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Si las normas vigentes no valen se cambian y los jueces también

otros principiosUn ejemplo tragicómico es la conocida ocurrencia de Groucho Marx: “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”. Y digo tragicómico porque provoca la sonrisa pero bajo un trasfondo de lástima por como se frivoliza con lo importante, y en lo que ahora nos interesa, con las normas jurídicas cuando incomodan al poder.

Viene al caso porque es noticia que en EEUU los republicanos cambiaron ayer las normas del Senado de EE UU para nombrar sin mayoría cualificada al candidato al Tribunal Supremo del presidente Donald Trump, Neil Gorsuch. Se trataba del “Plan B” del Presidente, que incluso era conocida entre los senadores conjurados como la “opción nuclear”, y han eliminado la barrera de 60 votos requerida para la confirmación de un juez del Supremo, con lo que se abre el paso a la inmediata confirmación del juez, que sustituirá con carácter vitalicio al conservador Antonin Scalia, fallecido en marzo de 2016 y que abrió la caja de los truenos (o quinielas), y como efecto final, el jaque mate: el Supremo recuperará una mayoría conservadora de 5 a 4. O sea, un colchón para las medidas promovidas por los afines y que pone en entredicho la tradicional independencia del Supremo americano.

Pero escarbemos un poco y veamos este mal que aqueja al Ejecutivo de muchos Estados democráticos, que como el escorpión pica al poder judicial que le amenaza…

el juezEs cierto que el Tribunal Supremo estadounidense es el de mayor prestigio del mundo, porque nunca 9 magistrados decidieron para tantos, aunque con inevitables errores (Como afirmó el juez Jackson: “no somos los últimos en decidir por ser infalibles, sino que somos infalibles por ser los últimos”.

Lo triste es que esta conducta reverdece el clásico “Allá van leyes do quieren reyes” (cuando Alfonso VI – siglo XI) decidió una cuestión de culto por sus santísimos poderes.

Una cosa es diagnosticar problemas y cambiar las normas. Otra que existan sentencias incómodas y se cambie la Ley por sus trámites. Pero muy distinto es manipular las reglas del juego, como en este caso americano, para trucar la ruleta o mas bien para contar con el favor del croupier.

Ahora bien, estoy leyendo un delicioso ensayo titulado La Suprema Corte de Estados Unidos (Mario Melgar, Ed. Porrúa, México, 2012), pues soy un converso al libro electrónico, y me entero de situaciones curiosas. Así, puedo ahora decir en favor de esta estratagema republicana que bajo la presidencia del demócrata Roosevelt, al ver sus iniciativas progresistas tumbadas por sentencias del Supremo (mayoría conservadora), encaminadas a salir de la depresión del 29 (New Deal) intentó que el Senado aumentase el número de magistrados del Supremo, de 9 a 15 (pretextando la carga de trabajo del Tribunal) para de este modo nombrar los restantes de perfil más afín. Se armó una trifulca política total, aunque los jueces del Supremo no se manifestaron aduciendo el viejo principio de que “los jueces no se entrometen en política y hablan a través de sus sentencias”.

roosveltComo esto no prosperó, y como el poder es imaginativo, Roosevelt hizo una oferta que no podía rechazarse, y es que dado que los cargos eran vitalicios (y la mayoría superaban los 70 años), modificó la ley para que los que se jubilasen por razón de edad no perdieran un centavo del sueldo, lo que propició la salida de dos magistrados con su renovación para bascular la balanza (y de rebote, como premio irónico de la vida, otros dos fallecieron en breve, Cardozo y Butler).

Como anécdotas señalaré que el primer nombrado fue Hugo Black, de quien posteriormente revelaría la prensa que había militado en el Ku Klux Klan (mancha que le acompañaría siempre). Además, para suavizar la tristeza de estas fallas de los Estados democráticos, recordaré que para cubrir la segunda de estas bajas en el Supremo, prerrogativa del Presidente, Roosevelt con fama de bromista, llamó al Solicitor General -una especie de Abogado del Estado Jefe ante el Supremo- (Stanley Reed) y por teléfono le informó que iba a prescindir de sus servicios y que deseaba su renuncia encima de la mesa. Reed se quedó patidifuso y en silencio, que fue cortado por el Presidente añadiendo: “Y quiero que almuerce conmigo”, con otro breve silencio, para concluir: “He enviado su nombre para nombrarle magistrado del Supremo”.

11 comments on “Si las normas vigentes no valen se cambian y los jueces también

  1. No acabo de comprender por qué se pierde la independencia dependiendo de la adscripción conservadora ¿Si fuese de otra adscripción no la perdería?

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  2. No comparto en general la admiración que despierta el sistema americano ni creo en la gran imparcialidad y prestigio que tanto se le atribuye. Está fuertemente politizado, y aunque en efecto sus componentes no siempre han sido tan sectarios como pudiera esperarse, normalmente se ha debido a que por su origen se esperaba mas desverguenza,por lo que a poco que hayan hecho bueno se magnifica. Lo que pasa es que los americanos saben venderse como nadie, son los amos del marketing, y acaban por ocultar un sistema judicial con mas sombras que luces a base de películas lacrimógenas en que la justicia triunfa gracias al abogado paladín que convence al jurado con su brillante oratoria. ¡Cuanto daño ha hecho eso en la abogacía española! (Y supongo que en otros países también). Lo que Trump y sus secuaces han hecho no es mas que aprovecharse de forma mas decarada de lo que hay, pero los ejemplos que pone Jose Ramón en la entrada ya dejan ver las “bondades” del sistema, que viene de antes. Personalmente creo que EEUU ha dado mejores políticos que juristas, sobre todo en sus épocas tempranas. Leer los escritos fundacionales de los “Padres de la patria” y sus discusiones al redactar la Constitución reconcilia al mas escéptico con la política, porque pocos casos hay de mayor clarividencia, prudencia, rectitud y buen hacer -con los matices de la época, claro. Ya quisiera yo que tuviéramos hoy aquí a Franklin, Washington, Madison, etc en vez de a Rajoy, Iglesias y compañía …

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    • Completamente de acuerdo, sin olvidar a mi admirado Thomas Jefferson y a Jhon Adams, del que hay una gran miniserie con Paul Giamatti (Adams), Stephen Dilane (Jefferson), Tom Wilkiinson (Franklin) y Laura Linney como la Sra. Adams, estupenda como siempre.
      Buena Semana Santa

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  3. Si queréis una historia del TS americano con la traducción de 42 de sus más relevantes sentencias podéis ver Sentencias básicas del TS de los Estados Unidos de América, CEPyC. Miguel Beltrán tiene un libro curioso sobre la no aceptación de Bork en los años 80. Y sobre lo conservador que es el poder judicial en USA, la revolución conservadora del derecho constitucional estadounidense https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/1317862.pdf

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  4. Aunque cogido por los pelos, recuerdo la película “La dama de oro” donde, en una audiencia ante el Tribunal Supremo, su presidente formula una pregunta al abogado de la recurrente, quien queda en silencio ante la consternación general. Media sonrisa de los recurridos y balbuceo del abogado: Señoría, no entiendo la pregunta. El presidente sonríe y le dice: Yo tampoco. Risas de todo el Tribunal.

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  5. Eso, en España, no sucede.

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  6. Separación de poderes: El legislativo hace las leyes (y las cambia o las reforma). El ejecutivo gobierna sometido a la ley. . El judicial administra justicia en aplicación de las leyes vigentes en cada momento. Esas son o deberían ser
    las reglas del juego.

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  7. Pues yo defiendo el sistema estadounidense, la estadounidense es la democracia más antigua. Y sí, cambiar las reglas para condicionar la ideología, pero eso lo hacen continuamente los lobbies por presentaciones o instancias directas ante el Tribunal, tanto de demócratas como republicanos, (que además sabrá usted ya han superado el arcaico concepto “ideologías”) . El problema es que existe una inexplicable (o quizás si pueda explicarse) rechazo a toda decisión o propuesta que provenga de la actual Administración encabezada por Trump. Un poco de repaso de derecho constitucional comparado vendría bien a más de uno…

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  8. Interesante punto de vista sobre el sistema americano. No encantaría que nos leas y nos dejes tu opinión en Jóvenes Construyendo una plataforma en línea para compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.

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