En los tiempos en que tuve que preparar oposiciones, -hace varias décadas, lo sé- la preparación de oposiciones era artesanal y contaba varios factores.
Una parte importante eran los rumores: qué era importante, qué solía preguntar el tribunal calificador, qué leyendas negras se contaban del proceso selectivo, qué normas iban a derogarse, qué calendario de exámenes, etcétera.
Una segunda parte venía dada por el material de estudio. Había academias y preparadores disponibles (entrenadores «de pago») y había librerías (sí, esos sitios donde se compraban libros pagando en metálico). También circulaban apuntes de opositores exitosos y las fotocopiadoras eran un gran aliado.
La tercer parte era la más importante: la disciplina o capacidad de sacrificio. Nada fácil encerrarse a estudiar cuando eres joven y el mundo estaba fuera de tu celda de opositor. Nada fácil cuando tus amigos no opositores te tentaban con planes poco académicos. Y nada fácil porque mientras opositabas no cobrabas y debías, o buscarte la vida con trabajillos, o “estirar la modesta paga semanal”. Y lo peor era que luchabas por un fruto incierto.
Una referencia fundamental eran los boletines oficiales. Recuerdo acudir a la biblioteca pública y hacer cola para poder consultar el BOE porque algún jubilado, ocioso u otro opositor lo estaba consultando. También las esperas para hacer fotocopias de boletines oficiales amarillos. Y tras la labor de acopio de normas, venía la de ordenarlas en carpetas, subrayarlas con colorines y tenerlas a mano, y dispuestas para el recambio cuando se derogaban.
Viene al caso, porque hoy día se dan enormes facilidades al opositor. No solo está internet como la biblioteca donde todo se encuentra a golpe de click: dudas, temas, conferencias, explicaciones, casos prácticos, etcétera. Está el prestigioso INAP que publica en su plataforma de manera accesible y gratuita, los códigos y normas, y en particular bajo el epígrafe “Material de apoyo para la preparación de oposiciones” pone a disposición de cualquier interesado en formato digital las normas adecuadas o útiles para el ingreso en los cuerpos generales del Estado: Superior de Administradores Civiles del Estado, Gestión de Administración Civil del Estado, Administrativo y Auxiliar.
Dado que no se facilitan temarios, me atrevo a sugerir mi Derecho administrativo mínimo (Amarante, 2020) inspirado en facilitar de forma ordenada, precisa y cómoda lectura, los temas generales de derecho administrativo. El libro que me hubiera gustado tener como opositor y que me hubiera evitado infinitas hora de tejer y destejer temas.
Pero no basta contar con buen mármol, pues se precisa un talante y aptitud en el escultor. Por eso he dejado para el final, dos herramientas fundamentales que dependen de cada persona, para superar las oposiciones.
De un lado, el método: planificar, leer y releer, comprobar, marcar, fijar, repasar…; se trata de sembrar conocimiento y para ello hay que abrir surco, poner semilla, regar, doblar el lomo, tener paciencia y esforzarse.
De otro lado, las facultades cognitivas de cada uno, pues cobra valor el viejo dicho de “Lo que natura no da, Salamanca no presta”, aunque es cierto que grandes cabezas mordieron el polvo de las oposiciones por falta de disciplina o errores de estrategia, mientras que otras cabezas más modestas lo suplieron con tesón.
Y como no, el azar que siempre, siempre, está presente. A veces se trata del escaso número de plazas, otras de competidores mirados con buenos o malos ojos del tribunal, otras el haber aparcado el repaso de precisamente lo que preguntan, la maldita bolita con el tema inadecuado, el día y la hora, las ocupaciones y preocupaciones personales… ¡Todo influye! Pero que nadie confíe en las palabras de Macbeth: «Si los hados quieren hacerme rey, lo harán sin que yo busque la corona«, pues nadie gana una competición sin entrenar, ni una oposición se regala sin estudiar cuando median pruebas competitivas, y sin olvidar que
El margen de azar de una oposición se reduce cuando se acorrala la ignorancia con el estudio. Compartir en X
ANEXO.- Para quien desee asomarse más allá para conocer la realidad del mundo del opositor:
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Y además sigue pendiente (aunque parece entreverse algo de movimiento) la asignatura de la igualdad de oportunidades. «Estirar la modesta paga semanal» durante cuatro, cinco o seis años es una posibilidad que algunos hemos tenido la suerte de tener. Otros no. ¿Será hora de hablar de becas?
Aquellos que preparamos las oposiciones hace décadas teníamos otras «herramientas». Nuestra visita semanal a bibliotecas o hemerotecas para ver las novedades legislativas en los correspondientes BOEs o Boletines de cada entidad a la que se opositaba; librerías para buscar libros de nuestra materia; copisterías para «adquirir» lo que nos interesaba realizando las fotocopias de turno (esquemas, publicaciones oficiales, casos prácticos, …); academias o preparadores para que nos «motivaran»; cd´s o libros en papel para nuestros momentos de descanso. Nada era gratis y prepararse costaba «un riñón».
Eran otros tiempos, estábamos solos, conocíamos con cuentagotas alguien que se preparara «lo nuestro» y casi nadie con quien intercambiar información.
Y si, el método y las facultades cognitivas son cualidades «intuitu personae». El azar solo era necesario cuando estabas a «medio preparar». Si habías estudiado todos los temas, si eras capaz de «recitarlos» en cualquier momento (los kilómetros que hacía corriendo para despejarme sin dispositivos electrónicos me servían para «cantar mentalmente» los temas y al llegar a casa buscaba aquella idea no recordada), ibas con otra «pata» del sistema: la confianza.
En fin, suerte a aquellas personas que se encuentren en la actualidad preparándose. La meta, aunque parezca intangible, es real. Palabra de opositor.
Gracias José R. Chaves por compartir tus «cuitas» sobre esta cuestión.
Un abrazo.
«De otro lado, las facultades cognitivas de cada uno, pues cobra valor el viejo dicho de “Lo que natura no da, Salamanca no presta”, aunque es cierto que grandes cabezas mordieron el polvo de las oposiciones por falta de disciplina o errores de estrategia, mientras que otras cabezas más modestas lo suplieron con tesón.»
Con todos los respetos, ese dicho, aunque antiguo, ya no tiene cabida en una conversación seria sobre igualdad de oportunidades. Hoy sabemos que las capacidades cognitivas no son algo puramente ‘dado por la natura’, sino que están influenciadas por factores sociales, económicos, emocionales y pedagógicos.
Decir que quien no llega es porque le falta ‘natura’ es, además de clasista, profundamente desinformado.
El sistema de oposiciones no mide ni el talento, ni el compromiso con lo público, ni la creatividad ni la inteligencia práctica. Mide resistencia, capacidad memorística y recursos. Soy plenamente consciente de que el tribunal no busca pensadores, sino lo que Balzac llamaba ‘pigmeos del espíritu’: figuras grises, obedientes, perfectamente adaptadas a un molde ajeno al pensamiento crítico. Pero yo no oposito para encajar. Oposito porque sé que el sistema necesita voces que piensen, no que repitan. No tengo interés en ser una pieza más del engranaje; quiero entender la máquina para repararla desde dentro.
Que no se nos olvide que no todos parten del mismo lugar. Y si fuera cierto que los mejores están dentro, ¿por qué la administración está llena de disfunciones, desmotivación y burocracia absurda?
Quizá el problema no es quién entra, sino cómo y por qué entra.
Mi motivación desde el día uno como opositora no ha sido conseguir un sueldo o estabilidad. Ha sido limpiar el Estado desde dentro. No tengo un diez, ni presumo de capacidades extraordinarias, pero sé que seré una funcionaria que resuelva problemas, no que los cree.
Y no, la oposición no es una batalla heroica, ni un sacrificio. Es un privilegio, vetado en la práctica a quienes no pueden permitirse el tiempo, el dinero o la salud mental que exige. Lo triste es que quienes acceden a ese privilegio, en lugar de transformarlo, lo perpetúan.
El verdadero problema no es que el sistema seleccione a los mejores. El problema es que selecciona a quienes pueden aguantarlo. Y muchos de los que ya están dentro se han convertido en parte del engranaje que mantiene ese sistema hostil.
Yo no soy una mente brillante, y sabe Dios que memorizar me cuesta sangre. Pero oposito porque tengo una razón de vida: he visto demasiado fuera, en la empresa privada, y no quiero quedarme de brazos cruzados. Lo que me indigna no es lo duro del camino, sino ver cómo muchos que ya estáis dentro olvidáis lo que jurasteis nada más cruzar la puerta. ¿Dónde quedó el artículo 103.1 de la Constitución? Porque si la Administración se desmorona, es también por la comodidad de quienes deberían estar sosteniéndola desde dentro.
No hay cosa más bella que cada uno opine lo que quiera, y respete lo que opinan los demás. Todo punto de vista que no aplaste, enriquece.