Actualidad Opinando

Tiempos difíciles para la confianza jurídica

Leo esta frase del célebre jurista alemán Rudolf von Ihering (1818-1892) y me quedo asintiendo sobrecogido:

«Cuando la arbitrariedad y la ilegalidad se atreven a levantar la cabeza con insolencia e impudicia, es siempre un signo seguro de que los llamados a defender la ley no han cumplido con su deber».

Esta amarga sensación de que alguien no cumple con su deber es la que muchos abrigamos cuando asistimos a un panorama jurídico del derecho público español propio del Jardín de las Delicias del Bosco, marcado por el pesimismo ante una visión pecaminosa y desenfrenada. Veamos.

Tenemos una Constitución madura y rodada, y fruto del consenso. Tenemos un Tribunal Constitucional y un Tribunal de Cuentas, junto con un Consejo de Estado. Contamos con infinidad de Consejos asesores. Parlamento estatal y parlamentos territoriales para que no falte legitimación democrática. Un poder judicial encabezado por un Tribunal Supremo. Además nos hemos adherido a lo que buenamente nos aporta el Derecho europeo y su Tribunal de Justicia así como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

No faltan jueces, fiscales, profesores, abogados y funcionarios. No podemos quejarnos de falta de estudios y análisis jurídicos. Además impera la libertad de expresión y el debate de ideas nos inunda.

Cacareamos el valor de la Seguridad jurídica, defendemos a capa y espada la Transparencia, el valor de la Libertad e igualdad y nos sentimos felices en nuestro nido del Estado de Derecho sobre esos pilares sólidos del principio de legalidad, garantía de derechos fundamentales y justicia independiente.

Lo tenemos todo jurídicamente bien armado. Tenemos mimbres para vivir en el mejor de los mundos jurídicamente posible. Eso unido a encontrarnos en un país mediterráneo, donde facilita la apacibilidad el contar con una envidiable cultura, historia, clima y gastronomía.

Sin embargo, la arbitrariedad y la ilegalidad afloran una y otra vez, como muertos mal enterrados. Día a día las malas noticias nos quitan la ilusión.

Ni somos capaces de ponernos de acuerdo para fijar un gobierno estable. Ni somos capaces de poner fin a desafueros independentistas. Ni de acabar con los incendios forestales, con conductores temerarios, ni con manadas de canallas dispuestos a avasallar en su infame sentido de la diversión.

Ni atajamos el camino hacia el abismo presupuestario al que nos empuja una Seguridad Social cada vez mas social pero menos segura, o una Sanidad idílica pero que hay que pagarla.

Tampoco existe una percepción común de tutela judicial efectiva ante formalismos procesales y valoraciones mediáticas de sucedidos judiciales. Ni conseguimos que la letra de leyes repletas de principios éticos y de conducta pasen a ser la música celestial del ciudadano que confía en las instituciones.

   Por eso, comprendo la observación de Ihering de que ello es “un signo seguro de que los llamados a defender la ley no han cumplido con su deber”.

Así y todo, hay que ser optimistas. Confiar en que los males son transitorios. En que contamos con un modelo constitucional que permitirá superar una epidemia de leyes y políticos manifiestamente mejorables. Confiemos en que podamos recuperar la confianza en las instituciones, en la legalidad eficaz y en la justicia efectiva.

El buen derecho hace buenos ciudadanos y las malas leyes nos pervierten, pues como recuerda el Catedrático Ricardo Rivero Ortega en su estimulante ensayo, que recuerda la aguda pluma e interrogantes de Ihering («¿Para qué sirve el Derecho?, Ed.Ibañez,2019), las normas jurídicas, pese a ser un producto cultural, nos condicionan como seres humanos e influyen en nuestra capacidad cognitiva y evolución psicobiológica.

Se imponen cambios de rumbo. Y debemos hacerlo antes de que nuestro ordenamiento jurídico colapse, debiendo replantearnos radicalmente nuestras prioridades y valores. El buen sendero es tomarnos la educación en serio ( y no como un juego frívolo), la solidaridad real (y no como moda o tendencia políticamente correcta), regenerar la ética ( mas hechos y menos palabras) así como anclar la visión institucional de quienes mandan ( mayor servicio a todos y menos al partido), y sobre todo, adoptar políticas a medio y largo plazo. No nos queda otra.

Que por pedir y soñar, que no quede.

18 comments on “Tiempos difíciles para la confianza jurídica

  1. Vaya! Con esa introducción me esperaba que esta entrada del blog fuese otra entrada más (todas ellas muy interesantes. Que conste) sobre ‘alguna’ nueva aberración administrativa o judicial. Pero no. Me ha parecido, más bien, como un discurso de esos que hace el rey, de apertura del año judicial, pero mejorado. Incluso se parece más a la introducción de un ‘buen’ debate de investidura a presidente de gobierno diciendo: «Señorías, después del ridículo que estuvimos haciendo hasta hoy, intentando formar gobierno, tenemos que reconocer que este sistema electoral está agotado. Hay que instaurar las elecciones con votación con segunda vuelta.
    Y sí, se imponen tiempos de cambio de muchos paradigmas sociales, incluido el ámbito del Derecho. Veremos.

  2. Apreciado amigo: categorizar a los independentistas de forma análoga a los incendios forestales, los conductores temerarios, y las manadas de canallas me parece poco razonable. Has de saber que muchos de los que te siguen con interés reaccionan mal a esta comparación. En todo caso, reciente la fecha del 4 de julio, nadie parece plantear la declaración de Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, John Adams y Benjamin Franklin como una fechoría… Un saludo cordial. Isabel

    • Gracias Isabel, por el comentario y advertencia. En todo caso, verás que no equiparo unos y otros, sino que sencillamente reprocho la incapacidad política «de poner fin a desafueros independentistas», o sea, que me asombra que el pésimo hacer político y negociador – de todos- nos haya llevado a esta situación kafkiana; y tampoco criminalizo al «independentismo» que como toda ideología tiene derecho a expresarse, sino los «desafueros», esto es, los que salen de los fueros constitucionales no con la palabra sino con posiciones de beligerancia radical. En cualquier caso, el eje del post no era ese sino desahogarme ante la perplejidad que vivo como jurista con tantos frentes abiertos en pilares que yo daba por sentados. Un cordial saludo

      • elSumario, Andreu Roselló

        Muchos catalanes que le seguimos y admiramos, hemos comprendido el fin o filosofía de este post. Me indigna que se haya sentido «advertido», no lo permita, sea libre. Estos días estamos asistiendo al esperpento de ORIOL PUJOL, un delincuente confeso perteneciente a un grupo mafioso que repartían ITVs, y que como es de tan asentada familia y vida familiar, al pobrecito hay que darle todas las facilidades para su redención. Y ni que decir de los presos políticos que provienen del partido corrupto del 3%. Para ejemplo Joaquim Forn, un botones de Xavier Trias en el Ayuntamiento de Barcelona que por carambola llegó a Consejero de Interior. Este preso tiene en su haber el tramar que una multinacional propiedad del Cetro Comercial Glories, pudiera ampliar el centro en 10.000 metros cuadrados CUANDO NO DISPONÍA DE TECHO EDIFICABLE, ¿alguien me lo puede explicar?. Y este es el desafuero que sienten muchos catalanes. SEÑORÍA QUE NO LO AMORDACEN.

    • Contencioso

      Supongo que hay quien consideraría que comparar a Jefferson, Franklin etc con Puigdemont sí puede ser una fechoría. En todo caso, y a efectos de considerar la comparación en sus justos términos, no está de mas recordar que la declaración de independencia americana afectaba a colonias, no a partes de un estado democrático con una Constitución aprobada en forma.

      • profano en la materia

        genial respuesta 😉

      • M Pasgo

        Fantástica respuesta. Esto es argumentar desde el respeto y con conocimientos.

    • Anónimo

      Es que la declaración de independencia *es* una fechoría: empieza por «all men are created equal», pero esos padres de la declaración tenían esclavos «no tan iguales»; eso sin contar con los «merciless Indian Savages» que también se citan en la declaración.

  3. Consuelo

    Buenos días suscribo cada una de sus palabras, seria conveniente las leyeran todos los operadores jurídicos, en especial, Jueces y Magistrados, quienes ostentan el poder de evitar que no se cumpla la ley, la arbitrariedad y el abuso de derecho y, a los que se les hecha en falta en demasiadas ocasiones vocación en la profesión que ha elegido, Y por otro lado, los políticos para que dejen de manipular a los jóvenes y entiendan que la solución empieza por una educación de calidad y no crear borregos como están haciendo. Tenemos una sociedad civil infantil, que solo entiende de derechos y evita el esfuerzo, la superación y el análisis.

  4. Alfon Atela

    Entrada que da para un libro. Modestamente opino que tu análisis inicial tiene un yerro pequeño pero muy importante. Creo que la Justicia no es aun lo independiente que debería porque la política la tiene en parte atada, y cuando la política entra por la puerta del juzgado, la Justicia sale por la ventana. No creo que sea cuestión de citar aquí ejemplos de algo tan evidente que día a día continua haciéndonos sonrojar (y conste que no me estoy refiriendo al process).
    En la misma línea y como complemento al cambio de rumbo le añadiría la necesidad de auténtica separación de poderes con una real independencia judicial y, en esa educación que acertadamente citas, incluir también el sembrado de una mayor cultura democrática (que entiendo que llegará con el tiempo y con las generaciones que han nacido viviendo ya la Constitución).
    Gracias una vez más.

  5. Enrique Garcia Pons

    La eterna lucha por el Derecho… https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=6481674

  6. Estimado J.R.:
    ¡Quizá es que ya no quedan jueces en Berlín!
    Es cierto que el legislador se dedica a buscar recovecos para circunvenir la ley.
    Es cierto también que el medio ambiente no es muy propicio para los comportamientos morales.
    Es cierto que la educación pública ha dejado de ser la educación, y que cualquiera que tenga medios suficientes lleva a sus hijos a un colegio privado al margen de la lucha partidista (o independentista) que hay en los colegios públicos
    Es cierto que los mejores no quieren ni acercarse a la política para no verse manchados
    Pero eso no exime a los jueces de culpa, y mucho menos en el ámbito contencioso-administrativo. Da la sensación de que toda la leniencia que tienen los Tribunales con la actuación de la Administración, se convierte en un bocado a los derechos de los ciudadanos, cada nuevo paso que da la Administración para recortar los derechos de los ciudadanos, para exigir una autorización, una concesión, una regalía, para hacer cualquier cosa, es poco menos que una reja en la jaula de las libertades.
    Como dijo Ayn Rand «Cuando veáis que el comercio se realiza, no por consentimiento, sino por coacción, cuando veáis que, para poder producir, necesitáis obtener autorización de quienes no producen, cuando observéis que el dinero fluye hacia quienes trafican, no en bienes, sino en favores, cuando veáis que los hombres se enriquecen por soborno y por influencia en vez de por trabajo, y que tus leyes no te protegen contra ellos, sino que les protegen a ellos contra ti, cuando veáis la corrupcion siendo·recompensada y la honradez convirtiéndose en autosacrificio, podéis estar seguros que vuestra sociedad está condenada» (La Rebelión de Atlas).
    Enhorabuena por poner la cuestión sobre el tapete y, como siempre, gracias

  7. Gracias por la buena reflexión partiendo de Ihering.

    Si tuviera que hacer un insignificante apunte o «decir la mía» -traduciendo del catalán»- sería que España no sólo es un país Mediterráneo. También lo es, y mucho en mi opinión, ATLÁNTICO. La «hispanidad» se expandió precisamente a través del ATLÁNTICO y, si me apuran, del PACÍFICO.

    Aunque yo mismo escriba a veces «lasciate ogni speranza», en el fondo debemos mantener la esperanza de que saldremos de Matrix Spain de algún modo.

  8. Los políticos aprenden a mamar la arbitrariedad y la ilegalidad en los ayuntamientos, luego hacen carrera. La suma de esas dos «virtudes» se llamó siempre caciquismo. Los actos del cacique (hoy persona plural, que trabaja en equipo) entran en los juzgados desnudos, y lo primero que se hace es taparlos con la mantita estampada de «potestad de autoorganización» o «discrecionalidad». Luego se le van buscando excusas jurídicas, defectos procesales del demandante, falta de prueba que desvirtúe la arbitrariedad, para que el niño salga con un traje bonito. Y si se va a lo penal se puede llevar el premio de que «no consta acreditada la arbitrariedad imprescindible en este delito de prevaricación» o que «la arbitrariedad no llega a tener la intensidad suficiente conforme a la jurisprudencia actual».

    • Gloria

      Vergonzante resulta ver a la clase politica con Ninguna vocacion de Estado, y resulta aterrador en mi caso es ver como la justicia encubre «Delitos del cargo» las victimas de esta clase de Delitos, vivimos un autentico Infierno en un Estado de Derecho Sin Derechos, y mientras con «goviernos» sumados a la pisicion de No Reparar los danos.
      Una Justicia insensible a repara los errores/delitos que comete.
      A la clase politica, yo los encerraba en un espacio a pan y agua y no saldrias asta que no habra acuerdos
      un saludo

  9. Félix

    Que recuerdo me trae el sr. Ihering, a continuación les trascribo literalmente un escrito remitido por una pequeña asociación de Extremadura el Defensor del Pueblo:

    Expone :
    El 06 de noviembre de 2018, la Plataforma recibió un escrito de la fiscalía (se adjunta copia) en el cual se nos
    comunica que se procedía al archivo de la denuncia presentada.
    Si el ser humano, como los demás animales, aprende de las consecuencias que tienen su comportamiento, es
    evidente que la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) volverá a actuar de la misma forma que lo ha
    hecho en este caso, dado que su conducta no ha tenido ninguna consecuencia negativa para las personas que así
    procedieron.
    Nuestra asociación también ha aprendido y, del estudio detenido del caso, podemos concluir que en España la
    arbitrariedad puede cometerse impunemente. La frustración que esta enseñanza nos produce evitará que otra vez
    caigamos en la ingenuidad de creer que las normas deben ser respetadas por todas las partes, y en especial por las
    administraciones públicas.
    Queremos reconocer la labor del Defensor del Pueblo sin cuya intervención no hubiésemos obtenido la información solicitada.
    Nos gustaría traer a colación un párrafo del libro titulado “ La lucha por el derecho ” del famoso jurista alemán
    Caspar Rudolf von Ihering, que dice así; “Cuando existe un estado de cosas semejante, la suerte de los que tienen el valor de hacer observar la ley es un verdadero martirio; su sentimiento, firme y enérgico del derecho, labra ciertamente su desgracia. Abandonados de todos aquellos que debieran ser sus naturales aliados, quedan completamente solos en presencia de la arbitrariedad que la apatía y falta de valor de los demás convierten en más audaz y osada, y si se niegan, en fin, a comprar al precio de grandes sacrificios la satisfacción de permanecer fieles a su modo de obrar y de pensar, no recogen acaso más que las burlas y el ridículo. No son los que cometen transgresión legal, los que principalmente asumen la responsabilidad en semejantes casos, sino los que no tienen el valor de
    defenderla. No acusamos a la injusticia de suplantar el derecho, sino a éste que la deja obrar, porque si llegase el caso de clasificar, según la importancia, estas dos máximas: “no cometas una injusticia” y “no sufras alguna”, se debiera dar como primera regla, “no sufras ninguna injusticia”, y como segunda “no cometas ninguna”. Si tomamos al hombre tal cual es, no hay duda de que la certidumbre de encontrar una resistencia firme y resuelta, será medio mejor para hacer que no cometa una injusticia, que una simple defensa, donde toda la fuerza práctica no es, en realidad, más que la de un precepto de la ley moral .”

    Reciba un cordial saludo

  10. Manel Pérez Casas

    Cabe recordar que algunos países de la UE a los que nadie tacha de antidemocráticos los partidos políticos de corte independentista están prohibidos y en los USA según que acciones políticas además de impensables llevan directamente al corredor de la muerte. Dudo que alguien pidiera hoy día la independencia de Texas….

    El problema en España es que somos más papistas que el propio papa en todos los asuntos, el papel lo soporta todo y nuestro complejo de inferioridad nos lastra de hace siglos.

    Que sigamos cuestionándonos y debatiendo si una parte de un Parlamento autonómico puede montar una realidad paralela, pasarse por su caprichos resoluciones constitucionales, que se paguen con dinero público todas estas festividades más unas largas vacaciones de ciertas personas en países extranjeros da una idea de nuestra falta de seguridad en nosotros mismos como país, como Estado.

    Se imaginan a un flamenco o a un bávaro haciendo algo por el estilo?

    Ni cinco minutos les dura la tontería.

    Manel Pérez

  11. FELIPE

    Pues sí, estimado maestro, como en “el Jardín de las delicias” el infierno está en los detalles que corrompen y pervierten las bondades de nuestro sistema.

    Sí, tenemos una Constitución madura, rodada y fruto del consenso, pero atrapada en el tiempo e involucionada por vía de su inaplicación (gran parte de su texto ha pasado a ser letra muerta), abandono (de quienes tienen que cuidarla), traición (de muchos de quienes inicialmente la legitimaron) y sesgada interpretación de sus términos más ambiguos (Vgr. el término nacionalidades del art. 2).

    Sí, tenemos un Tribunal Constitucional, pero muy mediatizado, desnaturalizado, desacreditado y más preocupado en inadmitir a trámite que en resolver la mayoría de las cuestiones que se le plantean.

    Sí, tenemos un Tribunal de Cuentas, pero incapaz de detectar a tiempo los grandes escándalos de corrupción y de despilfarro de las cuentas públicas.

    Si, tenemos un Estado que se basa en la separación de poderes, pero la misma se encuentra en una grave crisis porque los poderes ejecutivo y legislativo tienen primacía sobre el judicial (al invadir, vía designación directa o mediata, sus centros de poder, y entrometerse, vía sugerencia, presión u opinión, en el contenido de su resoluciones -Vgr. el Presidente del Senado sobre la posible sentencia del Proces-), y el ejecutivo tiene prevalencia sobre el legislativo al punto llegar a confundirse (Vgr. un/a Presidenta/e del Congreso no debe permitir que el candidato a Presidente del Ejecutivo le fije la fecha del debate y votación).

    Sí, tenemos un Parlamento Europeo, un Parlamento Estatal, diecisiete Parlamentos de CCAA y una infinidad de entes locales con cierta capacidad normativa, pero no existe unidad, coordinación y armonía legislativa entre ellos, su técnica legislativa es lamentable (Vgr. normalización de las leyes ómnibus y de leyes de acompañamiento y mezcolanza indiscriminada de materias ajenas entre sí) y nunca el ordenamiento jurídico ha sido más inabarcable, confuso e inestable.

    Sí, tenemos Tribunales -nacionales, europeos y de derechos humanos-, pero ni existe una previsibilidad razonable y estable sobre su interpretación y aplicación del Derecho, ni el acceso a los mismos es barato (para la mayoría de la población), ni sus tiempos de reacción son los adecuados, ni su independencia y autonomía son facilitados por los otros poderes sino todo lo contrario (Vgr. falta de financiación y medios; los ascensos y coberturas de puestos de mando mediatizados por los demás poderes).

    Sí, tenemos partidos políticos que representan diversas ideologías y garantizan un teórico pluralismo, pero ni la ley electoral trata a todos por igual (sino que a privilegia a unos y castiga a otros), ni existen listas abiertas (que garanticen nuestra libertad de elección), ni los partidos –fundamentalmente los mayoritarios- se comportan institucionalmente de forma responsable, ni son de fiar, sino que tienden a hacer prevalecer sus intereses sobre los de la ciudadanía, olvidarse de las promesas realizadas tan pronto reciben su voto y ser receptivos y sensibles a los cantos de sirena de los poderes fácticos y grupos de presión.

    Sí, tenemos medios de comunicación, pero éstos, lejos de cumplir con la responsabilidad que les asigna la Constitución, no realizan una difusión imparcial, crítica y veraz de la realidad, por haberse vendido al propio poder que deben controlar (Vgr. vía publicidad institucional), al valor de la audiencia (Vgr. con los llamados juicios paralelos; o con la transgresión de determinados derechos inherentes a la persona -honor, intimidad o propia imagen- en zafias tertulias y ordinarios programas del higadillo;) y a los intereses de las empresas (y fuerzas) que controlan su accionariado.

    Si, siguiendo a Benedetti, “la perfección es una pulida colección de errores”, nos queda mucho, pero mucho que pulir

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