Crónicas administrativistas

El hundimiento de un Estado

El Estado de Kiribati se hunde por fenómenos naturales y el Estado español debe aprender a sobrevivir para no hundirse por cataclismos políticos.

Kiribati Leo en el BOE del pasado sábado (31/8/2011) que han cesado al embajador de España en la República de Kiribati. Me lanzo a indagar sobre tan curioso destino profesional, ya que los embajadores ajenos a la carrera diplomática suelen preferir destinos terribles y sombríos ( Londres, Washington, Santa Sede, por ejemplo) y me quedo patidifuso al enterarme que la República de Kiribati es un país de las antípodas, formado por un archipiélago de islas en el océano Pacífico que tras un pasado colonial se alzaron como Estado independiente en 1979.

 Pero a la República de Kiribati la miró un tuerto. Dichas islas fueron escenario de guerras cruentas en la Segunda Guerra Mundial, pruebas nucleares en los años cincuenta, erupciones de volcanes y visita de huracanes siempre presentes, sufre superpoblación, su selección de fútbol jamás ganó un partido oficial, el agua potable frecuentemente se contamina, y por si fuera poco, la subida del nivel del mar amenaza con hacerla desaparecer por completo bajo sus aguas como consecuencia del calentamiento global, por lo que su Presidente está buscando países que adopten a los ciudadanos, con la sola respuesta positiva de Nueva Zelanda.

 Menudo panorama. Debemos aprender de ello.

1. Sirva el ejemplo crudamente real, por aquello de la conocida fábula  de Calderón de la Barca ( “ Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba…”) para obligarnos a admitir que debemos sentirnos afortunados con el Estado que nos ha tocado vivir. Las cosas van mal en España pero pueden ir a peor. Los españoles debemos evitar que la torpeza política y la crisis económica nos empujen al desánimo y nos aparten de la loable finalidad confesa de forma tan simple como maravillosa en la Declaración de Independencia americana de 4 de Julio de 1876, consistente en el derecho irrenunciable a la “búsqueda de la felicidad”.

 2. Para ello, se necesita seriedad y coraje político, entendido como la reforma o supresión de instituciones y/o leyes que se amparan en la inercia de un pasado floreciente, en la burda moda de otros países o en la tontería de lo políticamente correcto.

 ¿Qué diría Rudyard Kipling? Si el Derecho constitucional se tambalea; si el Tribunal Constitucional padece mal de altura; si la imagen de la Monarquía hace aguas; si las Comunidades Autónomas se han convertido en vacas sagradas que rumian mas que producen; si el Derecho Penal “da pena”; si la Economía dicta el Derecho; si la Justicia se convierte en experimento político sujeto a peaje y coloca a los abogados “a extinguir”; si los servidores públicos sufren desencanto; si los ciudadanos se mueven entre la desesperación y la perplejidad… algo habrá que denunciar y algo tendrá que cambiar, hijo mío.

 3. Los Estados no solo se hunden por los fenómenos naturales sino por la torpeza política. Decía Miguel de Unamuno que “La cobardía, la pordiosería y el silencio canallesco son las tres virtudes de esta nuestra España de Romanones” (Revista España, 5 Mayo 1916). No sé si resulta tan anacrónica la observación.

 ¡¡ Ni siquiera podemos emigrar a Kiribati !! Por si se hunde, parece que el embajador será el primero en salir…

  Aquí tenéis unas impresionantes fotos de Kiribati del fotógrafo de “Reuters”, David Gray,

 Por cierto, lo mas envidiable es el Parlamento de la República que en esta foto demuestra que tiene “vistas al mar”.parlamentos

parlamento

5 comments on “El hundimiento de un Estado

  1. Apreciado Sevach,

    lector asiduo de su blog, sin embargo es la primera vez que intervengo. Espero que no se lo tome a mal si mi intervención es para corregir, pero lo cierto es que nadie puede “cesar” al embajador. Expone el señor Lázaro Carreter en su obra “El dardo en la palabra” que cesar es verbo intransitivo y no puede ser utilizado como sinónimo de destituir a alguien o relevarle o apartarle del servicio. El embajador, por tanto, será destituido o relevado, y como consecuencia de ello, cesará en sus funciones. Pero en ningún caso será “cesado” por nadie. Para una exposición más completa, me remito a la obra citada.
    Gracias por publicar este mensaje.

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  2. Y la gran pregunta, por qué teníamos embajador en Kiribati?

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  3. Esto de cesar en funciones al Embajador de Kiribati, puede suponer un ahorro del dinero público, pero me temo que la liberación del crédito habilitado para el pago de este salario, se convertirá en el nombramiento de 2 “coordinadores” (nueva figura por encima de una Jefe de Servicio) en vete tu a saber en que nación , o destino donde los nombren, lo que al final para el ciudadano de a pie significa – más gasto público –
    Para muestra basta un botón y véase la última reforma de la Ley de la Función Pública Asturiana 3/85, donde precisamente se aborda dicho tema.

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  4. Falta preguntarse qué intereses exactamente tenía Españajistán que defender en un país que no sabemos que existe. Me lo pregunto cuando con cierta frecuencia veo nombramientos y ceses de embajadores a países que -grande es mi ignorancia- es la primera vez que me entero que existe. No digo en absoluto que sea el caso actual, pero en otras ocasiones análogas, ha habido quien me ha ilustrado al respecto: paraísos fiscales. En la desconocida república de patatín y en la de patatán hay un embajador de Españajistán porque las grandes empresas tienen ahí su dinero.

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  5. Estimado abogado, felicidades por su Blog, desde Mexico.

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