Luchas, triunfos y homenajes del Derecho Público

Premios Nóbel y Derecho Público

El Premio

La prensa nos bombardea con los Premios Nobel, tras la antesala de los Príncipe de Asturias (igual que los Oscar de Hollywood cuentan con la antesala de los Globos de Oro), y ahora en España los premios Planeta anuncian sus ganadores que “casualmente” unen la fórmula del éxito de todo menú gastronómico: algo clásico y perfecto (Millás) con algo atrevido y picante (Boris Izaguirre).

    1. Aunque Pablo Neruda (Premio Nobel de Literatura, 1971) consideraba que la ceremonia de Estocolmo para los laureados era “un reparto de premios escolares en una pequeña ciudad de provincia”, su prestigio e impacto es innegable, y Sevach se pregunta porqué los Premios Nobel no cuentan con una especialidad del Derecho. Es cierto que esa carencia se suple con los millares de premios locales para juristas que existen en este mundo y que cuentan con la bendición de las editoriales y de los clanes de las Escuelas-lobbies de Derecho. Pero el resultado son adjudicaciones con poca sorpresa y que se adjudican bajo un ropaje de imparcialidad aunque se agite la impúdica verdad de una notoria componenda.

    2. En el mundo del “Derecho” el nombre de los premiados se escribe con renglones torcidos: ¿ha de premiarse al mejor del Derecho con mayúsculas, a los mejores de Derecho Público o Derecho Privado, o de alguna de las múltiples especialidades en que se fragmenta la disciplina?; ¿Cúal es el baremo de excelencia: la investigación, la docencia, la abogacía o la judicatura?; ¿Y cómo se mide la investigación jurídica?, ¿Por número o calidad?; ¿Cómo se mide la docencia?, ¿Por años, por asistencia de alumnos, por amontonamiento de artículos o por enseñar a pensar?; ¿Y el éxito en la abogacía se cuenta por pleitos ganados, por pleitos razonados o por pleitos ganados?; ¿es mejor juez quien aplica la letra de la Ley o su espíritu?; ¿Quién es mejor, quien más discípulos tiene o quien va contra corriente?…

    3. Difícil resulta señalar en el Parnaso quién merece mayor aplauso, máxime cuando el mundo del Derecho, con sus socios (D. Prestigio, D. Dinero y D. Poder) recuerda mas la jungla amazónica (leyes de la selva) que Brasilia (mundo cuadriculado y racional). Quizás, D. Alfredo Nobel sabía que si alguien consiguiese el consenso en la comunidad del Derecho para identificar al más prestigioso jurista vivo del año, debería obtener además el Nobel de la Paz.

    4. Y es que basta asomarse a los Colegios de Abogados y a las Facultades de Derecho para comprobar que bajo una armonía solemne subyacen berenjenales, contiendas y animosidades de todo pelaje. Es cierto que en todo grupo organizado surgen brotes de tensión (quien forma parte de una simple Comunidad de Vecinos lo sabe), pero mas sorprendente resulta cuando hablamos de profesionales del Derecho, que es el brazo protésico de la sagrada Justicia.

    5. Sevach recuerda que la evaluación de los quinquenios de investigación de cada profesor de Derecho de la Universidad española se llevó a cabo a cargo de un grupo de “expertos” (¡¡Oh, que palabra tan terriblemente inquietante!!) bajo el pacto de caballeros de no hacer público los resultados positivos o negativos de la investigación desarrollada por cada profesor. Esta Omertá (pacto de silencio) garantiza el equilibrio entre las “familias” del Derecho. Así, nadie aparte del propio evaluado debe saber quien está evaluado como mejor o peor, pero si transcendiera, dos reglas de supervivencia académica: primera, en público hay que callar; y segunda, en privado hay que criticar a los evaluadores. Sólo así se garantiza el equilibrio entre grupos, áreas, Escuelas, maestros y discípulos, santones y francotiradores.

    6. Por eso, probablemente D. Alfredo Nobel silenció toda referencia al Derecho, aunque subsistirá siempre la incógnita de si existían razones tan inconfesables como la omisión del Premio Nobel de Matemáticas y que se asocia al reputado y atractivo matemático sueco G. M. Mittag-Leffler (1846-1927). Las versiones suecas y francas coinciden en que Alfred Nobel, creó los premios anuales que llevan su nombre para los mejores trabajos de Física, Química, Psicología o Medicina, Literatura y a favor de la Paz Mundial. Cuando se consideró el premio sobre Matemáticas, Nobel preguntó a sus consejeros que, si hubiese un premio Nobel en Matemáticas, si Mittag-Leffler podría ganarlo. Como Mittag-Leffler era un matemático de gran reputación, le confirmaron tal posibilidad, ante lo que Alfred Nobel ordenó que entonces no hubiese premio Nobel de Matemáticas. Aquí tenemos un ejemplo de cómo un odio personal tuvo su influencia en el desarrollo científico mundial, pero ¿cuál fue el motivo de tal odio? Mientras que la “versión sueca” nos dice que ese odio pertenece al ámbito de unas relaciones personales difíciles (Mittag-Leffler era un potentado que tropezó en su camino con muchas personas, entre ellas Alfred Nobel), la “versión francesa” afirma que el matemático sueco tuvo más éxito con cierta señorita que el propio Nobel, quien estaba realmente interesado en la señorita en cuestión (¿su secretaria?).

    Como díce el título de la obra de Nietzche, “Humano, demasiado humano”. Aquí Sevach aprovecha para decir que de Nietzche, como de los libros de Neruda, lo mejor son los títulos; así, si Pablo Neruda, que también fue Premio Nobel de Literatura en 1971 tiene libros con título tan bello como “Para nacer he nacido”, “Confieso que he vivido”, pues F. Nietzche tiene la obra “Mas allá del bien y del mal”, y si el lector se pregunta qué era lo que estaba más allá del bien y del mal para el malogrado filósofo, pues eran “los actos que se realizaban por amor”, con lo que el filósofo presta a D. Alfredo Nobel cierta coartada para excluir las Matemáticas de su testamento.

    7. Y a diferencia de lo que ocurre en matemáticas (Medalla Fields), en arquitectura (Premio Pritsker), o en tecnología (Premio Millenium), en Derecho parece que se sigue el criterio de “que otro se quede ciego aunque yo me quede tuerto”, o sea, que ningún jurista querría ser candidato, primero, para no llevar en su vida el anatema de aspirante frustrado, y segundo, para evitar ser zarandeado por tribunales guiados por “filias” y “fobias” distantes de lo objetivo.

    8. De ahí que el Derecho sea la cenicienta de los Premios Nobel, que todavía espera el príncipe que la descubra, de igual modo que el Banco de Suecia tuvo que añadir a los Premios del testamento de Nobel su mecenazgo para el Premio de Economía (Poderoso Caballero es Don Dinero).

    9. Y eso que no faltan entre los premios Nobel algún Catedrático de Derecho (Theodor Momsem, catedrático de Derecho Romano, Premio Nobel de Literatura en 1907), ni juristas brillantes como Premios de la Paz (Louis Reanult, 1907; Henri Lafontaine, 1913; Carlos Saavedra Lamas, 1936; René Cassin, 1968); aunque lo que sí abundan son estudiantes de derecho que no culminaron sus estudios pero se alzaron con el Nobel de Literatura (Jacinto Benavente, 1922; Vicente Aleixandre, 1977; Gabriel García Márquez, 1982; Octavio Paz 1990); también ha sido premiado con el Nobel de la Paz el Instituto de Derecho Internacional de la Ciudad de Gante (1904).

    10. En fin, quizás el mundo del Derecho se preste mas que al Nobel, a los llamados ig-Nobel o premios nobel alternativos sobre aportaciones científicas pero extravagantes, y es que en el mundo del Derecho, buena parte de las tesis doctorales bien podrían ser laureadas con tal premio alternativo.

    11. En fin, recordando la estela del Catedrático de Derecho Romano Alvaro D’Ors (Premio Nacional de Literatura 1959) hoy día nos reconforta el Catedrático de Derecho Administrativo D. Eduardo García de Enterría, galardonado merecidamente con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1984), y que suma a su condición de miembro de la Real Academia de la Lengua, donde comparte sitial con el Catedrático de Derecho Mercantil D. Miguel Delibes, Premio Nacional de Literatura (1952) y Premio Cervantes (1993).

0 comments on “Premios Nóbel y Derecho Público

  1. Viendo la deriva protoprogre que han tomado los premios Nobel, y ya no digamos los Príncipe de Santillana ( editorial de don Jesús, que en paz descanse), también conocidos como Príncipe de Asturias, no me cabe la menor duda de que si se creara la categoría de juristas, los primeros premiados serían , o bien los ayatolás iraníes por applicación rigorista y fidelísima de la sharia, o bien los redactores de las nueva Constitución venezolana, que crea nuevos poderes del Estado, consagra la reelección indefinida del Presidente, y se carga la propiedad privada, entre otras cosas. Oiga ,es que ser progre a costa del sudamericano en Estocolmo, o en Oviedo, sale muy baratito.

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