Procesal

Cuando se rompe el amor entre abogado y cliente

La ruptura de las relaciones entre abogados y clientes, como los noviazgos actuales, está a la orden del día.

 

discusion con el abogado La reciente noticia de que el trapacero Bárcenas cambiaba de abogado, o mas bien que éste cambiaba de cliente, por “pérdida de confianza”, o “discrepancia profesional”, impone una reflexión sobre las causas por las que la relación de cordialidad y solidaridad entre abogados y clientes, al inicio de la contienda judicial, se trunca en algunas ocasiones a lo largo de su desarrollo, en desconfianza y tensión. Así, no es infrecuente que la relación que se inició con un enérgico estrechón de manos entre cliente y abogado, seguido de trasiego de papeles y confidencias quede convertida en declaración de hostilidades y portazo. Veamos.

I. En primer lugar, las razones de tales desencuentros.

1. El vil metal. O bien el abogado no cobra lo que cree que se le debe o bien el cliente cree que ya le pagó bastante. Cuando nace la relación profesional, especialmente en época de crisis, numerosos abogados no solicitan provisión de fondos, aunque se reservan la solicitud de abono de gastos sobrevenidos. Una vez “metido el pie en la puerta” del servicio contratado, el cliente puede verse sometido al abono de gastos procesales inesquivables y que pueden alzarse en factor de conflicto entre abogado y cliente ( y no digamos si tropezamos como en una cruel fábula con un perfil de un “abogado avaricioso” o un “cliente tacaño”, que aunque no sea la regla, de todo hay en las viñas litigiosas).

2.La falta de resultados. No es infrecuente que el cliente, que vive en el actual contexto de servicios de prestación inmediata, crea que la Justicia es como el Telepizza y que, “como tiene razón”( o cree tenerla) la sentencia se demora. Por mucho que el bueno del abogado le explique que son demoras estructurales y que no depende ni del letrado ni del juez el ritmo de desarrollo del litigio, el cliente no quiere comprenderlo. Si además no falta algún “enterado” que le hace brotar la sospecha de que el abogado no impulsa el asunto como debe ( pese a que cada pleito y su dinámica es singularísimo) pues el conflicto está servido.

3.La falta de información. La información entre abogado y cliente deber ser como la que ha de imperar entre médico y paciente: lealtad, claridad y respeto. Si el cliente oculta datos, o si el letrado no informa del estado del litigio o responde con evasivas, llega un momento en que la paciencia del abogado o del cliente puede llegar a un límite y estallar. Ya me ocupé en un artículo anterior de la figura del abogado caradura

4.La decepción. A veces el abogado peca de imprudencia y se lanza a exponer de buena fe a su cliente elucubraciones que se verán desmentidas en el proceso: “ Está ganado”, “ acumularemos el pleito”, “ nos admitirán estos testigos”,etc… Los abogados veteranos saben que el condicional y el subjuntivo son los mejores aliados del abogado cuando habla con su cliente ( “pudiera ser”…” podría…”…), huyendo del futuro indicativo ( “ganaremos”) o del futuro imperfecto (“ admitirá”, “contestará”, rechazará”,etc). De esta manera, un cliente que ve como los pronósticos de su abogado se ven frustrados, pierde la confianza. El momento crítico tiene lugar cuando se pierde en una primera instancia y el abogado tiene que “renovar los votos de confianza” pero no habrá problema si al inicio de su relación ya se anticipó esa posibilidad y si con claridad y realismo se exponen los puntos débiles y fuertes de la sentencia adversa que ahora se combate.

He conocido abogados, afortunadamente una exigua minoría, que de forma imprudente corrían con el auto favorable de medidas cautelares a informar a su cliente de forma triunfalista sobre la inminente y laboriosa victoria pues aquéllo permitía auspiciar el desenlace. O que exhibían el auto de admisión de la demanda como prueba irrefutable de que el pleito iba por buen camino.Todo ayuda, pero el realismo y la prudencia nunca sobran

II. Al final, tanto abogado como cliente, son personas y serán sus rasgos de probidad, veracidad y buena fe, los que marquen el desarrollo de su relación. Cuestiones de ética personal y profesional que, como en todas las profesiones, vienen suministradas en distintas dosis y eficacia según las personas. Ya el maestro Carnelutti lo expresaba claramente respecto del modelo italiano pero con afirmación de validez universal: “Ciertamente, nuestras leyes procesales no son perfectas; pero, en primer lugar, son bastante menos malas de lo que se dice; en segundo lugar, aunque fuesen mucho mejores, las cosas no andarían mejor, pues el defecto está, mucho más que en las leyes, en los hombres…” (” Como se hace un proceso”).

Proceso

III. Las raíces objetivas de los posibles desencuentros vienen dadas por aspectos inherentes a todo litigio. A mi juicio, las principales serían las siguientes:

A) El primero, la incertidumbre ya que estamos ante cuestiones jurídicas que están sometidas a variadas interpretaciones o bien ante hechos cuya probanza es dificultosa, de ahí que las certezas del cliente en su fuero interno ( “tengo razón”, “sucedió así”,etc) colisionan con la cautela del abogado ( “hemos de argumentar nuestras razones”, “intentaremos probarlo,etc”.)

B) El segundo, el subjetivismo de la estrategia procesal. No hay un solo camino en los litigios. Hay múltiples opciones procesales. Por ejemplo, en el mundo contencioso-administrativo en ocasiones hay que decidir qué tipo de pretensión se ejerce ( anulación, condena o ambas), qué actuación se combate ( inactividad o esperar la actuación expresa), que cuantía se pide ( y que puede determinar el tipo de procedimiento o régimen de recursos), a quien demandar o codemandar, qué fundamentos exponer o dejar en segundo plano, cómo se pide la ejecución de la sentencia,etc. Múltiples decisiones que suelen quedar en manos del abogado y que como tales comportan riesgos, o explican que asuntos similares tengan desenlace diferente con distintos abogados ( pese a que ambos han mostrado diligencia),etc.

C) El relativismo de la jurisprudencia o del criterio de cada “parroquia judicial”. No es fácil para un abogado explicarle a su cliente que ese Juzgado tiene un criterio distinto del vecino, o que la Sala patrocina otro, o que el Supremo ha mostrado ambigüedad y contradicción sobre una cuestión, o que el Tribunal Constitucional desautoriza a unos y otros de forma impronosticable.

D) Las tensiones entre Derecho y Justicia que pueden poner en un brete a los abogados cuando encaran un caso. ¿ Debe llevarles la lealtad como profesionales a aprovechar un subterfugio legal, la letra pequeña o un desliz de la contraparte, para poder conseguir una sentencia estimatoria para su cliente pero injusta?, ¿ o por el contrario, deben alzarse en esfinges protectoras de la Justicia y renunciar a estrategias cuestionables que podrían comportar el éxito?. Se trata de grandes y eternas cuestiones que como todo no admite respuesta tajante. Es innegable que pueden darse casos límite (especialmente en el mundo penal) donde la conciencia del abogado debe vencer su tentación de conseguir un fallo a cualquier precio, pero por lo general, el sistema deposita en el juez el papel de portavoz de la justicia, de manera que un abogado hace y debe hacer su trabajo sirviendo al interés de su cliente e ilustrando al juez de los hechos, normas e interpretaciones. En la inmensa mayoría de los casos, aunque resulte difícil aceptarlo, la conciencia del abogado debe quedar aletargada pues su beligerancia hasta el punto de perjudicar a su representado, perjudicaría la igualdad de partes en el proceso, supondría un engaño al cliente y una perversión del sistema al suplantar de forma anticipada al juez.

Algún día me extenderé en un post sobre la condición free-lance del abogado ( expresión cuyo origen radica en los caballeros medievales que ponían su “lanza” al servicio de uno u otro señor según la protección o prebenda que recibiesen).

IV. Por cierto, ya que hablamos de procesal, vaya nuestro modesto homenaje a la figura del que fuere eminente Catedrático de Derecho Procesal, Víctor Fairén Guillén fallecido el pasado 13 de Julio.

Baste recordar su prolífica obra, quedándome con un pequeñísimo pero divertido botón de muestra, referido a un artículo de significativo título: “La publicación electrónica de las leyes y el aforismo ” se obedece pero no se cumple”(Revista General de Derecho y jurisprudencia, 2010, pp.35-66).

 

 

6 comments on “Cuando se rompe el amor entre abogado y cliente

  1. También cabe otro supuesto que creo trataste en otro post: el del cliente que el abogado abandona o invita a acudir a otro compañero, por haberse convertido en un pelmazo que considera que su pleito es el único del mundo y que se considera “abogado de hecho”. Son casos en que la minuta de honorarios no se hace por horas ya que sería ruinosa para el cliente, y el abogado se ve obligado a dejar al cliente para que no le resulte ruinoso a él. Saludos.

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  2. Creo que falta una que no es poco importante, los honorarios ! El no pago de honorarios pactados, o la falta de acuerdo.

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  3. Tal vez falta el más importante, el que nos pasa muy de vez en cuando : Cuando el cliente nos pide algo y sabemos además que si decimos que no, perdemos el cliente y además hay una fila enorme de colegas dispuestos a decir que sí. El día que decimos que no pese a todo, nos convertimos en algo más que en un buen abogado: en definitiva en una buen persona

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  4. Estoy de acuerdo en su integridad con la anterior publicación; pero lo cierto es que desafortunadamente dentro de nuestra profesión hay colegas y no pocos, que ejecercen la profesión con falta de ética y providad a sabiendas. Ahora bien, hay muchísimos Colegas que actúan con todo el profesionalismo requerido y sentido, es decir. lo hacen por convicción y no porque el ordenamiento jurídico así lo exija.

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  5. El problema es que el Derecho no es una ciencia exacta. He visto casos en que un abogado dice “no”, esto está perdido, y luego se ha ganado. E incluso, abogados que dicen al cliente que no cabe recurso ante una sentencia y luego se recurre y se gana.

    Es normal que el cliente busque todos los recovecos y recursos. El buen agogado y honrado abogado debe asesorar y hacer lo que dice el cleinte si es posible, aunque las posibilidades sean escasas y resulten costas.

    Como todo, hay abogados avispados, estirador, honrados y honrados y trabajadores hasta extremos por su cliente.

    Es un a reflexión.

    Saludos

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