Contencioso

De la judicialización de los conflictos sociopolíticos

De la judicialización de los conflictos sociopolíticos.

Sostiene Sevach que en España buena parte de los asuntos se judicializan, ante el equilibrio de fuerzas e intereses en presencia, con el fin de que el juez, mas que portavoz de la Justicia, sirva de árbitro que corte, baraje y reparta nuevas cartas a los protagonistas para que éstos puedan (a la vista de autos y sentencias) reajustar sus posiciones y enzarzarse nuevamente en pulsos y refriegas eternas.

Viene esto al caso, porque Sevach ha tenido noticia de que la empresa Minero Siderúrgica de Ponferrrada lleva explotando una mina a cielo abierto del Feixolín en León desde más de una década, sin contar con las preceptivas licencias urbanísticas y ambientales, y tras la impecable sentencia judicial del año 2005 ordenando el restablecimiento de la legalidad, nos encontramos en el año 2007, con un escenario complicado por no decir esperpéntico, con múltiples “convidados a pedradas”, tirando de la manta de la Mina a cielo abierto en cuestión.

    En primer lugar, la Junta de Castilla y León con sus irrenunciables competencias enfrentada al cubo de Rubik que representa la explotación minera por la dificultad de conciliar la perspectiva minera, con la laboral, urbanística y medioambiental.
    En segundo lugar, el Ayuntamiento de Villablino poniendo el cascabel al gato, desde sus modestas competencias urbanísticas y sancionadoras.En tercer lugar, la todopoderosa empresa minera tratando la cuestión con la flema del jugador de bolsa que pasa una mala racha, o es pillado en malas prácticas, pero jugando todas sus bazas para sortear el temporal e incluso compensar las pérdidas.

    En cuarto lugar, los cientos de mineros que ven peligrar su trabajo, perplejos ante una situación que les sobrepasa ya que sus obligaciones son las de sus contratos pero no soportar las consecuencias de una legislación que parece haber salido de un letargo tras diez años de actividad para sumirles en una auténtica pesadilla jurídica.

    En quinto lugar, los sindicatos que no pueden permanecer impasibles ante la inquietud de sus afiliados.

    En sexto lugar, los partidos políticos que ven el incidente en pura clave electoral; y en séptimo lugar, el interés público silencioso de la masa de la sociedad, que late en las leyes y que no está encarnado en rostro alguno, referido ni más ni menos que a cosas tan sencillas y evidentes, como el derecho ciudadano a que toda actividad minera se desarrolle con plenas garantías de seguridad, salubridad, estética y medioambientales, desde su mismo inicio (sin tolerancias al margen de la ley de actividades por su enorme relevancia socioeconómica y que paradójicamente reciben la calificación jurídica de “clandestinas”); o como el derecho ciudadano a que tales situaciones de resonancia social se acaten y zanjen por las partes implicadas de forma negociada y rápida, pues las Administraciones y los agentes sociales tienen el deber de solventar preventivamente tales cuestiones y no dejarlas pudrirse entre legajos procesales.

Sin embargo, lo cierto es que, al final, todo el problema es enviado al juez contencioso-administrativo, que en la soledad del portero ante el penalty, pertrechado con sólidos conocimientos jurídicos, ha de actuar con rapidez (dado el escaso tiempo disponible por la sobrecarga judicial) para solventar un problema de hondas raíces sociopolíticas aunque con frutos jurídicamente relevantes, y en la seguridad de que, al igual que los porteros, siempre será criticado por unos u otros.

Pero eso sí, cree Sevach que el juez intuirá que el mismo partido volverá a jugarse, con revanchas y partidos amistosos, ya tengan lugar ante el mismo juez contencioso, o posiblemente ante otros porteros penales, laborales civiles, e incluso constitucionales, los cuales muy posiblemente volverán a enfrentarse al mismo problema, o a otro problema de distintos chuchos pero con el mismo collar.

Y por eso, dice Sevach, que los jueces en España tienen mucho de bomberos (apagan fuegos), bolilleros (hacen encaje de bolillos para solucionar los problemas), sacerdotes (oyen confesiones y dan absoluciones a quienes vuelven a pecar), pero sobre todo, talante de misioneros (afrontan con vocación e impasibles graves problemas que ellos no han originado, lo hacen mal pagados y con la íntima convicción de que nunca está valorada su paciente labor).

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