Actualidad De Jueces y la Justicia Humor y Administracion

La mentira impune más usada ante los jueces: «Seré breve, Señoría»

Recientemente fue noticia en Alemania la concesión del Premio a la mentira más insolente a Actimel, ya que pese a lo anunciado «no activa las defensas». Pues bien, la muletilla con que los abogados anuncian su exposición oral ante los Tribunales del estilo «Seré breve, Señoría» suele abrir paso a una amplísima disertación, cuya cantidad tampoco «activa las defensas». Analicemos esta “paradoja forense”.

1. Varias explicaciones se ofrecen a tal conducta plúmbea en los estrados.

  • La táctica del agotamiento. Muy empleada por los bosquimanos en el desierto del kalahari, quienes se acercan a la gacela susurrando en su dialecto, “soy tu amigo, soy tu amigo”, y bruscamente la persiguen corriendo hasta que cae extenuada la presa.
  • La técnica de la sorpresa. El anuncio por el letrado de la brevedad hace bajar la guardia al abogado contrario pues vaticina una lucha cuerpo a cuerpo, aunque posteriormente le sorprenderá al ir sacando todo tipo de artillería.
  • Cumple una función calmante. De forma similar a la utilidad del envoltorio de celofán de los caramelos, o mas bien, del envase atractivo de los medicamentos amargos.
  • Persigue economía procesal en un ejercicio de autocontención (“no me voy a enrollar”).
  • Supone un alarde de responsabilidad institucional (“el servicio de la justicia es lento y costoso, y por eso no haré que pierda el tiempo mi colega ni el juez”).
  • Demuestra el conocimiento de la psicología forense (el juez está agotado, y como un confesor, agradece que los pecados no sean detallados).

2. Para comprender el impacto de tal situación bajo la perspectiva del juez basta tener en cuenta que al igual que los juicios “se celebran” y siguen “formas rituales” con la solemnidad de una misa de réquiem, tampoco los alegatos extensos, como los sermones, son bien recibidos por los feligreses. La capacidad de atención del juez es humana, llega donde llega y, ante grandes desfilarros de verborrea, bien desconecta, o bien mantiene una atención estilo Guadiana (va y viene). Es verdad que al juez le pagan por escuchar y reflexionar, y también es cierto que los abogados tienen todo el derecho del mundo a dejar claros sus argumentos pues al fin y al cabo, luchan por su verdad y por los intereses de su cliente, para lo cual suelen seguir el prudente dicho de “lo que abunda, no daña”.

3. Sin embargo, en relación con el tiempo de exposición de los abogados hay que tener en cuenta:

a) Cuando se expone oralmente el alegato hay que comprender que la función judicial no es digerir y neurotriturar en “formato oral” los miles de folios, periciales y documentos adjuntos a demandas o contestaciones, y mucho menos si va acompañado de una catarata verbal con alarde de erudición y dialéctica. Por eso, aquello de «lo breve, si bueno, dos veces bueno» es de plena aplicación en la órbita judicial. Sevach recuerda con ensoñación que en ciertas demandas civiles en Estados Unidos existe un límite cuantitativo en folios a la extensión de las demandas, cuyo exceso determina su inadmisión de plano. Podrá decirse que en España limitar cuantitativamente la extensión del alegato va contra el derecho a la tutela judicial efectiva, aunque mas bien lo que va contra la tutela judicial efectiva es la mera yuxtaposición y reiteración de argumentos, que llevan a convertir en un rompecabezas lo que podría ser un sencillo problema tanto en su formulación como en su solución.

b) Cuando se expone el alegato en forma oral ante el juez o Tribunal hay que aprovechar las inmensas virtudes de lo que se ve y oye (de forma directa y espontánea), frente a lo que se lee (prefabricado y recalentado). En primer lugar, hay que recordar lo que dijo el poeta: «Cuando los oídos oyen lo que nunca oyeron y los ojos ven lo que nunca vieron, el corazón siente lo que nunca sintió». Pero en segundo lugar, hay que tener presente la vieja regla aprendida en la asignatura de Económica Política de la Licenciatura de Derecho sobre la Ley de la Utilidad marginal decreciente (y que a Sevach le explicaban con un gráfico ejemplo de las cervezas consumibles un día de calor: la primera proporcionaba máxima utilidad, la segunda menos, la tercera menos, y así sucesivamente hasta el punto de que una cerveza más –la unidad marginal– empieza a empalagar y la que le sigue resulta estomagante hasta que la saturación va haciéndose más y más insoportable).

Pues bien, la traducción de tal fenómeno al ámbito forense comporta la necesidad de dosificar la información para evitar el “colapso” de la mente judicial. Y es que llega un momento en que otra vuelta de tuerca al mismo argumento puede llevar a pasar de rosca el tornillo.

4. En definitiva, la clave radica como siempre en el principio de proporcionalidad, en la justa medida. El mejor abogado no sería Groucho Marx (el charlatán) ni Harpo (el mudo), sino Chico (el término medio). Hay asuntos de escasa complejidad y fácil argumentación que no requieren un cruce de la oratoria de Demóstenes con un vendedor de enciclopedias. Otros asuntos muy complejos presentan tantas aristas que justifican la extensión del desarrollo. El problema radica en los asuntos simples que se vuelven complejos por los alegatos de los abogados, y entonces «los árboles no dejarán al juez ver el bosque”.

La situación ha sido caricaturizada espléndidamente por uno de los más insignes procesalistas italianos, Pireo Calamandrei (1889-1956) que en su «Elogio de los Jueces» expone:

«La brevedad de las defensas escritas y orales (los abogados no lo aprenderemos nunca) es acaso el medio más seguro para ganar los pleitos; en efecto, el juez que no se ve constreñido a la lectura cansadora de abultados memoriales o a escuchar bostezando interminables discursos, presta atención con la cabeza despejada a las pocas cosas que lee o escucha, no tiene que hacer complicados resúmenes para comprenderlas y la gratitud hacia el defensor que ha reducido su trabajo al mínimo, lo induce a darle la razón aunque no la tenga. La brevedad y la claridad cuando consiguen ir juntas, son los medios seguros para corromper honestamente al juez».

5. Nada tiene que ver la calidad con la cantidad en un alegato. Los jugadores de ajedrez de partidas rápidas suelen ser los mismos ganadores que los de partidas sin límite temporal. Y un buen abogado conseguirá convencer con sus alegatos tanto si los expone con rapidez y brevedad como si los expone con parsimonia y extensión. Y aunque hay jueces duros de mollera (como en todas las profesiones) hay que pensar que si está donde está es porque tiene (o se le presume) cierta capacidad para captar donde sopla el viento de la justicia entre las alegaciones de las partes, al margen de su mayor o menor extensión cuantitativa.

6. En fin, basta tener presente que, cuando a alguien le dicen “Será solamente un minuto” (en la sala de partos, en el dentista, cuando le detiene el vehículo la policía, o cuando le piden ayuda para una chapuza casera, etc)… ¡hay que echarse a temblar!. A Sevach le recuerda aquella engañosa frase de la infancia: “Ven, que no te voy a hacer nada”. Y por eso considera que más útil y menos inquietante que decir en el foro “seré breve” y no serlo.

38 comments on “La mentira impune más usada ante los jueces: «Seré breve, Señoría»

  1. QUINTUS MUCIUS SCAEVOLA

    Ya que ha salido a colación el inolvidable maestro Turiel de Castro voy a contar dos «sucedidos» suyos relacionados con la brevedad judicial en uno de los cuales estuve presente: 1) en los años 70 defendió en la Audiencia Provincial de Oviedo a una señora acusada de haber matado a sus dos hijas; el plenario duró varios días correspondiendo el turno de informe de la defensa un día por la tarde, pues la Sala había habilitado las tardes para acabar en una semana, y cuando el presidente le concedió la palabra le dijo: «Sr. Letrado sea Vd. breve porque a las 6 de la tarde juega la selección nacional» (a la señora se le pedían dos penas de muerte). 2) en los años 80 defendió en la Audiencia Nacional a un «polimili» acusado de secuestrar a Don Saturnino Orbegozo y comoquiera que al concedérsele a Gerardol el uso de la palabra para informe final eran ya las 2 de la tarde el presidente le dijo que fuese breve dada la hora a lo que Turiel contestó diciendo, con la sorna que le caracterizaba, que el era un enérgico defensor de la rapidez judicial pero en la instrucción de las causas (esta en concreto databa de varios años atrás) pero que cuando se le pedía a un acusado ciento y pico años de prisión al abogado no se le podían imponer restricciones horarias en la defensa de su patrocinado (salimos de la vista a las cinco de la tarde).

  2. Sandra

    Breve no es precisamente este debate , si interesante aunque llegué tarde , pero será breve :
    Creo que los jueces tienen la profesionalidad suficiente para diferenciar al peso una buena demanda como un buen informe, sean estos extensos o no. No se puede generalizar: lo extenso muchas veces es necesario para el ejercicio del derecho que a la parte le asiste. Eso debe ser respetado.
    Y si alguno se pasa… de listo y de rollo , son gajes del oficio Senorías. Ello no debería provocar la irritación del juzgador- ni tan siquiera interna- quien en el ejercicio de su jurisdcción y como director del procedimiento puede poner con la debida educación rápido remedio al inexperto , osado , o simplemente aburrido Letrado .
    Por otra parte, existen jueces – afortunadamente una minoría- que no dejan exponer sus pretensiones a las partes , exponen su criterio del asunto , anuncian su decisión e imponen su aceptación ; se amparan en el» beneficio» de la solución consensuada y obtenido aquel lo celebran de las mas diversas formas gastronómicas, eso a veces si que es grave…
    En la opción prefiero el «seré breve señoría «, porque sea o no verdad, al menos se ejerce un derecho ; el informe sérá o no bueno , pero en todo caso podrá ser «cortado» por su Señoria en cuanto se sienta informado ; y en último termino puede supone un buen ejercicio para aprender a escuchar.
    Saludos

  3. Sevach

    ¡¡Espléndido debate!! Y buenísimos los comentarios. Sin excepción. Todos correctos, educados, y …¡breves! iAdemás las anécdotas sobre el inefable y admirado Turiel son valiosas. El último comentario de Sandra enriquece el debate de forma elegante. Gracias por vuestra participación

  4. Contencioso

    @curioso: Solo para indicar que de irritado o enfadado, absolutamente nada. Al contrario, me encanta tener la oportunidad de explicar a alguien ajeno al mundo jurídico las dificultades con las que nos encontramos para hacer entender nuestro trabajo. ¡Ojalá las tuviera mas a menudo! En el colegio de mis hijos he propuesto a los profesores de los cursos superiores para el futuro organizar una jornada de mesa redonda con los estudiantes para hablar de la justicia, las leyes, los tribunales y en general lo que significa el estado de derecho, y la han acogido muy favorablemente. Muchas veces el desprecio o la indiferencia son debidas al desconocimiento, y en eso tanto el jurista -que debe esforzarse en explicarse y no solo autocompadecerse- como el que es ajeno a ese mundo -que debe esforzarse en entender y respetar a los demás- tienen que poner de su parte.

    Saludos

  5. Estimado Sevach:

    Desde ya aclaro que hablo por mi experiencia profesional como abogado litigante en mi país, Argentina, y en otros países latinoamericanos.

    La brevedad no es algo positivo en sí mismo. Más allá de ello, corrresponde decir «seré breve, señor/a juez/a», así em minúscula. Y que agradezcan que los llamamos «señoras» o «señores», la gran mayoría de ellos están lejos de serlos.

    CONTENCIOSO dice en el primer comentario:

    «Me has tocado en una fibra sensible Sevach….mo conozco NI UN SOLO compañero que no se indigne ante lo aburrido e innecesariamente extenso de las disertaciones de muchos abogados. Y de hecho, no alcanzo a comprender como muchos de ellos siguen empeñados en cabrear al Juez con tanta verborrea innecesaria y en muchos casos, perjudicial».

    Estimado CONTENCIOSO, poco me importa si el juez se indigna o no, por la supuesta «verborrea innecesaria» (que según la RAE significa «verbosidad excesiva»). SI la extensión del escrito le molesta al juez, apostaría un millón de Euros a que le molesta por falta de apego al trabajo. Y nuestra función no consiste en entretener al juez, sino en exigirle que cumpla con su deber: aplicar el derecho vigente.

    Tu defensa corporativa asume que los jueces conocen todo los textos normativos, toda la jurisprudencia nacional y toda la jurisprudencia internacional, y eso claramente no es cierto. Por otra parte, con la desmesurada delegación de funciones que hay en nuestros sistemas judiciales, el juez suele no tener la menor idea del caso y menos del expediente. Ello nos obliga a redactar escritos autosuficientes, citando muchas partes del expediente que de otro modo jamás leerán.

    Para darte una idea, nuestra Corte Suprema de Justicia de la Nación «descubrió» el año pasado los principios de la garantía de imparcialidad del juzgador ya establecidos en «Piersack», «De Cubber» y otros fallos que ya han sobrepasado la adultez.

    Por otra parte, los miembros del poder judicial deben comprender de una buena vez que son uno de los tres poderes del Estado y, como tales, deben estar sometidos a un escrutinio público mucho más profundo que el colectivo profesional de los abogados.

    Sobre el «legalese» (ver definición en el blog de Gustavo Arballo). La oscuridad de la jerga judicial elimina el valor republicano que pudieran tener los juicios públicos, pues los asistentes se hallan sensiblemente disminuidos en su facultad de comprender lo que sucede. Si a lo expresado le sumamos las complejas construcciones dogmáticas de la teoría del delito, es posible afirmar que puede darse el caso de que se condene a una persona a años de privación de libertad sin que aquella comprenda qué circunstancia fue la determinante de su sanción.

    Veamos como ejemplo una parte del dictamen presentado por el Procurador ante nuestra Corte Suprema, Luis Santiago GONZÁLEZ WARCALDE:

    “La Cámara recordó -en la resolución recurrida- [los guiones cortos sólo se usan para hacer el corte de palabras en sílabas al final del renglón o caja de texto y para las palabras compuestas, pero no se usan para oraciones subordinadas, aclaraciones, o ejemplos] que al confirmar el dictado del procesamiento [lo que se confirma es el auto de procesamiento, no su dictado] con prisión preventiva de Cristino Nicolaides había sostenido que ‘la mayor penalidad prevista para los delitos que se enrostran [enrostrar significa reprochar, razón por la cual, por razones estéticas y de significado el término resulta impropio] alcanzan el máximo legal de la especie de pena de que se trata (artículo 55 del Código Penal). Y en tal sentido debe valorarse, además, la particular gravedad de los hechos que se le imputan y la magnitud del daño causado, pues su relevancia en cuanto a la configuración del contenido de injusto y de culpabilidad, permiten avizorar una importante sanción a la luz de las pautas fijadas por los artículos 40 y 41 del Código de fondo. [La frase que sigue carece de todo respeto por la correspondencia entre los términos que enuncia] Ello así en atención a la naturaleza disvaliosa de la acción, de haberse valido para realizarla de su condición de militar, entonces en actividad, violando consecuentemente su mayor deber de obrar conforme a la norma, la prolongación y permanencia de sus efectos en el tiempo y la imposibilidad de reparación del daño causado así como la calidad de las víctimas. Y es ese pronóstico de pena elevado que permite presumir fundadamente que, de resultar excarcelados, los imputados intentarán eludir la acción de la justicia’. Luego, el a quo cita jurisprudencia del Tribunal, tras lo cual agrega que ‘si bien es cierto que la excarcelación procede como garantía constitucional y no como simple concesión de la ley procesal, no es menos que el derecho a permanecer en libertad hasta el momento en que se dicte sentencia de condena, no constituye una salvaguardia contra el arresto, detención o prisión preventiva, medidas cautelares éstas que también tienen respaldo en la carta fundamental’.- [Jamás comprenderemos por qué hasta los Ministros de la Corte Suprema reemplazan el punto y aparte, por ese punto y raya propio de los judiciales]».

    CONTINUARÉ PORQUE NO SERÉ BREVE.

    SALUDOS Y ME PARECE UNA MUY BUENA DISCUSIÓN.

    AB

  6. Contencioso

    Dice Alberto Bovino:

    «poco me importa si el juez se indigna o no, por la supuesta “verborrea innecesaria” (que según la RAE significa “verbosidad excesiva”). »

    En efecto, es perfectamente coherente con la demostración de egoísmo y egolatría de quien redacta escritos innecesariamente largos con desprecio al tiempo de los demás (No solo del Juez, sino del abogado contrario) y a la eficacia, que reconozca que le importa un bledo lo que los demás piensen.

    «SI la extensión del escrito le molesta al juez, apostaría un millón de Euros a que le molesta por falta de apego al trabajo. »

    Igualmente coherente este segundo comentario, ya que la preocupación del Juez por atender cuantos mas casos posibles dando a cada uno de ellos el tiempo necesario, pero no mas, choca frontalmente con los usuarios como tú, que conceptúan el servicio público como a SU exclusivo servicio, y a los demás usuarios que les dén…¿Falta de apego a su trabajo? ¿Que clase de apego a su trabajo tiene alguien que lo convierte en algo innecesariamente insoportable?

    «Y nuestra función no consiste en entretener al juez, sino en exigirle que cumpla con su deber: aplicar el derecho vigente.»

    ¿Si? ¿Entonces por qué leo yo tantas demandas en las que no se pide el cumplimiento del derecho vigente y aplicable, sino sencillamente lo que favorece al cliente? ¿Acaso tu cuando el cliente no tiene razón te niegas a llevar su pleito? Ahora va a resultar que el Juez es una especie de jeta que sólo busca no aplicar el derecho y fastidiar a la parte, y en cambio el abogado es el implacable y siempre justo defensor de la legalidad que controla la rectitud del proceder del Juez. Vamos, digo yo que no será ni lo uno, ni lo otro….

    Estimado AB, en el Juzgado en el que sirvo hay mas de mil asuntos al año, y si yo permito que estos asuntos se extiendan mas allá de lo necesario, falto a mi deber porque estoy dilatando de manera innecesaria los que vienen después. A algunos abogados al parecer les cuesta recordar que en el mismo precepto de nuestra Constitución y con el mismo rango legal están el derecho a la tutela efectiva y el derecho a un proceso sin dilaciones indebidas. Si tu te excedes en el uso del derecho a la tutela efectiva de forma INNECESARIA (E insisto en ello, innecesaria), estas provocando una dilación indebida en los procesos de los demás justiciables, y mi obligación y primer deber es evitar eso. Yo debo velar por todos los usuarios del servicio público en el que estoy, y eso inclye protegerles de la gente como tú, que de buena gana acapara el servicio para sí mismo con desprecio a los demás.

    Claro que para ti eso no es amor a mi trabajo, por lo visto….

    Saludos

  7. Contencioso

    Y aun añadiré otra cosa, para que no queden dudas: A mi me dá igual en un día de trabajo antes de irme a casa oír a un solo abogado hablando todo el tiempo o a diez hablando una décima parte. A mi me pagan igual, y de hecho me resulta mas cómodo oír a uno solo, porque como inevitablemente en tanto rato se repetirá y tendrá que decir muchas cosas que sé de sobra, me puedo permitir relajar la atención. En cambio oyendo a diez distintos que condensan sus alegaciones tengo que esforzarme mucho mas.

    Pero eso sí, oyendo a uno solo, voy a dar fecha de juicio a los demas para el 2025 por lo menos. Aunque a tí eso te dá igual mientras el juez te escuche como te «luces» el tiempo que haga falta.

    En fin … Sic transit gloria mundi

  8. Sevach

    Veamos, el estado de la cuestión a mi juicio:

    1º Ser abogado, supone una condición y capacitación que presume la aptitud para argumentar con claridad y concisión. Si se quiere, se puede.

    2º Ser juez, supone una condición y capacitación que presume la aptitud para escuchar con paciencia, respeto y garantía de defensa.

    3º Ser ciudadano, supone una condición que otorga el derecho a que los asuntos públicos, incluida la justicia, se gestionen con celeridad y austeridad.

    Por eso, al final, todo supone un ejercicio de responsabilidad. Cada uno en su papel, y consciente de que el servicio público de la justicia no es un zoco, una tertulia televisiva ni por supuesto, un confesionario.

    Y es que, podría establecerse una analogía entre la función judicial y la función sanitaria.

    Mal paciente es el que, sabiendo de la existencia de listas de espera, se entretiene sin prisa en contarle su vida al médico mas allá de la descripción de los síntomas y antecedentes de su padecimiento.
    Mal médico es el que, sabiendo igualmente de tales listas de espera ( y teniendo que atender a otros pacientes o estudiar diagnósticos) escucha con complacencia y parsimonia todo lo que le cuenta un paciente, mientras otros mas urgentes aguardan con sus dolencias en el pasillo.
    Y mal ciudadano es el que culpa al médico por no escucharle cuando divaga y divaga sobre su enfermedad y vida personal, pero que paradójicamente cuando le toca esperar ser atendido, también culpa al médico por no ser diligente en la atención de los que le preceden.

    Gracias a todos.

  9. Estimado Sevach;

    Como abogado fiscalista no acostumbro a «pisar» las salas, salvo en temas locales, pero si hago multitud de procedimientos contenciosos, y estoy muy de acuerdo. Cada vez trato de hacer los escritos más breves y claros, pero hay asuntos, que por su importancia y su complejidad hace inevitable escritos largos.

    Aunque para consuelo del magistrado empiezo con un breve resumen y esquema del asunto, conclusiones en cada punto y unas conclusiones finales, y si es el caso adjuntos presentaciones para que entienda el tema… sin embargo, aunque el porcentaje de exitos es elevado, muchas veces creo que el magistrado no ha entendido el fondo del asunto, quedandose con mi parte de la historia, y dandome la razón, pero sin entender el sustrato real. De hecho mi porcentaje de estimaciones es muy elevado.

    En cambio en los temas menores, es decir que van por juicio abreviado, donde el escrito es breve, y la exposición oral tambien -me doy un máximo de 2 minutos, mi tiempo vale dinero y el del juez tambien-, los resultados son desoladores… Incluso luego si tengo apelación se ganan con escritos mas grandes… a veces creo que algún juez hace como los profesores de antaño… valorán al peso!

    Y dentro de este tema ¿valoraís positivamente la oralidad en el ámbito contencioso?

  10. Curioso

    A tod@s: Es complicado ser jurista eso queda claro.
    Gracias a contencioso por la amabilidad, la información y a las distintas opiniones de todos.
    Es un debate complejo.
    Pero bastante interesante ver las distintas partes reflejando las opiniones, y yo en la ignorancia previamente confesada agradezco todo lo expuesto. Aunque también a Sevach, por supuesto, por exponer esta cuestión.

    Humildemente , Saludos

  11. En los Tribunales penales internacionales el problema de los escritos se soluciona -muy eficazmente- así: un límite de folios por escrito que establece el Juez. Si se pasan las partes, el escrito se devuelve y se tiene por no presentado. Los folios, además, están regulados en su formateo: letra tal, espacio y medio de interlineado, etc.. De esa manera las partes se esfuerzan en no meter paja e ir directamente al fondo de la cuestión. Ojalá se instaurara una cosa asi en España. Por cierto que también se fijan los plazos de manera discreccional por el Juez, en función de la naturaleza del trámite que hay que cumplir. Otra buena idea.

  12. Sevach

    Estupendo, Jones. Tienes razón, y añadiré que en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, los letrados deben advertir al Tribunal antes de comparecer en la vista de la duración prevista de su exposición, que no debe ser excesiva. Otra vía de autocontrol.

  13. Lo de V.S. Contencioso es una magnífica muestra de la incapacidad de muchos funcionarios judiciales de leer y entender el punto de vista de las partes.

    1) Arranca diciendo: «somos licenciados de una carrera superior, y sin embargo se nos discuten mas las cosas y se opina más sobre nuestro trabajo, que es bien técnico, que sobre el de muchas profesiones».

    Esto es una república, y existe algo que se llama libertad de expresión. Todo el mundo tiene derecho a hablar, informar y criticar a la justicia —que bien merecido se lo tiene—.

    2) A ello agrega: «Esto me parece lamentable, y muy poco respetuoso, sobre todo porque dia tras dia ves a la gente comentar como brillantes ocurrencias ideas que la doctrina científica del derecho tiene superadas hace a veces SIGLOS».

    Afirmar que el derecho es una ciencia es, de por sí, más que cuestionable. Pero la segunda parte de la frase no tiene desperdicio, lo de que la doctrina tiene las cuestiones resueltas las cosas hace siglos.

    Será por eso que el fallo Llerenas se dictó en este siglo y no en el anterior. Será por eso que el caso de «Editorial Río Negro» también fue dictado en este siglo. Será por eso que, a pesar de que la última frase del art. 18 de la Constitución Nacional tiene todo un programa de control judicial de la ejecución penal, el fallo «Verbitsky» se dictó en este siglo. Y recordemos que esos fallos no fueron desarrollos iluminados de los jueces sino, en todo caso, buenos planteos de los abogados.

    3) Me acusas livianamente de que mis afirmaciones son «la demostración de egoísmo y egolatría de quien redacta escritos innecesariamente largos con desprecio al tiempo de los demás».

    Antes de ahcerlo deberías haber leído el párrafo siguiente: «Tu defensa corporativa asume que los jueces conocen todo los textos normativos, toda la jurisprudencia nacional y toda la jurisprudencia internacional, y eso claramente no es cierto. Por otra parte, con la desmesurada delegación de funciones que hay en nuestros sistemas judiciales, el juez suele no tener la menor idea del caso y menos del expediente. Ello nos obliga a redactar escritos autosuficientes, citando muchas partes del expediente que de otro modo jamás leerán».

    ¿Era demasiado largo mi comentario como para leerlo? ¿Creés que escribo largo porque me gusta? ¿Crees que no sé que cuanto más largo es el escrito, más dificultad de que le presten atención? En el párrafo transcripto expliqué por qué razón a veces debemos hacer un escrito más largo que lo que nos gustaría. Sin embargo, no diste una sola razón que contradijera mi justificación, y sí hablaste de «egoísmo» y egolatría». ¿No será por eso que alguos litigantes tienden a ser reiterativos en sus escritos?

    4) Cuando dije que exijo que el juez aplique el derecho vigente respondes: «¿Si? ¿Entonces por qué leo yo tantas demandas en las que no se pide el cumplimiento del derecho vigente y aplicable, sino sencillamente lo que favorece al cliente?».

    No sé lo que lees, pero los casos no son blancos o negros, esa es una visión un tanto simplista del conflicto que significa un caso judicial. Lo que sí sé es que el 90 % de los planteos que presento están más que fundados en derecho, si bien, como todo lo que tiene que ver con la práctica social discursiva que el derecho es —que de ciencia, nada—, uno puede estar de acuerdo o no.

    Eso no significa que yo tenga razón. Pero es que nadie tiene razón y, al mismo tiempo, todos la tienen. En cualquier caso judicial, cada parte tiene puntos débiles y puntos fuertes. Mi trabajo consiste en minimizar esos puntos débiles y maximizar esos puntos fuertes.

    5) Si tu carga de trabajo te ipide cumplir con tu trabajo puede ser por dos motivos: o bien no sabes lidiar con la actividad innecesaria de las partes; o bien el trabajo está mal distribuido. En ninguno de los dos casos eso es culpa del Estado. Si no, basta con leer toda la jurisprudencia del Tribunal Europeo cuando se analiza la actitud de la partes durante el proceso.

    Saludos,

    AB

  14. Curioso

    Menuda la que has montado Sevach 😉
    Para darle un toque de humor a esto que si no….

  15. www.derechotorcido.com

    He encontrado este blog y me ha parecido excelente, por la calidad de sus tertulianos a los que casi no me atrevo a discutir.

    Yo entiendo que no hay fórmulas mágicas en este asunto debatido y que la clave es conocer al Juez y del pie que cojea. A uno impaciente no le puedes marear una hora por muy enrevesada que sea la materia litigiosa.
    Simplemente porque va a dejar de escucharte y al final va a ser incluso perjudicial al desatender lo importante del discurso.

    He asistido a largos informes durante los que el Juez miraba por la ventana los pajaritos pasar.

    En lo que a mi respecta, entono el mea culpa porque mis informes son por lo general largos. Pero por otro lado, reconozco que mezclo lo técnico con lo provocativo, y me aseguro que atiende por lo general sorprendido.

    Claro que me he llevado algún expediente de mi Colegio (todos archivados), porque los clientes contrarios no suelen llevar bien la sorna.

    Sin embargo y por suerte «el derecho de defensa» en mi caso ha amparado «el derecho a la retranca».

    Gracias a todos.

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