Actualidad Triunfos y homenajes del Derecho Público

Ramón María del Valle-Inclán, Catedrático y muñidor del Derecho administrativo

pintadoAcabo de terminar la lectura de la magnífica obra “La espada y la palabra. Vida de Valle-Inclán” (Tusquets, 2015) biografía del escritor Ramón María del Valle Inclán (1866-1936), escrita por Manuel Alberca, realmente amena, bien trabada y expuesta, fruto de una colosal labor investigadora, y que ofrece todas las caras, historia e intrahistoria del autor. Una biografía altísimamente recomendable para viajar a un tiempo reciente y conocer las trifulcas, filias y fobias entre escritores y la vida de este Quijote gallego con resonancias de vividor.

Lo traigo a colación ahora porque hasta ahí me persigue el Derecho administrativo. Y ello porque me entero que fue Catedrático, y no me resisto a compartir unos breves pero llamativos datos de su relación como empleado público con la Universidad que evoca prácticas poco ortodoxas, no plenamente superadas.

De hecho, fue contemporáneo del Catedrático de Derecho Político Adolfo Posada (1860-1944) con apellido encadenado con su predecesor generacional en la Universidad de Oviedo, Posada Herrera (1814-1885) quien sería calificado como padre del Derecho público español por Sosa Wagner) aunque parece ser que el escritor estaba molesto y celoso con Don Adolfo porque cuando coincidieron en Asunción (Paraguay) dando ambos conferencias retribuidas, cobraba más y tenía mas éxito el catedrático de la Universidad de Oviedo, por lo que D.Ramón en una carta a Azorín confesaba su animadversión hacia los “profesores hambrientos, que se benefician de la farsa del intercambio científico”.

Y es que Don Ramón fue Catedrático de Estética de la Escuela de Pintura, Grabado y Escultura (Bellas Artes) durante tres años (1916-1919). Veamos brevísimamente como la obtuvo, que hizo, sus relaciones con la administración y porqué renunció.

1. Lo primero que llama la atención es como llega a Catedrático. Siendo escritor de renombre, respetado y temido por su conducta imprevisible, utilizó la castiza figura de la recomendación de sus amigos ante el Ministro de Instrucción para ser nombrado, lo que se hizo puesto que el gobierno intentaba atraer intelectuales en apoyo a la Corona del rey Alfonso. Eso sí, la convocatoria de la plaza publicada en la Gaceta es un buen ejemplo de cargo teledirigido: “un literato y publicista de reconocido prestigio, sancionado por la crítica y la opinión”. Y era un secreto a voces en los mentideros de Madrid que la plaza era para el escritor.

2. El cargo comportaba una jugosa retribución de 4000 pesetas anuales y no era infrecuente su concesión por nombramiento ministerial para socorrer a autores con economía precaria y reconocimiento público, citando la obra el caso de Pardo Bazán, nombrada unos años antes Catedrático de la Universidad Central de Madrid.

3. Como curiosidad, antes de tomar posesión del cargo debía presentar un certificado de estar libre de quintas, de acudir al servicio militar, de lo que estaba exento por razones físicas ( le había sido amputado el brazo izquierdo, por recibir en su juventud el bastonazo de un amigo al que lanzó un vaso de agua retador). Para conseguirlo, D. Ramón le pide al Alcalde de Villanueva de Arosa que lo certifique, indicando irónicamente en su solicitud que “faltándome un brazo no valdría la pena dar tanto la lata” ( y es buen ejemplo de burocracia, tener que certificar que un manco no podía tomar el fusil), pero el Ayuntamiento se declaró incompetente para expedirlo.¡ Nunca falla la adminstración!

manco4. Mas simpático o chocante resulta que el autor, con sus compromisos literarios y personales, no pisaba las aulas pese a lo cual cobraba los emolumentos. Su obligación era impartir cada día una hora de clase de la asignatura Estética, de Lunes a Sábado, lo que redujo el segundo año a la mitad de días manteniendo retribuciones. Además existía un absentismo generalizado del profesorado universitario pues el Rector de la Universidad Central de Madrid se vio obligado a enviar circulares recordando el deber de vigilar que los Catedráticos y profesores permanezcan en sus puestos bajo sanción. 

Recordemos que su amigo Miguel de Unamuno precisamente por entonces siendo Rector de la Universidad de Salamanca leyó su discurso de ingreso en la Real Academia de Jurisprudencia y se lamentaba de que “muchos profesores dan su clase a primera hora, y luego…¡ ya es domingo todo el día!.

5. Así y todo para evitar ser sancionado o privado de la Cátedra utilizó dos viejos trucos con ecos actuales. Habló con las autoridades académicas para que le dieran una licencia por enfermedad por “Reumatismo poliarticular agudo” (¡ toma ya circunloquio imaginativo!) que además se prorrogó hasta alcanzar cuatro meses, y así poder aprovechar para no dar las clases conservando los emolumentos.

Luego pidió una comisión de servicios para poder ausentarse a dar charlas en México pero le fue concedida como “comisión gratuita”, así que finalmente aplaza su viaje y renuncia a la plaza docente, ya que prefería repartir su tiempo escribiendo, conferenciando y cuidando sus viñedos en Galicia, que dando clases.

6. Lo curioso es su versión de los hechos, quizá para disimular las advertencias de expulsión: “No quería cobrar por algo que hacía gratis y a diario en las tertulias de los cafés”

libro espadaEn fin, una deliciosa obra para leer el verano, transitando por una figura polifacética, portentosa, rebelde y divinamente humana, pero para quienes quieran asomarse en una breve lectura de urgencia al mito, sirve esta estupenda reseña del diario El país

 

5 comments on “Ramón María del Valle-Inclán, Catedrático y muñidor del Derecho administrativo

  1. ¡Que magnífica idea, Señoría! Me apresuro a comprar el libro, siguiendo tus sabios consejos.

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  2. Gracias por la recomendación. Se va al cesto de “pendiente”, que luego alimenta el…¿qué leo ahora?

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  3. Muchas gracias por la recomendación literaria. La entrada tan amena que antecede invita a su lectura.

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  4. Siempre sentí gran admiración con D. Ramón, entre otras cosas por viejas relaciones personales que mantuvo con algún familiar. Pero desconocía totalmente su faceta de Catedrático.
    Genio y figura que sentó cátedra, Y resulta que en todos los sentidos, también en el literal.

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  5. Cuenta Azaña, en sus memorias, que durante la Republica también hubo que hacerlo alto funcionario para que no pasara tanta hambre. Algo así como director general del patrimonio cultural. Un día acudió asustado al ministro porque unos republicxanos radicales querían arrancar de la fachada de un importante y antiguo edificio el escudo de la monarquia…

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