De la Universidad

La sombra de Bolonia acecha a los calendarios académicos universitarios

espaguettis

En estas fechas se baraja por los Rectores el cambio del calendario académico universitario. Tradicionalmente el curso académico o período lectivo se iniciaba allá por el 6 de Octubre y finalizaba el 31 de Mayo, contando con las convocatorias de Junio, Septiembre y Febrero. Ahora se plantea asimilar el calendario académico al laboral e iniciar el curso a primeros de Septiembre y con dos únicas convocatorias de examen antes de Junio.

Sin embargo, tal cambio no será pacífico ni gratuito. Algunas Universidades han dado un paso adelante y han avanzado positivamente en esa dirección. Otras son remolonas y no quieren oir hablar ni del Calendario Zaragozano. Las Comunidades Autónomas siguen la politica del avestruz y el Estado parece un casco azul de la ONU en una guerra ajena. Veamos el panorama.

1. El posible cambio viene inspirado por la acomodación al proceso de Bolonia (Espacio Europeo de Educación Superior) en el sentido de acompasar la duración de las enseñanzas. Es lógico que si se pretende equiparar un resultado académico o titulaciones, habrá que equiparar la duración del calendario “laboral” universitario dentro de Europa. Además responde al imperativo lógico de optimizar recursos humanos, tanto del profesorado como de los alumnos, incompatible con esos amplios “períodos de reflexión” vacacional y post-vacacional.

Y por ende, la homogeneidad de duración de los estudios universitarios y la coincidencia de períodos lectivos y no lectivos con sus equivalentes de las Universidades europeas facilitará la movilidad estudiantil y compensación de módulos recíprocos. Además si no se acompasa el paso del curso académico en las mismas Universidades españolas las dificultades de movilidad dentro de España serán notables.

2. Ahora bien, los efectos de tal medida son variados.

En primer lugar, se impone un cambio de cultura en el alumno. Tradicionalmente el alumno universitario ha vivido instalado en un sistema que le permitía disponer de un cómodo sistema de exámenes. Básicamente el alumno aplicado se esforzaba en Junio y tenía asegurada la holganza veraniega (afición o formación voluntaria, según los casos) durante tres meses completos. Y el alumno haragán sabía que podía administrar el esfuerzo en tres etapas ( Junio, Septiembre y Febrero). Las liebres aprobaban en Junio y las tortugas en otras convocatorias. Los topos hacían agujeros según les cuadrase. Ahora el sistema premiará la uniformidad y la evaluación continua. Se recuperara el espíritu bíblico del Eclesiastés (3.1-8): “Hay un tiempo para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol: Un tiempo par hacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado”.

En segundo lugar, se impone un cambio de cultura del profesorado universitario. Aunque es cierto que para los investigadores vocacionales no hay horario ni calendario, para el restante profesorado será difícil el tránsito de un calmoso mes de Septiembre a la espesa rutina del inicio del curso académico.

En tercer lugar, se producirán efectos reflejos, por el reto de adaptación a las nuevas coordenadas, tales como los siguientes: las subvenciones autonómicas a la Universidad deberán abonarse con otra dosificación; los contratos administrativos de concesión de cafeterías y servicios complementarios de los Campus habrá que modificarlos; las ciudades con población sensiblemente universitarias (Santiago, Salamanca, Valladolid, etc) verán como la hostelería tendrá que adaptarse a unos meses estivales despoblados en términos estudiantiles, las bibliotecas universitarias tendrán que reorganizar horarios y personal, etc.

Y en cuarto lugar, podrán darse efectos perversos. Para la Asamblea General de la CRUE celebrada en el pasado Octubre, el curso quedaría estructurado en dos semestres, cada uno con quince semanas lectivas más tres de exámenes (o una de descanso y dos de exámenes). La adaptación de fechas actuales haría necesario adelantar el inicio del curso académico al principio de la segunda semana de septiembre, con unos primeros exámenes en Navidades, mientras que el final del curso se adelantaría a finales de mayo, con los segundos exámenes, y la convocatoria extraordinaria de septiembre se realizaría entre junio y julio; la actual convocatoria extraordinaria de diciembre desaparecería.

Este planteamiento para una Universidad nueva en un Estado nuevo estaría bien, pero en la práctica el alumno desinformado clamará por la supervivencia de los actuales “exámenes de Febrero” que o bien desaparecen o se adelantan hacia otro mes, que lógicamente si así fuera sería anterior a los de Mayo y Junio. Otro problema será la lucha contra la “costumbre universitaria” (¡costumbre en derecho administrativo! ) de la inmensa mayoría de las Universidades públicas de conceder de forma tácita, unilateral o pactada, una “vacatio” ( o período sin carga docente) para el estudio, justo antes de cada período de exámenes. Ello puede comportar el riesgo de convertir el curso académico en una especie de “Guadiana académico”, con periodos lectivos y períodos vacacionales alternando.

3. Por eso, el problema de adaptación será la humana resistencia al cambio y la inercia de los hábitos. Ni el oso pardo puede dejar de hibernar en invierno ni el oso blanco dejar de hibernar en verano. Y así no será extraño que alguna Universidad enarbole la autonomía universitaria para imponer de hecho el mantenimiento de un calendario académico como el actual o incluso porqué no, alguna Universidad quizás se aventure a diseñar un calendario propio al estilo del calendario revolucionario tras la Revolución francesa.

4. Por eso Sevach considera conveniente recordar dos datos importantísimos.

En primer lugar, que ya el Tribunal Constitucional en su Sentencia 235/1991, de 12 de Diciembre declaró que el entonces vigente Reglamento estatal sobre Régimen de Profesorado (R.D.898/1985) invadía la competencia de la Comunidad Autónoma para especificar el contenido del calendario académico, excluyendo al Estado de tal competencia y dejándola en manos de Universidades y Comunidades Autónomas, condenadas a entenderse.

En segundo lugar, y sentado lo anterior, no puede dejarse la fijación del calendario académico al albur del peso político de cada rector en su pulso con la comunidad académica y estudiantil (bajo la sombra de las elecciones universitarias). Por eso, bien estaría que despertasen de su letargo los flamantes órganos creados por la Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, que modificó la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, y particularmente la solemne “Conferencia General de Política Universitaria” llamada legalmente a llevar a cabo la coordinación universitaria de las Comunidades Autónomas, y el “Consejo de Universidades”, responsable de la coordinación de la política general universitaria.

Lo triste es que contando con tales órganos, dotados de autoridad y competencia para pilotar ( o liderar, como se dice ahora por los tecnócratas) el camino hacia el calendario académico de Bolonia ( y recordando además que las competencias administrativas son “irrenunciables”, como recuerda el art. 12 de la Ley 30/92, de Administraciones Públicas), en cambio quien está ahora mismo llevando todo el peso de la iniciativa es la Conferencia de Rectores (CRUE) cuya labor es altamente meritoria pero que lamentablemente es una asociación privada desprovista de funciones y poderes públicos.

5. Por ello sería deseable que a propuesta de la CRUE o por iniciativa propia la cacareada Conferencia General de Política Universitaria se adoptase de forma clara y urgente un criterio único sobre el calendario académico para todas las Universidades públicas, al estilo de las directivas europeas, con flexibilidad para cada Universidad pero sustancialmente uniforme. Y si hay que cambiar el biorritmo de las “pruebas de selectividad” pues cámbiese, que lo accesorio sigue a lo principal según un viejo y sabio principio jurídico.

Lo que es absurdo e insostenible (por no decir ridículo) es que se hable de un Sistema Universitario español, y de la Universidad pública española como si fuese una unidad corpórea y cada Universidad tome esta decisión a su antojo, mientras su Comunidad Autónoma toma igualmente el camino que le parece (unas rígidas, otras flexibles). Al final, quien paga esta desarmonía es el estudiante, el profesor y las titulaciones oficiales españolas.

Si no hay criterio general y legitimado jurídicamente, la inseguridad jurídica entre alumnos y profesores irá creciendo, y el zumbido de la colmena universitaria aumentara. Y ya se sabe que cuando zumba la colmena, poca miel hay que esperar.

En fin, ya se cuenta con el precedente del llamado Calendario Juliano, en memoria del Ministro de Educación Julio Rodríguez que para el año 1974 acomodó el curso académico al año natural y que fue un estrepitoso fracaso. Esperemos que no sea tan difícil implantar el Calendario “ a la boloñesa”.
P.D.1.: Los conflictos para negociar el nuevo calendario con el personal de administración han comenzado según noticia.

P.D. Nada mas apropiado ante tanto tostón, que oir esta festiva y deliciosa canción sobre el Calendario: aquí

0 comments on “La sombra de Bolonia acecha a los calendarios académicos universitarios

  1. Creo que esa reforma del Calendario académico en la práctica sólo servirá para que los profesores se tomen antes y de un tirón las vacaciones, y para que los alumnos repetidores se tomen aún mas tiempo en acabar la carrera. Y si no, al tiempo

  2. Felipe

    Bienvenida sea la reforma del calendario.
    Y si aprovechamos para dejar sólo 3 convocatorias de examen y no 6+1 como hasta ahora, pues tanto mejor.

  3. Miguel A. Garcia

    Querido Sevach,

    Trabajo en la Universidad Rovira i Virgili como PAS. No, no es ninguna universidad privada de Barcelona. Es la universidad pública de Tarragona.

    Aquí hace dos cursos (éste es el tercero) en que se utiliza este calendario académico y no ha habido ningún problema. Es cierto que hay ciertos desajustes y dudes respecto a viejas costumbres, pero es cuestión de tiempo el que todo el mundo se acostumbre a que el verano es de 2 meses y para disfrutarlo o trabajar, y no para recuperar lo que no se hizo durante el curso.

    En mi ámbito de gestión, las prácticas en empresas, sí afecta este cambio y produce algunas confusiones, sobre todo entre las empresas de ámbito nacional que tienen estudiantes en prácticas de muchas universidades durante el verano. En este momento se encuentran confundidas por la variedad de calendarios: en unos casos pueden tener al estudiante de julio a septiembre (incluído) y en otros (como el nuestro) únicamente hasta agosto, porque a principios de septiembre comienza el nuevo curso.

    En definitiva, creo que este calendario será mucho más fácil de gestionar para todo el mundo y poco a poco todas las universidades y el resto de agentes implicados se irán adaptando a este nuevo modelo. Como todo, requiere su tiempo.

    Por cierto, aprovecho para planterarte el tema de las prácticas en empresas de los estudiantes universitarios. Aquí sí que hay una total ausencia normativa administrativa y una multitud de regulaciones propias de cada universidad. Y todo en un ámbito que afecta al mercado del trabajo y, por ende, al Derecho Laboral, en cuál creo que debería dar amparo a esta figura.

    Un saludo y enhorabuena por el blog. Es muy, muy bueno.

  4. Juan Manuel del Valle Pascual

    ¡Cuánto tiempo sin perturbar la paz de vuestros pensamientos! La felicidad no puede ser eterna. Vamos a ello.
    Bolonia esconde en España una revolución pendiente (¿una o más?): De implantación de enseñanzas de ciclo corto que predominen sobre las de ciclo largo, o, dicho de otra manera, que el mercado de trabajo abra sus brazos al titulado de grado, esto es al estudiante egresado que no esté sobretitulado con una licenciatura (para ser subalterno o auxiliar de un ministerio, que ya reivindicaré la promoción interna y la endogamia, y cuando me manden darle alpiste al canario me negaré por ser doctor en ciencias exactas). Que ha cursado, porque es lo que hacen todos, pues ser un estupendo electricista no da relieve social ( y mi mamá ya no me mimará), y estudiar formación profesional y currar con mono es como ser un leproso escapado de Molokay, aunque sea en un Mercedes. En cambio, mola decir que eres abogado ( de Código Cerril, no Civil), aunque no sepas de qué color es la toga y te pienses que las puñetas son interjecciones impertinentes, y el birrete una birria venida a menos.
    Bolonia esconde exigencias pedagógicas tales como que el profesor no diga que es una clase magistral recitar ( o leer de reojillo) el tratado científico del maestro de su escuela científica, o que se le llame enseñanza universitaria a una clase de”talla BUP”, ” porque con los chicos que me vienen, no les puedo pedir más…(de lo que yo sé)”. Y también es que el estudiante no pueda ser un alma pasiva soñando (con camelarse a la Montse, la de la fila de alante, que está como una sirena, pero sin oler a pescado)…un aprobado (o que me compensen la asignatura), pero no tener que estudiar los últimos días antes del exámen un libro, o, peor, unos apuntes que sabe pero no entiende, y que le hace protestar cuando le ponen un problema fuera del inventario de los ya realizados, para cuyo acierto tiene que realizar la funesta función de pensar, o de tener propia opinión, científicamente fundada.
    Bolonia es hoy apenas el Espacio Europeo de Enseñanza Superior, no de Educación Superior, que es lo que mal se dice, y bien debiera ser, en que realmente se tienda al aprendizaje, a enseñar lo que se debe, no lo que se sabe, a aprender lo que la sociedad tiene derecho a exigir, antes que a aprobar, a saber, que luego viene la vida y no acepta como respuesta “eso yo no lo dí en clase”, o “pues me he equivocado y le he extraído el hígado, creyendo que era el bazo. ¡Andá, si tenía que amputarle el brazo! No se preocupe que estaba poco atento, pero ahora lo arreglo.¿Será el izquierdo o el derecho?Mejor no preguntar”.
    Bolonia junta a los estudiantes de licenciatura y a los de grado medio o diplomatura, permite ser ingenieros a los ingenieros técnicos, sin muro de Berlín entre ellos. Mezcla a los negros con los blancos (como Obama en la Casa Blanca).”Qué bonito el contraste, y son tan étncos y tan auténticos. Papá, cómprame uno”. Y somete a precios públicos los lucrativos másters (para los profes, claro, que los cobraban aparte), mientras para los chicos es una licenciatura subida de precio. Le llaman privatización de la universidad.
    Bolonia es la revolución nunca realizada de la pedagogía en la universidad, pues para ser profesor a nadie le examinaban de cómo daba un clase, ya que no hay, ni hubo, ¿ni habrá? Curso de Aptitud Pedagógica (hoy también master) para ser profesor universitario, y sí lo había para serlo de secundaria. Y a coste “cero”( antes de la crisis) spagetti boloñesa, pero sin pasta.
    Y con carne picada y mucho tomate, pues tiene detrás todo lo dicho y mucho más. Es un elemento necesario para que la Unión Europea no sea estafada en las libertades de circulación de trabajadores, instalación de profesionales porque a un ingeniero de allí no le dejen trabajar aquí ( que ya somos muchos, oye), porque los barcos o las carreteras de aquí no son como las de allí. O, mira que graciosos, porque viene un rumano ( y sin patera, que se ve venir) y me quita el curro, pues trabaja mejor y por la mitad que yo.
    Bolonia es la bomba…que necesitamos para ser más del mundo que de mi pueblo.Y el que no lo pille, antes o después será devorado por los fósiles.
    En fin, no tengo más tiempo, porque en realidad hay más madera, pero ya he hecho mucho fuego.

  5. Creo que el nuestros catedráticos, rectores y demás miembros de la comunidad universitaria se están volviendo “majaras” con el asunto de los calendarios académicos. Mi propuesta es la siguiente, ¿por qué no comenzar el curso el 23 de Septiembre y finalizar el 23 de Junio?; ello implica empezar el curso con el otoño y terminar con el inicio del verano y supone un término medio entre una entrada quizá tardía (discutible) en octubre y unos inicios demasiado tempranos (principios de Septiembre pueden ser días de excesivo calor)…
    Un saludo
    ALejandro.

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