Luchas, triunfos y homenajes del Derecho Público

De maestros administrativistas adelantados a su tiempo

 

honoris causa martinCorren tiempos en que las jubilaciones de los Catedráticos de Universidad tienen el significado de Actas de la muerte académica, con la “toilette” que supone el colorete del emeritaje, y rematada con un homenaje de los discípulos que echan tierra encima del sarcófago dorado de su labrado prestigio.

Viene al caso, porque recientemente Sevach ha sabido que al maestro D. Ramón Martín Mateo (cuya fama llega hasta la República Checa) se le ha otorgado el doctorado honoris causa por la prestigiosa Universidad del País Vasco y ciertamente no ha tenido tal hecho la resonancia que merecía, no tanto por la devaluación de tales doctorados (que cada vez son mas “honoríficos” que “con causa”) sino porque el laureado es un general del Estado Mayor Académico Administrativo para el que poco brillo supone acumular un nuevo foco sobre la luz radiante de todo su legado académico.

En efecto, D. Ramón Martín Mateo, Catedrático de Derecho Administrativo del País Vasco y Alicante (y exRector de ambas) ha sido el buque insignia del Derecho Administrativo económico en España, además de adentrarse en zonas inhóspitas y desiertas de estudios (medio ambiente) para propiciar fecundos vergeles. A ello se sumaría, la facilidad para tratar los grandes temas, de forma sencilla y amena, en tiempos en que resulta mas fácil con ayuda informática la publicación de un Tratado enciclopédico que un sencillo Manual esencial. Baste pensar que con sus tres manuales de Derecho Administrativo, Derecho Autonómico y Derecho Ambiental (reeditados una y ora vez), constituyen el trípode donde se asienta buena parte de la generación actual de administrativistas forjados en las Facultades de Derecho de la democracia.

Sin embargo, Sevach no quiere insistir en sus méritos académicos y logros científicos, que son notorios, pero sí puede aportar alguna anécdota en el plano humano y enriquecer, si cabe, la dimensión de la figura del maestro Don Ramón. Y quizás para ello nada mejor que partir del análisis semántico, como al maestro le gusta hacer (solía afirmar por ejemplo, que el “medio ambiente” constituye expresión redundante ya que el “medio” es el “ambiente”, o también apuntó en su día que el “Consejo Social” de la Universidad, ni da consejo alguno, ni representa a eso que ese complejo entramado que es la “sociedad”).

Veamos que le sugiere al bueno de Sevach, el santo y seña del maestro: “Don Ramón Martín Mateo”.

La partícula “Don“, en el caso del profesor Martín Mateo enfatiza el respeto y autoridad que se administra a los altos capos italianos, aunque aquí acaban las analogías, pues jamás se ha prestado a estrategias maniobreras, a pesar de que el ecosistema académico ha otorgado protagonismo a las “Escuelas” o “familias” al servicio de la “cosa nostra”, a la hora de asignarse plazas, becarios o premios.

El “Ramón” adquiere brillo propio y el acento le da firmeza, fundiendo el legado irónico de ese otro Ramón – Gómez de la Serna-, el humor a veces negro de otro Ramón- María del Valle Inclán- e incluso la energía propia de los jóvenes del legendario grupo musical “Los Ramones”.

El “Martín” posiblemente nos recuerda la valentía con que otro Martín (Lutero) supo clavar sus 95 tesis clavadas en la puerta del castillo de Wittemberg en 1517, desafiando el orden canónico, al igual que los valientes artículos doctrinales de Don Ramón constituyen el embrión de otras tantas tesis doctorales, que sacuden el orden establecido bajo pautas de pensamiento crítico y constructivo.

El “Mateo” responde a la bonhomía, y explica el Doctorado Honoris Causa del País Vasco, cuando el evangelista de tal nombre reseñaba lapidariamente: “Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más” (Mateo 25:29).

Y acrisolando el nombre del maestro en el sencillo “Don Ramón”, Sevach recuerda como hace diez años (con ocasión de su amable aceptación para conferenciar en la Universidad de Salamanca sobre los Consejos Sociales), tuvo la fortuna de coincidir en un restaurante vallisoletano con Mercedes Fuertes, Sosa Wagner y Don Ramón (hoy día, todos ellos pertenecientes a la prestigiosa hermandad de los Catedráticos de Derecho administrativo), y tras exponer el profesor Sosa la por entonces novedosa Directiva comunitaria sobre el tamaño de los preservativos (justificada en la defensa del mercado comunitario frente al mercado japonés) nos dimos una alegría con buen Ribera de Duero, momento en que estando en tierra del “enemigo”, D. Ramón confesó que el mejor motivo que le haría tomar las armas sería la defensa de La Rioja, y tras degustar el lechazo asado, Don Ramón mudó el semblante y con tono enérgico llamó a gritos: ¡Camarero,!, ¡Camarero!. Un silencio cauteloso se hizo a nuestro alrededor mientras yo adoptaba la actitud budista (observar y callar). Tras acercarse apresuradamente el maitre, con cara de circunstancias, D. Ramón le explicó: “Le he llamado porque tras probar el lechazo que nos ha traído me veo obligado a exigirle que me traiga inmediatamente el Libro… de Aclamaciones… porque está sabrosísimo y digno de aplauso”. Tal ocurrencia restableció inmediatamente el relajo del maitre y nuestras sonrisas.

Posteriormente a la llegada a Salamanca, el Gran Hotel de los aledaños de la Plaza Mayor en que le correspondía alojarse (por cierto era el hotel de los toreros, y especialmente apropiado para este Primer Espada) estaba al otro lado de una calle con denso tráfico del desfile de Carnaval, así que les dije que teníamos que atravesar cargados de maletas la riada humana. Justo cuando atravesábamos el mar rojo del gentío, entre chirigotas y disfraces, D. Ramón soltó: ¡Somos los únicos que vamos disfrazados de viajeros!. Una tercera anécdota demuestra las tablas de tan insigne personaje, y es que cuando le fui a buscar al tiempo de desayunar al Hotel para conducirle a la inauguración del curso, me preguntó qué se esperaba de su ponencia, y tras informarle que versaría sobre el papel de los Consejos Sociales de la Universidad, tomó un idem (una pequeña tarjeta blanca) garabateó unas brevísimas notas, se la introdujo en el bolsillo, nos fuimos al Edificio Histórico de la Universidad, y tras ser presentado por el Rector Julio Hermoso, sacó su tarjetita, y comenzó una amplia, brillante, refrescante y original ponencia sobre los Consejos Sociales que fue vitoreada por los presentes.

En fin, muchas otras fueron las anécdotas que brindó la compañía de D. Ramón, y que explican su habilidad para haber conseguido en los años 80 mediante un sencillo Manual (libro de cabecera en las Facultades de Derecho y Económicas) trocear el Derecho Administrativo como un cuchillo la mantequilla y hacerlo digerible para algunos que como Sevach, cursaban la licenciatura en Derecho. Y es que antes de leer su Manual, el Derecho Administrativo era para el común de los mortales, como alimentarse de carne humana, o sea desagradable y repulsivo al paladar; en cambio, tras su lectura diríase que los “tostones” de Derecho Administrativo, se convirtieron (como la carne humana para los caníbales de Guinea Papua, o como los “tostones” salmantinos) en algo seductor y sabroso.

Por tales méritos, considera Sevach, que más que un doctorado Honoris Causa, quizás sería conveniente en el caso de D. Ramón, que la Corona desempolvase el viejo título reservado a quienes descubrían o conquistaban nuevas tierras, e investir a D. Ramón como Adelantado del Derecho Administrativo (lo que además guardaría congruencia con el inminente nuevo libro del maestro, que parece ser llevará el significativo título “De Bruselas a Singapur”).

D. Ramón Martín Mateo, Catedrático de Derecho Administrativo y José Ramón Chaves.
Foto: Universidad de Salamanca, 1993. De izquierda a derecha: Antonio Alonso (Gerente), Julio Fermoso (Rector), Martín Mateo y José Ramón Chaves (letrado).

0 comments on “De maestros administrativistas adelantados a su tiempo

  1. …. en ese desfile de Carnaval nos hizo avanzar con el billete de tren en la boca como prueba de nuestra condición de viajeros …
    Francisco Sosa – Leon.

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  2. Pingback: Una sentencia del Tribunal Supremo con sabor de buen vino « El Blog de Derecho Público de Sevach

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