De la Universidad

¿Necesitan las Universidades una financiación a la boloñesa?

Allá por 1999 la Declaración de Bolonia suponía la consagración de los principios del Estatuto de libertades para las Universidades europeas, bajo el eje de la autonomía y sobre el trípode de las libertades de cátedra, de estudio y de investigación.  El principal desarrollo a escala comunitaria vendría dado por el llamado Proceso de Bolonia inspirado en un régimen uniforme de enseñanzas y titulaciones como garantía para la movilidad de alumnos y profesores. Se trataba de conseguir un lenguaje único u homologación de mínimos entre las enseñanzas universitarias de toda Europa, o sea, adaptación y cambio de las estructuras españolas. Así y todo, pese a las resistencias y dificultades de su implantación, las prioridades de las Universidades a tiempo real pasan por atender sus necesidades presupuestarias (o en términos coloquiales “para pagar las nóminas”). Atrás quedan las quejas universitarias por la insuficiente financiación para atender los costes de ajuste a Bolonia. Hace quince días un post de Antonio Arias se titulaba significativamente ” Rectores en busca del arca perdida”; y esta semana la prensa se ocupaba de las quejas de Rectores frente a la escasez del desembolso autonómico para cubrir sus presupuestos. Las quejas de los Rectores madrileños frente a la Comunidad de Madrid se han visto secundadas por tensiones de sus homólogos frente a las Comunidades Valencia, Gallega, Castellano-Leonesa y Asturiana. Y creciendo. 

1. Sin embargo, no es un problema nuevo. Desde que Sevach aterrizó en el mundo universitario español, allá por el año 1985, esto es, con la recién estrenada Ley de Reforma Universitaria de 1983, y bajo flamantes Estatutos Universitarios, con plantillas que estrenaban fajín de profesor (reconversión de los “penenes”, nuevas Universidades y nuevas titulaciones,etc), siempre los Rectores se han caracterizado por su condición mendicante, posición legítima pues al fin y al cabo, bien está que el rugido del león reclame atención para los cachorros, y que la leona autonómica cace para ellos. Así es el ecosistema universitario.

 

2. Da rubor recordar que la penuria económica es global (afecta a las Administraciones Públicas y a los prebostes privados de la banca, seguros y grandes superficies), y aunque sea obvio hay que recordar a la comunidad académica que tal crisis no es ajena a las propias Comunidades Autónomas, por lo que las Universidades pueden y deben afrontar planes de austeridad. No puede aceptarse “que la crisis no va con ellos”, “que la investigación no admite recortes” o “que la excelencia está en juego”, ni chantajes velados sobre posible cierre de aulas o barbecho del proceso de Bolonia.  La lealtad institucional y la buena fe son impuestas por el Ordenamiento Jurídico a todas las Administraciones Públicas y a sus autoridades. En otras palabras, la sociedad financia todos los servicios públicos, y no hay razón legal ni racional que ampare un superior y sagrado estatus del servicio universitario, que le dote de intangibilidad presupuestaria o primacía respecto de la sanidad, la educación u otros servicios sociales.

3. En cuanto al origen del problema, mucho se ha escrito: problemas de corporativismo,  mala gestión de los recursos, prebendalismo derivado del sistema electoral del equipo rectoral, ramalazos de burocratización y politización, perversiones de la autonomía universitaria, asunción por las Universidades de funciones asistenciales propias de otras Administraciones, etc.  Son lugares comunes que casi constituyen señas de identidad del sistema universitario español, y de los cuales ya se ocupó J.R.Chaves en un conocido trabajo titulado “ La necesaria reorganización universitaria: Racionalizar la gestión y el gasto”, que pese a haberse publicado hace doce años, no ha envejecido y que podéis encontrar aquí.

 

Así y todo,  el balance de la Universidad pública, en términos de rendimiento académico e investigador es satisfactorio. El problema es que la Constitución no solo impone a las Administraciones públicas “eficacia” (conseguir los objetivos) sino “eficiencia” (conseguir los objetivos con el mínimo coste).

 

Para Sevach, la situación actual de déficit de financiación universitaria constituye un fenómeno de irresponsabilidad global. Entre todos la mataron y ella sola se murió. De un lado, las Universidades han vivido como la cigarra de la fábula (alegres pese a acercarse el invierno presupuestario), de otro lado, las Comunidades Autónomas se han portado como los avestruces (enterrando la cabeza para no enfrentarse al peligro que acechaba en forma de inflación universitaria de plantillas), y el Estado ha actuado como un viejo León del Serengueti: bostezando en la sabana mientras las hienas luchan con las mangostas para repartirse las osamentas. Junto a ello, y como cómplices de la situación, el mundo de lo políticamente correcto y los zalameros medios de comunicación. Es fácil aplaudir a la ciencia, sin levantar la alfombra del laboratorio o del aula.

 

4. El resultado es una Universidad pública que tiene el grandísimo mérito de contar con una mayoría de  extraordinarios profesores, con grandes dotes docentes y productividad investigadora fecunda y útil, pero como dice el frontispicio del manicomio de Zaragoza, “ni son todos los que están, ni están todos los que son”, ya que no faltan profesores desencantados ni profesores parasitarios.

 

Los profesores desencantados son aquéllos que tras un gran esfuerzo personal, con consumo de tiempo y energías, se encuentran tras superar varios años de callado sacrificio,  con un puesto de trabajo estable en una Universidad que no se parece al templo de la ciencia que soñaron, donde anida el mercantilismo y la burocratización, y donde es posible medrar con la conspiración y el compadreo.

 

Los profesores parasitarios son aquéllos que, gracias a una Disposición Transitoria o a un padrino ilustre, se encuentran subidos de polizones al carro de los profesores vocacionales, y despilfarran el valioso regalo de tiempo y medios para enseñar e investigar.

 

5. Desde la perspectiva de la racionalidad de la gestión universitaria, no debemos olvidar que los profesores son “recursos humanos” aunque en ocasiones sean tratados como “recursos divinos”, por su resistencia a su encuadramiento burocrático. En las Universidades públicas españolas se ha seguido el diseño de las plantillas del profesorado universitario propio de un ornitorrinco: un fenómeno asimétrico de la creación, que se agita y reproduce, pero francamente mejorable. Así, lo racional, si nos creemos que estamos ante un Sistema Universitario Nacional, sería: a) Que cada Universidad contase con una Relación de Puestos de Trabajo que reflejase racionalidad, publicidad y seguridad jurídica; b) Que cada área académica de cada Universidad respetase un sistema de tendencia piramidal (varios Catedráticos en la cúspide y un número tres veces mayor de Profesores titulares, y a su vez, un número tres veces mayor que éstos, de becarios y personal contratado en formación); y c) que el mismo área académica de distintas Universidades pero con número de alumnos y presupuesto similares, contase con semejante dotación de profesores.

 

Nada de eso se cumple en la Universidad española. Si el diablo Cojuelo volando sobre los tejados de los Campus españoles se asomase a su interior, se quedaría asombrado al encontrar : a) Que las Relaciones de Puestos de Trabajo, legalmente preceptivas para el profesorado, o brillan por su ausencia o son meros listados para salir del paso; b) Que las áreas de conocimiento desde el punto de vista de plazas docentes adscritas, podrían representarse como un paralepípedo e incluso como pirámides invertidas ( con mas Catedráticos que Titulares); c) Que la misma disciplina, por ejemplo, Derecho Administrativo o Constitucional, en Universidades de similar financiación y necesidades objetivas, ofrenden cifras de profesores diametralmente opuestas.

 

6.  Basta ilustrarlo con un ejemplo real, y no hay mejor ejemplo que el que se tiene a mano por haberlo vivido personalmente. Pues bien, en el año 1998 el entonces Director General de Universidades e Investigación de la Comunidad Autónoma del Principado efectuaba las siguientes declaraciones a la prensa  como justificación de su oposición a la pretensión del Rector de incorporación de más de 250 plazas de profesorado y de implantar por entonces 38 nuevas titulaciones:

 

“ Si se implantan 38 titulaciones como propone el rector podemos acabar con una catástrofe universitaria. Un crecimiento desaforado frente a una baja demográfica que, según el Consejo de Universidades, hará que los alumnos pasen en siete años de 38.000 a 22.000, es como dos trenes circulando por la misma vía en sentido contrario. El choque es inevitable. Dentro de unos años puede haber una masa de profesores prejubilados y de jóvenes con una flamante titulación inadecuada en ese mercado laboral” (Diario La Nueva España, 15/11/98).

 

La profecía se cumplió. El tiempo da la razón, aunque sea tarde para remediarlo. En 1998, había 1.800 profesores y 38.000 alumnos en la Universidad de Oviedo. Once años después hay 2100 profesores y 24.000 alumnos. Y muchas titulaciones agonizan por falta de alumnos. Por favor, releer en silencio estos datos y dejar la mente libre, como recomienda la sabiduría oriental.

 

7. Ante este dato objetivo expuesto, a Sevach le brotan dos preguntas claves para reflexionar, teniendo en cuenta que el caso de la Universidad de Oviedo fue el modelo generalizado en las Universidades españolas, y por tanto el problema es general:

 

A) Si la tendencia demográfica del alumnado iba en caída libre, y la Universidad se lanzó a incrementar la plantilla (algo así como construir Catedrales cuando los feligreses disminuyen): ¿No hubo un estudio económico-financiero, un Plan estratégico, un informe del Consejo Social o de la Comunidad Autónoma, o del Estado que mirase mas allá del presente?.  Respuesta: No. El único Plan Estratégico era dar respuesta inmediata a las demandas corporativas de crear plazas.

 

B) En la década de 1990 a 2000, cuando los alumnos propiciaban la masificación de las aulas con cifras mareantes, todas las demandas de financiación de la Universidad se asentaban sobre un mantra simple: el número de alumnos. En cambio, desde el 2001 al 2009, todas las demandas de financiación de la Universidad se apoyan en un criterio matemático: el número de profesorado. ¿ Por qué cambió el argumento básico de la exigencia de incremento presupuestario?. Respuesta: Como el lema de la cadena Media-Market, porque los Rectores no son tontos y hay que esgrimir sólo los datos que benefician. La paradoja es que ahora las Comunidades Autónomas tienen la respuesta muy fácil: “no es cierto que hayamos reducido la financiación de la Universidad, sino que la hemos aumentado, pues basta ver la financiación per cápita de alumno”. Y claro, como los alumnos descienden , aunque no se aumente un euro la subvención autonómica anual, la financiación parece aumentar pues todos saben que si el dividendo se mantiene (cantidad subvencionada) y el divisor disminuye (número de alumnos), el cociente aumenta (financiación per cápita de alumno).

 

Al final, es un diálogo de sordos. La Universidad pide y la Comunidad Autónoma se resiste a los requiebros como la mozuela que ya fue engañada en el pasado por el apolíneo galán, y sabe que mas tarde o temprano sucumbirá nuevamente a sus asechanzas.

 

8.  Por eso Sevach cree o quiere creer que, al igual que las empresas públicas de la minería española y los grandes corporativismos ibéricos, la solución sólo puede venir de Europa. Y así sería deseable que Bolonia, aprovechando los nuevos vientos del Tratado de Lisboa, no significase sólo reconversión de titulaciones y estatuto de movilidad de alumnos, sino que desde Europa se adoptasen medidas para unificar el régimen del profesorado, su dedicación, su forma de contratación y forma de extinción, la ratio de plazas entre las distintas categorías académicas y .. ¿por qué no?, sus retribuciones.

Y de paso si el Proceso de Bolonia va acompañado de unas líneas básicas de un sistema de financiación homogéneo, previsible y objetivo que de seguridad a las Universidades, pues podemos darnos por satisfechos… pero eso sí, no olvidemos que la boloñesa es una salsa que acompaña a la “pasta” , que es justamente la que necesitan las Universidades.

 

Se dirá que Europa tiene otras finalidades, que hay que respetar la autonomía política de las Comunidades Autónomas, que no puede Europa poner sus sucias manos sobre la purísima autonomía universitaria, y se abrirán muchos debates, jornadas, estudios, dictámenes y Libros de todos los colores que, como siempre, culminarán con el autobombo de las Universidades, para asegurarse de que los cambios sean pocos, lentos y con un pan bajo el brazo.

 

Es de justicia señalar que voces de gran prestigio reivindican mayores cotas de autonomía en las Universidades, particularmente en la vertiente financiera,  situándola como una asignatura pendiente de la Unión Europea que ha puesto mucho énfasis en la autonomía universitaria, pero no se ha conseguido su efectividad ya que las grandes decisiones quedan en manos de los gobernantes en clave política.  Y en este punto, Sevach desea señalar que no es incompatible la armonización del Estatuto del profesorado universitario europeo con la autonomía universitaria en sus justos términos (libertad de cátedra a tope, libertad de investigación sin dirigismos y un estatuto digno en medios y tiempo para su noble tarea); nada mas lejos del ánimo de Sevach que recortar la autonomía universitaria pero sí el atajar los desafueros de esa autonomía cuando afectan al corazón de la institución: al reclutamiento del profesorado y sus condiciones de trabajo.

 

Y si Europa falla, pues alguien con bisturí de hierro tendrá que coger el toro por los cuernos y establecer criterios imperativos para que se rediseñe el enloquecido mapa de titulaciones universitarias (multitud de oferta con gran proximidad geográfica y pocos clientes) y se pueda acometer la reconversión de profesores excedentarios hacia áreas o cometidos donde pueda aprovecharse su ciencia.

 

Bien está la autonomía universitaria, como la mayoría de edad para los hijos, pero bueno sería que las Universidades recordasen la parábola del hijo pródigo, y obrasen en consecuencia. Lo curioso es que los responsables no son los profesores individualmente considerados, ni los sindicatos, ni las asociaciones de alumnos, pues al fin y al cabo cada uno lucha por sus intereses legítimos. Además el problema de insuficiencia financiera es crudo puesto que  “el cáncer está avanzado”, y  las plantillas son rígidas a la baja y hay poco margen para el ahorro presupuestario. En fin, que todos eran felices hasta que el Titanic universitario chocó con el iceberg de la crisis económica. Y no hay botes salvavidas para todos.

0 comments on “¿Necesitan las Universidades una financiación a la boloñesa?

  1. Tu análisis es convincente, aunque con un punto de pesimismo. Sin embargo, donde te pasas de optimista es cuando dices que en las Universidades hay una ” mayoría de extraordinarios profesores, con grandes dotes docentes y productividad investigadora fecunda y útil”. Mas bien creo que son minoría.Cuando estudiaba Derecho sólo el 10 por ciento de los profesores pasarían el umbral mínimo de capacidad docente, investigación y asistencia al alumno ( los demás o vivían encumbrados, o no estaban o pasaban). El problema es que, conociendo los profesores universitarios tras veinte años como letrado, y escuchando a mi hija en su segundo año de licenciatura en Quimicas, siento lástima como ciudadano y como contribuyente.¡¡ Y eso que hablo de una Universidad madrileña “de excelencia”!!

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  2. solo decir que después de unos años trabajando para la universidad más grande de España, ha podido observar como la universidad se ha dedicado a aumentar el gasto suntuario y accesorio y, especialmente, ha dilapidado cualquier posibilidad de hacer dinero por el riesgo que supone tener que rendir cuentas sobre cualquier cosa que hace.

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  3. Estoy de acuerdo con el artículo, si bien al igual que la primera persona que comenta tu artículo sobreponderas a los buenos profesores…
    Provengo de la Universidad donde estuve 3 años despues de acabar mi carrera y puedo asegurar que el número de profesores “decente” no superaba el 10%… Hubiera querido yo verles a alguno de ellos en el ámbito privado o simplemente en la vida real.

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  4. Lo mismo digo: a lo sumo 10-20% de los profesores llegan al mínimo exigible… Es vergonzoso.

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  5. Juan Manuel del Valle Pascual

    Hombre, las universidades necesitan mejor financiación para Bolonia, pero mejor gestión para justificar la autonomía de las universidades. No tiene mucho sentido que descienda la demanda estudiantil y crezca la oferta de profesorado sin atender a las necesidades de las áreas de conocimiento o las titulaciones emergentes. Y las comunidades autónomas podían ocuparse de la racionalidad de la dotación de plazas, la calidad y cantidad del servicio prestado y la gestión económica y administrativa, que eso no es libertad académica, pero es el presupuesto necesario para que la haya.¿ Qué pinta tanto académico gestionando para no tener que dar las clases que le tocan, y qué pinta el personal administrativo sin ser creativo sobre la mejora de la gestión? Criticar lo ajeno es más fácil que mejorar el servicio que se presta.

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