Triunfos y homenajes del Derecho Público

Su majestad el Curso de Derecho Administrativo, de cuyos autores no puedo olvidarme

Como llevo más de treinta y cinco años viviendo del derecho administrativo, por la tierra del funcionario, el mar del abogado y el aire del juez, me considero con legitimidad para valorar las obras jurídicas, al igual que un buen comensal y modesto cocinero, puede valorar los platos de alta cocina.

Pues bien, tengo en mis manos, aunque más bien diría en mi corazón, los dos tomos del Curso de Derecho Administrativo de los profesores Eduardo García de Enterría y Tomás Ramón Fernández, (Decimonovena y Decimosexta edición, Tomos I y II, respectivamente) y no puedo menos de compartir mi regocijo.

Debo remontarme al inicio de la década de los ochenta, a mi examen de Derecho Administrativo en la licenciatura de Derecho en la Universidad de Oviedo. Me encontraba perdido en la materia (como en tantas otras cosas), así que me enfrasqué en el Curso de Derecho Administrativo, que por entonces se me antojó costoso e inabarcable (quizá porque yo era menos solvente y más perezoso). Sin embargo, su lectura me impactó como a Saulo, pues me derribó del caballo de mis estudios de derecho que iba a paso cansino y mordisqueando cardos al borde del camino, para levantarme y lanzarme a galopar y hacer cabriolas por la campiña administrativa. Fue una revelación.

Aquello del derecho administrativo se podía leer y digerir con placer. Todo empezaba a cuadrar. Conceptos, sujetos, el acto, el procedimiento, las categorías administrativas, potestades… Un universo que me cautivó. ¡Por fin entendía cómo eran las piezas del tablero y cómo debían moverse!.

Manejé el Curso como un curioso aprendiz de brujo y se desataron fuerzas que no podía controlar. Un texto literariamente impecable y científicamente admirable, me ofrecía respuestas que a su vez generaban preguntas; entre el sembrado de hallazgos doctrinales, pero liberado de la distracción de las alevosas notas a pié de página, se vertía una crítica dulce pero enérgica a las prácticas administrativas; se marcaban seguros senderos para el legislador y sobre todo para el Tribunal Constitucional, en tiempos en que la hoja de ruta postconstitucional era territorio inexplorado.

No debemos olvidar, que es un libro procedente de quienes acumulaban el saber académico junto con la sabiduría práctica de la abogacía, que han sabido destilarlo para formar en el indómito Derecho administrativo a generaciones de altos funcionarios, letrados públicos, magistrados y académicos. Un hito científico que ha derribado dogmas anacrónicos y alzado venturosos paradigmas que han calado hondo en el sentimiento jurídico de la tribu de los administrativistas.

A partir de ahí, como el tigre que prueba sangre humana y no puede dejarlo, continué devorando otros libros y artículos de estos maestros, y de otros maestros de la misma cuerda (Villar Palasí, Alejandro Nieto, Martín Mateo, Sosa Wagner, Parada,etc), y de los discípulos de los autores que se convirtieron en maestros… Las instituciones, los institutos y las categorías se fueron enredando como las cerezas y me alimentaron de esta escurridiza ciencia.

 Me parece oportuno traer a colación la magnífica pluma de Alejandro Nieto en una recensión del Curso, que publicó en Revista de Administración Pública, num.76, enero-abril,1975, de la que entresaco estos lúcidos fragmentos que hacen justicia a la obra:

  • “Frente a la masificación de la enseñanza y al deterioro docente, que reduce la labor del profesor a una información expresada en auténticas pastillas intelectuales de nivel mínimo asimilables por lectores semianalfabetos, a los que conscientemente se desaconseja cualquier inquietud científica (…), no es un libro para aprender sino para meditar”
  • “García de Enterría y Fernández no proceden por acumulación, sino por penetración. Sus citas de autores españoles y extranjeros son siempre sumarias y, por así decirlo, funcionales. No hay adornos bibliográficos ni asomo de erudición”
  • “El presente libro (…) no rehúye, antes al contrario, sale al encuentro de las implicaciones políticas, gusta de evitar soluciones de compromiso ecléctico (que queriendo explicar todo no explican nada) y no rechaza la responsabilidad de una visión original con tal de que sea coherente con los principios informadores de la obra”.

Personalmente, el Curso me dejó claro el eje del derecho administrativo, su origen y sentido como herramienta de control del poder, la fuerza de los principios generales del derecho y el luminoso calificativo de derecho común de las administraciones públicas con capacidad autointegradora. Comprendí así el papel indefinido y fijo que deben jugar tanto los servidores públicos (gestionando con eficacia y legalidad) como los jueces (controlando la actuación administrativa en toda su dimensión).

Por eso, doy la bienvenida ahora, en el año 2020, a la decimonovena edición del primer tomo y la decimosexta del segundo (totalizan más de mil quinientas páginas). Me parece un enorme privilegio disponer de una versión espléndidamente actualizada a 2020, no como mero maquillaje sino como reconversión de lo excelente hacia lo supremo. No era tarea fácil por las inmensas turbulencias que ha sufrido la disciplina, unas procedentes de un legislador frívolo y otras de una jurisprudencia pusilánime. Tampoco sería cómoda esta última revisión para quién posiblemente se siente parte de un triunfante dúo, hoy desgraciadamente incompleto.

En los tiempos actuales, de lamentable ruido y furia jurídicas, reverdece la necesidad de seguir la lucha por el derecho. Las páginas de esta magna obra nos devuelven la ilusión por dos viejos conocidos que debemos invocar con energía frente a los desafueros, el principio de legalidad entendido como vinculación positiva (idea fuerza, que asociamos al profesor Enterría), y la prohibición de la arbitrariedad (idea fuerza, que asociamos a T.R. Fernández), aunque realmente son dos caras de la misma moneda (el control de la Administración), y al que debe añadirse hoy día, un tercer vector: el principio de buena administración, del que da buena cuenta la obra actualizada.

En fin, disponer de esta gran obra, supone un privilegio que me ha hecho volver a mis tiempos de sediento estudiante de derecho, armado de lapicero y rotulador, aislado del ruido de la vida cotidiana y enfrentado a su lectura calmosa, reflexionando en cada recodo, haciendo más profundo el surco de mi mentalidad administrativa.

Es inevitable mi agradecimiento a los dos autores, que han tenido la curiosa virtud de tocar el piano administrativo a dos manos, produciendo una melodía sin estridencias (como afirma el prólogo a la primera edición: “Los dos nos hacemos responsables del conjunto y para ello lo hemos revisado mancomunadamente”). Esa mágica fusión de estilos personales sólo es posible conseguirla con el cemento de una buena amistad, mutuo respeto e inmenso talento.

A ello se suma el dato que la experiencia personal ofrece, y lo digo con toda sinceridad, pues mi efímero contacto directo con cada uno de ambos autores, en dos momentos distintos de mi vida, me demostraron su enorme estatura humana y moral.

En fin, Eduardo García de Enterría y Tomás Ramón Fernández, vuestro discípulo os saluda y agradece vuestra generosidad didáctica, expositiva y defensora de las libertades, pero especialmente por este tesoro inigualable para los administrativistas que es el Curso de Derecho Administrativo.

Así que, queridos lectores, si quieren disfrutar con una lectura más sabrosa e inspiradora que las pálidas sentencias del Tribunal Constitucional y más realista que los boletines oficiales, les recomiendo vivamente esta obra, de raíces viejas pero de frutos nuevos. Una joya… engastada en la actualidad, que como toda joya merece no perderla de vista, mirarla y admirarla, pues siempre se advierten brillos nuevos.

5 comments on “Su majestad el Curso de Derecho Administrativo, de cuyos autores no puedo olvidarme

  1. Alejandro Criado

    La lectura del manual de Derecho Administrativo de García de Enterría y Tomás Ramón Fernandez, para mi, es un placer para los sentidos, una joya jurídica, de los que posiblemente son de los mejores juristas del siglo XX.

  2. José RB

    Totalmente de acuerdo. Por supuesto las ideas y los conceptos, pero también su lucidez en la manera de exponerlos y expresarlos, su emoción, su música, su literatura. El «Curso de Derecho Administrativo» es y será el Premio Nobel de la ciencia jurídica.

  3. … «que como toda joya merece no perderla de vista, mirarla y admirarla, pues siempre se advierten brillos nuevos.» … porque los brillantes de calidad, engarzados en una nueva montura bien trabajada, reviven con igual o mayor esplendor.

  4. Enrique

    Afortunado, José Ramón, que descubriste ese manual ya desde tus años universitarios. Como disciplinado alumno que fui, compré el manual del catedrático de la facultad, un tocho insoportable de escrito de forma alambicada y pedante que me hizo aborrecer el derecho administrativo durante la carrera. Catedrático, por cierto, y al hilo de tu post anterior, siempre deseoso de desenterrar la jurisdicción revisora cuantas veces haga falta.

  5. Anónimo

    Que buen comentario del Manual, es verdad que nos ha acompañado a lo largo de nuestros ya largos años en la Administración.

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