Contencioso

Tiempo de afrontar las oposiciones con seriedad

Septiembre asiste a la celebración de ejercicios aplazados por el verano pero sobre todo es fecundo en convocatorias de oposiciones. También es mes de los recién graduados en derecho para decidir qué hacer de sus vidas: ¿ejercer como abogado, opositar, la docencia, o asumir labores de asesoría?, ¿o esperar como la cigarra de la fábula que llegue un veranillo con trabajo?

No es fácil decidir. Algunos amigos me consultan por las salidas profesionales más adecuadas para sus hijos; opositores me escriben y cuentan sus dudas; altos cargos públicos me comentan su dificultad para acertar en el tipo de pruebas selectivas…

He reflexionado mucho sobre la vida del opositor, e incluso he elaborado un video sobre lo que llamé los diez escalones para superar oposiciones, fruto de mi experiencia pasada como opositor y preparador. Y sobre la lucha por la plaza en vía judicial publiqué el Vademécum de jurisprudencia sobre Oposiciones y Concursos (Ed. Amarante, 2019), aunque lo deseable es ganar con juego limpio, tanto de los aspirantes como del Tribunal calificador.

Si tuviera que sintetizar lo que debe tenerse en cuenta al abordar una oposición, me centraría en cuatro puntos:

 

PRIMERO.- Decisión meditada. Tomarse tiempo para decidir, sopesando pros y contras de la oposición. Número de plazas, indicador de aprobados, duración de preparación, dificultades objetivas de los ejercicios, etcétera.

Cada persona tenemos nuestras aptitudes y actitudes. Una buena memoria ayuda pero no lo es todo, como tampoco una imaginación desbordante garantiza el éxito. En el medio está la virtud, y hay que saber el bocado que se muerde para poder digerirlo.

Es importante no caer en la falacia del deportista: por apuntarme al gimnasio tengo garantizado el músculo y el tipo fino. No. De hecho los gimnasios y las academias de baile e idiomas tienen en común con las oposiciones, el elevado índice de abandono a los pocos meses.

Como recordaba Franz Kafka:

Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas.

 

SEGUNDO.- Esfuerzo y disciplina. Las oposiciones por definición son procedimientos competitivos. Hay que dominar temario y habilidades de pruebas, y además, dominarlo más que los competidores. Para ello, hay que tomarse la oposición como un oficio, con su horario y su descanso. Además no puede caerse en la trampa de fijarse metas de tiempo (p.ej. tantas horas diarias), sino de resultado (p.ej. dos temas semanales).

Tampoco debe creerse que por recorrer una vez el camino del temario, nunca se perderá en el bosque. Hay que recorrer el temario varias veces, cada vez más rápido y cada vez más fácil, hasta formar surco en el cerebro. Hasta el punto en que el opositor sepa de memoria el temario sin necesidad de tener a mano el Boletín oficial.

En esa disciplina entra en juego el sabio “conócete a ti mismo”, para saber el lugar idóneo, las horas continuadas o la dedicación que requiere. Cada persona tiene su biorritmo y estilo y bien está que cada uno sepa en qué circunstancias saca mayor aprovechamiento.

Y cuando se pierde una hora de estudio, hay que tener en cuenta que se pierden dos. La hora del opositor que se relaja y la hora del opositor que compite con él y que la aprovecha.

También hay que tener presente la estadística obvia. No todos los que lo preparan sacan la plaza, ni las obtienen necesariamente los mejores. He conocido opositores mediocres que han obtenido plaza y otros brillantes que han mordido el polvo, pero ambos casos son excepcionales, y debemos inspirarnos en la regla general. Aunque se cumple la advertencia bíblica de que muchos son los llamados y pocos los elegidos, como decía Camilo José Cela,

el que resiste, gana.

 

TERCERO.- Método. Nadie busca oro picando al gusto por cualquier sitio, por muchas horas que emplee. El éxito pasa por fijarse un plano u hoja de ruta, y cumplir las fases. Las oposiciones suelen contar con ejercicios teóricos y prácticos. Los ejercicios teóricos se asientan sobre una regla de oro: el temario con todos y cada uno de sus epígrafes, ha de dominarse. Para eso, no hay que dejarse seducir por un temario de pago de una academia, pues ese es el punto de partida pero no la meta.

Todo temario prefabricado ahorra mucho tiempo, pero debe adaptarse a la forma de estudio y memorizar de cada opositor. Ni todo lo que dice ese temario debe saberse ni saber todo lo que se dice garantiza el éxito. Los temarios habituales juegan a las siete y media: o no llegan o se pasan. Ahí entra en juego la labor artesanal de cada opositor de adaptar contenidos, y lo más importante, no tener miedo a completarlo con otras fuentes o temarios. De hecho, el mejor temario es el que es hijo de varios temarios. Y la mejor manera de recordarlos es dejar llevar la curiosidad para consultar los puntos oscuros o difíciles y leerlo por donde resulten accesibles.

Conozco muchos opositores que se lamentaban de suspender pese “a que lo dije todo lo que venía en el temario de la Academia” o a quejarse de que “se preguntó lo que no venía en el temario”. Aquí he de insistir en que el Tribunal calificador no cuenta con un temario desarrollado oficial que le vincule en su contenido a lo que puede preguntar. Solo está vinculado por el marco de los temas, cuyo contenido expreso no está predeterminado (salvo algunas puntuales convocatorias de promoción interna).

Comprender un temario es dominarlo. Como enseñaba Confucio:

Aprender sin pensar es trabajo perdido; el pensamiento sin aprender es peligroso.

 

CUARTO.- Serenidad. Una oposición no es una carrera de velocidad sino más bien un maratón. Conviene avanzar despacio pero pisando firme, correr pero sin quemarse, y dejar un residuo de fuerzas para cuando se vea próxima la meta.

El camino es largo pero no puede perderse tiempo escuchando cantos de sirenas de tres tipos de personajes.

Las serpientes que te dicen que no merece la pena el esfuerzo.

Los monos que te sugieren que te diviertas, que no pasa nada por bajar el ritmo.

Las gallinas que cacarean diciéndote que la oposición será pronto o tarde, que los tribunales serán duros o débiles, que vale uno u otro temario, etcétera.

Las lechuzas que te dicen con imprudente seriedad que hay que estudiar lo divino y humano, saberse de memoria los artículos y la doctrina y la jurisprudencia, el código de Hammurabi, etcétera.

Bien está escuchar a todos, pero cada uno debe decidir por sí mismo y tener claro que si uno quiere el fin, tiene que querer el medio.

Como advertía Henry David Thoreau:

Piensa por ti mismo, o los demás pensarán por ti sin pensar en ti.

 

Lo dicho vale para la generalidad de las oposiciones de cuerpos medios o superiores, con los lógicos matices, pero se trata de preparar oposiciones a cuerpos superiores de perfil jurídico, aquí dejo las entrevistas que en el pasado se hicieron a los primeros de sus respectivas promociones.

Por mi parte, aunque hay excelentes Manuales de derecho administrativo de origen universitario, aporté mi granito de arena al ofrecer una visión del derecho administrativo con respuestas a o que suele ser la parte general de los temarios, especialmente idóneo para administradores civiles del Estado o técnicos autonómicos y locales, así como para plazas de letrados públicos. El resultado es el Derecho administrativo Mínimo (Amarante, 3 ed. 2020). Pero no debe olvidarse jamás la labor artesanal de cada opositor, al elaborar su propio temario, y la gran importancia que tiene que, mientras se prepara la oposición, se lean los periódicos, se sigan las noticias y se asista a webs jurídicas, “con ojos de administrativista”. No hay mejor manera de sentar conceptos y anclar la memoria, que tomar por referencia casos reales, ya que hoy día, las noticias nos ofrecen casos de sanciones, expropiaciones, urbanismo, responsabilidades, tributos, etcétera. No se trata de memorizarlos sino de familiarizarnos con el derecho público. Ayuda mucho.

Y si se cumplen esas cuatro reglas (Decisión meditada; esfuerzo y disciplina; método; serenidad) se contará con muchas papeletas en el sorteo de la ansiada plaza. En las oposiciones y concursos, la lotería está amañada para que tenga más probabilidades quien más seriamente afronte el reto.

Sé que es difícil la decisión de preparar o no oposiciones, como la de elegir cual debe prepararse. Subsiste la vigencia de la duda de Hamlet, que se comprende más allá del «ser o no ser», en lo que supone preparar una oposición:

Ser, o no ser, ésa es la cuestión.
¿Si es más noble para el alma,
sufrir los dardos penetrantes del infortunio,
u enfrentarse al mar de calamidades,
y en dura pugna, darles fin?

8 comments on “Tiempo de afrontar las oposiciones con seriedad

  1. MARIA LUZ GUTIERREZ

    Trabajo con personal de naturaleza interina y cuando se presentan a oposiones su máxima es » me presento para quedar en bolsa» porque no tienen estudiado el temario y lo reconocen. En mi opinión, todavía hay personas que se toman en serio opositar para trabajar con profesionalidad pero cuánto cuesta encontrarlas. Totalmente de acuerdo con las 4 máximas.

  2. Antonio

    Muy de acuerdo, aunque la «decisión meditada» o primera máxima puede compartirse con la «necesidad apremiante», con el añadido a favor de ésta de que, además, constituye un aliciente difícilmente superable. Por lo demás, preparé mis temas con varios temarios; estudié los temas que preparé; dediqué tiempo y esfuerzo (una media de 12 horas diarias estudiando, sin pisar la calle durante tres meses); no hice caso a la fauna que me rodeaba; tuve temple a la hora de someterme a las pruebas. Hace ya más de treinta años, pero siguen siendo los tres meses mejor invertidos de mi vida. Gané mi plaza para ser Secretario-Interventor y después ascendí en mi carrera profesional. Y todo ello sin haber leído nada de Derecho antes. Mi convocatoria fue la última en que se exigía el Bachiller superior. Me licencié, he hecho dos Másters juridicos, y, si me apuro, a lo mejor llego a Doctor antes de jubilarme. Ánimo a tod@s.

  3. Lo malo de las oposiciones es que no te las puedes ni plantear si ya tienes una edad (y las consiguientes responsabilidades). Seriedad, método, disciplina, enfoque…todo da igual si compites con veinteañeros con todo el tiempo del mundo y ninguna responsabilidad. Al menos en lo que se refiere a este tipo de oposiciones, cuerpos superiores jurídicos de la Admon.
    Desde mi punto de vista esto es un error de diseño ya que la Admon. podría también beneficiarse de profesionales que en un punto medio de su carrera deciden intentar trabajar para la Admon.
    No solo de recién graduados con toda una vida por delante y tiempo para ir aprendiendo (a veces incluso madurando) poco a poco debería vivir la Admon.

    • Claudio

      Completamente de acuerdo con esta reflexión. La gran inversión económica y temporal es una barrera de entrada insalvable para muchos profesionales que podrían incorporarse a la administración en algún momento de sus carreras. Por no hablar del tipo de pruebas basadas en memorizar refritos de legislación que no permiten medir la capacidad de los aspirantes.

  4. Antonio M. Galiano Bellón

    Espectacular reflexión sobre el mundo de las oposiciones. Hay un libro de Chico Ortiz «Oposita que algo queda», también recomendable.
    Y espero que le gustara Baeza, Señoría.

  5. Patxi " el que no tiene ni idea de derecho pero sabe vasco"

    Vivo en el País Vasco ¿ para qué voy a estudiar 120 temas, cantar 5 temas en un oral durante 50 minutos y hacer un práctico de 3 horas si con tener un nivel medio de euskera tengo un trabajo de interino de por vida en el que gano un 30%-40% más que usted? No es mi caso pero el caso es real.

  6. Anónimo

    En cuanto al temario por la parte del Tribunal cuidado, la Sentencia de la Sala contencioso-administrativa del Tribunal Supremo de 5 de noviembre de 2020 (rec. 5229/2018) comentada en este blog, queda meridianamente claro, que si el programa concreta el procedimiento administrativo ordinario, las preguntas del examen no pueden dirigirse a preguntar por el procedimiento sancionador al ser este especial en algunos trámites.

    • Cierto, la seguridad jurídica, la confianza legítima y la buena fe imponen sus límites. Sin embargo, una vez acotada la materia, el contenido que debe exponerse bajo cada epígrafe tiene gran elasticidad. Como siempre, se trata de armonizar cantidad y calidad, y no irse por los cerros de Úbeda, ni el opositor…¡ ni el Tribunal calificador! Un saludo

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