Contencioso

De esquizofrenia e indiferencia pública (II)

Indiferencia pública.En segundo lugar, y siguiendo con la lucha contra la esquizofrenia crónica y peligrosa, habría que olvidar el papanatismo político de demonizar los internamientos indefinidos de los esquizofrénicos graves. Junto a los afectados que bastante desgracia tienen con su enfermedad y cuyo bienestar es compatible con la convivencia familiar sin riesgos para sus parientes ni terceros, están casos de “contumaces” (una y otra vez reinciden en no medicarse y en episodios hostiles), y en estos casos la Administración debería habilitar residencias a tiempo completo y si la enfermedad se presume crónica, pues el internamiento indefinido. Para estos casos extremos los “centros de día” son un placebo ineficaz ya que el esquizofrénico no tiene un interruptor que le desconecte en horas diurnas.

Además tales centros psiquiátricos (o bajo cualquier otro nombre mas dulce y de menores resonancias negativas) deberían estar dotados con las máximas de las garantías de la dignidad del paciente y evitando que salga estigmatizado del mismo.

A Sevach le sorprende el celo de la Administración Pública en promover “botellódromos” (para practicar el botellón por la juventud) o “narcosalas” (para la práctica de la drogadicción) o incluso pomposas Leyes de Dependencia, olvidándose de aquéllos que antes que esquizofrénicos (“renglones torcidos de Dios”, según Gironella) son españoles, ciudadanos y pacientes, con derecho a atención psíquica personalizada y real (y eso que el 90% de los esquizofrénicos depende plenamente de su familia).

El problema radica en que la “esquizofrenia” no tiene ideología, y las ideologías se han olvidado de los “esquizofrénicos”. Para los gobernantes de izquierdas promover o “resucitar” los psiquiátricos sería una medida contraria a su ideario angelical de la vida humana, en que los enfermos psíquicos recuperan la lucidez por sí mismos igual que una estrella de mar vuelve a generar su extremidad perdida. Para los gobernantes de derechas tal medida sería un suicidio político pues los tildarían de retrógrados o hitlerianos.

La cuestión es mucho mas sencilla. Basta con que cada uno mire hacia su interior cuando lee estos casos de hijas que matan madres, de adultos que acuchillan niños, de desconocidos que dañan a otros desconocidos, e incluso de los propios esquizofrénicos que atajan su propia vida para no hacer daño a quienes les rodean, para que en su fuero interno halle la respuesta: por el bien del enfermo (que es víctima ciertamente) y por el bien de la familia y de la sociedad (que es víctima potencial), hay que tomar medidas no pensando en difusas teorías del mundo feliz de Huxley sino pensando en atajar el calvario concreto y diario, en horario continuo, que viven miles de familias en España, mientras otros miles de familias no saben que la persona que está a su lado en la vía pública o que trabaja con ellos padece una gravísima enfermedad cuya espoleta está a punto. Los muertos a manos de un esquizofrénico no entienden de explicaciones a toro pasado en términos de protocolos, control pautado, infortunio, censos de enfermos, etc.

No se discute que desde la perspectiva penal se aplique a los enfermos que hayan traspasado la fina línea del derramamiento de sangre de inocentes, la eximente completa o incompleta de trastorno mental, ni que se decrete su internamiento forzoso tras su crimen, sino que lo que hay que hacer es evitar que se repitan episodios similares. Hace unos meses, la Audiencia de Zaragoza impuso 20 años de internamiento en un psiquiátrico a un exlegionario de 40 años que, en diciembre del 2004, mató de dos puñaladas en el pecho a un cliente del club de alterne La Asturiana, en el barrio zaragozano de Las Fuentes, “porque le miraba mal”. Un bonito ejemplo de la conducta que puede despertar el demonio interior que se agita dentro de un esquizofrénico agudo.

Se trata de pedir a políticos, médicos y jueces comprensión, empatía y sensatez. Si los especialistas están divididos en los criterios para diagnosticar la esquizofrenia virulenta, y para decidir cómo y cuando prescribir la medicación forzosa o el internamiento (dando lugar a diagnósticos distintos según el médico que toque en suerte), el hecho tozudo es que las muertes o lesiones a manos de esquizofrénicos contumaces es todo un síntoma de anormal funcionamiento de la Administración sanitaria, que convierte a los padres o hermanos del enfermo en el rompeolas donde se estrellan los problemas del pariente esquizofrénico. Los días y las noches de quienes conviven con estos desgraciados están jalonados de angustia, incomprensión, violencia, desesperación y horizonte vacío. Y ese vacío no lo llenan las pomposas estadísticas de los servicios de salud.

0 comments on “De esquizofrenia e indiferencia pública (II)

  1. ANA CARO. Letrado de la Universidad de Burgos.

    …Leo atentamente las reflexiones de Sevach, “rumio” su ironía, y valoro su mirada objetiva y mordaz ante esa cruda realidad del enfermo esquizofrénico frente a la omnipotencia de la administración sanitaria…y me asalta otra pregunta, ¿qué es de la indiferencia del resto de las administraciones públicas?…hablo de aquellas en las que entre el bestiario de empleados públicos que las habitan y las circundan tienen agazapados estos enfermos, u otros con patologías también de índole psíquico…¿se aplican protocolos de actuación adecuados para detectarlos y subsanarlos? ¿los Servicios de Prevención de Riesgos están convenientemente instruidos y previstos de medios para observar y atajar estas situaciones? ¿los empleados públicos saben discernir entre el enfermo y el acosador moral en el ámbito de sus puestos de trabajo?, porque no olvidemos, y lo sé por las experiencias sangrantes que en mi puesto he tenido que conocer y “resolver”, que estos enfermos actúan no sólo contra su propia integridad física y moral, sino también contra y frente a la del resto de las personas que los rodean, incluidos los compañeros de trabajo, y el resultado de esta confrontación a veces es observada por los empleados y gestores públicos como actuaciones de acoso laboral y no como verdaderas enfermedades.

    Es necesario, por tanto, que en toda administración pública se cuente con un protocolo de actuación, con profesionales que sepan atender estos supuestos, psicólogos, asesores jurídicos y técnicos de prevención, y que todo empleado público conozca cómo actuar si detecta en su entorno comportamientos cercanos a estas enfermedades, a dónde acudir… Debemos conseguir, aunque quizás resulte utópico, que la definición de ‘salud’ de la Organización Mundial de la Salud como un “estado de completo bienestar físico, psíquico y social en interacción con el medio” sea una realidad en ese medio que son las administraciones públicas.

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  2. Veo que Sevach ha mantenido abierta la fábrica de ideas durante el mes de agosto y le felicito por ello. No hay peor forma de perder el tiempo y el buen humor que viajar sin parar durante estas semanas estivales. Muchos, en el fondo de su alma, querrían contestar a la usual pregunta -“¿qué tal el verano?”-, con algo así: “espléndido, no me moví de casa, releí Crimen y Castigo, disfruté de la familia y conversé con amigos hasta la madrugada”.

    Leyendo las entradas anteriores, me ha divertido mucho el montaje frustrado de la piscina portátil de Sevach y tenía pensado hacer algún comentario al respecto, pero he cambiado de idea al llegar a este último post. Siempre que ocurre un suceso como el de Mieres salta al debate público la necesidad de “adoptar medidas”, de que las Administraciones “cumplan con su responsabilidad” y, en resumen, de que “alguien haga algo”. Suele añadir no poca leña al fuego el testimonio, sincero, de familiares y vecinos de la víctima: “esto se veía venir”, “nadie hacía caso”, “yo ya lo dije”. Nada complace más que profetizar el pasado.

    Entre esas actitudes, bienintencionadas, nunca faltan comentarios que –sin pretenderlo, directa ni indirectamente- tienen como indeseado efecto contribuir a la perpetuación de un estereotipo, del que ha costado siglos desprenderse, y que nunca ha desaparecido del todo: el del “loco asesino”. Lo cierto es que los esquizofrénicos no son especialmente violentos, es más, la agresividad no es una nota distintiva de este grave trastorno. En el mundo del delito, el enfermo mental desempeña en muchas ocasiones el papel de víctima. La comisión de actos delictivos violentos por esquizofrénicos es probablemente inferior a la de la población general, como demuestra el mismo dato que ofrece Sevach: la prevalencia de la esquizofrenia en España (en otras zonas del mundo casi se duplica) está en torno al 1 % (más de 400.000 personas) y los actos de violencia como el que ha ocurrido este verano son contados, incluso si se ven bajo la lente de aumento de la amplificación mediática.

    Hay que aplaudir la sensatez de la Consejería de Salud (vid. “La Nueva España” de hoy), afirmando que “el ingreso permanente de los enfermos mentales con conductas violentas no es la solución”. La Consejería añade que considera “necesario” el “auxilio judicial para ingresos en fases agudas o para las tomas de medicación”, con lo que parece dar a entender que ese “auxilio” no existe o que no se presta en debida forma. No es precisamente “auxilio” lo que corresponde a los jueces en este asunto: tanto la medicación como el internamiento forzoso son medidas sanitarias previstas en nuestro ordenamiento, y la intervención judicial, de autorización o ratificación (art. 763 LEC), se limita a velar por los derechos fundamentales del enfermo, ya que la decisión es de orden médico y a la Administración sanitaria le incumbe tanto su adopción como su ejecución, que es donde suelen producirse los mayores problemas. Como el precepto prevé la emisión de informes médicos “cada seis meses”, parece claro que la Ley admite la posibilidad de un internamiento prolongado, aunque en muchos casos, superado el episodio agudo, la naturaleza insidiosa y fluctuante de la enfermedad (y las pocas camas disponibles) conducen al alta, una vez que el paciente se encuentra estable (“compensado”). Ese enfermo “estable” puede sufrir un nuevo brote psicótico al día siguiente, dentro de un año o de siete, y no existe mecanismo diagnóstico que pueda anticiparlo, pues las estadísticas no sirven para prever la conducta de una persona concreta.

    Aunque la “desinstitucionalización”, promovida por los aintipsiquiatras (Szasz, Cooper, Laing y otros) en los años sesenta, conllevara excesos, hasta llegar a negar la existencia misma de la enfermedad mental, hoy día es unánime que los enfermos mentales deben vivir, en toda la medida posible, en el seno de la sociedad, lo que no significa –como sucede en el mundo real- abandonar a las familias a su suerte. Por eso, cuando la Consejería de Salud nos explica que el camino correcto es el de “la atención comunitaria de los pacientes más graves y el apoyo integral a sus familias”, así como “extremar el seguimiento de los casos, evaluar el riesgo potencial de actuaciones agresivas, detectar precozmente los abandonos de medicación o facilitar el acceso rápido al sistema de atención específica en situaciones de crisis”, tiene toda la razón. Sólo falta pasar de la fase cognitiva a la volitiva, por decirlo en términos psicológicos; nos congratulamos del acertado diagnóstico, pero ya que saben cuál es la solución, ¿cuándo tienen pensado ponerla en práctica?

    Desde luego, internar definitivamente (“tirando la llave”) a todos los esquizofrénicos (400.000 en España) conjuraría cualquier riesgo, pero le veo algunas dificultades de orden logístico. Otras soluciones, igualmente ponderadas, para evitar la reiteración en determinadas formas delictivas se han propuesto este verano, como la “castración química” de los pedófilos. Por mi parte, arrojando un granito de arena al pedregal, sugiero generalizar tratamientos injustamente olvidados, como el electrochoque, que ahora vuelve a usarse disfrazado bajo el eufemismo “terapia electroconvulsiva (TEC)”. Como solía decirme un viejo psiquiatra, afortunadamente jubilado, “será una burrada, pero se quedan más suaves que un guante”.

    “Llega del cielo a los locos sólo una luz que hace daño/Y se alberga en sus cabezas formando un nido de/Serpientes” (Leopoldo María Panero, esquizofrénico eximio, en “Poemas del manicomio de Mondragón”).

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  3. Qué fácil es hablar desde la distancia…Mi marido y yo tuvimos que irnos de casa ya que mi cuñado nos hacía la vida imposible. “Lo cierto es que los esquizofrénicos no son especialmente violentos”: nos disparó 15 veces en la puerta del piso; pues si llega a ser violento…
    Después de año y medio ha localizado dónde vivimos: ahora qué hacemos?Llamo a la benemérita cada vez que nos acose?Si realmente los “profesionales” hicieran su trabajo, no habríamos llegado a estos extremos.El Estado le reconoce su paguita y da igual si no hay control médico alguno! Prefieren pagar a un psicópata (porque sabe perfectamente lo que hace) en lugar de crear más centros psiquiátricos y llevar un mejor control médico. Al fin y al cabo nos acosa a nosotros. Si acosara al juez o al psiquiatra sería todo muy diferente verdad?

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  4. Pues Sofía, tienes razón en que parece que vivimos dos mundos paralelos: el de lo políticamente correcto, el de que los esquizofrénicos son víctimas de su enfermedad que con buenas palabras se curan, y el mundo de la realidad, donde también son víctimas las familias y vecinos de algunos esquizofrénicos. Por eso el post de Sevach me parece acertado pues parece que debería aplicarse mas realidad a estos problemas y establecer medidas como existen en Europa, de internamiento y medicación forzosa. El Estado parece seguir la política del avestruz con el problema de la esquizofrenia.

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  5. Me pregunto sobre los esquizofrénicos si será cierto aquéllo de “Ni son todos los que están, ni están todos los que son”. Es obligación de los poderes públicos adoptar medidas para aclararlo.

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  6. Yo soy un diagnosticado por esquizofrenia leve y es muy grave lo que se está planteando aquí. Yo espero como habitual y concienciado enfermo que toma todos los días la medicación, que no se hable de lo que no se conoce. Es cierto que el porcentaje de victimas a manos de enfermos mentales es menor que los crímenes cometidos por gente sana. La violencia no es un adjunto a los síntomas esquizofrénicos. Faltan aquí conocimientos de psicología y psiquiatría. Si que es hitleriano condenar la libertad de una persona por haber nacido con una enfermedad, no fue mi decisión tener esta enfermedad. Lo que opino sinceramente es que se debe de dejar de estigmatizar el término, sería lo que propone usted algo así como internar a los poseedores de un virus como el sida a un hospital por riesgo de que en su debilidad humana contagien a otro. Mejor es lo que se está realizando desde el ámbito científico y social, que es prediagnosticar y concienciar al enfermo de su enfermedad.

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  7. Vamos a diferenciar los esquizofrenicos que tienen conciencia de enfermedad de los que no la tienen y claro como no se ven a si mismos como enfermos no se toman la medicación,..estos son una bomba con piernas. De acuerdo que la inmensa mayoria de los ataques violentos no acaban en muerte (afortunadamente para las estadisticias), pero destrozan a familias donde la convivencia es un terror diario, con maltratos y sometimiento. Hay padres de 70 – 80 años atemorizados por su hijo/a esquizofrenico con el que conviven porque los centros sanitarios dicen que no hay plazas en centros psiquiatricos, pues si no las hay que las hagan!!, hay muchas formas de matar , tambien se mata lentamente y mis padres murieron jovenes porque mi hermano esquizofrenico convertia el dia a dia en un infierno, que descansen en paz,..

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  8. De acuerdo Juan, los hermanos de un enfermo de alguien que tiene esquizofrenia lo pasan mal. Es una enfermedad muy grave. Yo por suerte me llevo bien con ellos, nos queremos y hay amor y armonía, también con mis padres, con los que vivo ahora. Trabajo, tengo una hija y estoy ahora separado pero por causas normales. Yo tomo la medicación y lucho por estar bien y estoy seguro de que lo que dices puede ser cierto, los medicamentos han mejorado en los últimos años, este mismo año se ha descubierto el gen relacionado con la enfermedad y es un trastorno genético no hereditario.
    Es importante no consumir ni drogas ni alcohol. Para cualquiera, pero mucho más para un enfermo. Llevar una vida sana y ser sociable, comprensivo y educado. Aunque no podemos confesar el diagnóstico a nadie por el miedo que existe totalmente fundado y justificable. Como enfermo que soy yo te aconsejo que perdones a tu hermano porque sin tratamiento no hay soluciones a la enfermedad ni control en el comportamiento y sin conciencia de enfermedad es rechazado el tratamiento a menudo.
    Si se buscan soluciones a la enfermedad cada vez mejores y se informa bien se podrían prevenir muchos disgustos y situaciones irreversibles. He conocido a muchos otros enfermos en hospitales y hay de todo, es una enfermedad muy dificil. Muchas veces la situacion está ligada al consumo de alcohol u otras drogas. Yo no, pero tengo amigos que consumen cocaína y no tienen enfermedad alguna y son mucho más problematicos que ningún enfermo.
    Este es un blog sobre cuestiones legales y no hace falta añadir mas leyes sino potenciar la investigación cientifica y el desarrollo de medicamentos mas eficaces y con menos y mas llevaderos efectos secundarios.
    Con respeto. Tomás. el de el anterior mensaje.
    Buena suerte.

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  9. Pero debo añadir pues que estoy de acuerdo con el contenido de Sevach, que en lo esencial es correcta, puesto que nosotros como enfermos necesitamos mayor atención, por lo menos mas de 15 minutos cada dos meses que es lo que nos propone la sanidad pública.
    Por ello en casos graves bienvenidos sean mas recursos, no debemos ser apestados, sino enfermos que tenemos derechos y somos de vez en cuando riesgo para los demás o en algunos casos constantemente, por ello aunque mis exigencias serían diferentes, mas atención y prvención, estoy de acuerdo en que se debe de dar ayuda a familias con mayores problemas.

    Un abrazo.
    Viva Asturias y lo demás es tierra conquistada.

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