De Jueces y la Justicia

De las invisibles deliberaciones de los magistrados en el Tribunal Supremo

 

Group Decision MakingSuele circular la leyenda urbana ( o forense) de que en el Tribunal Supremo reina una especie de pacto entre los magistrados de cada Sección que lleva a respetarse el criterio de cada ponente, sin cuestionarlo para evitar que el propio no sea combatido. Ello explicaría los escasísimos votos particulares. En esos casos, hay que aclarar que me consta de primera mano, que aunque la fría sentencia refleje un único razonamiento y una única conclusión, detrás hay discusión, crítica y enriquecimiento recíproco. Y debate de altura. Las deliberaciones son reales y vivas, si bien lógicamente, cuanto mayores son los intereses en juego y novedosa la cuestión, mayor debate se suscita y se madura la decisión final. En el caso de lo contencioso-administrativo, la complejidad, técnicas y dinamismo del Derecho Administrativo convierten buena parte de las deliberaciones en un sudoku, sobre el que sobrevuela el interés público en juego. Además el Tribunal Supremo (salvo supuestos excepcionales) por su función casacional se limita a la aplicación del Derecho Administrativo que ha convertido la pirámide de Kelsen en un paralepípedo octogonal, y que tal y como decía cierto amigo, es un saco de arpillera lleno de cristales y clavos: sin meter la mano es difícil averiguar el contenido y metiéndola es difícil no lesionarse.

Lógicamente las deliberaciones son secretas ya que si fueran públicas se menoscabaría la independencia de los jueces, independencia respecto de las partes del litigio e independencia respecto de la opinión pública; también se debilitaría la consistencia y fuerza de la sentencia si evidenciara raíces débiles; y ello sin olvidar que el objeto de la sentencia no es someter a los jueces intervinientes a examen de sus conocimientos y aptitud sino zanjar de forma coherente un litigio. Sobre el secreto de las deliberaciones, sus tensiones, el hermetismo y el estado en el derecho comparado aquí hay un estupendo artículo titulado significativamente El Secreto de las deliberaciones judiciales a debate

Viene al caso tal cuestión, ante la recientísima entrevista (16/5/10) concedida a D. José Manuel Bandrés, brillante y joven magistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo que, entre otras interesantísimas cuestiones, efectúa alguna precisión sobre ese “secreto de polichinela” que son las deliberaciones, o sea, lo que se cuece en las bambalinas de este templo de la justicia.

1. Veamos algunas respuestas de interés, aunque la lectura de la entrevista completa es recomendable:

P- A usted cuántas sentencias le tocan?
R.-En mi colegio somos cinco y a cada uno nos tocan tres por semana; sobre 130 al año.

P- ¿Cuántos folios por sentencia escribe?
R.-Unos 20 de media, así que redacto unos 60 folios a la semana, además de contestar los escritos de los abogados, que suelen oscilar entre los 20 y los 120 folios.

P- Espero que le guste escribir.
R.-Disfruto cada minuto de las deliberaciones: el nivel jurídico es extraordinario, pero me siento especialmente útil cuando contribuimos a descrispar la sociedad y a serenar sus conflictos. No olvide que el Supremo sienta jurisprudencia: la posición del Supremo es que sólo haya una y el intérprete de la ley deberá respetar la doctrina del Supremo.

P-¿Discuten en las deliberaciones?
R.-En el Supremo las alianzas son de geometría variable: en un caso coincides con un colega y al siguiente con otro. Como las diferencias no son personales, son cordiales.

2. Veamos ahora otra sugestiva respuesta de D.Julián Sánchez Melgar, magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, en otra entrevista mas lejana(3/5/10).

P. La intensidad del trabajo en el Tribunal Supremo le hace trabajar, además de mañana y tarde, los fines de semana. ¿Es compatible con la familia?

R. Este trabajo intenso es común a todos los jueces de España. La gente identifica despacho con trabajo y no tiene nada que ver. La labor más dura no es la del despacho, o la de la sala de vistas, sino la de la redacción de las resoluciones judiciales, las sentencias fundamentalmente, que te llevan horas y horas de trabajo reposado, en casa o en tu despacho profesional, por la tarde, cuando no queda nadie en el edificio judicial. Ése es el trabajo más duro, pero aún lo es más tomar la decisión, en mi caso colegiada, porque requiere un ejercicio de meditación y sosiego. Y después hay que fundamentar esa decisión mediante la escritura. Creo que somos los profesionales, junto a los abogados, que más escribimos, decenas y decenas de páginas todas las semanas, con una producción literaria enorme. Y esto respecto a las decisiones de fondo, porque respecto a las decisiones formales o de procedimiento piense que un juez de instancia ha de tomar una decisión de ese tipo cada cinco minutos a lo largo de la mañana por el enorme cúmulo de problemas de trámite que se le presentan.

3. Otra respuesta llamativa nos la ofrece D.Luciano Varela Castro, magistrado de la Sala Penal del Tribunal Supremo, en otra entrevista, (2/10/07) al ser preguntado sobre la comparación de sus tiempos de juez unipersonal y los actuales de miembro de Sala del Tribunal Supremo

R.-
  Lo que más recuerdo de aquella época es que en mi juzgado había media docena de mesas puestas como dos carros de soldados cuando les atacaban los indios y a las que se acercaba el público dentro de una sola sala. Eso en el Supremo es impensable. Por otro lado, formar parte de un cuerpo colegiado que a veces funciona con 3, a veces con 5 y a veces con 15 magistrados a la vez, sin duda es una experiencia muy distinta a la que tiene un joven juez de un órgano unipersonal, que decide individualmente y que no tiene prácticamente medios.

4. Para terminar una interesante respuesta (10/2/10) del que fuera magistrado de la Sala Civil del Tribunal Supremo, D.  Martínez Calcerrada.

P.- ¿Usted cómo ha administrado Justicia?
R.- Siempre presumo de ser un juez que nunca ha puesto una sentencia fuera de plazo porque siempre he sido muy autoexigente, y me guío por tres reglas de conducta. El hombre para triunfar en cualquier actividad tiene que cumplir tres máximas de conducta: primera, cuidar los detalles; segunda, lo pendiente hazlo ayer; y tercera, piensa que de cualquier asunto el otro sabe como mínimo igual que tú. A parte de eso, creo que he puesto sentencias dignas y meritorias, aunque la más satisfactoria de mi luenga carrera fue una cuando era magistrado de Trabajo en Madrid. Me di cuenta de que los enfrentados eran hermanos. Entonces le dije a los abogados que aquello era una vergüenza. Desalojé la sala, les dije que me negaba a poner una sentencia y que había que llegar a un acuerdo conciliatorio como fuera. Al final lo conseguí. Antes de empezar el siguiente juicio llamaron a la puerta y eran los hermanos. Creía que iban a decirme que los había coaccionado, cosa que era cierta, y sin embargo me dieron las gracias porque no solo habían llegado a un acuerdo sino que también se habían arreglado las familias que estaban afuera llorando y abrazándose. Eso me causó una satisfacción tremenda. Mucho mayor que cualquier sentencia que hubiera hecho con las aportaciones del derecho romano.

5. Por último, sobre la función judicial no deja de agradarme la definición de buen juez manejada por Bernard Botein, “ Ante todo, debe ser honesto. En segundo lugar, ha de poseer una razonable dosis de habilidad. A ello se ha de unir valor y ser un caballero. Si añade alguna noción de Derecho, le será muy útil”.

Con esas virtudes, considera Sevach, que las deliberaciones serán deliciosas y fructíferas, seguro.

0 comments on “De las invisibles deliberaciones de los magistrados en el Tribunal Supremo

  1. Gracias por la referencia a la entrevista de Herencia.net y El Rondadías 😉

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  2. Amigo Sevach, si es cierto lo que indicas no logro entender cómo una misma Sección de una misma Sala de cierto Tribunal Superior de Justicia ha dictado en un brevísimo espacio de tiempo dos sentencias absolutamente contradictorias sobre un asunto idéntico, con la única salvedad de tener distinto ponente. Como decía Sherlock Holmes, eliminado lo imposible (que ninguno de los magistrados se haya enterado de qué iban los asuntos) lo que quede, por improbable que parezca (que en esa Sala no se reúnen), debe ser cierto.
    Por otra parte, en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos siempre se refleja no sólo el ponente, sino los magistrados que concurren en el resultado y los que discrepan. Además, suele ser bastante frecuente en el alto organismo judicial norteamericano que los magistrados, incluso aceptando el resultado del fallo, formulen votos particulares exponiendo razonamientos distintos y en ocasiones diferentes a los del parecer mayoritario. Por otra parte, si uno accede a la magnífica página web http://www.supremecourt.gov (compárese esta página con la de nuestro Tribunal Supremo y se verá que estamos a años luz) , comprobará que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos tiene una agenda pública en la que se establecen ya de antemano los días para las vistas orales de las causas y los “conference days” o jornadas dedicadas en exclusiva a las deliberaciones de asuntos (que, por cierto, suelen ser los viernes).

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    • Estimado William, me ha sucedido exactamente lo mismo y me temo que con el mismo “cierto Tribunal Superior de Justicia”, con el agravante de que para dictar la Sentencia contradictoria han tenido que adoptar una solución irracional y arbitraria, es decir, que ni siquiera se han molestado en buscar un argumento que les condujese a la solución contraria con cierta dignidad.

      En lo que respecta al TS de los EEUU, no estoy muy seguro de que sea “oro todo lo que reluce” .Basta leer opiniones como la del historiador Gabriel Jackson, p.ej. la del diario El País de ayer 25/5: http://www.elpais.com/articulo/opinion/interpretacion/sesgada/elpepuopi/20110525elpepiopi_11/Tes

      No me resisto a reproducir el comienzo de su artículo:

      “En todos los países con Constituciones democráticas y unos sistemas razonablemente eficaces de enseñanza pública, la mayoría de los ciudadanos es capaz de comprender las acciones ejecutivas y legislativas de sus Gobiernos, pero el funcionamiento del sistema judicial sigue siendo una especie de misterio….”

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    • Estimado J.N.S:
      Discrepo rotundamente de la afirmación realizad por Jackson cuando manifiesta que el sistema judicial sea un misterio, afirmación que únicamente puedo entender aceptando que bibliográficamente se haya quedado anclado en los años setenta. Desde que Bob Woodward y Scott Armstrong publicaran “The brethren” allá en el ya lejano 1979, muchos de los “misterios” del Tribunal Supremo se desvelaron ya para siempre. Y, si no, ahí está el clásico y breve estudio de Bernard Schwartz “How the Supreme Court decide cases” (cuya introducción se debió perder Gabriel Jackson, dado que Schwartz argumentaba precisamente que gran parte de ese ocultismo y misterio había desaparecido) o el más reciente “The nine: inside the secret world of the Supreme Court” obra de Jeffrey Toobin.
      En cuanto al fondo, el mismo no es más que una crítica a dos sentencias del Tribunal Supremo (District of Columbia v. Heller -sobre la segunda enmienda- y Citizens United) bastante controvertidas por los asuntos a tratar, y que no hace más que exponer en un lenguaje accesible al público lego en derecho la visión de quienes salieron derrotados en tales casos. No menciona Jackson que en una tercera sentencia, McDonald v. Chicago (donde se decidía si la segunda enmienda se aplicaba igualmente a los estados) el Tribunal Supremo consideró probado que pese a que uno de los motivos fundamentales por la cual la ciudad de Chicago aprobó la normativa restringiendo la posesión de armas fue precisamente reducir la mortalidad, las estadísticas demostraban que pese a esas restricciones las muertes por armas de fuego se habían incrementado respecto a la situación anterior.
      Un saludo.

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    • Gracias por las referencias bibliográficas.

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  3. Creo que de lo deliberado en el Tribunal Supremo, como de lo que se hace en las cocinas de los restaurantes caros, mas vale no saberlo, no vaya a ser que nos den arcadas con los platos.
    De lo que estoy seguro es de que las deliberaciones del Tribunal Supremo son mas serias, o espontáneas, que las del Tribunal Constitucional.

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  4. Pues si es así, ojalá todos los jueces fuera como Martínez Calcerrada. La lástima es que haya tan pocos como él.

    Por otra parte, esa presión sobre los hermanos, preteriendo a los Abogados, cualquiera sea los motivos que tuvieran, reflejan no tanto una actitud conciliadora como cierto desprecio a la labor del Abogado.

    Aunque tengo que reconocer que yo también actúo así “sensu contrari0”. Cualquier cosa antes que acudir a un Juez. Y eso aunque tire piedras sobre mi propio tejado. Pero mi experiencia profesional -ya prolongada- me ha demostrado que los jueces españoles pueden saber Derecho, pero carecen en su gran mayoría- de las virtudes que anteponen a esta cualidad el excelso Magistrado. Con honrosas excepciones, que las hay.

    Un cordial saludo.

    Alegret

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  5. Bueno, ante este panegírico del Supremo, no me resisto a hacer de abogado del diablo y decir que no siempre aciertan tanto como se dice, sobre todo cuando defendiendo el supuesto interés general, como también se dice, se olvidan del interés particular aún cuando sea más digno de protección en Derecho en incluso en Justicia.

    Y es que hay sentencias, del TS y de cualquier otro juzgado, y en relación con la definición de Bernard Botein , que no pueden por menos que recordarme lo que decía Tomás Moro en su obra “Utopía”, hace unos cuanto añitos (a punto de cumplirse 500 años, en 2016):

    “Libro Primero.
    …Otro aconseja que el Rey perdone a los jueces del reino que no hicieron cumplir las leyes, para tener a éstos siempre a su lado y para que mantengan los derechos del Príncipe. Además, los llamará a Palacio para que arguyan y discutan en presencia suya sobre tales negocios. Por mala e injusta que sea una causa siempre habrá uno u otro de ellos que, porque tiene algo que alegar u oponer, porque se avergüenza de volver a decir lo que ha sido dicho ya o porque quiere agradar al soberano, hallará el modo de defenderla con argucias. Y así, cuando los jueces no estén acordes entre ellos y sigan disputando sobre lo que ya es bastante claro, y sea puesta en duda la verdad manifiesta, podrá el Rey entender que la ley ha sido hecha en su provecho, y entonces los demás, por vergüenza o temor, consentirán en ello. Luego los jueces se atreverán a pronunciarse en favor del Rey, porque el que obra así ha detener una buena razón que lo abone; le bastará tener la equidad de su parte, o la letra de la ley, o interpretar torcidamente ésta, o lo que para los jueces buenos y justos tiene más fuerza que todas las leyes, la indisputable prerrogativa real.”

    No parece sino que estuviera escrito ayer.
    ¡Triste condición humana!

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    • Y tan triste estimado Sed Lex que al gran humanista que era Thomas Moro, Enrique VIII le cortó la cabeza (ya no digamos la que montó con el Tribunal para que declararan nulo su matrimonio con Catalina de Aragón; con lo que pasa habitualmente con el Tribunal Constitucional, parece que no hemos mejorado mucho, aparte de las formas -importantes sobre todo si es la cabeza de uno-).

      Querido Sevach, lástima que las deliberaciones brillen por su ausencia en muchos tribunales por la falta de medios y sobrecarga de trabajos, que de la tormenta de ideas seguro que salen mejores sentencias que del solitario razonar de los jueces.

      A la definición del buen juez de Bernard Botein le añadiría la de tener empatía, una cualidad de la inteligencia emocional cada vez más necesaria en nuestros días.

      Suerte a tod@s

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  6. Los hábitos tradicionales, la técnica y la calidad de la deliberación en los órganos colegiados van a experimentar un cambio sustancial con la inminente digitalización de los procesos judiciales, cuyos trabajos previos ya se han llevado a cabo en el Tribunal Supremo y en la Audiencia Nacional y, antes de final de año, se extenderán a otros órganos territoriales. Ya no habrá un “manojo” físico de papel en manos del ponente, sino ordenadores portátiles, en los que cada uno de los magistrados dispondrá de la totalidad de la información de los autos y del expediente administrativo, además de un proyector para tener a la vista de todos cualquier documento, plano o material multimedia. La mejora ha de ser notable, porque el problema actual no es -como parecen creer algunos- que los tribunales no deliberen, creencia enteramente falsa, sino que las exigencias de tiempo y la presión del volumen de trabajo conducen a depositar en el ponente gran parte del peso de los debates, perdiendo en cierta medida las ventajas de una colegialidad más intensa, que sería lo deseable, pero que es imposible en la situación actual, salvo que queramos que cada tribunal dicte cincuenta sentencias al año, cifra que muchos considerarían exigua. La falta de tiempo, además, hace entrar en juego lo que el gran magistrado Navarro Sanchís denomina “ley de la termodinámica judicial”, según la cual “toda sentencia, si menos atención se le dedica, más tiende a ser desestimatoria. A más superficial el juicio -y
    todo se confabula para que no se supere ese contacto epidérmico- mayor posibilidad hay, con exactitud casi matemática, de desestimar, de respaldar la actuación administrativa”.

    P.S. Grandes son los méritos de Martínez-Calcerrada, pero es bueno saber, ya que blasona de que dictaba las sentencias en plazo, que, en la época a la que se está refiriendo, un juez de primera instancia dictaba en un mes no más de dos o tres sentencias con efectiva contradicción. Igualito que ahora.

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