Píldoras visuales

La dimensión emocional de los letrados

ASESORLa relación entre un abogado y su cliente, entre un letrado público y la Administración a la que sirve, guarda cierta similitud con la del médico ante el paciente.

Ambos tienen que diagnosticar lo mejor para la salud con arreglo a su ciencia, y a veces no son buenas noticias. En el caso del letrado público sería como un médico de cabecera que pese, a ser buen conocedor del paciente, éste es caprichoso, no encaja bien las malas noticias e incluso recaba las segundas opiniones que le favorezcan.

Aunque no es fácil decir las malas noticias para un médico ni para un letrado, la manera de presentarlas incide, y mucho, en la decisión final, así como en la reputación del asesor. Eso sin olvidar que todo letrado tiene su corazoncito y quiere cumplir con su misión y/o vocación.

Esa dimensión emocional de los letrados es el tema que brevemente abordamos en esta entrevista, de las “Píldoras del conocimiento” de la Fundación Internacional OCU (Oficina de Cooperación Universitaria). Y como no, también la dimensión emocional de interventores y auditores a cargo de Antonio Arias, bajo el sugestivo título: “Estoy aquí para salvarte el culo, no para besártelo”.

Espero que os gusten

 

4 comments on “La dimensión emocional de los letrados

  1. Jose: Te vimos los tres en la entrevista don antonio, ers un fenomeno.

    Un abrazo Ramón H.

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  2. Creo que algunas sutiles diferencias en las relaciones de los clientes con abogados, diferentes a sus relaciones con médicos, dentistas u otros profesionales liberales.

    1/ A los abogados creo que se nos miente más que a los médicos o dentistas
    2/ La opinión de los médicos o dentistas es más respetada y seguida por los clientes; la opinión de los abogados, no tanto. Muchos clientes se creen expertos en asuntos jurídicos y valoran la opinión de los vecinos, familiares, amigos o conocidos tanto o más que la del abogado… y así les va.
    3/ Incluso si son amigos o familiares, cuando un cliente tiene consulta con un medico o dentista, saben que tienen que pagarle; cuando la consulta es con el abogado, piensan que siempre es gratis, total que son “15 minutos” del tiempo de un abogado.

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  3. Muy interesante y muy ameno el fomato. El símil del jabón, muy gráfico. La verdad es que nunca he logrado empatizar con la figura del letrado de la administración. Sobre todo con el primero de los dos tipos que se exponen en la entrevista, el que no se bate el cobre en el juzgado, que es con el que más he tratado. Mi experiencia tras más de doce años ha sido mala, por no decir pésima en casi todas las ocasiones. Gente sin la menor voluntad de argumentar o razonar honestamente con el profesional, aunque sí de avasallar al profano. Aunque, usando la licencia que me permite el uso previo del término en el post, he de reconocer que la expericia -la opinión- es como el culo: cada uno tiene el suyo.
    Saludos a todos y gracias por su generosidad a Sevach.

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  4. Mª Victoria Torres García-Lomas

    Me ha encantado la entrevista.

    Os dejo dos aventuras de mi personaje de microrelatos favorito (soy su madre), el abogado penalista Jacinto Kinderlan. Prefiero que en esta ocasión hable él por mí. No quiero caeer en la autocompasión. El humor también es un arma cargada de futuro.

    I
    El mar, el mar y al fin el mar

    Aquella mujer lo estaba volviendo loco desde el mismo momento que atravesó la puerta de su despacho enfundada en un elegante traje de chaqueta rojo, caminado con firmeza sobre unos altísimos tacones. “El mar, el mar” pensó para relajarse. Años de profesión no te inmunizan contra la belleza. Ahora la escuchaba esgrimir sus razones. Un caso de corrupción en un ayuntamiento cercano a Madrid.
    -Tengo que recomendarle que desista de llevar acabo ninguna acción judicial. Es difícil de probar.
    – No contemplo el desistimiento en ninguna de sus formas, señor letrado- Le guiñó un ojo.-Seremos un equipo. La tripulación de un barquito pesquero embestidos por las salvajes olas del sistema. En ese lugar, en el que estaremos solos, abogado –cliente, el trajín diario se olvida y solo se escucha el rumor de una palabra: Justicia.
    El mar, el mar, pensó, la Justicia, la inmensidad. No había posibilidad de escapar.

    II
    La tertulia

    Aquella tarde de pascua llovía a raudales sobre las ajetreadas calles de Madrid. Jacinto Kinderlan, “Kennedy” para los tertulianos que se reunían en el Baúl de los Recuerdos, tatareaba I´m singing the rain, siguiendo el ritmo con su gastada cartera negra. El peligroso bamboleo de ésta rozaba en ocasiones los traseros de los transeúntes que se volvían sorprendidos. Era legítimo ser feliz después de haber salvado la vida por los pelos. Era viernes. Se saltaría la vigilia. Los tertulianos le recibieron puestos en pie, enarbolando sus copas y elevando al unísono la página del periódico en la que aparecía su rostro cubierto de pecas, herencia de su abuela irlandesa. “Abogado penalista y héroe a la fuerza”, pensó mientras apuraba un trago de su gintonic. Anotó mentalmente la cláusula que haría firmar a sus clientes: “Se aceptan casos de desvío de capitales. Por favor, no disparen al pianista”.

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