asignatura, tipo test o lo más habitual, la mera asistencia comporta el aprobado,etc) , el profesorado desencantado ( ocupado en labores burocráticas y procedimientos electorales sin fin), el alumnado pasota ( incapaz de vencer una galvana estudiantil propia de mosca tsé-tsé), y todo ello en una atmósfera de indolencia institucional (las convocatorias de examen son de hecho, infinitas; las bibliotecas repletas de libros y revistas que los alumnos no se asoman a consultar; la visión práctica brilla por su ausencia,etc).

3. El resultado final está en los foros judiciales, en los pleitos donde los abogados novicios adolecen de “tartamudeo mental”, donde han perdido de vista la conexión entre Derecho Procesal, Civil y Administrativo, donde creen que si han tecleado en la Base de Datos y no han hallado la respuesta el pleito está perdido. Es verdad que la vida forense posterior hace madurar pero mas triste es mirar por el retrovisor de la vida y contemplar una Facultad de Derecho que no cumplió en el pasado su función por estar en fases de experimentación.
También se nota el déficit formativo de las enseñanzas universitarias en las oposiciones, donde los licenciados en Derecho se ven obligados a afrontar lo que no hicieron en la Licenciatura de Derecho. Y ahora la receta de las “enseñanzas a la Boloñesa” es reducir duración, introducir conocimientos etéreos y aplicar un sistema pedagógico de guardería. Mal se concilia eso con la dignidad y utilidad que merece la Ciencia Jurídica. Diríase que la futura metamorfosis mas que el cambio del gusano en mariposa será a la inversa.

En fin, cree Sevach que los estudios de Derecho no están maduros para digerir el sistema de Bolonia. Ni lo están sus autoridades académicas, ni lo están los profesores, ni los alumnos. No se sube a un tren porque pasa: se sube porque el destino interesa y las condiciones del viaje son aceptables. Los errores en los Planes de Estudio de Derecho se pagan, pero al igual que los cometidos en la selva virgen, son errores irreparables para la actual generación y las posteriores.

Bienvenido sea ese valiente Manifiesto y ojalá sirva para aglutinar un estado de opinión para evitar que se perpetre el crimen.
Finalmente, recordaré que sobre Bolonia y las enseñanzas de Derecho ya escribió el Catedrático de Derecho Administrativo Sosa Wagner un delicioso articulo en el Diario el Mundo, a fines del año pasado.

P.D. Para adherirse con la firma, y ver el listado de suscribientes, puede acudirse aquí.

0 comments on “Saquemos los estudios de Derecho del proceso de Bolonia: un Manifiesto desesperado

  1. Suscribo al 100 % el manifiesto y lo que dice esta entrada.

    Es un firme despropósito igualar a la baja los planes de estudio de los estudios de Derecho.

    La formación jurídica general y básica es lo que verdaderamente cimienta al jurista.

    El jurista es tal no por aprenderse el derecho positivo, sino por saber interpretar el dercho en general, por saber ponerlo en relación, conocer sus antecedentes, etc, etc.

    En otras carreras distintas a las de derecho se estudian normas jurídicas (Graduado Social, Trabajador Social, Ciencias del Trabajo, Gestión Pública), pero no se forma juristas porque precisamente no se imparte esa formación jurídica general de base que permita poder acceder al conocimiento, interpretación y aplicación de cualquier sector del ordenamiento jurídico

    Trato a Graduados Sociales, a Economistas, a Trabajadores Sociales, etc, etc…Conocen muchas normas, pero no tienen un conocimiento general del derecho….¿Se pretende que a los juristas del mañana les pase lo mismo?

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  2. Sevach: Comprendo tu preocupación por la reforma de Bolonia para los estudios de Derecho, pero tal y como lo describes, la Facultad de Derecho tiene que cambiar. No es solución dejar las cosas como están. Además el Manifiesto parece un escrito de “veteranos de Vietnam” que se resisten a los cambios por su parcela. O sea, corporativismo puro y duro. Así que, si la “vieja guardia” está en contra de Bolonia, creo que Europa avanza en la dirección correcta.

    Saludos

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  3. A Xuan:

    Aunque no me escribes a mí me permito contestarte.

    Tienes gran parte de razón en lo que dices, y es cierto que en las facultades de derecho tiene que entrar aire fresco y mucha luz, pues son demasiadas las aulas y cátedras oscuras y con olor a naftalina. Es eso muy cierto.

    Como también lo es que se precisa eliminar el exceso de “endogamia y de enfermedades consanguineas” que presenta la universidad.

    Ello para nada determina que tengan que menguarse, disminuirse, minusvalorarse y cuartearse los estudios de derecho.

    Creo que a los futuros juristas no hay que quitarles formación, sino añadirles al menos dos aspectos esenciales:

    -el dominio efectivo de una segunda lengua,
    -el conocimiento general de contabilidad y de economía política.

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  4. La verdad es que, leyendo el manifiesto, aparecen muchas personalidades vinculadas directamente al tradicionalismo jurídico, a ese mundo del Derecho más conservador. Tiene razón en ello Xuan. Pero tambíén muchos profesores con un compromiso social y una trayectoria de izquierdas muy acreditada.

    ¿Estamos ante una reedición de la pinza? ¿Dónde están los juristas del PSOE? ¿Por dónde respiran?

    Es obvio que, de entre los firmantes, hay algunos próximos al PSOE, pero llama la atención la escasez de juristas más o menos comprometidos con la actual Administración.

    ¿Es Bolonia inatacable para el Gobierno, aledaños y quienes desean estar a buenas con quienes mandan?

    En cualquier caso, Xuan, está claro que hay que cambiar los estudios de Derecho. Pero, ¿de veras crees que esta es la manera?

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  5. Estimado JOan:

    Ahora me dirijo a ti -si me lo permites- también para pedirte una aclaración.

    Antes que nada te diré que no tengo vinculación política con ningún partido, y que valoro tanto a personas como a ideas tanto de la izquierda como de la derecha…Las valoro, obviamente, cuando me gustan…y lo que más me gusta es respirar aire limpio.

    Dices literalmente: “Pero tambíén muchos profesores con un compromiso social y una trayectoria de izquierdas muy acreditada”.

    ¿Vienes a vincular compromiso social con ser de izquierdas?

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  6. Si ya de la actual universidad desgraciadamente lo habitual es salir mal formado en la base de lo que es realmente el derecho, esto solo puede hacer que empeorarlo. He sido de siempre un crítico del sistema tradicional de enseñanza del derecho, porque cada catedrático hace de su asignatura su coto privado y se cuida mucho de evitar la permeabilidad con las demás, para evitar convertirse en una sucursal de otros. Yo creo que falta una asignatura común y troncal a todos los cursos que sea de ciencia del derecho pura, que enseñe y martillee los principios comunes e inmutables del ordenamiento y la lógica jurídica que hay en éste -algo a lo que la mayoría solo abre los ojos tras muchos años de ejercicio, cuando de repente comienza a comprenderlo-. El diseño de Bolonia no me parece que sea eso, y comparto las preocupaciones del manifiesto, que suscribo plenamente.

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  7. Gracias por vuestras colaboraciones. Al hilo de lo que comentáis pienso que el papel de una ciencia básica o troncal del derecho (como dice contencioso) correspondía a ese engendro que se llamaba en mis tiempos de estudiante “Derecho Natural” y hoy día “Filosofía del Derecho”. El problema está en que un Catedrático de Filosofía del Derecho de una Universidad tiene un cheque en blanco para explicar la función, transfondo, sociología y ciencia del Derecho. O sea, oro puro para un jurista en ciernes. Pero como la libertad de cátedra lo ampara todo, hay programas y profesores de esta disciplina maravillosos y que muestran las raíces de la ciencia, y otros en cambio son plúmbeos y viven en “las nubes”,(pero no precisamente las de Aristófanes, deformando en vez de formar. Quien lo paga es el alumno. El futuro abogado. No sé si Bolonia resolverá este estado de cosas, pero lo que es seguro es que estos problemas crónicos de nuestra Universidad no se corrigen con los experimentos con los planes de estudios.
    Y por supuesto que hoy día el Derecho Administrativo Económico o el Derecho Mercantil y Concursal imponen una formación económico-contable a los juristas, de igual modo que el segundo idioma es fundamental para no vivir anclado en los muros del Ordenamiento Jurídico propio.

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  8. Estos juristas denuncian el mal que aqueja a los diferentes niveles de la enseñanza en España desde hace décadas. Principios como el del esfuerzo, el mérito, la capacidad, la excelencia, están siendo arrumbados. poniendo por delante el todo vale, el aprobado a cualquier precio, la eliminación de ciertas materias revestida de una falsa especialización. En definitiva, se va en la línea acostumbrada: cada día el nivel se baja más, y estamos llegando al subsuelo. Nada nuevo bajo el sol. Lo mismo que la LOGSE, pero a nivel universitario. Eso sí. Los progresistas, los que han destrozado la función del profesorado, los que piensan que es mejor pasar siendo un ignorante que repetir curso, los que quieren convertir las aulas en escenarios de mítines. Todos esos se permiten el lujo de dar lecciones, tachar a los que no están de acuerdo de carcas y corporativistas. Ah, señores: y de falta de compromiso social. Sí hombre, los que cada vez que gobiernan hacen crecer exponencialmente las listas del paro, esos dan lecciones de compromiso social. Como se suele decir, hay que tener la cara muy dura…..

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  9. Me interesa mucho este tema del manifiesto… como tema de estudio. Ay si lo pillara Bourdieu y su análisis del campo académico
    Queda por ver cómo lo refleja en la actualidad general, o académica en general esta boutade de los de Derecho y su mundo superior e intocable de siempre. Claro que tal y como están las cosas de manipuladas en relación con Bolonia, puede resultar cualquier cosa. Hablábais de filiaciones políticas en uno u otro bando, de silencios progubernamentales, de pinzas… Si ahora resulta que Bolonia es un invento sociata, apaga y vámonos. Vayámonos, vayámonos y dejemos a la Universidad como está, esssssssstupendamente, vamos! (y los estudios de Derecho no digamos)

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  10. La Ley de Reforma Universitaria de 1983, aprobada en tiempos de los 202 diputados socialistas, convirtió la selección del profesorado universitario en una componenda en manos de cada departamento universitario, con candidatos de la casa y forasteros. Compañeros de despacho examinándose entre si. Con la LOU aprobada en tiempos del PP se recuperaron los tribunales de selección nacionales, y cuyos integrantes eran elegidos por sorteo, es decir, se recuperó la imparcialidad, dejando a un lado la desfachatez del reparto indisimulado de plazas. Pues bien, con ZP hemnos vuelto a las andadas: se recupera el concurso, y desaparece la oposición como sistema selectivo del profesorado, siquiera en concurrencia con el concurso a través del concurso oposición. Para ser subalterno hay que superar una oposición, pero para ser catedrático basta con un concurso de méritos, con la opacidad y oscuridad que implica ese tipo de proceso selectivo. Las reformas legales en materia de enseñanza de los socialistas suelen ser catastróficas. Si Bolonia no es un invento sociata, que no lo es, su aplicación por un Ministerio sociata, es verdaderamente temible. ¿ Alguien se atreve aquí a defender la LOGSE?

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  11. Como no procedo del mundo del derecho no entiendo nada. Todos los firmantes son profesores de universidad (incluido Francisco Franco Bahamonde, catedrático de libertades públicas) y según SEVACH la preparación de los abogados es muy deficiente (ver el punto de tres del texto). ¿Y todos estos profesores no tienen ninguna culpa de la situación y sólo proponen oponerse a lo nuevo? ¿Cuáles son sus planes de mejora de los estudios? La verdad suena a corporativismo y mantenimiento de privilegios.

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  12. Ciudadano, no se puede admitir lo que dices. Esa declaración la firman juristas de ideas próximas a la izquierda como el catedrático de Derecho Constitucional y confundador de Ciudadanos, Francesc de Carreras, o Enrique Gimbernat, catedrático de Derecho Penal. Luiz Díez Picazo es un jurista bastante independiente. En definitiva, el grupo de firmantes es plural, y en ningún caso se oponen a lo nuevo por oponerse. Denuncian los defectos que contiene la reforma, y alertan de los errores que no deben mantenerse. Por otro lado, ¿ qué tiene que ver el corporativismo y los privilegios? Si estos señores van a seguir siendo catedráticos con todas las prerrogativas que pudieran tener hasta la fecha. Los que saldrían perdiendo con el empobrecimiento de los estudios universitarios de derecho son los estudiantes, es decir, los futuros juristas. Aquí alguno oye campanas, y ya suelta lo del privilegio y tal y tal. Sólo falta que menten las barricadas…

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  13. J.F.¿Dices que los Catedráticos veteranos no se verán afectados por Bolonia y que ellos mantendrían sus prerrogativas hasta la jubilación?. Yo te aclaro que con Bolonia los Cátedros se verán obligados a “dar clase” ( y no refugiarse en clases “magistrales” que nunca llegan); a evaluar cada poco (y no limitarse a un examen al año), y a “ser evaluados” (ahí duele). Para más inri, con Bolonia se reduce un año la carrera y se incluyen asignaturas horizontales de otras disciplinas y desaparecen las de libre elección: o sea, menos plazas docentes para becarios y discípulos, con lo que el poder se los “Señores del Derecho” se resquebraja al ser menor las huestes y menores las posibilidades de premiarles con plazas. Además, Bolonia no solo comunicará alumnos y títulos, sino que los profesores también tendrán mas fácil el traslado. En fin, que sigo opinando que Bolonia va en la dirección correcta y como Ciudadano, creo que el corporativismo tiene expresión en ese Manifiesto.

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  14. TELEGRÁFICAMENTE

    El manifiesto parece querer oponerse a algo, pero no ofrece alternativa, con lo cual se queda en una queja gratuita. ¿No os suena esto en otros ámbitos?

    ¿Hacer como Alemania? Prefiero creer en Europa que no en Alemania, aunque en ninguno de los dos casos haciendo sumisión religiosa. Es como si todos los futuros economistas qusieran parecerse a los de la Escuela de Chicago.

    En algunas Universidades españolas se fulmina la Economía del futuro Grado en Derecho. ¡Vivir para ver! Como ejemplo, incluso escuché a “ilustres” profesores de Derecho Mercantil decir : “¡¡¿para qué van a necesitar los estudiantes de Derecho saber economía?!!”

    El EEES no será la panacea, pero es una buena oportunidad para abrir las ventanas y que entre aire fresco. Casualmente Derecho -y la Justicia en general- es uno de los ámbitos que menos renovación ha hecho en 30 años de democracia en España.

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  15. Se critica al gobierno por “no hacer nada”. Y yo digo: ¿no queríamos autonomía universitaria? Pues ahora que la tenemos, usémosla y hagámoslo bien. Pero me temo que los mismos que piden autonomía universitaria, cuando la tienen, les entra un miedo escénico terrible (por no usar expresiones más escatológicas).

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  16. Hay demasiados Juanes y Jotas en este blog. Pero bueno, yendo al grano, lo cierto es que conocemos el Derecho desde la perspectiva de su formación universitaria, Bolonia es un despropósito, al menos la forma en que se está dirigiendo desde nuestros sucesivos gobiernos, de uno y otro signo. Con el nuevo sistema educativo, se hará imposible explicar y en consecuencia, aprehender -no aprender- aquello que marca la diferencia entre un buen jurista y un simple leguleyo. Mi pronóstico: los profesores no renunciarán a explicar la materia completa y de forma concentrada impondrán sus estudios a los alumnos. El resultado será el fracaso escolar y, finalmente, que los estudiantes -salvo unos pocos que siempre hay- culminarán sus estudios en cinco o seis años, y a partir de ahí, empezarán los másteres. Los futuros graduados se convertirán en aplicadores mecánicos del derecho, sometidos a los cambios legislativos y en donde el criterio y el discernimiento de lo bueno y de lo justo quedarán relegados al anquilosado mundo de las ideas. ¿Qué jueces, qué magistrados, qué juristas saldrán de todo ello?

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  17. O sea, Ellesmera, que estás de acuerdo con la declaración de los juristas que denuncian el desastre que se está alentando en las facultades de derecho. Lo de reducir los estudios de derecho a cuatro años ya se ha hecho en facultades como la de Oviedo, y fue un rotundo fracaso que duró un abrr y cerrar de ojos. Por lo demás, hay que recordar que las facultades más prestigiosas de España siguen aplicando el plan de estudios de 1953, que es mucho mejor que el que algunos hemos tenido que estudiar, en mi caso el plan de 1995 de la Universidad de Oviedo, que te hacía perder horas en asignaturas de libre elección tales como: literatura hispanoamericana, lengua española.ciencias naturales, y cosas similares, que está muy bien estudiar en otros ámbitos, pero no en una licenciatura en derecho. Otro capítulo merecen las optativas. Por lo demás, me gustaría que la persona que habla de “xuanes y jotas” me dijera si es delito opinar políticamente. Menudo universitario el que se escandaliza porque uno hable de política. Como si en las facultades, especialmente las de derecho, no estuviera todo absolutamente impregnado de política.

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  18. A mi me parece que tienen bastante razón los firmantes del Manifiesto, pero solo en lo que se refiere a estar en contra del sistema Bolonia. Creo que la enseñanza del derecho exige en España grandes cambios. Creo que debe orientarse mucho más a la práctica de lo que se hace hoy día (hablo de la Universidad Pública, de donde soy Profesor Asociado). Deberían concertarse prácticas en Juzgados, despachos de abogados y Fiscalías por los alumnos de los últimos cursos, así como en diferentes organismos internacionales. Además, en mi opinión, el modelo de “clase magistral” (sobre todo cuando el docente no está particularmente motivado) ha de ceder a otros metodos de enseñanza en los que el alumno sea un partícipe activo en las clases: en muchas universidades americanas (Columbia o Harvard, por ejemplo) o centroeuropeas (Leiden o Utrech) la enseñanza del derecho se hace sobre la base de la investigación del alumno y su participiación permanente en clase. Creo que en España se enseña igual que hace treinta años, pero con un profesorado de peor calidad y un alumnado desmotivado. Algo hay que hacer, creo

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  19. Estoy absolutamente a favor del manifiesto pero, al mismo tiempo, considero que es necesario y urgente un cambio en la estructura de la carrera. Abuso de las asignaturas optativas en detrimento de las troncales, que ceden tiempo y temas en favor de otras absolutamente innecesarias. Falta de motivación en los profesores, con clases realmente lamentables en calidad y consecuentemente, en asistencia (no son raras las clases con 10 ó 12 alumnos, llegando a ser habitual en alguna asignatura que asistan solamente 3). Sobre los conocimientos previos de los alumnos, mejor correr un velo, no ya tupido sino de lana. Total falta de motivación hacia la investigación: no es preciso para aprobar una asignatura más que utilizar el manual recomendado (y muchas veces ¡Qué manual!) y hacer alguna práctica con la ayuda de internet. Leer libros, revistas jurìdicas, homenajes… ¡Vade retro! Al final, la carrera ni forma abogados (la gente termina en ocasiones sin ver un jucio tan siquiera) ni forma juristas (aunque para eso habrá que empezar a a barrer, entero, el sistema educativo) ni sirve para nada más que para obtener un título que colgar en la pared. Lo dicho, reforma de la carrera de derecho, reforma del sistema de autonomía universitaria (alguien escribía más arriba que eso era lo que teníamos… ¡JA! los fondos para la Universidad de OVIEDO salen del Principado de Asturias así que… ¿qué autonomía tiene una entidad a la que le pagan unos políticos? pues esta: Ninguna) y, sobre todo y ab initio, reforma de una buena vez del sistema educativo español. Eso, o seremos 3º mundo en poco tiempo.

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  20. Juan Manuel del Valle Pascual

    DEBO ESTAR EQUIVOCADO

    Debo estar equivocado, cuando no pienso igual que tantos de mis maestros, aunque entienda sus razones. Si no las entendiera, no tendría duda del error escondido bajo mi ignorancia.
    Debo equivocarme en pensar que la sociedad necesita gente que sepa Derecho sin la pretensión sublime de ser jurista. Honrados conocedores de la legislación de Propiedad Horizontal para ser administradores de fincas urbanas en la misma cuantía de las fincas urbanas que han de administrarse en todo el territorio español que sólo precisan de los saberes -y honorarios- de un jurista ocasionalmente.
    Honestos Procuradores de los Tribunales sin profundos conocimientos del Derecho Romano, pero puntual saber del cotidiano Derecho Procesal, de la práctica del foro que el aula no cuenta, que le solventen al abogado novicio la gran duda existencial de dónde debe sentarse en estrados, de dónde le dejan una toga, de cómo se consigue una toga, de quién es ése que lleva puntillas en las puñetas y se sienta en otra mesa, o una chapa en el pecho y se sienta a tu lado, de cómo se practica un embargo, un lanzamiento, en fin de todas esas cosas que no se les dicen a un jurista en la catedral de los juristas, en las que es inusual que les enseñen cómo es un Juzgado. Tonterías tales como el desarrollo de la práctica probatoria, la forma de realizar de la mejor manera un interrogatorio y que no están escritas en el Broca-Majada, de las que nunca escribió una línea el gran Jaime Guasp o Don Leonardo Prieto Castro.
    Profesionales de los trámites rituarios para ser Oficiales de la Administración de Justicia, sin extensos saberes de nuestra Historia del Derecho, o aún del Derecho Internacional Público, pero que son la bombona de oxígeno de nuestras primeras asfixias en los iniciales paseos judiciales, o, aún peor, de nuestro tímido recorrido por la oficina judicial.
    Desconozco el lugar de la carrera de Derecho dónde se enseña a saber más que funcionarios de toda la vida sin titulación,o de la Agencia Tributaria, sabedores de los intrincados vericuetos de la Seguridad Social, del IRPF o del Catastro, ajenos a la Filosofía del Derecho y que hay que aprender a medias en las Escuelas de Práctica Jurídica y equivalentes, que enseñan a interpretar una nómina , a probar una incapacidad y otros saberes ocultos a la Ciencia pero meridianos a la práctica. Y tantos otros versados en las variadas técnicas jurídicas de más fácil aplicación y menos profunda, pero directamente útil, formación.
    Que de lo más pragmático puedan un día acceder a una relación más intensa con la médula del saber que convierta a un técnico de ciertas partes del Derecho en auténticos juristas. De la tierra a la luna, y no al revés y sin Julio Verne.
    Debo estar equivocado cuando pienso que pedagógicamente se puede llegar a lo profundo desde el conocimiento honesto y prolongado de un saber más superficial, que, al cabo, es lo primero que pregunta un cliente y un licenciado reciente no sabe responder sin una formación práctica adicional.
    Debo equivocarme cuando veo que la masificación de los actuales estudios del Derecho nos muestra a licenciados con faltas de ortografía, que no son capaces de hacer una exposición oral de un problema y sus soluciones, que piensan que la oratoria forense es una antigualla propia de Castelar; de unos funcionarios que – oposición ganada, incluso- retienen en su memoria -y recitan, si es el caso- leyes, doctrina y aún sentencias, pero son incapaces de afrontar un caso, un problema sin tener a su lado uno similar, o que ven similar lo que en nada se parece,o mueren sin que alguna sentencia del Tribunal Supremo o Constitucional les devuelva la vida; pretendidos juristas ajenos a la sintaxis más elemental, a la capacidad narrativa más básica para convencer al lector. Loros imperiales que se saben las leyes de cabo a rabo sin idea de qué hacer con ellas. Debo estar equivocado pues mis maestros piensan otra cosa. ¿O haban de otra cosa?
    Y esto es sólo el comienzo de las cosas que me demuestran que debo estar equivocado que se esconden bajo el denostado mito de Bolonia (que alguien mintió que era el bálsamo de Fierabrás) y merecedoras de otros reproches que demostrarán lo profundo de mis errores, que, si sigue abierta esta ventana del blog os confesaré, pidiéndoos comprensión, porque debo estar equivocado, pero no sé salir de mi equivocación y por esta vez, ni tengo tiempo de contaros, ni tengo bastante con el manifiesto de mis maestros.

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  21. Juan Manuel: Creo que te equivocas. De forma razonada pero errada. Al igual que no puede decirse que para poner tiritas no hace falta formarse como el Doctor Barnard, tampoco puede decirse que para formar asesores en derecho no hacen falta sutilezas jurídicas. Una cosa es un gestor administrativo o gestor inmobiliario o similar y otra cosa muy distinta es el jurista que tiene la responsabilidad de acudir a la justicia, y actuándo en nombre y por cuenta de su cliente, hundirle o salvarle. Hace falta un poso moral, una formación especial, un talante humanista-jurídico para asesorar al cliente y convencerle si afronta o no un proceso, para enfrentarse a otro letrado ante un juez, para tomar la opción de recurrir o desistir, y para acatar y explicar al cliente el fallo desestimatorio, para mantener la confianza en la Justicia. Eso no se improvisa, ni se aprende en el Readers digest, ni en un curso a distancia de revista. Se precisa un buen diseño de titulación y buenos profesores. Y actualmente el sistema es fatal, en eso coincido con muchos comentaristas, ya que los abogados se forman no “gracias” a los profesores de universidad, sino ” a pesar” de ellos. Pero si un brazo duele, no hay que amputar y poner uno ortopédico. Eso es lo que significará Bolonia. Quizás los firmantes del manifiesto son viejas glorias, pero eso no les quita la razón. La razón se tiene o no, es una, digalo quien lo diga. Y en este caso el Manifiesto acierta

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  22. Juan Manuel del Valle Pascual

    Gracias Huno por tus comentarios que me hacen pensar que , además de que debo estar equivocado en el fondo, también desacierto en la forma de decirlo, porque no transmito lo que quiero decir. Yo también creo que en cada abogado debe haber un jurista,y, además, en cierta medida, también un humanista y/o una persona con una humanidad descollante. Lo último lo da la vida, lo primero, el sistema educativo, pero, un poco de ambos, al menos, debiera darlo el aroma universitario.
    Insinuaba que sirva el grado para lo que fue una formación de grado medio de antaño más de nuestros tiempos complejos, con mayor factor humano, vida interior, para una enseñanza práctica necesaria en muchas titulaciones profesionales extraacadémicas (administrador de fincas, agente de la propiedad inmobiliaria, procurador de los tribunales, vendedor de seguros, gestor administrativo, etc) y resérvese el postgrado para una formación más intensa y profunda. Así se distanció el bachillerato de la licenciatura en la universidad renacentista. Mutatis mutandis, ir de lo sencillo a lo complejo, de lo concreto a lo abstracto es otro itinerario curricular posible y, a la vista de la actual situación, deseable para alguno, necesario para mí, pues lo que se imparte ahora en las Facultades ni es profundo, ni es práctico, pese a las buenas intenciones de los planes LRU83. Perdón por apropiarme de medio eslogan, pero “otro sistema educativo es posible”, y, me parece, también deseable.
    Pero detrás de Bolonia se esconden más cosas sobre la que intentaré dar mi opinión, equivocadas tal vez, pero que pueden gastar algún minuto en la meditación del lector. Espero tener algún rato para ello, porque se ha querido hacer de Bolonia el caballo de troya del arca de noé, y si me permitís un chiste malisimisimísimo, “noé eso”, porque ni rueda, ni navega, y hay demasiadas cosas heterogéneas dentro para que puedan ser desleidas en una salsa común grandiosa, como la mayonesa, que mezcló con acierto condimentos sencillos. Las tripas de Bolonia son complejas y requieren digestión larga. Como la de una boa ( + un bautizo +una comunión). Perdón de nuevo por el chiste pésimo, ya no hago más, ya me retiro.
    Como decían Tip y Coll, “seguiremos hablando del Gobierno”. Entre tanto, gracias, Huno. Me gustaría saber que piensan los demás blogueros de Sevach.

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  23. Yo estoy con Huno.

    Creo que los estudios de derecho precisan reforma, pero no vía devaluación de la formación general y potenciación de la especialización.

    No hace mucho me comentaba un amigo dermatólogo los contactos que él había mantenido con colegas suyos de EEUU. Me decía que están super especializados, que los que hacen cirugía no pisan la consulta y al revés…y que su formación en medicina general es pésima…Cualquier D.U.E. español les supera en esta faceta…

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