Procesal

Lo que realmente importa en las vistas orales

La esencia de un juicio, el momento estelar con redoble de tambores y silencio del respetable, es la vista oral. En el ámbito contencioso-administrativo , la inmensa mayoría de los asuntos se encauzan por el “procedimiento abreviado”, llamado así precisamente por su mayor celeridad vinculada a la flexibilidad de la ” puesta en escena” en la vista oral.

¿Qué espera al letrado en la vista oral?. Mi primera asistencia como letrado a una vista oral (laboral) hace mas de veinte años me hacía sentir como mozalbete novato antes de torear una vaquilla que se le antojaba fiero “miura” según se aproxima para embestir. Ahora, tras haber asistido y “oficiado” en miles de vistas orales me atrevo a exponer lo que importa o debe importar al abogado cuando asiste a una vista oral. Claves aparentemente sencillas.

Y podrá decirse que son cosas sabidas y notorias , o que ya las tratamos en el libro de Abogados al borde de un ataque de nervios, pero también puedo decir que día a día, siempre hay abogados que las descuidan y con ello, ponen en riesgo los intereses de su cliente y su reputación. Veamos las claves de actuación letrada y de postre un reciente articulito sobre la actuación del juez en la vista oral.

 

I.Seis claves básicas, teniendo presente el viejo dicho de que “la razón hay que tenerla, pero hay que saber venderla”.

 

1. La puntualidad. La vista oral se “señala” para un día y hora. La leyenda forense enseña que los abogados apuran todos los plazos pero la realidad demuestra que llegar tarde a una vista oral, aunque sean unos minutos, mientras su señoría y la contraparte miran la silla vacía que le espera, no es la mejor carta de presentación. No.

Intuyo que tampoco agrada a los letrados esperar en los pasillos a que les llamen para un señalamiento, como pasajeros en espera de embarque. Es cierto que hay jueces que convocan varios juicios en el mismo día y muy apretados y como ninguno tiene límite apriorístico de tiempo, puede suceder y no es infrecuente, que algunos pleitos “los carga el diablo” y se prolongan lo indecible mientras crece la exasperación de los viajeros del siguiente tren (abogados, peritos o testigos).

 

2. La cortesía. Una vista oral no es un funeral pero tampoco una taberna. Ni entrar cabizbajo y callado, ni gritar con bullicio. Basta con dar los buenos días a los presentes. No es mucho pedir, y así y todo, hay silencios clamorosos que tampoco ayudan al maleducado.

La cortesía debe mostrarse especialmente hacia el abogado contrario que es colega en distinta trinchera. Nada de calificativos insultantes o despreciativos durante las alegaciones. Aunque son una ínfima parte, todos conocemos algunos abogados y jueces que olvidan que el talento se demuestra con sólidas razones y no con desprecio a los demás.

 

3. La preparación. Una vista oral con alegato improvisado por el abogado, se nota muchísimo. Rodeos, contradicciones, balbuceos, sonrisa nerviosa, voz engolada y prepotente…Las vistas orales han de ser preparadas por ambas partes como los exámenes académicos y las oposiciones por los estudios: con antelación y con atención.

Y por supuesto, que bien está consultar antes de la vista con el secretario o con otros compañeros, si el juez admite “minuta” o resumen escrito de las alegaciones, pues aunque se videograbe toda la intervención, no está de más dejar la partitura de la música cantada en la mesa del juez, que en la mayoría de los casos aceptará gustoso.

Tampoco está de más, para quienes están familiarizados con las tecnologías, acompañarse de una “tabla electrónica” por si hay que hacer alguna consulta de urgencia salvadora o sencillamente para llevar allí el texto de apoyo a los alegatos o referencias para sostener sus tesis.

Es importante recordar que normalmente una vista oral es una reunión de partes que “velan por intereses ajenos” ( cada abogado por los de su cliente, y el juez por el interés en garantizar el Derecho/Justicia). Y cuando se deposita la confianza en defender intereses de otros, hay que estar a la altura de la responsabilidad, luchar y recordar la máxima de las esposas espartanas a sus maridos cuando salían hacia la batalla: ” Vuelve con tu escudo o encima de él”( ya que ” con” el escudo vendría vivo, y ” sobre” su escudo portaban a los fallecidos en lucha).

 

4. La firmeza. Si hay que protestar, quejarse o recurrir, hay que decirlo. Con educación pero con firmeza. A ningún juez le molestará un recurso o queja si va envuelto en cortesía, de igual modo que creo que a ningún abogado le molestará una decisión de orden en la vista por el juez si se dice con firmeza y cortesía.

 

5. Empatía con el juez. Aunque no se le conozca, al igual que algunas gitanas tienen la habilidad de leer las rayas de las manos, el buen abogado lee los gestos del juez y obra en consecuencia, como ya expuse en un por anterior titulado Mensajes de la mirada del juez hacia el abogado en la vista oral.

Y tampoco está de más estar alerta a las señales de la parte contraria ( inseguridad, relajo,etc).

 

6. Reflejos. Aunque es una paradoja hablar de preparar los “reflejos”, siempre hay que tener presente que una vista oral no es un tren sin paradas y que, si la situación lo requiere por una sorpresa en plena vista oral, hay que solicitar respetuosamente la suspensión de la vista por eventual indefensión. No se pierde nada y se puede ganar mucho.

Recuérdese que la “vista oral” se caracteriza por un “momento sorpresa” de cada parte, que permite que los ” tahúres jurídicos” obtengan ventaja.

El demandante puede nada más comenzar con ratificar la demanda y añadir nuevos motivos de impugnación que ladinamente reservó en la demanda ( algunos realmente complejos e impronosticables), lo que deja perplejos a juez y abogado contrario, teniendo éste que improvisar la respuesta ( auténtica prueba de fuego para letrado público y el abogado del codemandado).

Y el demandado puede contestar y aprovechar para traer informes escritos de la Administración, que no forman parte del expediente, pero que introducen detalles, razones o pruebas que dejan anonadado al demandante.

Hay que estar preparado para encajar el golpe bajo y en su caso, para protestar ante el árbitro.

Los reflejos se prologan al término de la vista oral cuando se advierte que la parte ha demostrado razones poderosas y pruebas convincentes, momento en que a veces “una retirada a tiempo es una victoria” y hay que aprovechar las conclusiones para salvar lo posible del naufragio o la clemencia del juez.

 

Por su parte, el juez asiste a la vista oral como un juez de un partido de tenis, siguiendo la pelota de lado a lado hasta que termina el partido y se va a reflexionar sobre jugadas,vencedor y vencido.

II. Como complemento, recordaré que me ocupé de las 30 cosas de abogados que irritan a los jueces así como de las 30 cosas de jueces que irritan a los abogados.

 

III. Para finalizar, me he ocupado de la vista oral desde la perspectiva del juez en un reciente artículo titulado “ La Soledad del juez ante la vista oral“, en la Revista de la Asociación Profesional de la Magistratura, Marzo 2015, cuyo texto transcribo:

La soledad del juez ante la vista oral

La vista oral es el punto álgido de puesta en escena de los gladiadores jurídicos ante el juez. Las partes tendrán ocasión de dar lo mejor de sí mismos en un esfuerzo de convencer al juez del acierto de sus tesis jurídicas o la verosimilitud de los hechos controvertidos.

Tan importante es ese acto que el legislador se ha cuidado de rodearlo de formalidades, publicidad y garantías, velando por la igualdad de las partes y su ordenado impulso. El fruto del debate vivo de ideas y aportación de pruebas en tiempo real ha conducido a elevar la “inmediación” a auténtico principio procesal que otorga especial valor de lo allí acontecido según deriva del Acta y del formato audiovisual que la registra.

Sin embargo se da la paradoja de que ni las oposiciones, ni los libros, ni siquiera las prácticas o cursos de los centros de formación ofrecen lo que da la experiencia en cuanto a la aptitud y técnica del juez para dirigir la vista oral. El juez está solo ante el peligro, pues nada hay mas peligroso que ejercer la honrosa responsabilidad de decidir lo que debe tenerse por justo.

De hecho suelo bromear calificando mis diez años pasados en un Juzgado de lo Contencioso en tiempos de saturación de vistas orales, como experiencia propia de la guerra de Vietnam, donde había que buscarse la vida en entornos de incertidumbre. Es ahora, contemplándolo desde la tranquila retaguardia de la Sala, donde las vistas quedan relegadas a práctica de pruebas y excepcionales conclusiones orales, cuando me atrevo a ofrecer alguna reflexión sobre el papel del juez en la vista oral.

Así pues, en las vistas orales de la “granja judicial” viene al caso aquello que se decía en la obra de George Orwell, donde “todos son iguales pero unos mas iguales que otros”, pues el juez investido de la autoridad propia del Poder Judicial está llamado a impulsar la vista, ordenarla y zanjar conflictos, pero tan alta función no autoriza a la soberbia intelectual ni a utilizar la legislación procesal como un látigo de domador de circo.

Se impone al Juzgador ( o a la Sala) la humildad para escuchar y serios deseos de aprender. Una vista oral es un cruce de inteligencias y los abogados se emplean a fondo en el caso, por lo que tienen mucho que enseñar al juez. Aquéllos están especializados en “su” caso y el Juez tiene encima de la mesa o el mismo día de señalamientos, “varios casos”; aquéllos han estudiado todos los flancos de ataque y profundizado en las tesis, y el Juez cuenta apriorísticamente con una formación general y la intuición que da el oficio pero no se ha zambullido por completo en el litigio.

Mal juez será el que cree saberlo todo porque estará inclinado a prejuzgar los litigios o a incurrir en el castizo dicho de los hidalgos del siglo XVI de “sostenella y no enmendalla”. Todos los jueces hemos pasado por el sarampión de ver como algunas de nuestras sentencias son revocadas en apelación y el Tribunal Superior en casación, y el Supremo por el Tribunal Constitucional, e incluso este sufre algún varapalo del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Descartada la infalibilidad, se hace necesaria una actitud de prudencia activa con el deber de escuchar con atención los alegatos en la vista oral, preguntar sin temor a las partes e incluso hacer observaciones enérgicas pero con cortesía. La firmeza y la autoridad no están reñidas con el esfuerzo de comprender, con la necesidad de reconocer que se necesitan aclaraciones e incluso con rectificar que no solo es de sabios, sino de jueces que son sabios rectificando.

Lo mejor de los jueces es que sean respetados y no temidos. Su auténtica grandeza se demuestra en saber ordenar debates complejos, tensos y difíciles. Y en estar alerta ante las vistas que aparentan ser repetitivas o simplonas.

En suma, el desafío de un juez del siglo XXI al afrontar una vista oral es ser firme, pero no grosero; ser respetuoso, pero no débil; ser audaz, pero no prepotente; ser reflexivo sobre lo que escucha, pero no perezoso al intervenir. Y sobre todo ser orgulloso pero no arrogante, pues del juez se espera persuasión y razón, no ciega autoridad.

Podría parafrasearse a Oscar Wilde cuando hablaba de los funcionarios, para aplicarlo a los jueces: “quien siendo funcionario no es un caballero, cuanto mas sepa, peor”.

8 comments on “Lo que realmente importa en las vistas orales

  1. Como siempre muy acertado. Esto me ha hecho acordarme de mi primera vista, en un juicio de faltas en un juzgado de distrito. Entre nervioso, presencie la vista nervioso, y salí sin firmar el acta ni despedirme del cliente. Han pasado más de treinta años y aún me acuerdo con si fuese hoy.

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  2. Lo que realmente importa en las vistas orales es la psicología e inteligencia emocional del abogado. Toda vista oral es una guerra psicológica, y el mejor armado en esas lides es el que triunfa. Hay que tener psicología primero y ante todo con el juez, y después con el letrado contrario y los testigos y peritos. Con el juez, que es la mas importante porque al final te da o quita la razón, fundamentalmente hay que conocer y entender cómo razona y en qué se basa para resolver. Muchos abogados se jubilan tras años de sinsabores con el lamento de no haberlo entendido nunca, otros al poco de ejercer calan perfectamente cómo piensan y actúan los jueces y suelen triunfar. El talento para esta habilidad esencial del abogado (Como cualquier otra del ser humano) no está en todos por igual, y en la facultad desde luego es algo que no se aprende. En realidad es algo muy sencillo, pero pocos abogados han podido conversar de manera abierta sobre el tema con un juez, porque somos profesiones muy compartimentadas. Quizá algún día sean máquinas con programas informáticos los que se encarguen de esto, y entonces probablemente ser informático valdrá mas para ganar pleitos que tener inteligencia emocional. Pero mientras esto sea un coto cerrado para seres humanos, y uno de ellos sea el que va a decidir, la aptitud para ponerse en su lugar y saber qué hará y por qué, darán siempre una ventaja al que domine esa habilidad.

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  3. Una autentica lección de pragmatismo…Lastima que “no se admitan consultas”. Es un autentico placer leeros. Muchas Gracias.

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  4. Horrible lenguaje taurino. Quita categoría al escrito.

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  5. Esplendido. Cada idea, cada pensamiento, y cada sensación descrita la he sentido y la sigo sintiendo cuando preparo una Vista y cuando estoy en ella. La Vista oral no deja de ser un combate, civilizado, pero no por ello deja de ser una batalla en una guerra. Probablemente, la batalla final. Por eso, decimos esta litis. Y desde luego, comparto lo dicho entrelineas, por cuanto no haya nada peor en una Vista que un Juez soberbioso, que siendo quizás brillante por su inteligencia, son malos jueces, y yerran más que otros, menos brillantes pero más prudentes en el arte de juzgar.

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  6. ¡Excelente! Muchas gracias, me ha animado a comprar el libro que propones. Saludos, Francisca

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  7. Muy buen artículo. Todos los abogados recordamos nuestra primera vista con una mezcla de cariño y de rubor. Los consejos que ofreces son muy útiles para los jovenes letrados que empiezan su andadura.

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