De la Universidad Sobre los empleados públicos

Acoso en la Universidad: ¿cuestión de supervivencia, tradición o perversión?

 

images-2El pasado viernes se hizo público un estudio que revelaba que en la Universidad de Oviedo el 40% de las profesoras se sentía o había sentido acoso en su trabajo. Casi simultáneamente se hizo pública una investigación demostrativa de que un 25% del profesorado de la Universidad de Alicante sufrió acoso o hostigamiento psicológico.

O el clima mediterráneo es un antídoto para el acoso o algún estudio falla ( quizás la formulación de la pregunta de la encuesta o el espectro de encuestados no era idéntico). En cualquier caso queda patente la “paradoja universitaria”:  si bien el nivel de cultura o dedicación científica parece indicador de mayor garantía del respeto a los demás, lo cierto es que los niveles de acosados en el ámbito académico son mas elevados que en otros sectores de actividad y sensiblemente superiores que en las restantes Administraciones públicas no universitarias.1.Intentaré explicar este curioso fenómeno por los cinco agentes o factores del acoso, específicamente universitarios, y que están en su origen:

La revancha del aprendiz aventajado. Es la transposición al ámbito universitario de un fenómeno cuartelario: cuando el soldado era novato le hostigaron y cuando ascendió a sargento se dedicó a fastidiar a los demás. La humana condición en su vertiente mas miserable se caracteriza por el revanchismo y por la infantil reacción de convertirse en aquella figura que siendo víctima denigró. No es infrecuente que alguien atraviese el vía crucis de ser becario, ayudante, doctor y profesor titular interino, antes de alcanzar la ansiada titularidad o cátedra, momento en que todos sus demonios interiores se liberan y aplica dura disciplina, desdén y abuso de autoridad similar al que recibió cuando era débil discípulo.

Las escaramuzas del ascenso académico. La carrera académica es altamente competitiva, y mientras se suben peldaños hacia la cátedra, hay quien piensa que lo mejor es “no  hacer heridos ni prisioneros”, no vaya a ser que el compañero brillante  se cruce en el camino en el futuro ante una plaza codiciada por todos. Hoy se hace la pelota al maestro, mañana se ponen voces críticas en boca del rival, en el camino se boicotea la publicación de un artículo o resultados de investigación. Y todo ello, debidamente cocido y caldeado entre colegas, en laboratorios y despachos, con ocasión de lecturas de tesis doctorales y exámenes a plazas, en homenajes y jornadas de todo pelaje. El zumbido llega a hacerse insoportable para quien sólo se dedica a investigar y cree en la pureza de la carrera académica.

Los botines electorales. El sistema electoral universitario, encabezado por la madre de todas las elecciones ( la del Rector) se caracteriza por la inexistencia de sindicatos ni partidos políticos sino grupos organizados por afinidades, filias y fobias, y pactos inconfesables, lo que se traduce en un sistema manqueo de “vencedores y vencidos”  de manera que el reparto de cargos y prebendas siempre favorece a los prosélitos de los vencedores y posterga a los perdedores (¡Vae victis!), que deben afrontar el camino del desierto hasta una nueva contienda electoral. Y ese camino de perdición puede estar sembrado de campos de minas: plazas que no se convocan, becas que no se otorgan, comisiones de servicio que no llegan, licencias escurridizas, despachos que no se remodelan y recortes presupuestarios en bibliografía y hasta en fotocopias.

La concepción espartana del esfuerzo académico. La ciencia y la investigación no son fáciles y requieren dotes de talento y entusiasmo, pero sobre todo de disciplina para conseguir resultados. Y la disciplina genera austeridad,  seriedad y con ello, rigor consigo mismo y con los colaboradores o discípulos. El trabajo en equipo y la urgencia de los resultados (¡publica o muere!) provoca la tiranía del Titular sobre el becario, y del Catedrático sobre el Titular, y del Maestro sobre los comunes catedráticos. Un sistema duro pero quizás el único posible para garantizar los avances del conocimiento y no la dispersión y holganza.

La lealtad rota. Roma no paga traidores. No pocos profesores traicionaron la confianza de su Maestro aceptando una invitación a dar una conferencia sin pedir el plácet, o publicando donde no debían, o discrepando doctrinalmente, o andando con “malas compañías”, y se encontraron con su carrera truncada, con el signo de Caín para sus compañeros de Escuela y condenados al ostracismo académico.

especies2. Mas que tratarse del tristemente célebre mobbing, hay que explicar que las tensiones y percepción de hostigamiento están muy vinculadas a la esencia de la Universidad. Las Universidades son centros donde se investiga y se lucha por la ciencia, pero es un mundo competitivo: por las becas, por los discípulos, por los contratos, por las plazas, por los cargos directivos, por los complementos retributivos, por el ascenso, por ser un primus ínter pares, por los despachos, por el reconocimiento público, por la publicación de mayor impacto… De hecho, los trabajos de investigación sobre animales en cautividad revelan que aunque tengan suficiente alimento y espacio, la coexistencia obligada propicia mordiscos y feroces ensañamientos.

3. Recuerdo que el Maestro procesalista Francesco Carnelutti por una discrepancia teórica sobre el proceso acabó enemistado fuertemente con su eminente colega Salvattore Satta (ambos discípulos del Gran Chiovenda), acusándolo de bárbaro, ignorante e ingrato pues le sucedió en la Cátedra de Padua, y este último le respondió en un elegante trabajo titulado ” Orientaciones y desorientaciones en la Ciencia del Proceso”(1937) del cual extracto el primer y último párrafo altamente elocuentes:

” El profesor Carnelutti ha publicado un artículo para combatir mis ideas. El tono del artículo es poco menos que injurioso; y yo habría debido irritarme, o dar la impresión de estar irritado, y responder en el mismo tono. Pero yo no puedo olvidar que hasta ayer Carnelutti ha sido amigo mío y, a su modo, mostraba apreciar mi amistad. Puesto que no pertenece al orden de las cosas que las ideas, al menos las jurídicas, hagan de un amigo un enemigo, debo atribuir, pues el tono del artículo a un ímpetu de ira o de intenso dolor, como decía el viejo código penal, no determinado, sin embargo, como quiere el nuevo código, por hecho injusto ajeno. Ira y dolor pasan, y la amistad queda; y yo estoy seguro de que el día de mañana será el propio Carnelutti quien se arrepentirá de lo que ha escrito”.

Tras ahondar en explicaciones jurídicas y procesales sobre el tema litigioso, el artículo termina:

” Debería ahora responder a la referencia relativa a la cátedra de Padua. Carnelutti dice que no habría esperado nunca que desde su cátedra se hiciera “nudismo procesal”. Vaya por el nudismo. Prefiero ir desnudo mas bien que disfrazado. Por lo demás, yo me doy cuenta de que un hombre como Francesco Carnelutti tiene el derecho, en relación a su sucesor, cualquiera que él sea, más válido que yo, de decir como San Pedro: ” El lugar mío, el lugar que vaca”, con aquello que sigue. Pero lo que no puede humanamente pretender es que, recogiendo inmerecidamente su sucesión en la cátedra, yo esté obligado a recoger también… su sucesión en las ideas”.

4. Lo cierto es que los datos referidos a la Universidad de Oviedo y de Alicante ( pero fácilmente predicables de las restantes Universidades), son preocupantes en términos jurídico-administrativos, ya que si acudimos al Estatuto del Empleado Público aprobado por Ley 7/07, y aplicable en estas cuestiones al profesorado universitario, el acoso es el enemigo a batir. Así, el apartado h del art.14 sienta como derecho de los empleados públicos: ”   Al respeto de su intimidad, orientación sexual, propia imagen y dignidad en el trabajo, especialmente frente al acoso sexual y por razón de sexo, moral y laboral”. Y el artículo 95 h) , tipifica como falta muy grave: “… el acoso por razón de origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad u orientación sexual y el acoso moral, sexual y por razón de sexo”. Por si no quedara claro, el apartado o) tipifica como falta específica grave: “o) El acoso laboral”.

Ya comenté en un curioso post anterior la postura del Tribunal Constitucional proclive a condenar a la Administración o patronal que tolera el acoso, como responsabilidad independiente de la que pueda exigírsele al agresor.

hostigado5. Sin embargo, parece que no estamos ante un fenómeno de la Universidad española sino que aqueja a las Universidades de todo el mundo, y posiblemente las españolas sigan los caminos de garantía que han seguido las Universidades europeas.

No me resisto a transcribir el fenómeno de la Universidad de Oxford, tal y como hace ya diez años lo describía el célebre periodista Paul Johnson:

” En Oxford, por ejemplo, hay ahora 267 asesores en acoso. Hay 93 departamentos universitarios – ¡ oh dioses!- y cada cual tiene dos. Hay una Junta Central de siete. Los asesores son obligatorios aun en los parques de la Universidad, los archivos, la unidad de transporte y, -quizás con cierta justicia- el temido cuerpo docente de Teología. Ser asesor no es una sinecura. Hay que llenar un formulario, todos los años enumerando los casos que uno ha tratado. Si hay pocas delaciones, o ninguna, se presume que las chicas- perdón, las mujeres- están demasiado asustadas para presentar denuncias, y en consecuencia, el asesor deja que desear. En cambio, si hay demasiadas, ello justifica la incorporación de más asesores, y el sistema se expande.(…) El acoso está definido con tal amplitud y vaguedad como para que cualquier aspirante a Torquemada se restregué las manos con ávida anticipación: Es “conducta indebida hacia otra persona, que atenta contra su labor o reduce la calidad de vida de dicha persona”. Esa conducta no solo incluye el “atropello” o el “insulto verbal” sino la “creación o mantenimiento de un entorno estudiantil, laboral o social hostil u ofensivo”.

6. En fin, para terminar nada mejor que un par de citas. Por un lado, una del mencionado Salvattore Satta que sobre sus colegas universitarios opinaba: “Me sentiría más a gusto si tuviera que discutir con Al Capone y compañía que con ellos”. Y otra de su rival Francesco Carnelutti, deliciosa, de que “el hombre que sólo sabe leyes no sabe Derecho”, y que Sevach podría transponerla al tema del acoso universitario que nos ocupa, en los siguientes términos: ” El Catedrático que sólo se respeta a sí mismo y sólo sabe de su disciplina no sabe ser Catedrático”.

15 comments on “Acoso en la Universidad: ¿cuestión de supervivencia, tradición o perversión?

  1. Lo positivo es el reconocimiento de la administración universitaria de la existencia de esta lacra laboral que afecta a gran parte de la Administración. Ahora sólo queda que el estudio no quede en eso, sino que se adopten protocolos y medidas adecuadas de prevención y derribo del acoso laboral designando a personas cualifidas para ello ; y que se señale a los acosadores como ellos han procurado señalar y marginar a los acosados abusando de su situación laboral .

    El problema es muy grave. Si el acoso nace en la universidad , encargada de la labor docente de las generaciones venideras y esto no se corrige , la sociedad futura se verá perjudicada en todas sus esferas.
    El acoso laboral no es más que una variante del acoso escolar: todos estamos acostumbramdos a convivir con ello, pero existen límites que en la actual sociedad se han traspasado en una evolución de lo que podía ser una graciosa novatada laboral a lo que es un trato denigrante determinante de daños psicológicos , y en el peor de los casos, de de suicidios ya conocidos en el ambito escolar . Las novatadas de campamento , de la mili , corresponden a otros tiempos , la sociedad actual no puede ya permitir estos abusos.

    Creo sin embargo Sevach , con todos los respetos , que de tu entrada se deduce, quizá, cierta justificación del acoso laboral cuando dices :
    ” Mas que tratarse del tristemente célebre mobbing, hay que explicar que las tensiones y percepción de hostigamiento están muy vinculadas a la esencia de la Universidad…”
    Es evidente que cada esfera laboral tiene su esencia, personalemtne no trato a diario la de la Universidad , aunque sí tengo amistades y familiares por las algo conozco. Sin embargo , creo, que la competitividad laboral , los principios que dices “publica o muere”, no justifican el hostigamiento laboral , los abusos de poder, la falta de democracia ,la humillación del subordinado a base de corrillos de pasillo , ni mucho menos su utilización para el logro de objetivos profesionales propios. La reforma del CP contempla el acoso laboral como figura delictiva específica , lo que supone ya un reconocimiento de nuestro poder legilsativo de la existencia del acoso laboral como problema social más alla de una relación laboral sana y enriquecedoramente competitiva , traspasando la esfera de lo tolerable para afirmar su carácter delictivo.
    En fin , son muchos los campos en los que existe hostigamiento laboral, entre ellos, como se ve el mio; y hay ciertas profesiones- entre ellas también la docente – en las que creo que resulta inadmisible el desconocimiento del problema porque de su correcta función depende la misma pervivencia de una sociedad democrática.

    Un saludo , y perdona el inevitable- pero justificado- calor de mi comentario en esta ventana que nos tienes abierta .

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  2. Creo que la clave del acoso en el ámbito universitario radica, como bien dices, en la coexistencia obligada. Una pareja se desgasta con la convivencia y en la Universidad coexisten profesores, alumnos y personal administrativo. Por eso hay acoso de profesores hacia alumnos, de profesores hacia el personal administrativo y en menor medida de alumnos hacia profesores y de algún personal administrativo hacia los restantes miembros de la comunidad universitaria. Al final, se trata de una cuestión de educación, convivencia y respeto, y está claro que un Doctorado no garantiza la bondad y la tolerancia.

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  3. UN CONSEJO MUY IMPORTANTE

    Me gustaría daros un consejo que no debéis olvidar. La persona que ha sufrido el mobbing, padece trastornos psicológicos cuya gravedad dependerá de la intensidad, del tiempo y de otras circunstancias. Podéis estar muy deprimidos, con sentimientos de vacío, desesperanza, pensar que no tiene solución y que os han “destrozado”. Pero recordar lo siguiente: Aunque os encontréis “hundidos”, no os han ganado.
    Solo os habrán derrotado si consiguen cambiar vuestra forma de ser, vuestra forma de pensar y logran que penséis y actuéis como ellos. Por ello, te recomiendo que NO CAMBIES TU PERSONALIDAD Y HABRAS SALIDO VICTORIOSO. Un buen comienzo para “luchar y ganar” es informarte y asesorarte.
    Josep P. psicólogo
    acosolaboralcat@telefonica.net
    AVALC http://www.avalc.es tf. 610902677- 662660486
    ASOCIACION DE VICTIMAS DE ACOSO LABORAL

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  4. No puede estar más atinado el análisis del profesorado universitario -entre los que me incluyo- y “sus” rarezas. Un matiz adicional es que a mi juicio hay elevada dispersión, y en algunos casos-departamentos-áreas el porcentaje es mucho más alto y en otros casi inexistente, sería bueno conocer los detalles y, por supuesto, más aún solucionarlo, eso sí, ¿quién sabe cómo? Se abre la veda…

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  5. La entrada es muy interesante, Sevach. Yo, afortunadamente, soy funcionario y tengo una cierta estabilidad y seguridad, que me da una enorme libertad e independencia. Pero las personas que no están en esa situación es impresionante, en ocasiones, por dónde tienen que pasar.

    En mi corta vida académica (llevo en la Universidad 10 años) he visto cosas alucinantes: desde casos claros de acoso sexual padecidos por las jovencitas que quieren plaza y que siempre encuentran a algún tipejo que no las mira bien si no le admiran suficientemente como académico y como macho a profesores (y ni siquiera el catedrático, aquí basta ser uno de los “protegidos” de quien manda para poderte permitir cosas increíbles) que encargaban sistemáticamente su docencia a becarios, asociados o ayudantes (vamos, gente joven que depende de estar bien vista por los de arriba para poder seguir), cuando no les obligaban a ayudarles a escribir artículos o a cosas peores (hay mucho profesor con otras ocupaciones y no es infrecuente que se obligue a trabajar para eso también a la gente). Sumemos a todo eso tácticas de extorsión mafiosa constantes (telefonazos o e-mails amenazantes para que se haga tal o cual cosa, normalmente, además, absolutas chorradas…) y el escaqueo masivo de las obligaciones propias. El panorama es desolador.

    Lo más inquietante de todo es que, en mi caso, ni siquiera son los catedráticos quienes se dedican a estas repugnantes actividades. Son titularcillos de tres al cuarto, algunos recién escudillados, muy afectados por el síndrome del aprendiz aventajado del que habla Sevach.

    Lo más lamentable es que, como el entorno es el que es, y está diseñado para que estas conductas no supongan costes, no pasa nada. Y también es tremendo que, como cada cual va a la suya y todos pasamos de casi todo, para evitar males mayores, tampoco nos caracterizamos, por desgracia, demasiado quienes estamos más protegidos por luchar para proteger a los más jóvenes e indefensos. En parte, porque todos tenemos muchas cosas que hacer. También porque, y hablo por experiencia, a poco que hagas te parten la cara de mala manera.

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  6. Bueno, Andrés, pero es que tu departamento es conocido en la Facultad por ser algo bastante espectacular. No creo que sea generalizable al resto de la Universidad, o al menos no lo es al resto de la Facultad, como te debe constar, el tipo de mamoneos que os lleváis ahí.

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  7. Andres , lo tremendo es que no hagais nada y que lo justifiques en evitar “males mayores” .

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  8. Querida Sandra: Tienes toda la razón. Es, en efecto, algo tremendo. A mí es lo que más me sorprende y desagrada del entorno donde trabajo, esa absoluta falta de empatía con el débil y el asqueroso y egoísta miedo que nos tiene a todos en una posición moralmente bastante repugnante.

    De todos modos, algo hacemos o hacen algunos, como denunciar las cosas más graves que pasan y dar nuestro apoyo a los afectados. Pero es verdad que no sirven de demasiado excepto para ganarnos, por nuestra parte, la inquina generalizada. Por folloneros. Muchas veces los primeros que no acaban de ver con agrado que se mueva el tema son las víctimas. Ten en cuenta que, como pasa siempre en ciertos ámbitos, el primero que tiene que aceptar que se denuncie una situación para que la denuncia pueda ser efectiva es el perjudicado. Y aquí, los perjudicados, porque temen las consecuencias, son los primeros en no querer que el tema aflore.

    Puedo contar mi caso personal, cuando se me encargaron responsabilidades de gestión en mi área de conocimiento y duré diez días ejerciéndolas porque me negué a aceptar que ciertos profesores se arrogaran derechos que afectaban a los de los demás. Y ya está. Tampoco pasa nada. Es decir, que yo asumo perfectamente los perjuicios derivados de hacer las cosas de determinada manera, cuando me afectan a mí. Pero comprende que piense que no está bien que tome esa decisión cuando los perjudicados y afectados pueden ser otros. Creo que, en ese caso, la decisión sobre cómo reaccionar debe ser suya, si los perjuicios pueden caerles también, o esencialmente, a ellos.

    Por lo demás, el caso más escandaloso que he vivido (se intentó tirar a una profesora porque “no caía bien” ni reía ciertas gracias a un profesor jovenzuelo que cree que todas han de caer rendidas a sus pies) lo conocieron las autoridades académicas de mi facultad y, lejos de proteger al débil, alguno lo que hizo fue colaborar en el ajusticiamiento público. Normalmente, en la Universidad española, quienes mandan siempre van con el fuerte.

    Dicho todo lo cual, Sandra, te reitero que sí, que desgraciadamente tienes toda la razón. Y no sabes lo duro que es saber que tienes toda la razón.

    En cuanto a lo que comenta Juan, la verdad es que no soy consciente de que seamos especialmente famosos en la Facultad. Quizás, como uno tiene tendencia a pensar que lo que pasa en su entorno es lo normal también más allá de éste, tengo asumido que la Universidad es más parecida a lo que se vive en mi entorno que a lo que en realidad es. Ojalá me equivoque. Pero, no sé, tengo la sensación de que en todas partes cuecen, con mayor o menor intensidad, las mismas habas. Ten en cuenta, como decía, que lo que pasa en mi área, como tu mismo reconoces, lo sabe toda la Facultad (o, más o menos, lo sabe toda la Facultad, porque supongo que faltarán muchos detalles, de hecho a mí también me faltan, seguro, muchos datos). Y, a pesar de eso, ni pasa nada ni intervienen las autoridades académicas. A pesar de eso, cuando ha habido que recabar ayuda para ciertas marranadas de gente de fuera siempre se ha obtenido. No será tan anómalo, me temo, lo nuestro cuando las cosas funcionan así.

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  9. En fin, Andrés, al menos te das cuenta de que el silencio , tu silencio y el silencio de todos es una actitud, lo siento pero ,cobarde .
    No se sí ello os honra , pero al menos tú eres consciente de ello.
    No es que me alivie, creo como dije antes que el acoso laboral psicológico es muy grave . En mi entorno laboral: bajas laborales , absentismo , incluso un suicidio injustificable me alertan sobre una conducta y un modo de trabajar en el que me encuentro inmersa , que siempre ha estado ahí y por lo tanto está socialmente admitida , pero que pronto, será delito.
    Piensa Andrés que quizá los perjudicados , no tendrían que “decidirse denunciar” , si ese abuso simplemente no existiera , si confiaran en que van a recibir apoyo .
    El miedo es libre, también para las victimas , no sólo para los silentes observadores .
    Un saludo

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  10. Juan Manuel del Valle Pascual

    LA UNIVERSIDAD ES TODOS

    No retiro ni una letra
    de lo aquí recién escrito.
    Sabes Sevach de lo que hablas,
    lamento Andrés lo vivido,
    alabo, Sandra tu entrega,
    Avalc nos marca el camino,
    si los valores se alcanzan,
    en tanto que Juan protesta
    mientras ve en el colectivo
    lo que Álvaro manifiesta,
    y que no dudo que lo haya.
    ¿Es todo tan negativo?
    ¿Es esto selva funesta
    en la que nadie descansa?

    Yo allí también tengo amigos
    y con ellos hago fiestas
    por sus logros conseguidos,
    por sus premios, por sus becas,
    por las cátedras que alcanzan.
    Me gusta lo que han escrito,
    sus esfuerzos me dan fuerzas.
    Muchos alaban lo mío
    y consuelan mis tristezas.
    Yo pienso que no es mal sitio,
    pues otros he conocido
    en que lo amargo me amarga.
    Es dulce lo positivo,
    lo negativo me alerta
    a andar mejor el camino,
    y ya llevo senda larga,
    y, créeme, lo que he vivido
    apenas cambio por nada.
    Si acaso, pido paciencia
    y que la envidia no invada
    el corazón de mi amigo.
    Si triunfa, su triunfo es mío,
    mis éxitos bien le halagan.
    Que todo sea bien de todos,
    de uno sólo no haya nada.

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  11. Como policía local participé hace años en un estudio elaborado por la Universidad de Oviedo; los resultados fueron alarmantes: un 57%, nos dijeron que era consecuencia de la seguridad en el empleo, si no le caes bien a tu jefe, com no puede echarte se dedica a intentar que te vayas amargándote la vida.
    http://www.psicothema.com/pdf/3549.pdf
    De una cosa estoy seguro: en este país nunca se va a afrontar judicialmente de forma seria el acoso laboral.

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