Libros y Jornadas

Si los jueces pensasen como científicos

justiciaLeo el estupendo artículo sobre científicos del que calificaría admirativamente como bioperiodistaquímico, Pere Estupinya titulado sugestivamente “ Piensa como científico, no como un abogado” y que plantea la curiosa diferencia entre el científico y el abogado. El científico aplica un método sin perjuicios pues se enfrenta al problema, plantea hipótesis y luego extrae conclusiones. En cambio, el abogado actúa a la inversa, pues arranca de la meta (quiere la victoria para su cliente) y construye hipótesis para apuntalarla.

 

1.Lo expresa bellamente el artículo:

 Me dicen que les llega un cliente pidiendo que defienda sus intereses en un caso, se plantean unos objetivos, y empiezan a buscar pruebas que los respalden. Aparentemente lógico. No nos suena extraño. Pero no puedo dejar de pensar que representa el proceso inverso de la metodología científica: el investigador primero busca evidencias y luego saca conclusiones. En cambio el abogado parte de unas conclusiones y a posteriori busca pruebas para defenderlas. Incluso trata de esconder las que le sean contrarias. Algo chirría.

Ya sé que muchos científicos malos hacen lo mismo, y que el abogado es parte de un sistema donde también hay fiscales, jueces y procedimientos. Y reconozco que lo natural en nuestro quehacer cotidiano es pensar y actuar como abogados. Pero sus frases como “hay dos verdades; la real y la del caso” o “lo que no está en los autos no está en el mundo” irritan profundamente a mi razonamiento científico. Es más; creo que aplicadas a altas esferas conllevan graves efectos negativos en la sociedad, y que plantearnos sus efectos podría tener consecuencias revolucionarias.”

 

2. Iría mas allá que el autor y señalaría que los jueces también adolecen del denominado “sesgo confirmatorio” (que he analizado en un reciente post de mi blog vitalista ) pues frecuentemente como han señalado los procesalistas, cuando sus ojos “van de los hechos al derecho y a la inversa”,  leyendo demanda y contestación, suele haber un punto en que una idea se abre en su cerebro y a partir de ahí de forma inconsciente se busca apuntalarla; es cierto que la lectura y reflexión ulterior puede llevar a rectificar la idea inicial, e incluso “la almohada” hace aflorar muchas perspectivas e incluso cambiar la orientación de la sentencia gestada en primera impresión.

Sin embargo, lo cierto como ha denunciado Alejandro Nieto es que buena parte de las sentencias tras una preliminar examen clavan la flecha del fallo y luego pintan la diana alrededor.

 

ladron cerebros3. En fin resulta la lectura del citado artículo de Pere Esupinya, como lo es su libro “ El ladrón de cerebros” (Debate,2010), donde le acompañamos por laboratorios y centros, y  aprendemos neurología, biología y cosmovisión, acompañándole en sus experiencias por laboratorios y Universidades; especialmente interesante me resultó el capítulo en que expone que se sometió en Harvard como conejillo de indias a un experimento para verificar si un escáner cerebral podría servir de detector de mentiras ( sería muy útil en un futuro en el mundo jurídico: se acabarían el 80 por ciento de los litigios, y abogados y jueces podríamos dedicarnos a la observación astronómica buscando nuestro destino). En el mismo concluyen los científicos afirmando que, así como la señal cerebral de que algo te gusta o disgusta es clara y contundente (p.ej.degustar un vino o apreciar la estética de un rostro), en cambio la señal sobre la verdad o mentira brota de la corteza prefrontal donde existen muchas acciones entremezcladas y donde cualquier acción física- pensamiento, mover un meñique,sudor,etc- puede interferir y ofrecer un diagnóstico de mentira o verdad nada fiable. O sea, que los detectores cerebrales de mentira tardarán en llegar y seguiremos con el segundo oficio mas viejo del mundo.

¡ Ah! Además resulta que un experimento con el citado escáner cerebral demostró que los voluntarios que probaban en dos catas el mismo vino, si sabían el precio del mismo y era elevado, se provocaba mayor actividad en el centro del placer ( ¡ incluso intercambiando las etiquetas del vino caro sobre el barato!); o sea, y volviendo a nuestro ámbito jurídico, algo que siempre percibimos, que cuando un cliente es recibido por un abogado elegante y que le pide un anticipo elevado, lo curioso es que el cliente se sentirá más agradecido y atendido que si se descuidan las formas y no paga anticipo alguno. Sé que no es un argumento universal y además cuestionable pero no deja de sorprender y ahí lo dejo.

 

4. De igual modo que al hilo de este dato no me resisto a traer a colación el último libro del fecundo Ramiro Grau Morancho, “Navegando Contracoriente” (viveLibro, 2015) que he tenido el gusto de prologar, y que plasma numerosos artículos periodísticos, vivos y valientes, sobre lo político, lo jurídico y lo humano, pero deteniéndome ahora en el titulado “ Mi despacho en la cabeza” que tiene un arranque estremecedor:

“Soy abogado y llevo el despacho en la cabeza, en esa zona que está situada entre los ojos y el pelo, cada día más escaso, que puebla el cráneo. Y no necesito más.

 Desgraciadamente, vivimos en la sociedad de las apariencias, de la realidad virtual. No se nos valora por lo que somos o hacemos, sino por lo que aparentamos ser. La gente se fija en los signos que podríamos llamar externos, el coche que llevas, la ropa que utilizas, el despacho que tienes, en lugar de valorar el interior de las personas, las ganas y el interés que pongas en los asuntos, etc. También, por supuesto, tu curriculum académico y profesional.

 Tengo un pequeño despacho, en una habitación normal y corriente de mi casa, y allí recibo a mis escasos clientes, normalmente parientes, amigos y conocidos. Es decir, lo peor. Personas que creen que te hacen un favor encomendándote la solución de sus problemas, y a las que siempre les parecerá excesiva cualquier cantidad que les pidas…ramiro grau

 Cuando llegan a tu casa, y no les recibe una despampanante secretaria, rubia y de ojos azules, de las que quitan el hipo, ni les tienes una hora cocinándose en el vestíbulo, sino que les atienden directamente, y ven que la habitación en la que estás es pequeña, y encima repleta de libros, tu valoración como abogado desciende rápidamente. Vivimos en la sociedad de la apariencia, y la abogacía es maestra en hacer esperar a los clientes al teléfono, en no ponerse directamente, sino siempre con personas intermediarias, en dar visita para dentro de unos días, en tener horas a los clientes esperando, para que vean lo importante que eres, aunque te estés tocando a dos manos las partes pudendas, etc.

 Y, por supuesto, hablar con superioridad, con aires de suficiencia, dándole siempre la razón al cliente, aunque no la tenga, y pensando en el dinero que le vas a sacar…, en lugar de pensar en la justa defensa de sus derechos e intereses legítimos…”

 

En fin, aquí tenéis completo el artículo, que es sábado y bien está leer, por lo que me atrevo a estos comentarios sobre algunas obras o artículos.

¡ Buen fin de semana!

¡ NO OS SINTÁIS AGOBIADOS !
¡ NO OS SINTÁIS AGOBIADOS !

 

 

 

13 comments on “Si los jueces pensasen como científicos

  1. Hace poco tuve que visitar a un compañero, abogado de campanillas, para negociar un asunto, por aquello de que es más antiguo en la profesión, por no decir viejo.
    Me quedé asombrado de ver como su secretaria estaba literalmente tirada en el pasillo, con una mesa, un teléfono y un ordenador.
    Tres abogados auxiliares -no me atrevo a llamarles asociados- convivían en un pequeño despacho, prácticamente sentados unos al lado de los otros, pero eso sí, él, la figura, la estrella del foro, la luz de Occidente, “disfrutaba” de un despachazo que era más grande que todo el resto de las oficinas.
    Vamos, unos setenta metros cuadrados, le calculé, con su mesa de juntas, su mesa individual, libros para dar y regalar, etc.
    Supongo que sus minutas irán en consonancia con la “categoría” de su despacho.
    Es triste decirlo, pero generalmente lo material es lo único que ven los clientes, entre otras razones porque como no saben Derecho, se fijan más en lo externo que en lo que les explicas…

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  2. Los grandes y espectaculares despachos de abogados son los únicos que consiguen que el cliente salga totalmente reconfortado de ellos , olvidándose del problema que le ha llevado allí y que le ha estado reconcomiendo durante varios años. Ahí está, una puesta en escena como la que el cliente ha visto tantas veces en las películas americanas no puede sino conducir al éxito de cualquier encargo que se haga a tan notables imitadores de James Stewart, Paul Newman o Montgomery Clift. La interpretación teatral es de tal altura que hace que el cliente considere impertinente preguntar cuáles van a ser los honorarios de tan gran despacho o si la victoria asegurada pudiera llegar, en realidad, a ser pírrica.

    Pero ese escenario no se limita al campo de la abogacía; con grandes actuaciones teatrales, con participación intensiva en eventos sociales y con una profunda pero discreta comunión con alguno de los grupos políticos hasta ahora dominantes, no hay plaza del Consejo General del Poder Judicial, de magistrado del Tribunal Supremo, del Tribunal Constitucional o del Tribunal de Cuentas que pueda resistirse.

    En definitiva, lo de menos es pensar como abogado/ juez o como científico, eso es solo una anécdota irrelevante en el ejercicio habitual de la abogacía y en la práctica de la alta judicatura en un régimen de mera separación de funciones.

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  3. Pingback: Si los jueces pensasen como científicos

  4. Me gustaria conocer como son las “Asesorias Juridicas” de los Bancos y sus “enlaces tecnicos” con quien legisla….

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  5. Lo he comentado algunas veces en mi blog y, sobre todo, con amigos: En la abogacia y la judicatura se emplea el metodo cientifico DEDUCTIVO (caduco y trasnochado…de la Edad Media: Al cientifico se le “enciende(encendía) la luz y resaltaba todos los signos que apoyaban su hipotesis, ocultando el resto.
    El metodo INDUCTIVO o actual, es lo contrario: Se tiene una información y manejas una hipotesis; cambia la información, cambia la información cambia la hipotesis.
    La abogacia y la judicatura utilizan un metodo caduco y trasnochado y es tragico.
    Pero ocurre igual en la sociedad y la politica: Se juzga negativamente a un dirigente que “cambia de idea”.
    Dicho popular: Rectificar es de sabios. Acepciónpsico- intelectual: Autocritica, nivel de pensamiento alto. A eso le debemos añadir lo de los metodos cientificos DEDUCTIVO-INDUCTIVO
    El pueblo repite eso, pero no lo aplica.
    Lo peor es que ni los jueces ni los abogados parecen tener autocritica…y así nos va.
    Manuel Pérez. Médico y Abogado.

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    • Me gustaría saber, si es posible, que solución cree usted que habría que aplicar, si es que exista alguna distinta a la que utilizamos normalmente…
      Muchas gracias y cordiales saludos.

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      • Es un honor para mí, que se me pregunte por la solución de una situación, en un foro como este, de tanto nivel intelectual.
        La solución es multifactorial, como no podía ser de otra forma (no hay fórmulas mágicas). Ronald Dworkin apuntaba lo que para él (y para todos) sería el jurista ideal. Herbert Hart le contestaba…claro con razón le llama “Hércules” a su juez…pero el camino que marca Mr. Dworkin es el correcto: El análisis en el punto ideal (transversal) podría arrojarnos falsas conclusiones, pero es la trayectoria, el análisis longitudinal el que nos tiene que dar la solución:
        1º.- Un juez debe tener, como mínimo, 45-50 años, con una formación parecida y completada a la del Sr. Chaves.: 20-25 años de una profesión “tan dura” debería ser suficiente. Como médico he tratado a algún juez con problemas ansioso-depresivos (cardiopatía isquémica como diagnóstico diferencial) y digo que no es baladí.
        2º.- la Sociedad no puede dejar la responsabilidad de la vida y la hacienda de los ciudadanos, a una persona de 22-25 años, que ha aprendido de “memoria” 450 temas, sin otro bagaje. No es “culpa” del opositor, porque si la norma lo exige, quien quiera ser “juez” tiene que pasar el trance.
        Luego está el increíble prestigio social-popular que tiene el opositor a la Administración del Estado. Forma parte de esa percepción social esquizofreniforme: Los genios son personas “sin memoria” (que no es cierto) y sin embargo se “prima” a lo contrario “una gran memoria”.
        Por otra parte, sorprende que personas tan reconocidas como muy cualificadas, se integren en una Administración y ésta cada vez funcione peor, sin ser capaces de alterar su caótico declive: Esto choca con la definición de inteligencia: capacidad de adaptarse al medio, pero intentando cambiarlo…a mejor, se supone.
        Hay una figura intelectual (dentro de la oligofrenia) los “sabios-idiotas” cuya característica es “aprenderse el listín telefónico de memoria y no entender nada”: Los opositores son algo así, salvando las distancias obviamente (esta comparación la hago solo a nivel de explicación “académica”). Jueces, notarios, registradores, fiscales, médicos, abogados del Estado…empiezan así: La mayoría, con los años y experiencia, van perdiendo lo de “idiotas” y potenciando lo de “sabios”, y otra parte (no se puede cuantificar ninguna aunque se podría) pierden lo de sabios.
        3º.- Se olvida, que “la plaza en propiedad” y la “inamovilidad e independencia de los jueces” no es un privilegio o prebenda” “por el brillante examen” sino una mochila cargada de responsabilidad: La obligación y la independencia de actuar a favor de la justicia y del ciudadano, sin que “sus superiores” puedan alterarlo.
        4º.- Los políticos, que no respetan LA NORMA, e intentan desvirtuarla con subterfugios: contratos laborales, a tiempo parcial, interinidades, substituciones, etc., que cercenan la autoridad del funcionario en general. Eso lo disfrazan de democracia.
        La democracia es “SOLO” el control y la gestión de la legalidad, de la formación continuada de los funcionarios y la sanción por la mala praxis (obligación de reciclaje o sanción propiamente dicha).
        Si como médico, hubiera firmado un documento de la “calidad” de algunas sentencias recibidas, estaría sin título y, quizás, hasta en la cárcel.
        Los tribunales superiores no leen los autos y parecen buscar una “errata u omisión” para rechazar recursos “DEDUCTIVAMENTE”; muchos abogados escribimos demasiado porque “hay que poner todo” pensando que solo tenemos esa oportunidad, y es así. Comparandolo con la medicina: Si un paciente olvida un “síntoma” ante el médico de cabecera, puede contárselo al Especialista hospitalario. ¿Cómo quedaría un cardiólogo que dijera: como no le dijo a su médico “tal cosa” no puedo tratarlo de infarto, porque lo que dijo, entonces, hacia presumir dolor muscular?. Es así de esperpéntico.
        CONCLUSIONES: DEMOCRACIA Y CONTROL DE ACTUACIONES.

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  6. Muchos peritos técnicos de parte (científicos) hacen exactamente lo mismo. “Dígame a qué conclusiones quiere usted que llegue y yo le armo el informe, eso sí, todo sobre evidencias práctico-científicas….” cuando hay dinero de por medio todos somos capaces de argumentar que es de noche aunque el sol brille, sean abogados o científicos.

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  7. Pasa lo mismo con los restaurantes… jeje. Es triste pero es la sociedad de las apariencias y por desgracia (o suerte) no soy pez que se sepa mover en esas aguas

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  8. Como abogada creo que es coherente utilizar los dos, deductivo e inductivo, segun el caso: es decir ante el cliente, y despues de escucharle atentamente y extraer de él cuanta informacion nos sea necesaria, lo honesto es darle nuestro dictamen en derecho. Si no le es favorable y aun asi pretende litigar, entonces hay que buscar en toda esa información los elementos que nos pudieran conducir a un fallo favorable o una solución pactada, aun mejor, y hacerle saber que posibilidades tiene de exito, a nuestro entender….y si queriendolo o no, nos vemos envueltos en un procedimiento en el que hay que hacer lo posible por ganar, el derecho a la defensa de nuestro cliente exige que por nuestra parte callemos lo negativo y argumentemos todo lo engañosamente que el asunto exija y que la cordura permita. Aun sin esa cordura he visto demasiadas veces a jueces considerar con gravedad digna de mejor causa e incluso acoger hipótesis que jurídicamente hablando no había por donde agarrarlas….también me consta (porque algún magistrado me lo ha dicho y algunas sentencias huelen a eso) que desde el ego presuntuoso de una supuesta superioridad frente al justiciable e incluso frente a la ley y la jurisprudencia, mas de un magistrado se dedica a “vestir santos” según el argot propio del oficio, es decir inventar, mas que buscar argumentos para un fallo preconcebido y que se sabe endeble….

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  9. Por cierto, le doy al me gusta que aparece en amarillo debajo d elos artículos, pero no se imprime nada, vamos que no aparece reflejado…
    No se si sólo pasa en mi ordenador, o es un problema general. Presiente que general, pues en ningún artículo veo que haya votos a favor, por lo que creo habría que hacérselo mirar.

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  10. José Ramón, el diario “Heraldo de Aragón” publica hoy un artículo de don José Luis Castro Polo, técnico superior de la DGA, según creo que denuncia el hecho siguiente:
    Las Cortes de Aragón han acordado que sus 67 diputados, cuándo cesen como tales, pasen a cobrar el complemento especial de alto cargo, equiparándolas por lo tanto a directores generales, y que según dicho autor supone unos 1.000 (mil) euros mensuales, durante el resto de sus vidas laborales, que se dice pronto…
    Otra sinvergonzonería a que ya nos tiene acostumbrados LA CASTA PARASITARIA aragonesa.
    Como quiera que Las Cortes de Aragón tienen por norma no contestar a las peticiones de información sobre temas que les puedan perjudicar, y mis conocimientos informáticos son bastante rudimentarios, ¿podrías investigar y escribir algo sobre el particular? Muchas gracias.
    Y, de paso, si te enteras de algún país “más normal”, dónde los políticos no sean TAN CORRUPTOS, ruego nos lo indiques, que al paso que vamos habrá que ir pensando en marcharse de la Ex España…

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