Crónicas administrativistas

Del bonito jarrón chino que son las Diputaciones

Parece que el verano es buen momento para lanzar el debate la supervivencia de las Diputaciones. Como si al tiempo de determinar que enseres que nos sobran para poder llegar a fin de mes, discutiésemos si el jarrón chino del vestíbulo ha de suprimirse o cambiarlo de ubicación. Veamos el debate en sus justos términos.

1. Las Diputaciones brotan en el siglo XIX en unas coordenadas históricas y constitucionales muy distintas de las actuales y para atender una necesidad objetiva de prestación de servicios periféricos. No deben las instituciones mantenerse por inercia, secula seculorum sobre la base de la tradición. Recordemos que la Constitución de 1812 contemplaba que “ En cada Provincia habrá Diputación, llamada provincia, para promover su prosperidad..”, de manera que tras fijar la división provincial acometida en 1833 por el que fuere Secretario de Estado de Fomento, Javier de Burgos, las flamantes Administraciones locales “mayores” iniciaron su singladuras ( con desigual fuerza según la ideología imperante).

2. Las Diputaciones han prestado servicios notables pero no nos engañemos: no solo no son imprescindibles sino que desde una perspectiva de austeridad son necesariamente prescindibles. Para comprenderlo basta tener en cuenta:

a) En la mayoría de los países europeos no existen demarcaciones territoriales de corte provincial yuxtapuestas a las demarcaciones de corte regional. Así, en Alemania, al existir los Länder- parientes de las Comunidades Autónomas- no existe nada parecido a las Diputaciones; y en Francia, al existir regiones sin autonomía y Departamentos bajo prefectos -parientes de las provincias- no existe nada parecido a las Comunidades Autónomas. En el caso de Italia, donde coexistían las Regiones con las provincias, se acaban de suprimir los entes equivalentes a las Diputaciones.

b) En las Comunidades Autónomas uniprovinciales, la propia Constitución permitió que el gobierno de sus competencias fuese asumido por las Comunidades Autónomas para evitar duplicidades orgánicas y presupuestarias, siguiendo la propuesta de la Comisión de Expertos presidida por el profesor García de Enterría. Dichas Comunidades han ejercitado las competencias propias de las Diputaciones durante más de treinta años sin que se haya suscitado queja o añoranza de tales organizaciones.

c) Y lo mas importante: la supresión de las Diputaciones no supone suprimir sus competencias ya que está garantizada su prestación por su reparto entre Comunidades Autónomas y Ayuntamientos.

3. Las Diputaciones, siguiendo el viejo principio de que el órgano crea la función, apoyándose en sus benéficas competencias ( reparto de fondos y administración de Planes de Obras y Servicios, sin mostrar la amarga cara tributaria hacia los ciudadanos, lo que garantiza una percepción social positiva), ha ido creciendo en tiempos de bonanza y asumiendo competencias innecesarias y duplicativas, especialmente en áreas sociales, culturales y campos de bombo y platillo (premios, ferias, etc).

4. Y por último, no nos engañemos y Sevach lo dirá con crudeza. A su juicio, las Diputaciones tienen una funcionalidad bastarda que recuerda la del Senado: a) Un remanso de tranquilidad para descanso del guerrero político; b) Un retiro dorado donde situar al “fuego amigo”, esto es, al enemigo del propio partido; c) Una estación donde colocar como eventual o en puestos de gerencia o similar al correligionario en desgracia ( o incluso donde reclutar clientelarmente personal).

Queda bien eso de presentarse socialmente como “diputado” ( y callarse el equivoco de no serlo del Congreso) como queda muy bien ponerse las medallas de dar subvenciones y obras públicas. Si a eso añadimos las prebendas propias del cargo (despachos, coches oficiales, personal de confianza, etc), nos encontramos ante un cortijo deseable.

Aquí radica la auténtica razón subliminal de la resistencia numantina a su supresión. Si se suprimen las Diputaciones, tendremos a unos políticos deseosos de buscar una poltrona igual de cómoda, ya que las concejalías les quedan pequeñas, y además al desaparecer esos cargos de diputados ( y la legión de eventuales que les sirven) ya son demasiadas hienas en torno a la misma osamenta del poder.

5. Ahora bien, en el plano jurídico hay que recordar que la Sentencia del Tribunal Constitucional de 28 de Julio de 1981 afirmó que la Constitución impone “la preservación de una institución (la provincia) en términos reconocibles para la imagen que de la misma tiene la conciencia social en cada tiempo y lugar” afirmándose que los cambios “ no pueden llevar, a menos que la Constitución sea modificada, a una desaparición de la Provincia como entidad dotada de autonomía para la gestión de sus propios intereses… El legislador puede disminuir o acrecentar las competencias hoy existentes, pero no eliminarlas por entero”.

Por tanto, el Tribunal Constitucional ha regalado un “seguro de vida” a las Diputaciones, ya que es preciso un cambio constitucional para suprimirlas, por lo que largo me lo fiáis. Por ello, mas valdría no perder el tiempo en debates estériles y ponerse manos a la obra en operaciones realistas: legíslese para recortar el contenido competencial de tales Diputaciones y para imponer la supresión de estructuras organizativas estériles y duplicadas. Y sobre todo legíslese en el ámbito presupuestario (señorío del Estado) para evitar la sonrojante cifra del coste anual de las Diputaciones y entes análogos ( Diputaciones forales, consejos, Cabildos insulares) en 22.000 millones al año, y acumulando una deuda de 5.825 millones de euros.

No se trata tanto de matar al perro ( lo que requiere una reforma constitucional) como de atarlo con una cadena y que ladre cuando se lo pidan ( para lo que bastarían leyes estatales), sin que ande asilvestrado a su antojo y campando por sus respetos.

6. Al final, me viene a la mente la frase de un personaje de “ La Sombra del Ciprés es alargada” de Miguel Delibes ( y por favor, que alguien corrija mis errores de memoria), que dice algo así como “ En toda mi vida, confieso que las únicas cosas que no comprendo es el álgebra y las Diputaciones Provinciales”.

21 comments on “Del bonito jarrón chino que son las Diputaciones

  1. Habilitado

    Yo creo, estimado Sevach, que las Diputaciones no necesitan desaparecer, sino que tienen que aclarar sus competencias, no puede ser que una misma competencia la tenga nominalmente A, la desarrolle B, tenga la ejecución nominal C y ejecute realmente D.
    Puede ser que sean en parte ese retiro dorado que comentas, pero si se reforman adecuadamente pueden hacer muchas cosas buenas! (a lo mejor es que soy un optimista de las administraciones locales)

  2. sed Lex

    Las diputaciones, hoy por hoy, se parecen más a casas de lenocinio, como su propio nombre indica, que a jarrones chinos (dicho sea esto en sentido figurado, claro está -:) )…

    No sé si tienen que desaparecer (yo pienso que deberían aunque requiera modificaciones constitucionales, que se pueden aprovechar para despachar al Senado, al Defensor del Pueblo, al Tribunal Constitucional y a otros órganos poco eficaces; si me apuran incluso al Congreso y al poder judicial, dada la partitocracia existente y la unificación de poderes que es un hecho), pero someterse a un estricto régimen de adelgazamiento está claro que es forzoso. Sobre todo en todo aquello que suponen duplicar estructuras y altos cargos.

    Coincido con Sevach en el análisis respecto a su carácter de cementerio de elefantes desde el punto de vista político, refugio de caciques y de clientelismo político, así como de otros tejemanejes como el control de las cajas de ahorros, que nos ha llevado donde nos ha llevado.

    No creo que estemos en condiciones de permitirnos estos lujos.

  3. JUAN DE DIOS DE BAILEN

    Sr. Sevach realmente no ha sido ni duro ni critico, simplemente manifiesta lo que es la realidad las diputaciones son un ” asilo de fracasados politicos e ineptos para otro trabajo ” al igual que el Senad0, si bien con la diferencia de que en los asilos de nuestros ancianos si está la sabiduría.
    ¿ Porque ? cuando el partido no los considera necesarios nadie se incorpora a su trabajo. ! Quizas porque siempre han sido politicos!.

  4. DiegoGómez

    Sin ponernos catastrofistas creo que la situación económica nos hará superar a la fuerza todos estos debates sobre la organización administrativa, puesto que el nivel de deuda que en su conjunto se está generando y al que Sevach hacía referencia en un post anterior (http://contencioso.es/2011/07/30/endeudamiento-publico-galopante-nadie-paga-y-todos-pagamos/) provocará que tengan que desaparecer muchos órganos y reducirse otros si se quiere garantizar la prestación de servicios básicos.
    No quedará más remedio que realizar las reformas constitucionales necesarias para ello, bien porque los partidos políticos lleguen a un acuerdo por sí solos (parece difícil, al menos en la actualidad), bien porque le venga impuesto por la Unión Europea para conseguir cumplir las exigencias del control del defícit.
    Por lo demás, a los ciudadanos bien nos vendría entender de una vez por todas que el dinero público con el que se pagan cada uno de los organismos oficiales sale del bolsillo de cada uno de nosotros, con lo que hay que eliminar ya todo aquello que es claramente innecesario, aunque haya todavía mucha gente que viva de ello y aunque haya que reformar tres veces la Constitución.
    Un abrazo a tod@s

  5. Habilitado Estatal

    Me parece muy positivo que se inicie un debate acerca de la posible supresión o no de las Diputaciones Provinciales, pero ese debate, para que pueda ser productivo, debería partir de las siguientes premisas:

    a) Tener muy claro cuál es el marco jurídico para esa supresión, el cual, como apunta Sevach, exige una necesaria reforma constitucional.
    b) ¿Sólo las Diputaciones deben ser suprimidas?.¿Por qué no las comarcas, allí donde existan?. ¿Por qué no los municipios con menos de 1000 habitantes?. ¿Por qué no las delegaciones provinciales de las Comunidades Autónomas pluriprovinciales?. El debate acerca de la reorganización de nuestras Administraciones territoriales no debería centrarse exclusivamente en las Diputaciones.
    c) Si desaparecen las Diputaciones, deberían desaparecer no para que, al mismo tiempo, se creen entes similares, como la pretensión en Cataluña de sustituir las 4 Diputaciones por 7 u 8 Veguerías. Y ¿qué hacemos con los Consejos y Cabildos insulares, alguno de tamaño tan infímo como el de Formentera o El Hierro, por poner dos ejemplos?.
    d) El debate tampoco debería perder la perspectiva, a mi juicio muy acertadamente planteado por la Ley del Proceso Autonómico de 1983, que pretendía convertirlas en la Administración a través de la cual las Comunidades Autónomas ejerciesen sus competencias. Eso sí es plantear una reorganización administrativa en términos de eficacia.
    e) Por último, no debe perderse de vista las importantes funciones que las Diputaciones realizan en cuanto a la asistencia y cooperación a los municipios, que, si desaparecen, deben ejercer las Comunidades Autónomas. En la Comunidad donde ejerzo, Cantabria, esas funciones, obligatorias para el Gobierno Regional en cuanto Comunidad Autónoma uniprovincial, brillan por su ausencia (por no existir, ahora no existe siquiera una Dirección General de Administración Local). ¿Quien garantizaría que esas funciones se seguirían ejerciendo, cuando el Estado se desentiende totalmente del ámbito local, y las Comunidades no son sino reinos de taifas dedicados exclusivamente al clientelismo más caciquil?.

  6. No sólo las Diputaciones Provinciales, sino muchas de las instituciones que actualmente vegetan por el panorama jurídico-político deberían desaparecer o reciclarse. He aquí algunos ejemplos:
    1.- Tribunal Constitucional (supresión). Sólo provoca frecuentes choques con el poder judicial, por lo que, siguiendo el ejemplo del país donde nació el control de constitucionalidad, éste puede encomendarse al Tribunal Supremo. La mala copia que en su día Hans Kelsen pretendió realizar “europeizando” el control depositándolo en un organismo excluido del poder judicial ha fracasado, cuando menos en España.
    2.- Senado (reforma). La Cámara Álta debería reconvertirse en una auténtica cámara de representación territorial, con competencias propias y decisión única en determinadas materias, y no en una especie de sucedáneo de la cámara baja. Por cierto, que debería reducirse drásticamente el número de senadores: en Estados Unidos, cada estado tiene una representación idéntica, dos senadores, por lo que el número total de éstos es de 100. En nuestro país bastarían y sobrarían con 50.
    3.- Congreso (reforma). Reducción drástica del número de diputados a la mitad de los actuales (en Estados Unidos la Cámara de Representantes, que atiende a criterios de representación poblacional, no llega a los quinientos miembros).
    4.- Defensor del Pueblo (supresión). Las competencias del defensor del pueblo son, por testimoniales, ridículas, y la única razón de ser de esta institución es la eventual “auctoritas” moral que pueda tener la persona física que ostente el cargo, pero a lo que importa, es decir, posibles soluciones que puede aportar, son nulas.
    5.- Consejo Económico y Social (supresión). Otro de los órganos creados de manera novedosa en 1978 sin que su utilidad justifique posibles costos.
    6.- Consejo General del Poder Judicial (supresión). Contra lo que pueda parecer, esta institución no sólo no existe en la mayoría de los países, sino que son poquisimos los que cuentan con un organismo similar, que nuestro constituyente pretendió implantar plagiando la experiencia italiana, una de las escasísimas naciones que posee un Consejo de gobierno de los jueces. Lo cierto es que este organismo no ha servido en la práctica para lograr los fines pretendidos (ahí está el libro “El fracaso del autogobierno judicial” que, quizá por la crudeza de sus conclusiones, ha sido sistemáticamente silenciado).
    7.- Instituciones autonómicas análogas a Defensor del Pueblo, Consejo Económico y Social (supresión).

    El problema radica en que lo que Sevach manifiesta acertadamente de los miembros de las diputaciones provinciales (retiro dorado, lugar para “colocar” a gente que, de otra manera, no sabría donde ocuparse) es predicable de todas las instituciones anteriormente enumeradas, razón por la cual la partitocracia se ha encargado de blindar lo más férreamente posible la pervivencia de las mismas para evitar posibles recortes. Es por ello que en la mayoría de los casos el recorte precisaría de una eventual reforma constitucional que, ya puestos, podría retocar el título VIII para racionalizar el estado de las autonomías, delimitando claramente las competencias del Estado para evitar lo que hace ya bastantes años viene denunciando el profesor Sosa Wagner: la nación no se rompe pero el estado se fragmenta. A no ser, claro está, que sea eso lo que se pretenda desde arriba, que el Estado se fragmente.

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  8. yeyutus

    Como siempre, certero, y realista en el post. No puedo añadir nada más claro, y ya se sabe, …la estupidez humana no tiene limites, y que en España ya no cabe un tonto más, son mis frases de cabecera.
    Creo que los “grandes pensantes” estan buscando un culpable tangible, (los mercados, no cuela por no ser tangibles) y creo que los EEPP (Empleados públicos y otros análogos) van a ser los paganinis principales. y sino al tiempo, ver vereis…

  9. DI PUTACIONES
    (o calla para siempre)

    Que deba haber un gobierno
    en toda Diputación
    (no en Cabildos ni en Consejos),
    según la Constitución,
    no impone otro Parlamento,
    ni que se ejerza en montón.
    Sieyés dijo -yo recuerdo-
    y lo hizo Napoleón,
    importándolo Oliván
    a nuestro acervo español,
    que deliberar, “debemos
    todos, de común acuerdo”,
    mas … gobernar, “solo yo”.
    O uno solo, a decir cierto,
    que aquel era un dictador.

    Valga por deliberar
    competente Comisión
    de la Asamblea regional
    que defienda con ardor
    la voluntad popular,
    con la participación
    de alcaldes, que habrá lugar
    de invitar a su sesión
    o con ellos conversar,
    entenderse, hacer reunión….
    para poder arreglar
    lo que el mundo estropeó.

    Sobran muchos diputados,
    pero más aún -di- putadas
    costosas, innecesarias,
    “Le den un coche, un despacho,
    un machaca, un secretario,
    una Visa bien cargada
    por si ha de hacer frente a gastos.
    Provéanle de jofaina
    para lavarse las manos,
    por si en su dura jornada
    debe lavarse las manos.
    …Mejor un cuarto de baño
    privado, la higiene es sana”.
    Y así la orden fue dada.
    Y así fue presupuestada.
    Y en más de un caso gastada.
    Por varios multiplicada.
    Y la Provincia, ensalzada.

    Si ahora si no dices nada
    sobre el tema que abordamos
    nos quedamos como estamos,
    pues lo que hace un funcionario
    se jode en una sentada
    de estadistas retirados,
    maquiavelos de ancha panza,
    mafiosos bien disfrazados,
    incautos, lobos de raza,
    venales y sobornados
    que forman la flor y nata
    de los indocumentados
    que han de callar y no callan.

    La Magna Carta consagra
    la putación, di – lo claro,
    mas no dice con qué salsa
    ha de guisarse ese plato.
    La imaginación nos valga
    para entre todos cambiarlo
    manteniendo su sustancia,
    sin que devoren los vagos
    lo que guarda de importancia
    y que es justo preservarlo.

    Sigan las Diputaciones,
    en cada una un Diputado,
    delegado del Gobierno
    en la región gobernando.
    Asístanle en su gobierno
    los precisos funcionarios,
    no empleados enchufados.
    Controlen su desaciertos,
    y ayuden en sus cuidados
    los miembros del Parlamento
    regional. Véase ayudado
    por alcaldes en Consejos
    consultivos programados.
    Pero que no sea un museo
    de despropósitos vanos,
    ni mezcla de fuerzas vivas
    con políticos en paro
    gastándose en sus insidias
    lo que no saben los sabios
    cuando más lo necesitan
    los sufridos ciudadanos.

  10. Paco Moreno

    Es vergonzoso que a estas alturas estemos discutiendo de cargarse una institución que hace tiempo debió desaparecer.
    Pero con la calaña demostrada por todos nuestros políticos nos encontramos culpabilizando a una institución olvidando que el problema ahora no es su existencia sino la desvergüenza con que viene siendo utilizada.
    ¿A quienes dan cuenta las Diputaciones de cada uno de los euros que se gastan?
    Por cierto, dentro de los órganos a suprimir no estaría de más despedir a todos los que se dicen “Consejeros de los distintos Tribunales de Cuentas” o como se llamen en cada uno de los territorios . ¿Para qué sirven?
    Por más que le disguste a Antonio Arias.

    • Habilitado

      Paco te propongo una solución mejor para el tema de los tribunales de cuentas, en vez de desaparecer darles poder real e independiente para fiscalizar y luego poder sancionar si hay incumplimientos culpables a los responsables. Es mas a mi lo que me gustaría seria que pudiesen fiscalizar anticipadamente ciertos gastos

    • Paco Moreno

      Habilitado, totalmente de acuerdo.
      Pero como no tienen capacidad para nada lo que debe quedar claro es que AHORA no nos sirven. Y en aras a una mejor eficiencia, que desaparezcan. Cuando se es consciente de que un trabajo no tiene valor ¿por qué hemos de pagar por lo que no sirve? De modo que menos presumir. Colaborar con la estafa tiene un nombre. Y eso es lo que estamos consintiendo. ¿Duele? Pues eso es lo que hay.

  11. DÍCESE DE LOS MUCHOS ENTES EXISTENTES EN LA NACIÓN Y DE LAS FUNESTAS CONSECUENCIAS QUE ACARREARÍA SU MANTENIMIENTO

    Autonomías ciento y una.
    Doscientas diputaciones.
    Ayuntamientos, millones.
    Que cuestan una fortuna.

    Dejo en el tintero alguna
    De las muchas fundaciones,
    Organismos y misiones.
    Mas ello no me importuna.

    Lo supérfluo suprimamos
    Y lo útil conservemos.
    Es la mejor medicina.

    De lo contrario veremos
    que todos juntos vayamos
    con nuestra patria a la ruina.

  12. sed Lex

    Por cierto, en cuanto a supresión de ayuntamientos, como siempre Sansón da en el clavo:

    http://blogs.elnortedecastilla.es/rafavega/2011/08/14/sanson-20/#disqus_thread

  13. No está mal en que pensemos el estado que queremos tener, para después imaginar el que somos capaces de soportar, vistas las pretensiones de los restantes integrantes del mismo estado, y así decidir qué sea o deba ser, y cómo, España, Comunidades Autónomas, federaciones o confederaciones y provincias incluidas. Mosaico inutil en un mundo que pide otras dimensiones.
    Tal y como estamos, creo que el concepto de nación, Comunidad, provincia o pueblo separan más de lo que unen, son conceptos defensivos y son elementos negativos en la vida de los hombres, pues separar es peor que unir, incluso en la diversidad. La vida circula ya por encima de las naciones, Comunidades y pueblos y debiera ya circular por encima de otras distinciones. Al menos así debiéramos pensarlo los ciudadanos ¿No es eso la mejor versión de la globalización. tan economicista hasta ahora? Asumamos que la estructura política y económica está en conflicto, y nosotros, todos los nosotros de los estados, comunidades y provincias hemos de tomar posición ante ello. Diga cada cual lo que piense al rdespecto. Yo ya lo he hecho.

  14. Bichito Luz

    Sinceramente, y creyendo entender algo acerca del presente asunto, creo que el tema va más lejos de lo competencial residiendo principalmente en la financiación (o “las financiaciones” como más guste). Dejando ese filón ahí para su reflexión, sí quisiera resaltar una competencia fundamental de este tipo de organismos y sin la cual un gran número de entes locales estarían bastante perdidos y es el asesoramiento y la asistencia técnica, jurídica, económica y contable. Practicamente el resto de cosas las suprimiría pero claro ya no moverían esos presupuestos y la financiación….:-x

  15. Querido Sevach m temo q te han plagiado gran parte d este post…y para mas inri un
    Colega d profesión y en un diario del mismo grupo en el que colaboras http://www.farodevigo.es/opinion/2011/08/20/diputaciones-reforma-constitucional/573005.html

  16. Me parece una verdadera groseria eliminar la última institución en la que los territorios perifericos pueden ejecer la autonomía que mínimamente le dejan ejercer, grave error, es la pretendida eliminación de la Diputaciones Provinciales. El gran derroche económico ha sido realizado por las Comunidades Autónomas y su centralismo, no olvidemos que la Comunidad Autónoma ha sido el único artificio y la única Administración creada, que tiene 30 años y ha sido añadida y sumada a las existentes, con la teoría de aplicar el principio de autonomía territorial, mal practicado y gestionado por los centralismos autonómicos. En este sentido, sería grave error eliminar la única institución más cercana al ciudadano en aras de las Comunidad Autónomas, supone enaltecer la pésima gestión autonómica ejercida sobre las provincias. El principio de autonomía local, la democracia real, la representación territorial y en cualquir caso la gestión de los servicios públicos más cercanos al ciudadano, desde el nivel provincial, serán ineficaces. La pretendida eliminación de las Diputaciones supone dar mayor vigor al principo latino, divide y venceras, divide al máximo posible las entidades territoriales agrupando municipios en mancomunidades cuanto más mejor, creando más entidades aun, que aumentan el gasto público. De esta forma el centralismo autonómico, se ve fortalecido, viéndose, en igual modo, fortalecidas las inútiles y artificiales y numerosas delegaciones autonómicas en cada provincia creadas por el órgano dictador autonómico centralista, me da igual, hace 30 años Madrid, actualmente llámese Sevilla o Valladolid, por ejemplo, para nosotros son distintos dueños con Igual Cadena, con la que tirar para sí, lo que por derecho, por justicia, democracia, igualdad y libertad nos corresponde a los territorios provinciales, que sin las Diputaciones, veran disminuidos sus intereses, su representación y su autonomía. Ya esta bien, de hacer conjeturas doctrinales, y llamar a las cosas por su nombre, las autonomías mal organizadas han sido las que han despilfarrado el dinero público, creando duplicidad de negociados, subnegociados, servicios, delegados, subdelegados y multitud de puestos de trabajo inservibles, siendo ervidero de derrochadores adoctrinados.

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