captura-de-pantalla-2017-02-14-a-las-8-56-48Siendo la festividad de San Valentín me preguntaba que es lo que ama un abogado de su profesión.

Tengo la sensación de que pocos abogados están enamorados de su profesión. Les ayuda a sobrevivir, da sentido a su vida profesional, mantiene su mente ocupada… pero enamorados, enamorados, creo que pocos, pocos.

Aquello de los pleitos de resonancia pública, defensas de tribuno con aplauso general, conseguir un mundo mas justo, gran fortuna o reputación global son mas propios de los telefilmes americanos o de los sueños de recién graduado. La realidad se ofrece sin máscaras, y aunque hay abejas reina, la mayoría de los abogados son laboriosas abejas obreras que se mueven con estrés en una atmósfera de zumbido de la colmena forense.

De hecho, el otro día hablaba con un abogado veterano y se lamentaba de tres cosas. De que su esfuerzo no se veía correspondido con la atención y diligencia que esperaba de los jueces. De que muchos clientes creen en la cultura del “casi gratis total”. Y de que el compañerismo con sus colegas dejaba mucho que desear.

En cambio, otro abogado de talante más optimista me aseguraba que es feliz porque está en un punto de su carrera en que puede elegir sus clientes y disfruta con la especialidad elegida del Derecho administrativo, aunque también me confesó que esta rama del derecho es como estar enamorado de una jovencita rebelde, que nunca conoces a fondo y que le gusta el amor libre.

Por eso pienso, aunque cada uno conoce su historia y mirándose al espejo sabe si se siente realmente feliz y enamorado de su trabajo, que es difícil estar enamorado de la profesión de abogado ya que el amor reclama exclusividad, fidelidad y sensibilidad. Pasen y vean…

1. La exclusividad es difícil pues sacrificar familia, sueños y ocio para llevar pleitos, acaba cobrando factura a la salud y calidad de vida. La fidelidad es imposible en el actual mundo jurídico donde el derecho se vuelve líquido y la seguridad jurídica quebradiza, donde lo que ahora parece seguro mañana nos sorprende con lo contrario, donde la misma norma que hoy nos da la razón jurídica, mañana nos la quitará en otras sentencias. Y la sensibilidad en el mundo jurídico no está ni se la espera, porque las leyes son frías y las sentencias gélidas. La cosa juzgada no entiende de sentimientos ni emociones. El cliente reclama ganar el pleito y no le importan estrategias ni heridos. El juez resuelve el litigio, con la venda de la alegoría de la justicia, sin mirar lo que hay mas allá de la norma.

Además hay mas frío en el mundo jurídico con la irrupción de lo electrónico, donde la rapidez y los teclados y la justicia sin papeles se está convirtiendo en la “justicia sin palabras”, sin contacto humano.

Inhumano, demasiado inhumano.

2. Lo que sí he percibido de muchos amigos abogados son los momentos felices de la profesión. Porque la felicidad y el amor tienen eso en común: son difíciles de alcanzar como son soñados, como meta persistente y a tiempo completo. Hay infinidad de momentos felices y momentos de enamoramiento que nos hacen sentir únicos. Momentos de enamorado en que el abogado no ve por otros ojos que por los de la profesión.

felizCuando se puso la toga por primera vez. Cuando ganó aquel pleito difícil. Cuando aquél humilde cliente le dedicó aquélla mirada de gratitud y palabras sentidas por haber vencido en un litigio menor. Cuando el juez le dedicó en sentencia unas breves líneas en que valoraba su esfuerzo y acogía literalmente su alegato. Cuando aquél extranjero comprendió que ya no sería expulsado del país. Cuando aquella mujer se sintió libre del maltratador. Cuando aquél tetrapléjico se fue con un cheque sustancial que no compensaría aquel error médico pero su familia no quedaría en la indigencia. Cuando aquél ganadero conservaría su cabaña evitándose su expropiación. Cuando consiguió que aquella familia durmiese tranquilamente tras conseguir la insonorización debida del ruidoso bar vecino. Cuando siendo abogado de oficio consiguió que su cliente saliese dispuesto a no volver a delinquir. Cuando logró salir indemne de una reunión de una comunidad de vecinos en pie de guerra. Cuando celebró con sus compañeros un relajado almuerzo contando anécdotas de aquél insólito litigio que les absorbió su tiempo.

También hay momentos de signo inverso con decepciones a golpe de sentencias desfavorables, clientes ingratos o negociaciones inútiles, como hay frases que todo abogado odia de su cliente. Pero la grandeza de la profesión y de la vida radica en sobreponerse a los claroscuros. Y como dije en su día si hay 20 razones para NO ejercer como abogado administrativista, hay otras 20 buenas razones para SÍ ejercer como abogado administrativista.

zen3. En mi caso, creo que el derecho es como un veneno que genera adicción. Te da sorpresas pero no puedes dejarlo. Y eso pese a que la Justicia es una meta inalcanzable ya que lo máximo a lo que puede aspirar el juez es a dictar algunas sentencias que sean justas y percibidas como tales, y lo máximo a lo que puede aspirar un abogado es conseguir esa victoria jurídica que hace recobrar a su cliente la confianza en la justicia. Fuera de ahí, habrá mucho de juego, mucho de técnica jurídica, mucho de “corta y pega”… pero justicia o Justicia con mayúscula, en pocos casos.

Ya me ocupé de esto en mi charla de doce minutos de TED titulada “De que Justicia hablamos cuando hablamos de Justicia”.

¡¡Buen día de San Valentín!! Y por favor, si usted está enamorado/ enamorada… levante los ojos de la mesa de su despacho, piense en su pareja si la tiene y llámela para felicitarla o levántese y dígale algo bonito. Cuesta poco y será el mejor alegato defensa del día. Después puede volver a las cuestiones jurídicas.

Y es que el Derecho no da la felicidad, pero si la vida vivida sorbo a sorbo.

Escrito por JR Chaves

Humanista, jurista y amigo de sus amigos.

11 Comentarios

  1. Me gusta mas hablar de amor que de enamoramiento, pues este último lo concibo como un sentimiento fugaz e irracional.
    El amor hacía la justicia es un sentimiento compartido por muchos compañeros de profesión. Si eres administrativista he de reconocer que ese amor es difícil, pues justicia en el ámbito administrativa es cuestión compleja, y el amor viene dado, por un lado:
    A)por cuanto que es una lucha del débil contra el fuerte, de David contra Goliat. Lo que sucede es que defender siempre a David desgasta mucho.
    B) Y por el otro, porque, si en la jurisdicción civil el fundamento principal es la prueba, en la contenciosa, el fundamento principal es el derecho, por lo que es un ámbito jurisdiccional que a los que les gusta el derecho, pueden disfrutar a sus anchas, claro está, si no se cansan de defender a David.

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  2. Feliz día de San Valentín

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  3. Lo que amamos los clientes de los abogados de lo Contencioso administrativo: que no se asuste ante la Administración, que no lo deje todo para el último día, que madure el caso, que se tome la molestia de estudiar los matices porque por los matices van a intentar salvar un expediente, que si el caso se complica y hacen falta más recursos y más recursos habiendo explicado probabilidades y costes, no se lo tome como un mero trámite fastidioso si el cliente está dispuesto, pagar y a tiempo y asume las consecuencias. Que no diferencie los casos en bonitos y feos, de uno feo puede conseguir que diez siguientes le salgan bonitos. Y, también, que luche por un mundo mejor para todos denunciando las arbitrariedades y chulerías varias de todos los estamentos administrativos y judiciales. Lo de chulerías lo retiro si queda feo. Es que no he encontrado palabra más acertada, muchas gracias

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  4. Lo que verdaderamente me enamora de mi profesión son varias cosas:

    1ª. la sensación de ser una especie de Gulliver, que viaja permanentemente por los inhóspitos y tenebrosos mundos de la Justicia, capaz de crecer hasta el gigantismo o decrecer hasta el enanismo en función de las circunstancias;

    2ª la posibilidad de alcanzar momentáneos fogonazos de Justicia tras los que,de inmediato, vuelve la oscuridad, la frialdad y el silencio;

    3ª la capacidad de exprimirme hasta el máximo para dejar de ser un náufrago del asunto y poder gritar ¡Tierra! por haber llegado a la mejor defensa y estrategia posibles.

    Felicidades por el artículo ¡Qué bien escrito, qué bien pensado y qué bien sentido!

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  5. Buenos días:

    Soy abogado. Amo mi profesión y lo sé porque me puedo pasar un sábado y un domingo estudiando y preparando un asunto 12 horas seguidas y no estoy pensando en otra cosa más que en cómo preparar los asuntos. Trabajo todos los días una media de más de 10 horas y al día siguiente me pongo a trabajar con igual ímpetu que el día anterior. Pero entre los Jueces, Secretarios y demás miembros de “aparato” (no todos, claro) hacen que a veces te preguntes si no es mejor que estuvieses vendiendo pizzas. Lo peor de todo es que no puedes hacer nada contra ello.

    Saludos y suerte a los compañeros con los pleitos.

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    1. Al menos se pueden hacer estadísticas…número de sentencias inexplicables y tribunales de las que emanan, sentencias de recursos estimados cuando se da A, B y C y sentencias de recursos desestimados cuando se da A, B y C procedentes del mismo tribunal, sala y sección o de secciones diferentes….y así. Estudiar, evaluar y dar a conocer. Esto sí se podría hacer, y a ver qué pasa

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  6. Pues no te quiero decir respecto a los Abogados de la Administración. Poca satisfacción puedes tener, como no sea la de ver reconocida tu intervención por una sentencia. Las más de las veces la sentencia favorable se da por supuesta y la desfavorable es directamente culpa tuya. Y no tenemos delante un cliente emocionado por ver resuelto su problema, sino la fría, lejana y desagradecida superestructura (por utilizar un eufemismo). Pero nos salva ese amor por la profesión de Abogado. ¡Viva San Valentin! O lo que se parezca.

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  7. Reblogueó esto en Sergio Arenas Benavides – Abogado de Familia en Linaresy comentado:
    En el Día del Amor, una reflexión del maestro José Ramón Chaves (www.delajusticia.com).

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  8. No sé yo si la palabra amor no se nos queda un poco grande para aplicarla a la profesión de abogado, por interesante (ves latir la vida en las cuestiones que te plantean los clientes) y gratificante (su satisfacción no se paga con dinero) que resulte.

    Eso sí, creo que cuantos frecuentamos esta página estamos algo enamoriscados de la misma, más con un amor de hijo que de pareja porque, como decía aquella medalla hortera vendida allá por los ochenta, la página -y su autor- “da mucho y pide poco”.

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  9. He dicho mil veces que este ‘sitio’ es uno de los pocos lugares en los que brilla con su propia luz la inteligencia, la paz, el sosiego, m´as, por encima de todo, el talante de Nuestro Señor´ia’ que cada d´ia que pasanos muestra esa cualidad que tiene un ser humano profundamente bueno e inteligente que, lo presiento, ni siquiera tiene conciencia de todo el bien que hace. Po ello -como no me atrevo a hacerlo con Felipe-, quero felicitar este San Valent´in a Pilar, de la que estoy prendado por su forma preciosa de dec´ir la verdad con ese gracejo. Buen final del d´ia para todos.

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  10. Lo que de verdad amo de mi profesión es el conocimiento que he adquirido de lo que es la justicia y el derecho tangible (el de los manuales puesto en práctica) en casi quince años de ejercicio. Una experiencia vital. También me gusta la hora del café, pasear de vuelta del juzgado y sentir el sol y el aire. Me encantan los viernes por la tarde y ganar los pleitos. Pienso en el día en el que pueda dejar el ejercicio y dedicarme a otra cosa con ilusión. Todo llegará. Un cordial saludo a todos y gracias a nuestro anfitrión por su magnífico blog.

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