Actualidad control

Cuando el sueño de los interventores produce monstruos

Siempre he defendido la labor de los interventores. Sin ellos no habría control. Sin las bridas de su tutela del cumplimiento de la legalidad, eficacia y eficiencia del gasto, se desbocarían las cuentas públicas. Por eso creo que son profesionales necesarios y mas que útiles, son imprescindibles.

Dicho esto, al hilo de una conversación mantenida en Valencia con varios funcionarios, salieron a la palestra algunas exigencias de las intervenciones de distintas administraciones cuando se trata de garantizar la legalidad del gasto en viajes, manutención y alojamiento por razón de servicio o para impartir cursos o conferencias.

En este campo, confieso que he visto rendiciones de cuentas ejemplares pero también prácticas inaccesibles al común de los mortales. Ahí van algunos ejemplos, diciendo el pecado pero no la administración pecadora.

UNO.- La exigencia de la tarjeta de embarque en papel para acreditar que el viaje aéreo realizado por encargo y pago directo por la propia administración, ha sido usado por el funcionario ( no vaya a ser que haya ido caminando o volando fuera de cabina). No deja de sorprender:

  • Que en poca cabeza cabe que alguien suplante a la persona con su billete aéreo nominativo con los numerosos controles aeroportuarios. Tampoco adivino las razones de alguien que solicite y obtenga un billete y aparezca en el lugar sin usarlo, cuando insisto, la relación con la agencia de viajes es de la propia administración y no negocio directo del funcionario o empleado público.
  • Que se pida la copia de la tarjeta de embarque en papel, cuando hoy día la inmensa mayoría la llevamos en el móvil con un código.

DOS.- La exigencia de garantía de pernocta en el hotel encargado por la propia administración. Sorprende que para garantizar y demostrar que se ha alojado efectivamente en el hotel se requiera una especie de declaración jurada y firmada por el conserje, encargado o testigo equivalente. Mas sorprendente resulta que tan rigurosos interventores no requieran una declaración de un tercero que avale que ese conserje o encargado es quien dice ser, y así sucesivamente ad infinitum.

No me extrañaría, que siguiendo esta absurda estela pronto alguna intervención requiera además del ticket del servicio de taxi, la declaración del conductor de que ha viajado realmente en él.

Lo que no parecen percatarse algunos de estos interventores  es que ningún particular está obligado a testificar o documentar nada de tercero, ni mucho menos está obligado el funcionario a exhibirle el DNI a un particular para que declare que él ha dormido o viajado.

TRES.- En otros casos, los interventores demuestran un especial celo y preocupación por la ingesta en los gastos de comidas, cuando no se abonan a título de dieta sino mediante factura, en que se repara u objeta por el interventor el hecho de “consumir vino de calidad” mientras los gastos en marisco o platos de alta cuna vuelan bajo radar. Mejor sería que la instrucción dada al interventor o al funcionario sobre el gasto admisible y legítimo, fijase un umbral máximo de gasto por persona y un umbral máximo de grupo, y que se indicase el número de personas.

Por cierto, también he asistido a algún anfitrión de curso como, tras invitarnos a los asistentes al curso, laboriosamente recopilaba nuestro DNI y anotaba el cargo y administración o empresa de procedencia porque su interventor le requería la identificación precisa de los comensales que habían asistido.

En suma, si según el Código Civil la buen fe se presume y si los procedimientos de intervención deben verificar la realidad del gasto…¿no sirve la factura que implícitamente revela la realidad del servicio de porteo, alojamiento o consumo?

En fin, que bien estaría menos desconfianza del funcionario y más persecución del caradura. Lo que no se puede es aplicar una tupida red de garantías y controles que los tiburones siempre romperán y en la que quedarán encerrados los pececillos.

El resultado es que al final, los tickets y facturas se pierden, o se casa el funcionario de pelear con el interventor de turno, de manera que el que ha incurrido en gasto por cuenta de la administración ( comisión de servicio, charla,etc) renuncia a ello. Triste.

En todo caso, estamos ante patologías puntuales y no es la regla general, pero el que la sufre, maldice y no en vano. Con ello cobra vigencia mi viejo post realista e irónico sobre facturas e interventores. y donde cuento un par de anécdotas del que fuere premio Nobel, Richard Feynman, y del escritor Arturo Pérez Reverte, en sus relaciones con tales controladores.

Y ahora escribo desde el aeropuerto y voy a guardar cuidadosamente la tarjeta de embarque y me haré un selfie en el asiento del avión, o con la azafata, por si me piden que lo acredite, unido a una declaración del piloto de que he sido buen pasajero y que no me bajé antes del trayecto para enriquecerme.

9 comments on “Cuando el sueño de los interventores produce monstruos

  1. isidrohevia

    Desde luego, lo que nunca suele faltar en este blog, además de conocimiento, sagacidad, agudeza, talento y mucho más, de lo cual me me alegro cada día, es un más que finísimo sentido del humor: “Mas sorprendente resulta que tan rigurosos interventores no requieran una declaración de un tercero que avale que ese conserje o encargado es quien dice ser, y así sucesivamente ad infinitum.” Bestial, querido Sevach.

  2. Hay una anécdota que leí hace años en un artículo de Antonio España, protagonizada por un taxista egipcio en un destartalado coche cual Sancho Panza, que en el momento de cobrar y al ser requerido el preceptivo recibo, miró de arriba abajo a los trajeados funcionarios españoles diciendo:

    ¿Quieren decirme que su empresa no se fía de ustedes y le piden un recibo y sin embargo sí se fía de mí, que ni siquiera me conocen, y de un papel que les escriba a mano?

    Faltó decir: ¡están locos estos romanos!

  3. Uno q pasaba por la calle Atocha....

    Estimado sr. Chaves. Está usted refiriéndose a un instituto de administración pública concreto o solo me lo parece?

  4. Fernando

    Ciertamente los controles del interventor son un mal necesario que implican molestias para quienes se tienen que ver sometidos a ellos. Pero si el interventor fuera allí donde va a estar el comisionado en servicio, viajando con él en avión, carro de bueyes u otro medio de transporte, durmiendo puerta con puerta en el hotel, comiendo en la misma mesa y compartiendo cubertería y mantel, etcétera, se encontraría en una situación en que podría ser más flexible y relajar los rigurosos procedimientos de control que por ley debe seguir. Sin embargo, debe permanecer en su puesto, aburrido en un despacho con cuatro paredes, la foto del Rey, un ordenador antiguo, una calculadora de mano o tal vez un ábaco, haciendo calculos, anotaciones, etc., tareas sumamente aburridas; vamos como para que luego le vengan que no le han traído la copia del embarque en el carro de bueyes firmado por uno de ellos, que el carretero no sabía escribir.
    A ver con los adelantos electrónicose y digitales, coincido con usted en que podría realizarse la tarea de intervención con agilidad, rigurosidad, eficazmente y hasta de manera divertida (si le enseña la foto del conserje del hotel, la del ‘piloto y copiloto’ del carro de bueyes junto a usted, el descorche de la botella de vino por el maitre, etc). Pero si la comunicación electrónica con la administración está en sus comienzos, habrá que dar tiempo a que los procedimientos de intervención se modernicen sin perder su eficacia. Tiene dos opciones: tomárselo con paciencia y resignación, o ‘ponerse un interventor’ como acompañante en su vida y sus viajes fiscalizando al momento y en el lugar. Que es lo que habría que hacer y haber hecho con los caraduras que “bajo radar” se ponen hasta el bigote de esto y lo otro, en aquellos sitios o en aquellos otros, que para qué ponerles nombres, y si es que al final ellos mismos se descubren. …

  5. Iñaki Virgós

    Cuando sea mayor quiero un magistrado de c-a como Vuecencia

  6. Contencioso

    No sé donde leí hace poco (Tal vez en este mismo blog) que la justicia es una tela de araña curiosa porque atrapa a los mosquitos pero los moscardones la atraviesan sin problemas. La intervención es lo mismo, te pueden volver loco con minucias como esas dietas, pero luego sorprendentemente se cuelan facturas y certificaciones millonarias que, llegados a un proceso penal, se evidencia lo brutalmente groseras que eran. No seré yo quien critique la necesidad de una intervención rigurosa en el unico país del planeta en que la picaresca es género literario propio, pero dá que pensar.

    Saludos

  7. Mariano

    A mi lo q me sorprende, no es q los interventores pidan esos papeles, sino q haya normas en vigor q les exige q los pidan. Modernicemos de una vez las normas y dejemos a los interventores hacef su trabajo!!!

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