El mundo de las oposiciones al empleo público es un terreno competitivo, y hay que asumir que el azar o la mejor preparación de los competidores puede cruzarse en el camino y tumbar las expectativas de los mejor preparados. Lo que no puede aceptarse es que la subjetividad del Tribunal juegue con el esfuerzo y la ilusión de los opositores. Eso explica la siguiente crónica, referida a oposiciones a cuerpos superiores donde la prueba de recitar oralmente temas extraídos al azar es la estrella, que cada cual puede leer a su gusto y entre líneas.
Escenario: Una oposición libre para cubrir un puñado de plazas de un Cuerpo Superior cualquiera en una Administración autonómica cualquiera, sabiendo que cualquier parecido con la realidad es pura realidad.
Acto I. Los opositores
Los opositores convocados esa tarde de Mayo al examen oral esperan el aviso del Tribunal. Están nerviosos. Ya han superado el primer ejercicio y ahora se someten a la prueba de fuego consistente en exponer cuatro temas extraídos al azar durante una hora. Se miran como cuatro condenados a muerte que confían en el indulto de última hora. Los minutos de espera se hacen interminables y una extraña solidaridad en el trance se teje entre los aspirantes. Comentan los posibles aprobados en días anteriores. Susurran sobre la actitud del Tribunal. Se lamentan de su propio agotamiento. Cada vez que es llamado uno de ellos, los restantes le desean suerte, aunque saben que la suerte del rival puede suponer su propia derrota pues hay mas aspirantes que plazas.
Acto II. El examen
Tras comprobar la identidad del aspirante, el Tribunal observa su actitud respetuosa, con indumentaria discreta mil veces meditada, mientras se sienta frente a la sobria mesa, donde reposa el vaso de agua y un temario fotocopiado del Boletín oficial.
Los cinco vocales del Tribunal no ocultan su galvana y miran al aspirante como el animal protagonista de un documental del segundo canal. Ya se ha comprobado que el número de bolas coincide con el de los temas sujetos a exposición oral, y se depositan en la bolsa opaca. El aspirante tiende su mano dentro de ese saco de cristales, temeroso de cortarse si toma la bola equivocada. Tras extraer las cuatro bolas, por el solo dato de leer el número, y sin necesidad de consultar el Programa, el opositor ya sabe si ha tenido suerte o desgracia en su ciega elección.
Aprovecha los quince minutos de reflexión o preparación previa que concede la convocatoria, para ordenar sus líneas de la exposición, tomar notas de ayuda, y exprimir el cerebro para ocuparse preferentemente de los temas mas flojos. El cerebro rumia los temas a velocidad de vértigo. Una vez agotado ese tiempo preparatorio, que discurre vertiginosamente, con la venia del Tribunal, pulsa el botón del cronómetro ( o mira el reloj) y se lanza a jugarse varios años de su vida en un sermón sobre los temas que le han tocado en suerte.
El opositor lleva varios años enfrascado en el estudio, con sacrificio de tiempo, dinero y energías. Se juega la comodidad de un futuro con su esfuerzo del pasado. Avanza exponiendo los temas con claridad, sistemática y exactitud. Con precisión matemática, cada quince minutos cambia de tema, dosificando su contenido como un buen jugador de siete y media: ni quedarse corto ni pasarse. Ha aplicado una entonación levemente monótona pues los temas no son ningún monólogo del Club de la Comedia, pero se ha cuidado de verter muchas normas, citas de jurisprudencia, enlazar conceptos y todo ello, aderezado con lógica. Letra y música bien interpretadas. Son muchas horas de ensayo para que el día del estreno salga mal.
Mientras su voz rompe el silencio con datos de leyes, trámites y actuaciones públicas, se ha cuidado de mirar a los ojos de cada miembro del Tribunal para buscar su complicidad y ha encontrado gestos de asentimiento y miradas de atención. Ningún gesto de nerviosismo ni inseguridad. Cuando el gong silencioso de su reloj marca la hora, finaliza su exposición, mira al Tribunal, y tras recibir una amable despedida, abandona la Sala de forma exultante, como torero que ha conseguido una buena faena.
Acto III. La trastienda del Tribunal
Los cinco vocales del Tribunal han examinado al aspirante. Ha sido agotador. Es difícil escuchar sin interés tal caudal de datos en horas de siesta y sin moverse del púlpito. La mayoría de ellos han desconectado la atención tras los primeros cinco minutos de exposición y han regresado a su cuerpo astral a intervalos al mejor estilo de la película Ghost. Para el Tribunal, la hora de exposición resulta tediosa, y el torrente oral de datos que vierte el opositor acaba convirtiéndose para el Tribunal en el rumor de una cisterna, que no molesta mucho y que solo hay que esperar a que se calle.
Afortunadamente, el aspirante no puede oír los pensamientos de los miembros del Tribunal. Un vocal piensa para sus adentros que las dietas no compensan esa tortura. Otro reconoce en su fuero interno que no tiene ni pajolera idea de los temas que está exponiendo el aspirante. El tercero aprovecha la exposición para hacer repaso de sus asuntos personales, eso sí, sin dejar de mirar al aspirante. El cuarto toma notas de vez en cuando para no dormirse o para aparentar erudición. Y el quinto mira al aspirante con aparente interés, pese a que su criterio vendrá determinado por cierta recomendación de un amigo, familiar o jefe.
Al deliberar, el Presidente lleva la voz cantante, y cuenta con la complicidad de un vocal que, como fiel escudero, seguirá su criterio a pie juntillas (al fin y al cabo, son de la misma promoción o coincidieron en algún destino burocrático). Otro vocal no quiere problemas y presume que el Presidente y su mamporrero deben poseer conocimientos que él desconoce. El cuarto vocal apoyará cualquier propuesta con tal de que cuando llegue la hora de sus recomendados, estos puedan salir adelante. Y el quinto, es el vocal formado sólidamente y de buena fe, que intentará tímidamente convencer a los restantes vocales, y que abrumado por las mayorías se dejará vencer por su criterio. Además en algo coinciden todos: en que hay que calificar pronto porque ya es tarde.
A veces ese reparto de roles en el Tribunal cambia según el aspirante a examinar, pero casi siempre hay un vocal como comparsa o tonto útil. Para saber qué vocal se ha dejado llevar por la corriente basta con aplicar el criterio de los jugadores de póker que en la mesa se preguntan quién es el primo a desplumar: “ Si te preguntas quien es el primo, no lo dudes, ese eres tú”.
Acto IV. La hora de la verdad
Las notas son publicadas en el tablón del lugar de examen, o por internet, como pasquín de ajusticiados. La inmensa mayoría de los aprobados lo son por méritos propios. Buen examen, buenas dotes y justa compensación a su esfuerzo. No es fácil dominar el temario y aguantar la hora y el que se sacrifica debe cosechar su fruto.
Hay aspirantes para los que la calificación de «no apto» no supone sorpresa alguna, pues la sorpresa sería aprobar. Sin embargo, media docena de los aspirantes siente un desgarro interior al no verse en la lista de aprobados. No son opositores que hayan ido a probar fortuna al azar, ni tampoco unos frívolos o vagos. Son opositores muy autocríticos, disciplinados y recuerdan con honestidad que su ejercicio fue impecable, exacto y completo. Sin embargo de forma inexplicable no figuran en el listado. Sospechan que otros ocupan su lugar en la lista de aprobados, aspirantes que han dado un mínimo digno de conocimientos, pero que no alcanzaron la soltura y volumen propia de algunos de esos aspirantes injustamente suspendidos. Su queja no va contra estos opositores aprobados al límite, sino contra la exclusión de quienes tenían nivel suficiente pese a existir excedente de plazas. Estos opositores sacrificados, que creían en el sistema, han recibido un dardo mortífero desde un lugar insospechado: un Tribunal que se anunciaba como imparcial, cortés y formado.
El resultado del primer ejercicio ( por escrito, general y de relacionar) ya ofrecía pistas del pintoresco modo de evaluar del Tribunal pues a la vista del listado de aprobados, se desató un clamor ya que ni aprobaron todos los que estaban preparados, ni suspendieron todos los que no lo estaban. Pero el resultado del segundo ejercicio confirmó la felonía. Si malo es aprobar a quien no lo merece, horrible resulta suspender a quien merece aprobar. Ahí radica el error o la ignominia.
No hay explicación. Es inútil buscarla o reclamar al Tribunal, ya que la discrecionalidad técnica soporta todo tipo de crímenes. Los exámenes orales son un cheque en blanco para un Tribunal calificador y además no dejan huellas del examen realizado para someterlo a control jurisdiccional. A toro pasado, la amabilidad forzada del Tribunal con los aspirantes se evidencia como escenificación para acallar la conciencia. Mejor hubiera sido menos cortesía y mayor ecuanimidad, pues el resultado es bochornoso para el Tribunal y para la Administración que representa: Impunidad para los miembros del Tribunal Calificador e impotencia para el aspirante injustamente suspendido.
Acto V. Telón
Tras la escaramuza, el campo de batalla está sembrado de cadáveres vivientes. No es fácil meterse en el cuerpo de quien ha sacrificado varios años, de quien ha dado todo de sí, notoriamente domina el temario, y se encuentra con una decisión tomada con frivolidad, quizás por razones inconfesables y muy posiblemente alejada de ese mantra del mérito y la capacidad que la Constitución predica.
Para mas inri, había mas plazas que aspirantes. En tiempo de crisis económica, a sabiendas de que la paralización de las Ofertas de empleo comportará una travesía del desierto que minará la salud y juventud de los aspirantes, el Tribunal con olímpica insensibilidad deja vacantes la quinta parte de las plazas. ¿Acaso tomó como regla general el inaceptable criterio de ir aprobando uno cada día? ¿ quizás al percatarse del excedente de plazas consideró egoístamente que ya había cumplido su trabajo y que los años de cada aspirante no merecían una revisión o repesca?, ¿acaso el Tribunal se consideró tan infalible como el Papa, con capacidad de ir calificando a los opositores de forma dinámica y sin mirar atrás ni efectuar una necesaria valoración comparada al término del examen?, ¿ es justo que los que aprobaron el primer ejercicio general estén en igual situación que quienes se atragantaron con un examen oral y aguantaron a pie firme la exposición?.
Son opositores desgarrados. Su fe en la justicia se desploma. También en el sistema. Su autoestima baja varios escalones. Nada vuelve a ser igual en su interior. La fábula de la cigarra y la hormiga ha cambiado su final, pues aunque la mayoría de las hormigas laboriosas han obtenido el merecido premio de una plaza cómoda, algunas hormigas se quedan fuera en el invierno mientras que sospechan que algunas cigarras infiltradas en un Tribunal han actuado como el escorpión de la fábula: según su naturaleza.
COROS
Cuando alguien forma parte de un Tribunal calificador tiene que poseer formación, imparcialidad y dignidad, y además memoria para recordar que ellos mismos algún día compitieron por plazas, así como sensibilidad para valorar en su justa medida el esfuerzo y no bajo frivolidades.
Muy posiblemente los miembros del Tribunal desearán pasar página pronto para ocultar el borrón. Es fácil escudarse y motivar suspensos diciendo aquello de “no hay nivel”, “un tema estaba flojo” u otra banalidad o expresión comodín. No se puede jugar con las personas, ni con las ilusiones de sus familias.
Lo triste es que los miembros del Tribunal no han sabido estar a la altura de la responsabilidad que la Administración depositó en ellos, ni han sabido empatizar y colocarse en lugar del aspirante, o imaginarse a su hijo o amigo examinándose como un jabato, sin saber que la suerte en algunos casos “ya estaba echada”. Lo mínimo que tiene derecho un opositor es a una valoración ecuánime y razonada, y no a frivolidades expeditivas o prejuicios que nada tienen que ver con la capacidad del aspirante.
Quizás los miembros del Tribunal sean capaces de dormir tranquilos con el sueño del león que se zampa una gacela, pero pueden estar seguros que cuando cobren las dietas por tan chapucera labor, debieran sentirse como Judas con las treinta monedas de plata.
Por eso no es extraño que algunos preparadores de opositores, que han sabido siempre que el suspenso es posible, que la mala suerte suele torcer la justicia, y que quien no estudie no debería aprobar, tomen ahora la decisión de dejar esa labor. Al fin y al cabo, si difícil es luchar contra el temario, insalvable es jugar a la ruleta del Tribunal que toque en suerte. Y es que los opositores, como Felipe II tras la derrota de la Armada Invencible, no han venido a luchar contra los elementos… contra algunos “elementos” del Tribunal, se entiende.
Voz en off.: Los que me conocen saben que siempre he sido guerrero por causas justas, aunque estén perdidas. No me importa. Jamás critiqué ningún Tribunal calificador pues siempre consideré que los funcionarios designados para formar parte de los mismos han de gozar de la presunción de honorabilidad e imparcialidad, y también del derecho a equivocarse pues son humanos. Participé como opositor en numerosas oposiciones y como miembro de Tribunales muchas más. He disfrutado del éxito y sufrido como víctima, pero siempre consideré que había que otorgar el beneficio de la duda al Tribunal cuestionado y considerar que el suspendido siempre busca la coartada de acusar al Tribunal.
Sin embargo, lo abominable del caso concreto antes escenificado, lejos de simples berrinches, radica en que al menos que yo sepa, seis aspirantes poseían una formación excelsa, y demostraron una maestría intachable en su exposición, lo que me obliga a mostrar que, al igual que en el cuento el Rey estaba desnudo, en este caso, los vocales del Tribunal que han perpetrado la injusticia de suspender a quien no lo merecía, están desnudos de credibilidad. Nadie debe irse de rositas por aplastar inocentes.
Eso sí, es de justicia señalar dos datos
Por un lado, pongo la mano en el fuego por la vocal con la condición de Catedrático, no por esta profesión sino porque me consta por su trayectoria, formación y bonhomía, su imparcialidad y recto criterio en este tipo de lances, aunque muy posiblemente por la dinámica de los órganos colegiados y además siendo funcionaria de Administración ajena, la resultante de la voluntad del Tribunal ha sido desafortunada. Los demás vocales, por dolo o negligencia inexcusable, podrán intuir la raíz de sus errores.
Por otro lado, felicito a los aspirantes aprobados, y a sus preparadores, por las plazas cosechadas con total merecimiento. Suerte en sus destinos….y que no olviden cuando en el futuro formen parte de un Tribunal calificador que quienes se examinan son personas y merecen justicia.
En fin, para olvidar la tragedia, ahí os recuerdo mi amable Cuento de Invierno para opositores a funcionario que incorporé en un post anterior.
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yo estuve en esa misma situacion que describes. Cuando pedi informacion al tribunal me dijeron que habia dicho una barbaridad en el tema de los impuestos indirectos: en concreto que habia dicho quue el Iva era un impuesto indirecto que gravaba al consumidor final ¿alguien puede decirme donde esta el tremendo error? por cierto expuse durante una hora justa los cuatro temas a quince minutos cada uno y sinceramente creo que estaba para aprobar aunque decidieron dejar doce plazas vacantes . un beso chaves te admiro
De demagogo nada . Tienes más razón que un santo.
Tecnología punta en la selección de los mejores para trabajar en un Servicio Público, y no digamos si se trata de la Justicia bien administrada.
2000 ó más modelos de test y sorteo por ejemplo con los 4 terminaciones de la lotería nacional.
Se terminarían las influencias.
Condiciones de igualdad, mérito y capacidad.
Condicionar de una vez por todas, con técnicas actuales aleatorias imposibles de manipular, la prueba reina, infalible, matemática.
Totalmente de acuerdo. Como dije antes, la prueba está en el acceso MIR a especialidades médicas. Tipo test. Sólo pasan los mejores, y sin la más mínima sospecha de nepotismo. Y ahí tenemos el reconocimiento mundial a la calidad de los profesionales médicos en España. Creo no equivocarme si digo que tal reconocimiento no existe en los profesionales del derecho en la administración pública; más bien es al contrario.
Para saber si un examinando ha hecho bien o mal un examen oral, no hay que hacer comparaciones con el resto de examinandos. Un buen tribunal calificador sabe el nivel exigible en cada tema, y en función de ese parámetro, debe proceder a la calificación. No olvidemos que en oposiciones donde predominan los exámenes orales, como acceso a las carreras judicial y fiscal, notarías y registros, los opositores son calificados inmediatamente después de hacer el examen, y son conocedores de su nota ese mismo día. Por lo tanto, si se planteara la revisión jurisdiccional de un examen oral que ha sido grabado, el tribunal debería tener en cuenta, en principio, el examen en cuestión.
España no es puntera a nivel mundial en el mundo del Derecho, y eso se puede aplicar a prácticamente todos los operadores jurídicos. Ahora bien, cansa ya un poco, la cantinela esa tan repetida por algunos, de que tenemos la mejor sanidad del mundo. Anda ya!. Tenemos una sanidad «aseadita», pero tampoco para tirar cohetes. Desde el punto de vista de la gestión, pésima por insostenible, y desde el punto de vista de los profesionales, a la altura de las circunstancias.
Por cierto, ahora que estamos en tiempos de austeridad, sería bueno que las Administraciones Públicas dejen de hacer cosas tales como encargar informes jurídicos a bufetes muy caros, que hacen por miles de euros, lo que un funcionario de la casa podría hacer en la gran mayoría de los casos con más solvencia, y sin cobrar ninguna cantidad adicional respecto de aquella que le corresponda en concepto de salario.
Sevach, Gracias.
El profesional del test: dicese de aquella persona que acude a las revisiones con el único fin de copiar las preguntas, e inmediatamente dar parte de las mismas a las Academias. Su preparación consiste en elaborar repetidamente y durante meses los mismos cuestionarios, que suelen coincidir con los exámenes de las anteriores ediciones. En ocasiones pueden incluso llegar a redactar un texto con cierta dignidad gramatical.
Presencia: no me refiero exclusivamente a la física, sino a algo más complejo. Quizá no sea la palabra más acertada, pero las personas que han formado parte de tribunales en pruebas orales creo que entienden a lo que me refiero. No obstante, en lo relativo al recurrente tema de la indumentaria, no podemos ser tan ingenuos como para pensar que el tribunal es invidente. Al igual que con el trato hacia el tribunal con la indumentaria se exige una mínima decencia. Esto queda salvado con múltiples prendas, no hace falta ir como al cotillón de fin de año. No obstante, aquel que quiera hacer su exposición con el chandal de su equipo, con la camiseta del Sabeco o con sandalias es perfectamente libre de hacerlo.
Por último, en cuanto a lo del MIR. Corregidme si estoy equivocado pero creo que no es una oposición al uso, con sus aprobados y sus suspendidos. Si mis allegados no me engañan, se trata de un examen cuya puntuación hace media (no sé en qué porcentaje) con las notas de la carrera, y donde no existen suspensos, sino un listado de calificaciones que otorga a los examinados un orden de prelación de cara a la elección de destino. Digo lo de mis allegados porque uno de ellos sacó una puntuación de 2 sobre 10 (o 20 sobre 100) y al año siguiente empezó felizmente la residencia como médico de familia en el Hospital de su localidad de nacimiento. Con esto quiero decir que las personas que realmente quieren un destino de relumbrón sí que tienen que dar el callo, pero otras, con menos aspiraciones, no necesitan ni siquiera aprobar el examen para conseguir plaza. No obstante lo anterior, deducir que del sistema de examen MIR se desprende la calidad (o mediocridad, todo el mundo tiene sus experiencias) del sistema sanitario español, es una afirmación, cuanto menos, arriesgada..Creo que no podría compartirla salvo en barra de alguna taberna, y bien entrada la noche, o más bien la mañana..
Un saludo
Querido Sevach:
A veces ni la milenaria sabiduría china sirve de consuelo ( tú ya me entiendes).
Siempre recordaré con cariño esas clases de los miércoles en las que tanto aprendí. Muchas gracias por todo.
Resulta curioso como en un país corrupto hasta el tuétano se defiende el sistema de oposiciones como una luz de justicia y mérito. Sería, parece, un sistema ajeno a la podredumbre moral que nos asola; de selección de los más aptos. El hijo del tendero puede llegar a juez, el del guardia civil a embajador etc. Ejemplos que validarían una ley causa-efecto.
La realidad es que, y valgan todos los comentarios precedentes, el sistema se defiende o se ataca según se haya conseguido aprobar la oposición o no.
El que aprueba encuentra su lugar en un universo justo y racional. El que ha suspendido, no.
Tampoco son válidas las opiniones de preparadores cuyo orgullo y autoconepto va ligado al éxito de su pupilo.
¿Quién debería analizar cuestión tan subjetiva?
Científicos no patrios, por ejemplo: un equipo de investigadores suecos. Seguro que sus conclusiones dejaban atónito a más de uno.
Mi reflexión: asumamos que el sistema es justo pero defectuoso. ¿Cómo corregirlo? Suprimamos el Tribunal y que corrija una máquina. El que, bajo ninguna circunstancia, se deje la elección a una máquina debería hacernos reflexionar.
Excelente comentario, Pabloiseguro.
Solo añadiría, con su permiso, que esa máquina que sustituye al tribunal sea programada por los citados investigadores suecos.
¡Qué ningún español la toque porque no somos de fiar!
A la Historia me remito.
Un saludo
Hola,
me presento, ya que nunca antes había intervenido en esta web: soy técnico-letrado de una administración local y ciertamente me he sentido muy identificado con el artículo publicado.
He sido varias veces opositor, hasta que por fín logré la plaza. También he trabajado en como técnico-letrado de función pública, así que conozco el mundo opositor desde ambos lados.
Sólo quería hacer dos comentarios:
1º. La discrecionalidad técnica otorga un manto de impunidad tanto en los exámenes orales como en los escritos. Resulta prácticamente imposible ir a un contencioso-administrativo contra un examen y ganarlo. Da igual que el examen sea escrito, los jueces nunca entrarán a calificar los exámenes, para eso ya inventaron la discrecionalidad técnica, para no tener que convertirse en segundos tribunales calificadores de oposiciones, ni siquiera tratándose de oposiciones de Derecho. De todas las sentencias que analicé en la época que trabajé en Función Pública, en ninguna ví que los jueces rompieran la discrecionalidad técnica en la corrección de exámenes (en la calificación de méritos sí que lo he visto).
Sólo conozco un caso de una sentencia que revocó la calificación de un examen, y con ello un nombramiento, pero fue porque el opositor que había ganado la plaza había puesto una marca en el exámen, lo cual incumplía las bases de la convocatoria ya que permitía al tribunal calificador saber su identidad.
2º. Este comentario va para Sevach, y para aquellos otros que no estén de acuerdo con la opinión del resto de los miembros del tribunal calificador: Con arreglo a la Ley 30/92 LRJ-PAC, en los órganos colegiados siempre existe la posibilidad de emitir un voto particular, en el que se explique el sentido del voto. Creo además, que es una obligación moral hacerlo, aunque exista el riesgo de grangearse enemistades.
Un saludo y felicidades por esta maravillosa web.
Hola, soy Pepi Moreno de la Provincia de Málaga. Después de haber leído el artículo me ha parecido adeucuado contar lo que nos ha sucedido a los Opositores del turno de movilidad del grupo A2 al A1, en la especialidad de Formación y Orientación Laboral.
Antes de presentarme a las oposiciones ya había oido rumores de que no se iban a dar las plazas, es más, me lo confirmaron personalmente y no quise creerlo. Aún confiaba en la buena voluntad de las personas, en su imparcialidad y su saber estar, sin embargo, cuando ví las notas el 16 del presente, no podía dar crédito a lo que estaba viendo, había bordado mi tema, un tema sobre salud laboral, concretamente fue el tema 60: enfermedades profesionales………., lo bordé, salí supercontenta, después de haberme levantado a las 4 de la mañana porque a las 8 tenía que estar en Jaén en el I.E.S. El Valle, y fuí la última en exponer mi tema, me encerraron a las 4:30 y a las 5:30 empecé la exposición y el planteamiento didáctico, y todo se fue desarrollando como yo esperaba. Estaba supertranquila y muy segura de mi mísma porque después de haber impartido el módulo de F.O.L. tanto en los Ciclos Superiores como en los Medios, durante 5 años y haber sido jefa del departamento de F.O.L. durante dos años tenía la tranquilidad y la seguridad de que podía sacar mi oposición sin problemas, que ingenua yo. Los rumores se han cumplidos no han aprobado a nadie, teníamos 30 plaza para el grupo de movilidad y nos presentamos 16, quedaban 14 plazas para el turno libre, pero no se han conformado con las 14 plazas nos han robado las 16 que eran nuestra, ni siquiera han dado una plaza, porque la nota más alta ha sido de 4.910, si no reuerdo mal. Lógicamente como la nota global esta compuesta por el 55% del oral, siempre que tengas un 5, y el 45% de los méritos, pues el resultado es un suspenso, porque lógicamente si sacas un 5 del global estas aprobado porque hay plazas más que suficientes. Así que, de verdad esto indignada, porque tanto esfuerzo, tanto trabajo, el montón de dinero que he tenido que gastar, en abandono familiar al que he somitido a mis hijos y mi marido para estudiar, los días tan maravillosos que he perdido estudiando y estudiando para ver cumplidos mis sueños: ser titular de la plaza de F.O.L. por la que he luchado tanto, primero estudiando la Licenciatura y después preparando oposiciones y consiguiendo méritos a través de cursillos, trabajos desarrollados, etc……, y todo para qué, para que la propia consejería de educación de la junta de andalucía, haya dado las ordenes al tribunal de oposición para que no apruebe nadie, porque otra explicación no hay, y digo que no hay, porque el 70% del temario de F.O.L. pertenecía a las antiguas Prácticas Administrativas, hoy Procresos de Gestión Administrativas y Procesos Comerciales de la cual soy titular y llevo impartiendo desde Febrero del 92. Sin embargo, según el tribunal nº 8 de Jaén no estoy preparada para dar F.O.L. porque me han dado un 2.10 en mi oral, cuando en el concurso de méritos tengo un 7.70 después de haberme quidado más de dos puntos porque me paso los máximos del baremo.
Lo que ha pasado con F.O.L. en las Oposiciones del presente año 2010 de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, no tiene nombre, aunque yo lo he calificado de Crimen, para nosotros ha sido un verdadero crimen, porque los crímenes no son sólo físicos también son psicologícos y de eso sabemos los de F.O.L. cuando hablamos de enfermedades profesionales.
No es la primera vez que pasa, por lo visto llevan haciendolo varios años. A mi concretamente me ha tocado vivirlo este año porque es la primera vez que me presento por el turno de movilidad.
No puedo negar la rabia que me empuja a impugnar las oposiciones, sin embargo el hecho de lastimar a otras personas me hace pensarlo 2 veces, así que aquí estamos, intentando ser lo más sensata posible para evitar, en la medida de lo posible que esto siga ocurriendo en años venideros, ya no sólo por mi sino por tantos y tantas compañeros que nos hemos presentado por el turno de moviliad en las distintas especialidades, que han sido un total de 1570 plazas, si no recuerdo mal. Ah, se me olvidaba, y lo sindicatos no han hecho nada, de nada, y lo sabían, lo saben todo, pero no han movido ni un solo dedo, ni lo van a mover, para ellos 1570 afialiados no tiene importancia, porque no tienen vista de futuro, porque si tuvieran vista se darían cuenta que 1570*120Euros*10 años es una pasta gansa para mantener un Sindicato, sin embargo, se han conformado con la proprina que les ha dado el Gobierno. En fin, si alguien quiere darme un consejo sobre el tema que me envie un email a: Peflor@hotmail.com
Impresionante, nunca nadie había narrado con tanta exactitud las «miserias» de un aspirante y las miserias (sin entrecomillar) de muchos tribunales de selección. Cierto es que olvidan lo que fueron, si lo que hiceron mereció un aprobado! felicidades
Me uno a la opinión de Sevach, aunque sea mucho tiempo después de ste post, que acabo de leer hoy mismo. A mí, me ha ocurrido dos veces ya algo parecido en un administración autonómica, de cuyo nombre no quiero acordarme. En la primera, tuve que soportar la humillación de un Tribunal nombrado a dedo por el Jefe del Servicio correspondiente, en el que sólo aprobó la persona interina, elegida también previamente a dedo por él mismo impresentable sujeto para serlo. En la segunda, pude comprobar como los distintos miembros del Tribunal examinador, puntuaban el mismo examen, es decir el mío, con un 7, con dos 5,50, un 5,00 …….y con un 1,50…!!, resultando de todo ello una nota final de suspenso, con un 4,90. También en las dos ocasiones que narro, había muchas más plazas que aspirantes.
En cualquier caso, me gustaría reseñar que hay un elemento diferencial entre las oposiciones a la Administración General del Estado y las autonómicas, sobre todo las pequeñas, o las locales. Y no es otro que, precisamente, el tamaño. El tamaño, señores, en este caso también importa, y es que estas pequeñas administraciones están plagadas de amiguismos, favoritismos, influencias, reyezuelos de taifas y dictadorzuelos de república bananera, ya sean estos políticos o funcionarios, que pretenden hacer de la administración pública su cortijito particular. Yo, personalmente, los he conocido y en la administración de la que hablo existen algunos todavía, que por supuesto, son los responsables de esos episodios de los que hablo.
No obstante, quiero lanzar un mensaje de optimismo, ya que yo, después de haber pasado por los aciagos episodios que he narrado, obtuve finalmente dos plazas por el turno libre en la administración en dos cuerpos diferentes de la administración autonómica en la que resido, lo cual indica que, como solía decir don Camilo José Cela, en este país, el que resiste, vence. Un saludo.
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