Contencioso Sobre los políticos

Agotados de esperar el fin de las negociaciones políticas

Es sábado y no puedo menos de hacer un breve análisis del escenario político pues si malo es estar con gobierno en funciones tampoco me parece bueno un gobierno alzado sobre frágiles pactos para el Derecho Público que al fin y al cabo, gobierna nuestras vidas.

Observo que el país va como un barco a la deriva, como un Titanic que se hunde tras colisionar con la crisis económica, mientras que los políticos como los músicos, siguen tocando la música de alcanzar acuerdos de gobierno.

Parafraseando el título de la biografía de Neruda (“Confieso que he vivido”) me toca confesar que estoy dolido. Dolido con este espectáculo de la política nacional incapaz de empujar el país hacia delante con un gobierno estable. Un gobierno en funciones supone un país paralizado, por inercia, sin legitimidad y sin capacidad de respuesta frente a las serias y cambiantes circunstancias internacionales.

No puedo menos de añadir una reflexión desde la perplejidad y al margen de toda posición ideológica o partidista sino expresión de la preocupación de un jurista.

ciervos1. Asistimos a un espectáculo propio de un circo de tres pistas (política, parlamentaria y mediática) que ya no nos divierte al público a la hora de elegir presidente del gobierno y en que cada partido hace cuentas con los votos que tiene, con los que puede pactar y con los que puede arrebatar pero en el fondo, ninguno parece estar dispuesto a ceder.

El problema radica en que en matemáticas aprendimos que el orden de los factores no altera el producto y que por mucho que mezclemos peras, manzanas y melones en un balde, o los exprimamos y agitemos, jamás conseguiremos zumo de naranja.

2. Las elecciones se celebraron. Los candidatos de cada partido exhibieron sus posiciones. El que quiso dio un paso adelante para postularse de candidato. Tuvieron lugar las dos votaciones para la investidura y fracasaron. Y a partir de ahí el estrépito mediático y un “juego de tronos a la visigoda” donde vale la descalificación, el insulto, el navajeo y la intoxicación.

preocupadosParece que los españolitos de a pie debemos confiar candorosamente en un acuerdo por ser lo menos malo.   Pero ese acuerdo no llegará; es la maldición del español que prefiere quedarse tuerto con tal que el vecino quede ciego.

3. No podemos perder mas tiempo. Acabo de leer estremecido un dato objetivo en un artículo del Diario La Nueva España donde el agudo Javier Neira informa:

El sector público español registró un déficit de 55.755 millones de euros en 2015, un 5,1 por ciento del PIB. Casi un punto sobre el límite comprometido con Bruselas que estaba fijado en el 4,2 por ciento. El desvío es de 10.000 millones de euros. Ahora, este año, habrá que ahorrar 24.000 millones de euros para alcanzar el objetivo del 2,8 por ciento previsto.

Rajoy empezó con una deuda del 60 por ciento del PIB y ya supera el 100 por ciento. Los distintos apartados del llamado gasto social creen año tras año así que no hay recortes ni austericidio que valga. El tinglado se mantiene porque la economía crece por encima del tres por ciento y los impuestos, salvajes -aunque se han reducido últimamente- cubren lo que sea. Pero los que vienen proponen un gasto superior a lo visto en 60.000 millones y tal disparate lo pretenden equilibrar con más impuestos y… es inviable el modelo o mejor el anti modelo. Y la alternativa la estamos contemplando en Francia: la calle estalla.”

4. En esas condiciones, urge la convocatoria de elecciones y dejarse de marear la perdiz.

Me temo que un posible acuerdo de investidura, tejido con remiendos y con hilos débiles, reventará por las costuras a la primera. Si tan difícil es alcanzar un acuerdo de investidura del presidente del gobierno, no quiero imaginar el via crucis de ir aprobando o modificando las leyes que el país necesita en un contexto tan complejo como el que nos ha tocado vivir.

Además me temo que cualquier acuerdo que pudiere alcanzarse para alzar como presidente del gobierno a cualquier líder (lo que realmente se está negociando, no nos engañemos) son cuestiones y estrategias y cesiones posiblemente inconfesables. Al fin y al cabo, ya nos hemos acostumbrado a que la política no es el Derecho y aquélla tolera puñaladas y fraudes al electorado, y mercadeo de cargos y promesas. En la trastienda de esas negociaciones están agazapadas las huestes de políticos, los que ocupan o han ocupado cargos públicos, con el colmillo goteando por seguir marcando el territorio, y los que no lo han hecho, deseosos de probar la droga del poder público (como el crack, ¡ni siquiera lo pruebes!).

indios5. En este contexto los ciudadanos nos sentimos como los indios sioux cuando fueron visitados en su reserva por el presidente de los EEUU Lyndon Johnson (1963-1969), quien para conseguir su apoyo para recortar los terrenos de la comunidad indígena, les prometió que cada nativo tendría una antena de televisión en su casa (y los indios abrieron la boca gritando: ¡Campay!); luego se animó a prometerles ciclomotores o vehículos para sustituir los caballos (y los indios gritaron: ¡Campay!); al terminar su discurso el jefe de la tribu le invitó a pasear por la reserva, pero antes le advirtió: “Tenga cuidado donde pisa, porque hay muchos caballos y el suelo está lleno de ‘campay’.

6. En fin, se prometa lo que se prometa y se pacte lo que se pacte, todos sabemos que los matrimonios de conveniencia son un infierno de convivencia y que acaban en ruptura, y Maquiavelo nos reveló que la experiencia de los gobiernos demostró que jamás suceden bien las cosas cuando dependen de muchos.

Por eso, creo que la olla de presión política pide que se convoquen ya las nuevas elecciones. Esto es una agonía sin fin y el país merece un gobierno.

7. Y no se diga que unas elecciones nuevas cuestan mucho o que se volverá a repetir el escenario. Por supuesto que unas elecciones cuestan a las arcas públicas pero mas cuesta seguir hundiéndonos en las arenas movedizas de debates estériles para acabar en otros comicios. Tampoco puede afirmarse seriamente que se repetirán los resultados anteriores pues supone subestimar al electorado.mar

8. Sin acudir a sondeos interesados, los electores somos mayores de edad y contamos con tres nuevos datos que nos harán meditar el voto.

En primer lugar, sabemos de cada partido político cual es su posición ideológica y lo que están dispuestos a negociar o ceder en un programa de gobierno.

En segundo lugar, conocemos la catadura personal de cada líder político pues las máscaras de todos se han arrancado en el fragor de la batalla.

Y en tercer lugar, quien más quien menos, tomará en cuenta la próxima votación de una forma mas reflexiva y menos víctima de la inercia de las votaciones clásicas. Parafraseando a una conocida compañía de productos electrónica, no somos tan tontos como nos creen.

Lo que no podemos aguantar es el cuento de la buena pipa de que se va a negociar lo innegociable y que se alcanzará un acuerdo que pocos quieren seriamente alcanzar. Empiezo a pensar que en China rechazan las historias fabulosas calificándolas de “cuento español”.

En fin, apartándome de la profecía de los humoristas Tip y Coll, “el lunes NO seguiré hablando del gobierno”… sino de derecho. Tiene fallos, pero me lo creo más.

9 comments on “Agotados de esperar el fin de las negociaciones políticas

  1. Pues, Señoría, creemos desde este blog maravilloso una nueva marea: la MAREA CAMPAY.

    El brillante análisis sólo adolece de una reflexión; además de circo España parece un inmenso NOSOCOMIO. Se han escapado todos los oligofrénicos y andan “campayando” por nuestros -no sus- respetos

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  2. Coincido en la idea de que más se pierde con la situación actual que con unas nuevas elecciones el pensamiento económico parece bastante claro; coincido también en la idea de que el panorama tiene nuevos elementos para decidir el voto, lo que ya no tengo tan claro es que la sociedad no sea un puro reflejo de nuestros teóricos representantes, si ello es así, y desde los manuales del comportamiento del votante ya se indica, los resultados poco han de variar.
    ¿Qué nos queda? Crecer como sociedad, madurar y al madurar, maduraran nuestros representantes y nuestras instituciones, sin ese paso, continuaremos en nuestra feliz adolescencia social.

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  3. Yo debo ser como ese del dicho: “El que mantiene la calma cuando todos huyen… es que no ha captado la gravedad del peligro”.
    Es decir, estoy encantado con la situación actual. Yo no creo que seamos un Titanic que se hunde sino un velero que se ha quedado sin capitán, o está dormido, y va “al pairo”, algo así como “a donde nos lleve la corriente”, que igual es mejor que a donde nos lleve un capitán pirata.
    Mi experiencia vital me indica que los gobernantes españoles tienen varios vicios, aparte de meter la mano en la caja… o en el sobre. Uno de ellos es esa manía de estar retocando las leyes continuamente y a golpe de mayorías monocordes, casi siempre absolutas. Si yo fuera jurista preferiría una legislación que sea estable, por aquello de la seguridad jurídica y de no volver locos a los ciudadanos que acaban por no saber si tienen que circular por la derecha o por la izquierda (me refiero a la carretera, no a la política). ¿Porqué hacen esto los políticos? Hay varias razones. Voy a empezar por la más obvia: por dar gusto a sus amigos, pero también a aquellos que pueden abrirles cuentas opacas bien dotadas en algún paraíso fiscal. En segundo lugar, diría que los políticos tienen miedo de que les acusen de inacción. Al cambiar las leyes de forma desaforada, parece que hacen algo, aunque la mayor parte de las veces lo único que hacen es marear la perdiz… y al ciudadano. Como si gobernar para que se cumplan las leyes existentes no fuera mucho más importante.
    Su incapacidad de llegar a acuerdos, tanto si están en el poder como en la oposición, para aprobar leyes importantes sin temor a que sean modificadas cuando la oposición llegue al gobierno, les ha conducido ahora a este anquilosamiento en el que parece que no hay tampoco posibilidad de acuerdo.
    En tercer lugar, y quizá sea redundante con lo dicho como primera razón de ese ansia de modificar leyes, es que cada variación de las leyes es una vuelta de tuerca contra el ciudadano de a pie, contra el trabajador: menos derechos laborales, menos privacidad, menos competencia donde elegir, menos seguridad jurídica, menos tutela judicial efectiva… Al final, de nuevo, más poder para los poderosos, más indefensión para los humildes. Y en esto me da igual que gobiernen los unos o los otros, que a la postre yo diría que son los mismos perros con distintos collares. Y que me perdonen los canes por esta comparación.
    Debo decir que sigo con interés y hasta con cariño las entradas de este blog jurídico, pero en este caso no puedo estar más en desacuerdo. Desde el tono mayestático empleado esta vez, usando la primera persona del plural para enunciar los desacuerdos con la situación política actual, como si el mismísimo Papa los dictara, hasta el contenido mismo de las razones que informan esos desacuerdos, perdóneme sr. magistrado, como humilde ciudadano asqueado, apaleado, ninguneado, humillado, despreciado, engañado, desvalijado… (así me siento, y me quedo corto) por los políticos desde hace muchos años, prefiero que sus señorías electas se queden en sus casas aunque cobren sus astronómicos sueldos. Y hasta las dietas que no se merecen les daría, con tal que no cometieran más tropelías haciendo leyes que sólo sirven para aplastarnos (por no usar otro verbo peor sonante) más. Que sigan negociando sus acuerdos imposibles. Que sigan los cuatro años de legislatura, si hace falta. Apuesto a que el país entero, en ese lapso, daría un brinco en lo moral y hasta en lo económico (que estoy convencido que no hay lo segundo sin haber lo primero) que sería la grata sorpresa de Europa y hasta del mundo entero. Ese día seríamos conscientes de que podríamos despedir a la mayor parte de los políticos de esta santa nación y funcionaríamos mejor. Sólo restaría hacerlo, aunque sería difícil porque hasta en eso las leyes están hechas para perpetuar ese modelo de “fijosdalgo”, de privilegios vitalicios y paternalistas, que nos viene desde la época de Cervantes y cuyo único mérito requerido ahora es afiliarse a un partido y conocer a alguien que conoce a alguien.
    Un viejo abogado me confesó: cada vez se legisla más y peor. Las leyes son menos claras, más ambiguas. Si vas a juicio, aunque te asista la razón de la lógica, no sabes si saldrás malparado por esa ambigüedad de las leyes que deja al sr. juez con la pesada carga de interpretarlas para otorgar el favor de la justicia al que realmente la merece.
    Dicho todo lo cual, he de advertir, por otro lado, que si yo fuera abogado, tal vez estaría encantado con ese constante hurgar en el enjambre de las leyes, códigos, decretos, ordenanzas, reglamentos y demás que parece encantar a nuestros próceres, porque así el ciudadano que desea defender sus legítimos intereses tendrá que venir a mi puerta buscando que le aporte un poco de luz en ese maremágnum de legislación y jurisprudencia. Y ya se sabe que eso son monedas al cajón. Pero, como ciudadano de abajo, soy de la opinión de que ese maremágnum semicaótico acaba por empobrecernos como nación. Los poderosos siempre pescan mejor en río revuelto, perdón, en “mar” revuelta. Los malparados acabamos siendo también, siempre, esa mayoría silenciosa que no tenemos medios para costearnos abogados y largos procesos.
    Perdón por mi exceso verbal.

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  4. Phelinux: no por menos sobrecogedora, tu VERDAD es LA VERDAD. Y te quedas corto.
    Un abrazo con el corazón.

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  5. Pues no sé si es bueno o no que haya nuevas elecciones, pero mucho me temo que somos en este país tan “….” que el resultado no variará mucho del anterior, tal y como ya decía un comentario anterior. Yo creo que lo mejor que se podría sacar de este impass es una modificación de la actual ley electoral que haga verdad lo de “una persona, un voto” porque a lo largo de nuestra reciente historia ya hemos visto que las mayorías absolutas no funcionan y puede que iríamos mejor si se instalara la costumbre de negociar…. a la fuerza.

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  6. Ya lo decían los Ilegales, tiempo atrás.

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  7. José Manuel Martínez

    Comparto el análisis, sencillo y preciso como es habitual en nuestra admirado JR Chaves, aunque soy algo más pesimista en relación con la visión de los españoles que da: no tengo claro que la mayoría haya aprendido de la actual situación las lecciones que indicas, y creo que hasta somos capaces de preferir quedarnos ciegos con tal de que el vecino se quede Tuerto…
    Sobre el déficit público y los recortes, apunto un dato de mis estudios sobre contratación pública y corrupción: lo que perdemos en sobornos e ineficiencia en el gasto público invertido mediante contratos, es mucho más que el el déficit del año 2015, pero no parece que ni este ni ningún gobierno se tome en serio el problema de la corrupción en nuestro país…

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    • De acuerdo en la relación entre contratación pública y corrupción. Dos pequeños ejemplos de mi ciudad, Burgos: una rotonda normalita: UN MILLÓN DE EUROS (pagados por el Estado, al estar situada en un vial de su titularidad). Vamos, no se lo creen ni ellos. Yo no soy experto, pero creo que con la quinta parte de ese dinero se podría haber hecho.
      El otro ejemplo: un campo de rugby de hierba artificial (¿suena de algo?): UN MILLÓN DE EUROS. Una amiga ha estado buscando en internet campos similares construidos en España y no solían subir de los 500.000 euros. En el “caso Rus” hay una noticia que dice que cobró 700.000 euros por un campo de fútbol (son similares a los de rugby) y se calcula que la cifra está hinchada en un 40%. O sea, que ese campo debería haber costado unos 400.000 euros. Pues el de Burgos, por ahí. Y miren qué diferencia.
      Son dos botones de muestra.
      ¿A dónde va ese dinero pagado de más, que sale de nuestros impuestos? Todos habremos oído hablar del caso Bárcenas. Pues eso nos da una pista.
      Si no se ataja esta sangría, no hay gobierno, del color que sea o de la mezcla de todos los colores de la paleta, que nos saque del atolladero. Seguiremos siendo los hermanos pobres de Europa y el hazmerreir de los que manejan los hilos.

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