Procesal

Reuniones entre abogados y jueces: diez valoraciones

reunion con juecesLa Comisión Jurídica del Consejo General de la Abogacía Española ha elaborado un espléndido informe sugestivamente titulado “El régimen jurídico de las reuniones entre jueces y abogados” de lectura obligada por ambos colectivos.

Sobre tal fenómeno desde mi experiencia de ambos lados del burladero (aunque ya tuvimos ocasión de abordar la cuestión colateralmente en “Abogados al borde de un ataque de nervios”) me permito ahora formular algunas reflexiones sobre la situación de tales encuentros, riesgos y utilidad.

1. Entre las razones que llevan a los jueces a ser reacios a la audiencia directa o entrevista con los abogados podría apuntar las siguientes:

  • La inseguridad del propio juez. Normalmente el abogado querrá entrevistarse con él sobre un pleito en curso, el cual todavía no habrá estudiado a fondo el juez. La entrevista llevaría al juez a documentarse a fondo para poder comprender lo que le planteen.
  • El recelo del juez frente a la lealtad del abogado. La inmensa mayoría de los abogados son leales en planteamiento y aspiraciones del caso, pero en tan amplio colectivo no faltan los que consideran legítima cualquier estrategia persuasiva del juez y no desaprovecharían la ocasión para “arrimar el ascua a su sardina”.
  •  La sacralización de las normas procesales por el juez, que considera que son las que marcan el impulso, alegaciones y trámites para solventar el conflicto, de manera que si el legislador no ha querido contar con estas “entrevistas” que pueden incidir en su desarrollo, por algo es.
  •  La naturaleza de la profesión judicial. La labor del juez, sedimentada tras muchos años de leer y escribir, y estudio solitario, donde el lenguaje oral es un instrumento ocasional y puede no resultar cómoda la situación para algunos jueces. Recordemos que ser un buen árbitro de competiciones deportivas no requiere ser un buen deportista.
  • La prudencia del juez. Aunque el juez quisiera mantenerse como una esfinge en la entrevista, sabe que se “es prisionero de las palabras” y un gesto o palabra equívoca puede interpretarse como signo de prejuicio o parcialidad y abrir la hostilidad del abogado de la parte afectada (recusación , quejas,etc).
  • Evitar escenarios de tensión. Puede que una entrevista de los abogados en presencia del juez “se le vaya de las manos” y haga aflorar tensiones entre las partes muy molestas, incómodas y fuera de control.
  • El tiempo disponible. Las entrevistas sobre temas importantes o discutibles como son los que han llevado a un litigio llevan su tiempo de desarrollo y suponen comprometer la agenda del juez del día a día.

2. Las reuniones de abogados y jueces no es una cuestión fácil de abordar en términos absolutos porque al igual que entre cualesquiera profesionales con competencias concurrentes, su frecuencia y éxito depende mas del talante de la persona que del papel profesional que juega. Hay jueces y abogados dialogantes como los hay ásperos. Los hay transparentes y sibilinos. Extrovertidos e introvertidos. Hay de todo en las viñas de la Justicia y las togas, sean de juez o de abogado, cobijan todo tipo de personalidades.

despacho juez3.También creo que la cuestión del contacto de jueces y abogados fuera de la sala y de la comunicación procesal escrita, no es algo que reclamen de forma unánime los abogados pues tengo la sensación de que buena parte de ellos se siente cómodo con las reglas de juego frías, escritas y distantes. De hecho, creo que la ausencia de “entrevistas” de abogados con jueces se debe mas a la autolimitación del abogado que a la reticencia del juez.

Incluso hay abogados que le gusta que los pleitos se desarrollen bajo la “luz y taquígrafos” de las vistas y desconfiarían de lo que pueda cocerse en despachos.

4. Las reuniones entre abogados y jueces con fines de transacción o acuerdo, al estilo americano, requieren un cambio de cultura forense.

El ciudadano español no está acostumbrado a que la justicia sea “negociada” mas allá del ámbito de la conformidad penal, la justicia de menores y experimentos de mediación.

Y además de la cultura ciudadana, tampoco están preparados los jueces para negociar. Ni los temarios de las oposiciones ni la disciplina de estudio garantizan las dotes psicológicas y dosis de empatía precisas para el éxito de una transacción o mediación.

5. Por otra parte, las reuniones del juez con una sola parte (sin contar con la otra) resultan arriesgadas pues por un lado, toda situación “cara a cara” deja huella psicológica en las personas – jueces y abogados- por muy frío o indiferente que pretendamos ser.

Por otro lado, una parte puede ofrecer una versión parcial de una situación para arrancar un parecer o compromiso al juez. Y como no, también cabe una entrevista en que quien sale de la misma diga que se habló lo que no se habló, o crea haber escuchado lo que quería oír.

De hecho en numerosos Códigos de conducta ética de los jueces de infinidad de países democráticos se recomienda no mantener contacto “ Ex parte” (solo para una de las partes) salvo autorización expresa de la Ley.

6.En cambio, el ámbito donde creo que da mucho juego la entrevista informal en el despacho del juez, y hablo por experiencia cercana, es el de las reuniones abiertas y francas con los abogados para tratar cuestiones estrictamente procesales (formas, plazos y trámites) pues frecuentemente mucha trivialidades y formalidades suponen enredos artificiales que consumen tiempo y que podrían zanjarse con una conversación abierta y generosa de juez y abogados de las partes.

reunion con juez

7. También deben ser aceptadas sin recelo y abiertamente por el juez cuando la entrevista es solicitada conjuntamente por los abogados de ambas partes, ya que si hay puntos de acuerdo o soluciones técnicas o procesales, siempre facilitarán el arreglo de la controversia con menores costes de tiempo y formas.

8. En el ámbito contencioso-administrativo las reuniones entre abogados y jueces ofrecen escollos complementarios. El primero consiste en que los letrados públicos precisan autorización para desistir o negociar lo que resta capacidad de maniobra en una entrevista o negociación.

El segundo radica en que un asunto administrativo gira en torno a un expediente administrativo, tramitado por funcionarios y bajo el impulso de autoridades, los cuales no asisten a la entrevista y quizá tendrían mucho que decir.

El tercero sería el que la Administración suele llevar a cabo muchas actuaciones similares frente a muchos ciudadanos, lo que puede dar lugar a situaciones de aparente agravio comparativo si unas cuentan con una entrevista de los abogados con el juez y otras no.

Sin embargo, creo sinceramente que hay dos ámbitos contencioso-administrativos donde la entrevista de las partes con el juez, sin vista oral ni formalidades procesales, sería utilísima.

El campo de las medidas cautelares para escuchar las posiciones sobre si se suspende o no la actuación administrativa o se adopta una medida mas o menos gravosa.

Y el campo de la ejecución de sentencia donde el modo de ejecutarla es una cuestión que requeriría gran flexibilidad de planteamientos.

Así y todo, en el marco del procedimiento abreviado he conocido jueces hábiles y valientes que frecuentemente “saltan la barrera” para aprovechar a mantener conversaciones con los abogados inmediatamente antes del inicio de la vista oral, o incluso durante la misma (disponiendo la suspensión y parada de la grabación) con el fin de aclarar cuestiones de orden e incluso brindarles la posibilidad de adoptar un acuerdo sobre hechos o posiciones concretas. Son conversaciones rápidas, off the record, pero que pueden ser útiles para las partes y como no, para la Justicia.

9. Lo cierto es que esos encuentros de jueces con abogados fuera de la Sala de vistas deben ser enfocados como oportunidades y ni el abogado debe dejar pasar la ocasión de solicitar la entrevista si una cuestión de enjundia lo requiere (posibles derroteros absurdos o complicaciones innecesarias del procedimiento) ni el juez debe negarse a recibirlo.pacto

La clave radica en la necesidad de contar con la presencia del contrario, y demostrar buena be y buena voluntad. No hay que descartar la posibilidad de que abogados o juez tengan ideas creativas que sean fuente de economía procesal y paz social con plena satisfacción de todos. A veces se pierde de vista que el proceso es el camino marcado por el legislador pero no impide que existan atajos o senderos que conduzcan a la misma meta de la Justicia. Y verlos se consigue hablando.

10. Realmente creo que ni los abogados piden reuniones por capricho ni los jueces las deniegan sistemáticamente. Así y todo, al final, no es cuestión de reglas procesales, ni de que la Ley obligue al juez a recibir a los abogados o que los abogados puedan ser obligados a comparecer ante el juez en su despacho, sino reglas de pura cortesía y afán de cumplir con su respectiva función.

Ultimaré el post con un broche simpático.

Se cuenta la anécdota de cierto abogado bastante efectista en la Sala de vistas, quien al término del litigio le comentó a su cliente que iba a ver al juez con el que tenía gran confianza y poder insistirle sobre algunos extremos del litigio. Así que hizo esperar a su cliente a cierta distancia y llamó a la puerta del despacho del juez, quien cortésmente le recibió.

A la salida de la breve reunión le comentó al cliente que el juez le había felicitado vivamente por su labor como abogado y que le había facilitado la solución del litigio.

El cliente sonrió satisfecho y orgulloso de su abogado.

Por su parte, el juez se quedó pensativo en el despacho: ¿para qué diantres habrá venido este abogado a preguntarme si la semana que viene celebraré vistas judiciales porque tiene que acudir a la boda de su hija y en tal caso tendría que buscar un sustituto?, ¿Y para qué habrá contado el banquete y quien asistirá a la boda durante quince minutos?.

15 comments on “Reuniones entre abogados y jueces: diez valoraciones

  1. En una ocasión el abogado contrario pedí hablar con la Magistrado, que dicto una resolución para reunirnos todas las partes en Sala. Para la misma fecha y hora ya tenía señalado un juicio. A pasar de justificarlo documentalmente, la reunión no se aplazó, ni cambió. Yo representaba a los demandados en un procedimiento civil. Me pareció una solución mala y poco respetuosa con la imparcialidad y el derecho de defensa.

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  2. Juan Manuel del Valle Pascual

    DIÁLOGO JURÍDICO

    No me puedo ver contigo
    pues estoy de juez de guardia,
    tú en defensa al detenido,
    posiciones enfrentadas
    de dificultoso avío.

    Mantengamos las distancias,
    que es de mucho compromiso,
    no atribuyan asechanzas
    y malos pactos urdidos
    a vernos juntos y en charla,
    hablándonos muy bajito
    y cruzando las miradas.

    Por más que sea un fastidio
    demos idea de templanza,
    quedemos en nuestro sitio
    que con ello bien se guarda
    el honor del entredicho.

    Siendo yo juez, tú abogada,
    evitemos chascarrillos,
    maledicencias malvadas,
    que si dicen que yo dicto
    mis sentencias tributarias
    de tu argumentario, al hilo
    porque juntos nos han visto
    en postura aproximada
    y así, como con cariño.

    Sin pábulo a quien malhabla:
    Hoy dormiré en el tresillo,
    cuídeme la secretaria
    del juzgado que dirijo,
    que eso hoy a nadie le alarma.
    Nuestro honor quedará limpio.
    .

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  3. Los abogados españoles no tienen flexibilidad ni habilidad para plantear opciones al juez en el juicio o vista, único lugar donde dignamente puede hacerse. Como mucho, leen de cualqueir manera un papel que traen escrito. Prefieren el “compadreo” de despacho, del que siempre confían en obtener algo más. Un buen abogado no necesita ni quiere hablar con el juez a espaldas del proceso. Son cosas de españistan., donde todo se arregla en comilonas y conversaciones secretas.

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  4. Estoy plenamente de acuerdo contigo SEVACH cuando indicas que sería una medida muy interesante a la hora de adoptar las medidas cautelares, digo esto porque cuando se solicita las medidas cautelares, por escrito, no expresa adecuadamente las posibles consecuencias de la no adopción de las mismas, sobre todo todo en cuestión de personal.

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  5. María Julia Pérez

    Circula un dicho muy creciente entre lo popular sobre el que, los buenos abogados conocen las Leyes, pero los mejores conocen los jueces-… no sé si tendrá que ver con ese temor a -un encuentro-

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  6. Diocleciano, con todo respeto y sin ánimo de polemizar te puedo decir que en el ámbito geográfico que yo conozco son excepción los casos en los que un abogado solicita cita con el juez, cuando tú lo expones como si eso fuera la regla general. Por ponerte un mero ejemplo, yo lo he hecho solo en 4 ocasiones en 28 años de ejercicio profesional, y una de ellas fue después del pleito, para felicitar al juez por una magnífica sentencia sobre un asunto difícil en el que, por cierto, condenaba parcialmente a mi cliente.
    Pero, sobre todo, me parece mucho decir que los abogados (no haces excepciones) somos torpes, inflexibles e incapaces de exponer sin necesidad de leer en vista. Incluso, como puedes ver, somos lo suficientemente templados como para comentar lo que sea con más o con menos elegancia o acierto, pero sin necesidad de faltar de forma genérica a ningún colectivo.

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    • Referirse en general a un colectivo de unos 140.000 personas siempre es una simplificación. Es como si dijera: “todos los gaditanos son vagos”. Seguro que hay gente muy trabajadora en Cádiz y segurísimo que hay abogados formados y competentes. Yo conozco varios. Lo que he querido decir es que, un porcentaje muy alto, demasiado alto, de abogados, carcen de las habilidades, competencias y destrezas mínimas para ejercer su oficio. Creo que cualquiera que conzca el paño me dará la razón.

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  7. Hace muchos años, recién licenciado y estando de pasante en un despacho de abogados, y todavía existían los jueces de distrito, había un juez que había reingresado, después de estar unos cuantos años como abogado, que era el terror de estos, les trataba sin ningún respeto y eso que había sido compañero de profesión. Le tenían autentico terror, y yo más.
    Pero también he conocido a jueces con los que se ha podido hablar y discernir en su despacho, antes de las vistas, después de ellas e incluso tomando un café.

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  8. Con todos mis respetos, creo que este post “dulcifica” mucho la actitud de los Jueces acerca de por qué se sienten incómodos y reacios a hablar con abogados, y en cierto modo “pinta” al abogado más bien como un leguleyo que un profesional preparado y elegante dentro de un proceso. A veces consideran que justificamos a nuestros clientes y que somos igual que ellos. Es más contaré dos anécdotas sobre Sus Señorías que a mí me parecieron una falta de respeto hacia mí como abogada profesionalmente considerada:

    1. En una ocasión un Juez me llamó a su despacho para advertirme, y no con mucha delicadeza, que no se me ocurriera filtrar a la prensa un asunto en el que yo era la abogada defensora designada por el turno de oficio añadiendo con un tono desafiante que “quería una instrucción tranquila”. Me sorprendió desagradablemente porque además él no tenía referencias mías a ese respecto. Lo único que atiné a decirle es que esperaba que le hubiera dado las mismas instrucciones a los funcionarios que tenía a su cargo, pues muchas filtraciones se producen desde dentro de la casa de uno. La cuestión es que ese tema no salió en absoluto a la luz pública y terminó con un sobreseimiento porque el Fiscal se posicionó a mi favor. Todavía estoy esperando la llamada de Su Señoría para me diera las gracias por mi discreción y profesionalidad.

    Que conste que el aviso me pareció adecuado, las maneras, modos actitud y despotismo del Juez no.

    2. En otro asunto, otro Juez me llamó dos veces para comentarme la vía procesal empleada para interponer mi demanda en el sentido de que él no la veía clara. Dos veces me llamó, las dos veces acudí y las dos veces me tuvo en la puerta esperando una hora para luego mandar a la funcionaria a decirme que no podía recibirme.

    Para terminar diré que, según mi experiencia profesional, no estoy de acuerdo con que el ciudadano no estaría cómodo con la negociación entre abogados y jueces puesto que en muchas ocasiones, sobre todo en penal, antes de la Vista SS ha hablado con nosotros, nos ha dado pistas sobre “dónde va a tirar”, he salido y le he dicho a mi cliente cuál creo que es la posición del Juez y gracias a eso hemos podido llegar a un acuerdo entre las partes.

    Creo que las entrevistas, con todas las partes, o al menos, aunque esté una con el permiso de la otra si no puede acudir, son a veces necesarias, ahorraríamos mucho tiempo y muchos dolores de cabeza.

    La anécdota que cierra el post es graciosa sí, pero esconde una verdad dura, al final, quien tiene que explicarle a un ciudadano la Sentencia es el abogado, quien tiene que justificar su actuación profesional, es el abogado, quien tiene que hacerle entender al ciudadano el por qué una Sentencia se equivoca en los nombres (por ejemplo), o se ventila un tema con sólo dos Fundamentos de Derecho, no valora una documental o le resta credibilidad a una pericial es el abogado. Y sinceramente, creo que gracias a nosotros los Jueces no tienen filas de personas pidiendo entrevista con él, ni tampoco innumerables quejas al respecto. Y esa función, por ejemplo, no veo que ningún Juez, hasta ahora, la haya valorado nunca.

    Dicho todo lo anterior en términos de estricta opinión personal que no deja de ser emitida de manera subjetiva y en base a mi experiencia 😉

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  9. Juan Manuel del Valle Pascual

    Alguna vez hablar con jueces es como bailar con lobos. Me resistía a contarlo, y ahora lo hago. Sé que es la excepción que confirma la regla, pero ahí va: En una ocasión fuimos llamados al despacho de SSª, ponente del TSJ de Madrid de lo Social para hablar de un recurso de despido de un trabajador, declarado procedente en instancia, con informe positivo del comité de empresa de la universidad en la que aun trabajo. Se veía por segunda vez el recurso, pues se había obligado a repetir el pleito ya que al primero no compareció el demandante, aunque sí lo hizo a la suplicación y al segundo pleito, al igual que al segundo recurso. En su despacho y sin cortarse un pelo SSª dijo que ella no dejaba en la calle a un chico joven con toda una vida laboral por delante y sin derecho al desempleo, que lo readmitiéramos. Así, sin vaselina ni nada.
    El despedido era un personaje singular, conserje en una escuela, que tras fichar se iba a vender ropa de segunda mano y no volvía, de manera tal que un día dejó encerrado al rector de la universidad en la escuela y tuvo que salir por una ventana. A lo largo del procedimiento, que fue largo, como es de imaginar con tanta repetición y recursos, dio lugar a a que sus padres acudieron en varias ocasiones a cuantas instancias de la universidad les vino a cuento, a mí incluido, pidiendo la readmisión de su hijo, jurando y prometiendo que se corregiría el despedido, al que, por cierto ya se le habían dado varias oportunidades infructuosamente. Tal capacidad de convicción tenía su madre, más para pedir que para educar, que alguien le facilitó que le contrataran para vigilante de un museo, del que desertó de inmediato pues parece que decía que él no podía estar en un puesto tan aburrido, y encima de pie.
    El caso es que, volviendo a lo nuestro, rechacé tan caritativa propuesta, que consideraba que no se puede jugar con el dinero público, lo que no impidió que la sentencia anulara las actuaciones, devolviendo el asunto al juzgado social, al momento anterior a dictar sentencia, que, cómo no, declaró improcedente el despido, y además por causa no alegada en juicio, esto es por inimputabilidad del trabajador, por vicio en la voluntad, que tenía navegando por el éter de la inconsciencia y la negligencia. Optamos por la no readmisión e indemnización, que no era demasiado alta, pero con unos salarios de tramitación propios de premio de la bonoloto, que religiosamente abonamos, y que de inmediato pedimos en el exceso de los dos meses, que entonces tenían para celebrar el pleito, al Delegado del Gobierno, que, a no tardar demasiado nos restituyó.
    Y colorín colorado este relato de caridad misericordiosa he relatado, no sin una cierta sensación de vergüenza…, junto con un personal reproche por no haber ido a la reunión con una grabadora para contarle al mundo cómo fue mi conversación con SSª, para ver si se le pasaban las ganas de impartir injusticia de tan equivocada manera.

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    • No creo ni veo justo que un SS°. se reúna con una de las partes. Porque la balanza en esa reunión a mí parecer, podría ser injusta inclinada a favorecer o desfavorecer a una de las partes implicadas.
      ¿no se podrían hacer comentarios que pudieran infruir en la decisión del SS°.?

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  10. He sido abogado y juez. Como abogado, me reuní en diversas ocasiones por problemas procesales, no recuerdo ninguna en que lo sobresaliente no fuera la soberbia, y en muchos casos la ignoracia del juzgador.Como juez, a no ser que lo solicitasen ambas partes, no lo admití. Nunca ambas partes me lo solicitaron, requisito que siempre pedí. Conocí jueces que siempre recibian a los abogados, otros ,a veces, muchos a sus familiares y amigos. Yo, ya estoy jubilado, mi panorama, es que hay jueces muy trabajadores, otros medianamente, y otros vagos. También, tengo una sensación de corrupción geeralizada, un juez no llega al Supremo sin padrinos, en las vistas no se tratan a todos igual, y el sistema de elección, sin un examen de si se sabe hacer una sentencia nos está pasado factura. Falta también, que sean sometidos a pruebas psicologicas anuales, ya que, con el tiempo, una gran parte parece que estan enfrentados con la lógica y la razón.

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  11. Me pregunto que si culpar a una persona fallecida es un acto de buena fe por parte de los Sres Magistrados

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