Sobre los abogados

Kit de supervivencia para abogados: Lo que hay que saber

sobrevivir a la profesionSi el amor en los tiempos del cólera era difícil, vivir de la abogacía en tiempos de turbulencia jurídica se ha convertido para muchos profesionales en un via crucis. Para facilitar a quienes se agitan en las turbulentas aguas de la profesión, bien por ser recién graduados en derecho o bien por sentirse como prisioneros en un ascensor entre dos pisos (el de quienes quienes no salen del turno de oficio y quienes tienen éxito con clientela consolidada), me ha parecido oportuno (a sugerencia de varios lectores del blog) aglutinar en una entrada muy visual las distintas caras de la profesión.

 

Una especie de kit de supervivencia, pues compruebo por amigos y compañeros que en la profesión de abogado habrá colectivos de tremendo éxito y que surfean en la cresta de la ola, pero para muchísimos otros es durísimo…

 

– Es durísimo ver que los días pasan y que los clientes o los buenos casos no llegan con la frecuencia deseable para cubrir costes fijos.

– Es durísimo ver que los avances tecnológicos, las publicaciones jurídicas y las normas corren sin poder acompasar el paso con ellos, por limitaciones económicas, o disponibilidad personal o de tiempo .

– Es durísimo ver que los pleitos en la selva judicial avanzan lentamente a golpe de machete, o sufrir que  se decrete una inadmisibilidad, nulidad de actuaciones, sentencias estimatorias de simple retroacción o que se planteen incidentes procesales que los llevan a una “vía muerta” difícil de explicar y solventar.

– Es durísimo no poder ofrecer al cliente que llega al despacho un dictamen instantáneo y exacto que aquél puede considerar torpeza. Las cuestiones litigiosas suele “cargarlas el diablo” y no siempre el cliente expone toda la verdad y solo la verdad, sino “su” verdad.

– Es durísimo decir al cliente de forma que lo entienda, que no se puede asegurar la victoria, que la incertidumbre reina en el foro y acecha en la contienda judicial.

– Es durísimo tener que decir la verdad sobre la viabilidad del litigio al cliente y que éste pueda confundirlo con debilidad o traición.

– Es durísimo tener que explicar al cliente una sentencia adversa que el abogado ni comparte ni entiende, y que es irrecurrible.

– Es durísimo mirar desde el despacho vacío por el retrovisor de la vida hacia los tiempos de estudiante universitario y preguntarse cómo se ha llegado a esta situación y que fue de las ilusiones.

 

Pues con afán de aportar unas gotas de consejos, reflexiones y experiencia, vertidas en mis post mas visitados, aquí está el Kit de supervivencia para abogados.

 

En todo caso para animar, tengo que recordar aquello de Cela de “el que resiste, gana” y especialmente adecuado me resulta este video de la película “Carros de fuego”, con música de Vangelis, donde hay cabida para el esfuerzo, la competición y la vida.

 

21 comments on “Kit de supervivencia para abogados: Lo que hay que saber

  1. Juan Rafael Rabasco López

    Muy bueno, como siempre.

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  2. Una profesión que no recomendaría a nadie. Salvo para aquellos abogados que lo que realmente venden es imagen y que es un negocio diferente, creo que es una profesión ciertamente dura. Sin saber cuanto vas a ganar dentro de 2 meses, sin bajas, sin enfermedades.

    Lo peor: en casi todos los trabajos, el esfuerzo tiene mucha o decisiva influencia en el resultado; pero no es así como abogado litigante. El resultado no depende del esfuerzo y horas dedicadas al caso. Puede que el abogado del estado con un escrito de contestación de página y media, gané el caso.

    Te llevas los problemas de los clientes a casa; clientes que esperan, por supuesto, que hagas de psicólogo además de abogado y que casi nunca te cuentan la verdad. Algunos clientes creen que saben más que el propio abogado y que trabajas gratis, sobre todo cuando las consultas son telefónicas, “cortas” o te invitan a comer o cenar.

    Las satisfacciones son pocas, como los buenos (justos, correctos, respetuosos) clientes.

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    • Ya sabemos que para muchos jueces, todo lo que dicen los abogados del estado (o los fiscales, en su caso), va a misa. Y claro, ¡ellos son de misa diaria!
      Por lo visto cuándo se explicaba el tema de la separación de poderes, etc., ese día no fueron a clase…

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  3. Me siento tan identificada con el post y con el anterior comentario, que casi me dan ganas de llorar. Será el síndrome del lunes, pero sobre todo, que te gane el abogado del estado con página y media de contestación, cuando te has dejado el alma en tus escritos, es muy muy duro!

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  4. Hago míos los comentarios de Concha y Roberto. Empiezas como mucha ilusión pero la realidad te la quita enseguida. Ánimo compañeros.

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  5. Solo puedo añadir AMEN, al post y a vuestros comentarios, compañeros.

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    • Hace años se decía, ignoro si es cierto, que muchos Abogados del Estado cuándo se jubilaban, por sacarse unas perrillas se “enganchaban” a ejercer como magistrados suplentes del Tribunal Supremo y de la Audiencia Nacional…
      Y casualmente siempre ganaban los pleitos sus compañeros de la Abogacía del Estado.
      ¡Qué cosas!
      Por cierto, los Magistrados de la Audiencia Nacional, ¿es que están todos estreñidos…, que siempre IMPONEN LAS COSTAS, aunque tengas más razón que un santo? Desde luego no veo grandes diferencias entre litigar en España o en Guinea Ecuatorial, dónde como sabemos no hay ni Estado de Derecho ni por tanto separación de poderes… Aquí tampoco.

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  6. Buena entrada, como siempre. Pero esta aún más sobre todo por abrirme las puertas a otras entradas que no conocía y que van a ocupar mis próxima media hora de lectura.

    Un saludo.

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  7. Pues yo que llevo año y medio ejerciendo, después de haber transcurrido casi 20 años desde que me licencié, habiendo trabajado en una actividad que nada tiene que ver con el Derecho, al caer en el desempleo he podido dedicarme a mi verdadera Vocación. La Abogacía es una profesión a la cual mi Padre siempre acompaña con un pronombre posesivo y un adjetivo para referirse a ella: Nuestra amada Profesión. Claro que cada uno es digno de vivirla a su manera, como yo la entiendo, es muy bella pues contribuye como pocas a hacer del nuestro un mundo mejor. Cuando hago estas reflexiones a algunos compañeros, sonríen con una mueca condescendiente. Eso sí, si te descuidas, te dan la paliza soltándote todo “Su Caso”. Otros, te dan una palmada en la espalda mientras te apuñalan por la espalda mientras te espetan un: “No es nada personal, nunca es personal”. El caso es que la falta de “fair play” no suele servirles de nada en la práctica, pero luego son los mismos que cuando entienden que no se les ha hecho justicia, ponen el grito en el cielo, ¿en qué quedamos? Para estos últimos, creo que los sinsabores de la profesión se quedan cortos, y si les va bien, que con su pan se lo coman, no me dan ninguna envidia. Para los que tratan de hacer su trabajo con honradez, humildad y dedicación, un abrazo y mi enhorabuena, la paga no es mucha, pero la satisfacción del deber cumplido aunque no sirva para pagar las facturas ni llene el estómago, es muy gratificante. Cada vez que recibas un cliente y pongas todo el empeño sin tener en cuenta la mayor o menor recompensa, estarás dignificando la Abogacía y, sí, ya sabemos que hay jueces que o pierden ocasión en erigirse en los mejores paladines de la administración y que los Abogados del Estado no se dignan muchas veces a preparar una contestación mínimamente aseada, conscientes de que la sentencia ha sido dictada antes incluso de celebrarse la vista, yo también los he sufrido y me han hecho viajar desde un lugar de la periferia hasta Madrid para nada. En cuanto a los clientes, pues no sé lo difícil que será de explicarlo para algunos, pero yo, cuando pierdo un pleito en la instancia por una sentencia injusta y luego lo gano ante la Audiencia Provincial o el TSJ, algunos clientes me han comentado que se alegraban sobre todo, por mí. ¿? Y es que, me pregunto, ¿Por qué no probamos a hablar con sinceridad?

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  8. No soy abogado aunque por motivos profesionales sigo de cerca vuestro sector. Por si sirve de consuelo, lo que describe José Ramón y los testimonios posteriores no son patrimonio del negocio jurídico. Los trabajadores del conocimiento estamos atravesando una dura reconversión en la que nuestro capital, el conocimiento, lo que nos hacía valiosos y valorados, se ha democratizado. Consultar una ley es hoy gratuito y es fácil que en el despacho entre alguien que cree saberlo ya todo porque ha estado ojeando Noticias Jurídicas en su tablet mientras nos esperaba tomando un café.
    El impacto tecnológico es el que ya vaticinaron Peter Drucker o Stephen Covey entre otros. Y está aquí para quedarse. La misma capacidad que tenemos de adquirir, entender y aplicar información debemos alinearla con los nuevos tiempos. Ciertamente ahora hay que hacer muchas más cosas para ganar el mismo euro. Aprender a organizarse mejor, ejercitarse en ciertas lecturas y herramientas y el contacto humano seguirán haciendo de la vuestra una profesión imprescindible. Sólo que ahora posiblemente requiera de la participación de otros saberes complementarios. ¿Está mejor preparado para esta realidad un despacho compuesto sólo por abogados o uno que también incorpore ingenieros, biólogos, informáticos…?
    ¡Ánimo a todos!

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  9. Si un abogado del estado te gana con folio y medio a lo mejor es porque en el fondo llevaba la razón, a lo mejor porque contra lo que suelen pensar muchos abogados para el juez prima la calidad y no la cantidad de los argumentos (No por mas escribir o hablar se tiene mas razón, sino al contrario se puede meter la pata con mas facilidad) y también en ocasiones por supuesto porque el juez se equivoque, sea imbécil o tire para la administración. Pero sea cual sea el caso, la autocrítica no está de mas, entre otras cosas, porque la diferencia entre el abogado ganador y el perdedor (A la larga) empieza por identificar y conocer las reglas del juego y saber jugar las cartas que le salen. De nada sirve quejarse de que el juego es injusto o desequilibrado: Mientras no se cambien las reglas o sea ordenadores los que juzguen es lo que hay, y los mejores se adaptan a esas reglas aunque no renuncien a cambiarlas. Una de las razones por las que a un juez le suele convencer mas lo que dice el abogado del estado o el fiscal es porque ambos han sido opositores como el juez y piensan y exponen los argumentos de la manera que al juez mejor le llegan. Saben tocar las teclas adecuadas psicológicamente hablando, y eso ya es una ventaja inicial. El mejor abogado se adapta a eso, observa, estudia, aprende, extrae las ideas y lo aplica en su favor la siguiente vez. Esta es una profesión cruel, con mucha competitividad, “compañeros” y “becarios” derribando precios por abajo para acabar cerrando el despacho al poco y dedicándose a otra cosa, clientes que con la mezquindad y envidia propias del españolito medio no respetan ni valoran (Ni quieren pagar) tu trabajo, puñaladas traperas y mucho mas. Pero es un juego abierto y quien sabe jugarlo puede ganar. Cuesta esfuerzo, requiere talento y mucha constancia además de sinsabores, y sin embargo todos conocemos a quien ha salido adelante y goza de prestigio con un despacho que funciona bien. Por eso sobre todo, requiere una determinación férrea, una ilusión o casi obsesión sin desfallecer mas que lo mínimo en un objetivo: aprender, mejorar, poner los cimientos de una reputación. Pongo un ejemplo de la diferencia a que me refiero: Muchos abogados jóvenes en prácticas se quejan de que no hay clientes, de que no tienen nada que hacer muchas mañanas, y se quedan perplejos cuando les digo: Sí tenéis algo que hacer, tenéis vistas todas las mañanas aunque no lo creáis. Si no hay nada que hacer, os vais a los juzgados y os metéis de público, observáis, aprendéis, pensáis qué haríais, que preguntaríais. Os dais el lujo de observar sin tensión, de mirar la reacción del juez cuando habla el abogado o calla, cuando habla el testigo, cuando lo hace el fiscal. De intentar entender por qué hay cosas que le interesan y otras que no. Y si despues os podeis hacer con una copia de la sentencia para ver en qué se ha traducido todo eso, mejor imposible. La diferencia entre un abogado particular y un fiscal o abogado del estado no es tanto la oposición -aunque ésta marca una estructura mental importante en el razonamiento jurídico- como la experiencia. Todo fiscal o abogado del estado hace 400-500 vistas al año. Es imposible que ningun abogado particular gane esa experiencia sólo con sus clientes, por lo tanto hay que suplirlo dominando el asunto al dedillo -cosa que el fiscal o abogado del estado no siempre pueden- y yendo a todas las vistas posibles para ganar esa experiencia sin pagar la novatada por ello.
    Saludos

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    • Todo eso es cierto, pero en mi caso, he podido comprobar con perplejidad cómo en los Juzgados Centrales de lo Contencioso-administrativo de Madrid había señaladas vistas ¡cada cinco minutos! y se cumplían, vaya si se cumplían: SSª no me permitió realizar alegaciones al afirmarme y ratificarme en la demanda (era un abreviado) y ya me había denegado con argumentos peregrinos determinada diligencia de preparación de la prueba que hube de recurrir y me tuvo que estimar (no le quedó más remedio). Tras la paupérrima contestación a la demanda formulada in situ por el abogado del estado que evidenció un desconocimiento total del asunto llegándome a espetar sobre la prueba documental por mí aportada un ¿no pretenderá usted que creamos que los militares ascienden y obtienen condecoraciones por el mero hecho de participar en misiones? A lo que sorprendido le respondí (interrumpiendo el uso de la palabra, pues me había interpelado directamente) que por supuesto, que es notorio (aunque me cuidé de justificarlo documentalmente). No se me permitió conclusiones pues no era “el momento de rebatir los argumentos de la defensa” y cuando llegó la sentencia, eso sí, en un plazo breve, me ponía “como los trapos”. Es uno de esos juicios en que uno no tiene la menor duda de que le hubieran desestimado bajo la coletilla: “No queda suficientemente acreditado…”, pero como la prueba se había preparado concienzudamente, se va por peteneras y me arrea algún que otro pescozón.
      Como satisfacción moral, al tiempo me llegó la sentencia de otro asunto idéntico en el cual, habiendo alegado mi colega exactamente lo mismo que yo, le estimaron la demanda, siendo la primera sentencia en ese sentido y abriendo un camino que en el futuro permitirá acabar con una larga sucesión de injusticias, pudiendo beneficiarse de ello muchos militares en el futuro. ¿Cómo se lo expliqué al cliente? (Quien precisamente fue quien me hizo llegar la posterior sentencia), Pues muy sencillo: Te has equivocado de número (el de los juzgados, claro, no diré cuáles).

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  10. José Luis, comencé con tu misma ilusión y 28 años después (y me quedan no menos de 15 por delante) me sigue encantando la profesión, pero en este tiempo ha cambiado mucho y desde luego no es Disneylandia. Hay demasiado para contarte pero quédate con una impresión y un humilde consejo. Mi impresión es que, en general, en los litigios y cuanto más alta es la instancia, la justicia es inversamente proporcional a la importancia que el pleito tenga para la Administración o el Estado, y ya si se trata de una cuestión politizada olvídate absolutamente de aquella.
    El humilde consejo tiene que ver con algo que mi entonces decano me dijo cuando me colegié. Me dijo que para la mayoría de los clientes el pleito se gana porque el cliente tenía razón y se pierde porque el abogado lo ha hecho mal. El tiempo me ha enseñado que lo mejor con el cliente es reiterarle hasta la saciedad y en cada oportunidad que haya la dificultad o dificultades del pleito: si se gana habrá sido un gran logro profesional y si se pierde (algo que era tan difícil) era una posibilidad clara. La sinceridad, si no va acompañada de lo que acabo de decirte, tiene a veces un gran hándicap: si te encuentras con sentencias como las que describe Sevach (que ni entiendes ni compartes) o algunos colegas, el cliente se ve en la tesitura de tener que decidir si mientes tu o los jueces, y es mejor que no hagas esa prueba nunca.

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    • Evidentemente, el que comienza en la Abogacía con una trayectoria previa más o menos dilatada en la empresa privada, como es mi caso, ya dispone de cierta experiencia en el trato con las personas (clientes, compañeros y superiores) y en la vida en general: No es igual que el que nada más acabar la carrera se pone a ejercer, para lo bueno y para lo malo. Y de sentencias injustas y la frustración que producen cuando no cabe recurso, todos podríamos hablar largo y tendido, creo, pero yo lo que quería transmitir es que a veces detecto cierto pesimismo cuando se habla de la Profesión, lejos, eso sí, de toda autocrítica (faltaría más). Estamos viviendo tiempos muy difíciles, con frecuencia escucho a la gente opinar que no podemos ir a peor. Se equivocan. Ni tienen memoria ni han leído al gran filósofo Murphy. Yo, en toda mi modestia, he pasado por situaciones complicadas y he tratado de hacer siempre lo correcto, con mayor o menor fortuna, creo que he salido fortalecido. El derrotismo y las lamentaciones no sirven de nada, tampoco la resignación.

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      • No estoy de acuerdo contigo, llevo en esto, desde que acabé mi carrera, desde los 23 años. Te puedo asegurar que echo horas más que un reloj, llevo muchas vistas a mis espaldas de todo tipo, he bregado muchísimo, sigo estudiando como todos, he tratado con todo tipo de gente (estar en el Turno de Oficio que es una de mis pasiones es lo que tiene) pero sobre todo escucho y absorbo como una esponja de todo el mundo: jueces, fiscales abogados, psicólogos, asistentes sociales, peritos de todo tipo, clientes, amigos y de mis propias experiencias en la vida.

        El trato con la gente es algo que nace y se hace, y esta profesión te enseña a tratar con todo tipo de gente porque aúna mucha diversidad de profesionales con conocimientos diversos que en una empresa nunca podrías ver y porque tratas con muchos perfiles de seres humanos.

        Habrás podido estar en una empresa 20 años y tratar con 1000 clientes (no lo digo por ti), pero eso no te acerca a ellos, eso no hace que confíen en ti y pongan su problema en tus manos. Si no sabes empatizar, y entender el dolor de una ruptura o la rabia por no poder ver a tus hijos más que el tiempo que estipule el Juez, el cliente no estará cómodo con que lleves su divorcio, y eso no lo hace estar en una empresa o en 5.

        Una persona en la empresa privada que trata con clientes, podrá saber mucho de perfiles de cliente, pero un abogado “ab initio” también es capaz de hacerlo, y además enseguida, por ejemplo, a los 15 minutos de estar entrevistándome con un cliente, ya sé cómo lo tengo que llevar y qué necesidades humanas me va a pedir y qué trato le tengo que dar. Es más, consigo sacar un porcentaje de probabilidades de que al final del asunto me termine de pagar el resto o me va a poner problemas, y en base a eso pido uno u otro porcentaje de provisión. Pocas veces me equivoco pero errar es humano y también aprendo.

        Además, según tu argumento, yo puedo decir que tú por haber estado en una empresa, para ti una persona es un número o un objeto para sacar dinero, y demás prejuicios que se tienen de la empresa privada, y no pienso ni de ti ni de otros compañeros eso.

        Así que por favor, no quites mérito a gente como yo, que lo tenemos, y mucho.

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      • En respuesta a la contestación a mi respuesta a Marta:
        Estimada Marta, creo que no has entendido bien o no me he sabido explicar: Decía que haberse incorporado nada más acabar la carrera tiene sus ventajas y desventajas, pero no es lo mismo que hacerlo después de haber trabajado en la empresa privada, por la experiencia acumulada, tanto en el mundo laboral, como el la vida. Es evidente que una vez que ya se tienen unos años de ejercicio, la experiencia en uno y otro ámbito profesional será, si no exactamente la misma, muy similar en uno y otro caso, podríamos decir, equiparable. No creo que en ningún lugar dijera lo que tú me achacas, ni era mi intención restar méritos -sin ninguna duda merecidos- a nadie. Lo único que pretendía era aportar mi visión diferente sobre el tema, ya que lo conozco desde una perspectiva poco habitual (un poco desde fuera). Y a veces observo poco compañerismo, mucho pesimismo y mucho “quemado” a mi alrededor, despotricando de la profesión. Y sí, ya sé que después de estar en un juzgado esperando tres horas a que te toque el turno de pasar a la sala de vistas está uno ya harto de todo, pero es lo que percibo. Me parece a mí que hay que tratar de dignificar la profesión y a veces me queda la sensación de que se transmite una imagen pesimista y negativa. Pero, es mi opinión y seguramente muchos no la compartirán. No pretendo atacar a nadie ni es mi intención que nadie se dé por aludido.
        Un saludo a todos.

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      • Yo creo que la mala situación actual de la Abogacía obedece en primer lugar al exceso de abogados, frutos del ingreso irrestricto (como dicen los argentinos), es decir de la licenciatura a llevar asuntos ante el Supremo o el Constitucional, con dos…
        Y en segundo lugar, o tal vez en el primero, es un reflejo de la pérdida del Derecho en nuestra sociedad, de esa sensación de impunidad de los delincuentes, sobre todo de los políticos, que presuntamente roban cantidades millonarias, sin que nadie les llama a andana, caso familia Pujol, por ejemplo, Infanta Cristina, Eres de Andalucía, etc.
        Confio y espere que si algún día se asienta definitivamente el Estado de Derecho, la consideración social de la Abogacía irá en aumento.
        Recemos para que así sea, pues en la actual situación de desgobierno, con 19 presidentes autonómicos, cada uno haciendo lo que le da la gana, etc., no creo que podamos seguir mucho tiempo…

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  11. El otro día teníamos una pequeña discusión entre compañeros de distintos órdenes jurisdiccionales (especialmente entre laboralistas y “contenciosos”) sobre los excesos argumentales en la demanda, que salió a cuento de un P.A. en el que un letrado tras una extensa cita fáctica, en la fundamentación jurídica se descolgó con un “iura novit curia”. La interpretación del hecho se movió entre un “de que os sorprendéis, “buena estrategia”, al extremo opuesto del “sacrilegio”. Algunos defendíamos que en contencioso generalmente existe una actuación administrativa previa y un expediente con sus correspondientes informes que hay que combatir, y para ello hay que realizar un esfuerzo “suficiente”, y esto trajo a colación hasta donde debe extenderse una demanda, porque raro es el letrado que no ha pensado alguna vez si va más allá de lo debido, o algunos directamente hablan de un límite infranqueable de pongamos 20 folios. La verdad es que imagino que depende, lo importante será que tengas algo que contar y sea “interesante” jurídicamente. Si tengo cinco motivos de cierto peso para impugnar un acto administrativo, no voy a dejarlo en 2 para que la demanda “pese” menos, pero lo que está claro es que tengo que ayudar a que me ayuden, y si la demanda es extensa porque son cinco motivos de cierta enjundia habrá que desarrollarlos en sus correspondientes fundamentos y subapartados, con títulos legibles, y bien estructurados, sin reiteraciones y con clara cita de lo que se dice y la jurisprudencia que la avala, incluso si se quiere al final de cada fundamento dos o tres líneas de conclusiones, de tal modo que el juzgador o la Sala de un vistazo rápido se haga una composición de lugar y no tarde ni dos minutos en saber de qué tratas y donde lo tratas, y es que puede haber demandas de 10 folios insufribles donde no consigas entender lo que se pide, y otras de 30 donde no te cueste nada acabar de leerlas.
    Saludos.

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  12. En mi caso , como abogada por cuenta propia, debo sumar al kit de supervivencia del abogado el del autónomo…Mi principal lucha es la económica, que la jurídica la asumí voluntariamente. Difícilmente cuando toda la gestión es unipersonal, tienes una cascada continua de clientes y eso sumado a la lentitud de cualquier proceso y por ende el ir cobrando por cada gestión efectuada dentro de ese proceso, acaba generando una desinversión de estructura que, necesariamente debes compensar con nuevas fuentes de ingreso. No creo que haya más crisis en esta profesión que en otras, hoy en día hay muchos profesionales de todo y, es más, si la percepción de la ciudadanía en general es de abuso y de corrupción en el ámbito social, nuestro trabajo debería estar asegurado. Si no existe esa correlación, posiblemente sea porque el mismo ciudadano percibe la Justicia (Administración, leyes…), como una entidad alejada de su realidad.

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  13. Un viejo abogado, cuando practicante me dijo, que lo más importante para ser buen abogado, no era conocer la ley, sino conocer al juez.
    Observo, que muchos para ganar sus casos, encontrar clientes y empleos, se afilian a una logia masonica, pues estos se infiltran en el aparato del estado, principalmente la milicia, judicatura y la política. También, a un partido político, que tiene infiltrado a sus partidarios en los puestos públicos, para acceder a estos u obtener favores. Particularmente, veo en la generalidad de los abogados una suerte de labor mercenaria, pues defienden a quienes les pagan sus honorarios, sin hacer distinción, pues todos son inocentes -así lo dicen, habrá que creerles- y los procesos judiciales como un gran teatro, donde cada actos tiene su papel en la obra que se reedita cada vez.

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  14. Pingback: Diez vías para ponerse jurídicamente al día en los tiempos muertos | Contencioso.es

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