Sobre los abogados

De administrativistas, civilistas y percebeiros

dilema del abogadoMe pregunta un preocupado padre si su hijo que acaba de ultimar el grado de Derecho debiera ser administrativista o civilista, y si eso le permitiría cumplir los dos sueños de todo homínido: tranquilidad sin estrés y seguridad económica.

Para explicarlo, veamos la diferencia cotejando los dos extremos del espectro de especialidades de la abogacía: el abogado etiquetado de administrativista y el abogado etiquetado de civilista (en medio estarían los laboralistas, penalistas y otras especialidades sectoriales).

 

1. Me referiré al abogado por cuenta propia aunque lo dicho repercute lógicamente en la situación del abogado por cuenta ajena (como decía Marco Aurelio: Si algo perjudica al enjambre, también perjudica a cada una de las abejas).

 

A) Probabilidad de victoria judicial

–   El abogado administrativista tiene estadísticamente un porcentaje de éxito o condena a la Administración, en la horquilla entre el 15 y el 30 por ciento de las sentencias que se dictan por Juzgados y Tribunales Contencioso-Administrativos. No es culpa del abogados sino un frío dato promediado de todas las sentencias contencioso-administrativas del país.

   Por tanto es difícil explicarle a un cliente que en la ruleta judicial contencioso-administrativa, la casa gana la mayoría de las ocasiones. Pero mas difícil será explicarle que aunque gane, posiblemente el resarcimiento de las costas asumidas no cubrirá el monto económico invertido (y a veces nada).

 – En cambio, el abogado civilista sabe que por lo general (salvo estimaciones parciales) el cincuenta por ciento de las sentencias son favorables. Además lo normal es que las costas se juegan al “todo o nada” y el vencedor alcance el completo resarcimiento.

 

B) Extensión del mercado de clientes y asuntos

 La crisis económica ha sacudido los cimientos de todas las disciplinas jurídicas, pero a unas mas que a otras.

– El abogado administrativista se encuentra con un mercado en horas bajas. Malamente se podrán combatir decisiones administrativas de una Administración que por la crisis económica se ha reconvertido a la baja: menos obras, menos iniciativas, menos decisiones arriesgadas. Menos peces y menos pescadores.

   A ello se añade que los políticos, como consecuencia de la oleada de corrupción, tienen menos ocurrencias y adoptan menos riesgos en sus decisiones. Menos errores y menos litigios “ganados”.

 – En cambio, el abogado civilista sabe que en tiempo de crisis económica los particulares tienen que sobrevivir y afrontan mas negocios, celebran contratos mas arriesgados, conciertan créditos o compran sin leer la maliciosa letra pequeña del contrato, se incumplen los contratos inmobiliarios, las separaciones y divorcios aumentan ( cuando el dinero no entra por la puerta, el amor sale por la ventana), los herederos luchan por las migajas testamentarias, etc. Mas río revuelto y mas litigios.

 

C) Competencia intraprofesionalabogado civilista

 Los abogados administrativistas cuentan dentro de sus filas a los “mercenarios” que proceden de cuerpos de la Administración o (en el buen sentido de la palabra): abogados del Estado o letrados consistoriales y autonómicos en excedencia; secretarios de ayuntamiento con compatibilidad para ejercer la abogacía; profesores de Universidad a tiempo parcial con bufete abierto; funcionarios jubilados que optan por dedicarse a la abogacía, etc.

Es una competencia temible, no solo por su formación especializada y por conocer los entresijos de la Administración, sino porque el ciudadano a veces se siente mas cómodo con un abogado tipo “agente doble” o que viene curtido del territorio enemigo.

En cambio, los abogados civilistas cuentan con la escasísima presencia de letrados que proceden de la notaría en excedencia o cuerpos especializados similares.

 

 2. Para nivelar esta desigual balanza me veo obligado a parafrasear a Adam Smith en el ámbito jurídico y confiar en “la mano invisible del mercado” que lleva a que precisamente por ser el caladero administrativo de alto riesgo menos pescaderos se adentran en él y en cambio en los caladeros tranquilos hay infinidad de pescadores pues hay mas bancos de peces y resulta mas fácil pescarlos. De ahí que en una arriesgada especulación aritmética, si dividimos asuntos litigiosos entre número de abogados de la especialidad, nos encontraremos con la sorpresa de que no están tan distantes en el resultado.

 Así y todo si alguien desea profundizar en si le interesa el sacerdocio como administrativista en su día desarrollé los inconvenientes (20 razones para NO ejercer como abogado administrativista) así como las ventajas (20 razones para SÍ ejercer como abogado administrativa).

 

percebeiros y abogados3. Personalmente me gusta la imagen del administrativista (y así me siento) como un “percebeiro” (admirada profesión de la Costa de la Muerte gallega) que pese a los golpes de mar del legislador, busca los percebes litigiosos en zona de riesgo, domina los momentos (plazos) y anclajes a la roca (formas), aprovechando su experiencia para mantener el equilibrio y que afortunadamente si consigue triunfar con el fruto marino, resulta delicioso y venerado como una delicatessen.

En fin, sirva lo dicho para “pensar antes de decidir” porque proceder a la inversa lleva frecuentemente a arrepentirse.

17 comments on “De administrativistas, civilistas y percebeiros

  1. Compañero, simplemente advertirte de un error: la mano invisible fue acuñado por Adam Smith y no por Keynnes.
    Excelente artículo, excelente metáfora la de los percebeiros.

    Fdo. Un abogado civilista y de los de enmedio.

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    • ¡ Muchas gracias, Mario, por la rectificación!. Se ve que las prisas y la edad afectan a la memoria y la exactitud. Pero déjame ser malvado y como letrado diría: ¿Acaso Keynes nunca dijo “la mano invisible del mercado” al criticar la teoría clásica?. Esto es una broma evidentemente.

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  2. Juan Manuel del Valle Pascual

    Mi muy querido amigo, que tan sabio planteas el dilema de hacia dónde dirigir los pasos en la noble profesión jurídica. No es vano mentar la mano invisible, si bien en otro contexto, bien sea el de la vocación, bien el del lugar de procedencia y la materia de los primeros pleitos que te caigan, bien que te caigan unas comunidades de propietarios, unos opositores rechazados, unos desahuciados por el 131 de la LH, o vaya VD. a saber qué. Pues en esta profesión, o fue mi caso, la vida te hace tomar cariño a lo que te ponga delante. Que también, en el fondo, como muestras, Sevach en el dibujo de tu entrada, uno se arrima más a la puerta de los asuntos que más le remueven el alma.
    Y en lo del abogado administrativista creo que no has resaltado eso de la vocación de servicio a la sociedad, que tiene su encanto, y lo sabemos los que somos funcionarios, pero no lo tiene menos los que sin tal condición postulan por los ciudadanos frente a la administración, pues a veces, más que en el pleito, la solución está en la concienciación social a través del trato con las autoridades competentes, los funcionarios responsables de la asunto y/o los medios de comunicación. A veces la vocación se anticipa a la profesión, pero otras la profesión va antes que la vocación. Si a mí me llegan a decir que iba a ser administrativista, al menos me hubiera provocado una sonrisa. Pero luego, tras treintaitantos años de profesión he podido contar más sonrisas que lágrimas.

    Por eso, a quien dude, le recomiendo: Escucha a la vida, a lo invisible.

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  3. Sevach, como siempre, estupenda entrada.

    Sin ánimo de ofender a los demás profesionales, pero donde realmente uno demuestra ser un abogado vocacional es en la jurisdicción administrativa, por aquello de David contra Goliat. Tienes todo en contra y luchas desesperadamente contra una gran maquinaria, cada vez que consigues que la bolita caiga en tu casilla, la alegría es inmensa, también te quedas con cara de palo cuando no cae y la sentencia es un galimatías que no tiene , ni pies, ni cabeza y más cara de palo se te queda cuando en la sección de al lado sobre la misma litis dictan a favor de tu pretensión, pero quien te ha tocado en gracia opina lo contrario.

    La jurisdicción penal también es apasionante.

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  4. El derecho privado es el derecho de la prueba, y el público, el de los fundamentos de derecho.

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  5. Si lo que busca es la tranquilidad sin estres y la seguridad económica, creo que ha equivocado la elección , pues ni el abogado administrativista ni el civilista le harán cumplir esos sueños. Lo mejor es que no elija ni uno ni otro, pues en ninguno de ellos ni hay seguridad económica ni tampoco hay tranquilidad sin estres. Si quiere eso que haga oposiciones a Fiscal.

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  6. Yo diría que el civil es el mar, por lo sustantivo y por lo procesal. Y el contencioso es el océano en lo sustantivo pero en lo procesal no llega a la riqueza varietal del civil. Cuestión de tradición y longevidad, me parece. Por otra parte, coincido en parte con el último comentario, ni tranquilidad sin estrés ni seguridad económica son precisamente asequibles en nuestra profesión. Es más, para muchos -algunos, por desgracia, muy cercanos- la abogacía ha dejado de ser una profesión rentable. Pero lo peor, desde mi punto de vista, es aprender a manejar la frustación: la que provoca no tener nunca la última palabra, no tener derecho a réplica ni a la enmienda de tantas injusticias que nos toca ver. Saludos a todos y gracias por el post.

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  7. Hola
    Yo situaría el porcentaje de victoria mas cerca del 15 que del 30% y he de decir que es desalentador, sobremanera en materia de personal, estrellarse una y otra vez contra el que creo que es el argumento jurídico mas socorrido para cobrar rápido la productividad por sentencia emitida: capacidad auto organizativa y discrecionalidad de la administración.
    Por mi devenir profesional me he encontrado a menudo con ella y, he de reconocer que cada vez la entiendo menos.
    La última, mas o menos en román paladino entiendo que viene a decir que la administración goza de discrecionalidad para abrir a unos expediente sancionador y a otros no, según le pete.
    Así no hay quien juegue a esto del “Estado de derecho”

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    • No te falta razón. Pero a veces también se pierdes pleitos por no pedir bien, por no indicar qué se pide de manera clara y concisa. Por experiencia propia en tu campo, si argumentas bien un demanda de manera clara y concisa tienes muchas posibilidades de conseguir tu objetivo, como te he indicado, podría hablar largo y tendido sobre el asunto, durante 24 años me han hecho de todo……, pero por suerte o saber hacer, casi siempre he conseguido mis objetivos. No cabe duda que a veces he recibido alguna sentencia que no hay por donde pillarla, pero es como en todas las profesiones, hay magníficos, muy buenos, buenos, menos buenos, regulares, malos, muy malos y lo siguiente…..

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      • No es el caso, incluso me atrevo, desde la ignorancia, a decirte que estoy convencido de que una demanda bien planteada y una contestación de la Administración poco o nada fundamentada, no están sobre la mesa del Juzgado en igualdad de condiciones.
        Estoy en condiciones de desafiar al maillot amarillo próximo del Tour de Francia a una carrera ciclista de 200 km, siempre que salgamos a la vez, el desde el inicio y yo a 10 km de meta en cuesta abajo. No es elegante, no es bonito y creo que no es jurídico, pero repito, soy un ignorante.
        Se la teoría del “mal perdedor”, las pataletas del vencido y las justificaciones del vencedor, pero siento decir que la Administración pone las reglas del juego y reparte las cartas, lo que hace el recurso a la jurisdicción contencioso administrativa cada vez menos apetecible, con el consiguiente perjuicio para los especialistas en la materia que ven día a día como pleitear contra la administración es como poner la calefacción al máximo y abrir las ventanas.

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      • Disculpa si te has sentido maltrato o he realizado algún comentario fuera de lugar, no era mi intención. Respeto lo que indicas, comparto la mayoría de tus apreciaciones, pero también debemos asumir un poco de responsabilidad cuando no obtenemos los resultados deseados.

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  8. No, no, perdona tu si parece que estoy ofendido, ¡¡que vá!!, encantado de tener un foro como este para poder comprobar si estoy o no en lo cierto en mis apreciaciones, la forma de aprender siempre pasa por conocer todas las opciones y puntos de vista posibles de cada cuestión. Pero estoy dolido porque cada vez conozco mas los entresijos de la cosa pública y cada vez me gusta menos y, este último año, para mi desconsuelo, he notado algo que me suena de cuando era pequeño: “prietas las filas, recias marciales…….”

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    • Yo tampoco lo estoy, si estoy en tu bando, pero no todo es tan malo. Por mi parte aclarado, ha sido un placer compartir contigo mis impresiones y por su puesto escuchar las tuyas. Creo que Sevach nos va a tirar de la orejas.

      Un saludo.

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  9. María Victoria Torres García Lomas

    Hasta la mente menos privilegiada puede entender…
    Esa fue la respuesta qué me dio un juez de un juzgado de lo contencioso, llevándose por delante y sin escrúpulos paginas y paginas de la filosofía occidental desde los sofistas. Pruebas ¿ qué pruebas ? La administración no las necesita. Màs o menos eso decía la sentencia. Para vengarme con un poco de sentido del humor creé un personaje, Jacinto Kimberlan, Jk, amigo de sus amigos y desfacedor de entuertos, pellirojo y un poco rechoncho, enamoradizo y quijote de capa negra. No se correponde exactamente con mi abogado. Pero lo mejor de este mal pleito fue él , que secó mis làgrimas y me defendió como un valiente en tan desigual batalla . Jk se ha colado en algún relató de la revista del CGA y me gusta pensar que todavía se pasea por sus pasillos. Sí , lo mejor de ese pleito fue el haberle conocido. Gane o pierda, en lo contencioso un abogado es un héroe. Algunas personas prefieren una vida extraordinaria.

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  10. Y sin embargo contamos con la ventaja de que la Administración rara vez pone tantas ganas y empeño como nosotros.

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  11. Pingback: El arte de la pesca de jurisprudencia | Contencioso.es

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