Actualidad Sobre los empleados públicos

Los veteranos de la administración: dinosaurios o lobos grises

La administración cambia a velocidad de vértigo. Los funcionarios lo son hasta la jubilación y eso plantea la gran cuestión de si el cuadro de mandos administrativo, servido por funcionarios repletos de trienios, está preparado para afrontar los retos de una administración electrónica, de una administración globalizada y de una administración donde lo importante es la adaptación y no la conservación.

Viene al caso porque el Diario La Nueva España tuvo la amabilidad de publicarme ayer un artículo significativamente titulado Directivos públicos vintage en extinción, acompañado en la misma página de otro artículo escrito por mi amigo Antonio Arias (titulado “Funcionarios y políticos“, ambos ideados en la pausa laboral del café (“el café administrativo”).

Ahora reproduzco mi artículo con algunos añadidos, teniendo en cuenta que las reflexiones sobre tales veteranos de la administración posiblemente pueden predicarse igualmente de los veteranos directivos de empresas o bufetes.

escrituraAsí pues, comentaba con mi amigo Antonio Arias en nuestra pausa de café diaria (el derecho del trabajador mas universal y fructífero) lo duro que resulta a los altos funcionarios sobrevivir a la avalancha de normas administrativas, a la cambiante jurisprudencia y a la infinidad de buenas publicaciones doctrinales. Hablábamos de que tan enorme cantidad de información jurídica disponible resulta indigerible (dificultad para estar al día) o indigesta (dificultad para comprenderla).

Especialmente difícil resulta para los veteranos que por añadidura, sufran la revolución tecnológica y el zarandeo de silla por el trepa de turno. Recordábamos algunos catedráticos así como un Director General, ambos de tremendo prestigio y al borde de la jubilación, que se limitaban a vivir de las rentas de su experiencia, eludiendo hábilmente poner en evidencia de su ignorancia y delegando las labores complejas, ofreciendo charlas “comodín”, que nada añadían pero nada comprometían.

Sin embargo, no podemos caer en el grave error de confundir lo añejo con lo viejo ni la ciencia con la experiencia, pues esta última para Einstein prevalecía como fuente de conocimiento verdadero. En la administración pública actual, los que alcanzan un puesto alto en la escala jerárquica, peinando canas, ganan en intuición, olfato, en valorar los problemas y buscar soluciones con sensatez. Como contrapeso, ignoran las reglamentaciones, desconocen la sutileza de las interpretaciones jurídicas y eluden enredarse en órganos y formalismos. Al grano y con sentido común. O sea, marcan el rumbo como los almirantes curtidos. Para conocer las normas están esos contramaestres que son los jefes de las unidades a su cargo y para ejecutarlas la tripulación. Además comparten con Bill Gates la idea de que los ordenadores están para resolver problemas que antes no existían.

jefe enfadadoBuena parte de esa pléyade de altos cargos o directivos públicos, que en su día dominaban temarios y leyes, se vuelven acomodaticios y suelen ser maestros en controlar sus silencios y ambigüedades, o abusan en las reuniones de algunos latiguillos utilísimos y certeros: “Algo no encaja”, o “No tomaría esa decisión”, o incluso, “La ley está para cumplirla pero también debemos resolver problemas y no crearlos”, o la advertencia frente al ciego formalismo: “No perdamos de vista la lealtad institucional”; y como no, cuando la situación es alarmante y pide decisión compleja, saben que lo urgente no debe matar lo importante, y proponen convocar hábilmente una reunión o una sesión de órgano colegiado o incluso indican la puerta a que llamar para obtener un dictamen esclarecedor. Lo importante es que si hay errores resulten defendibles y si hay culpables, que sean varios.

Otro rasgo mas anecdótico de esta guardia pretoriana son sus mesas de despacho, normalmente aligeradas de papeles pues actúan como puertas giratorias para expedientes que serán delegados hacia los subordinados o reorientados a otros destinos. Hace falta mucha experiencia para que problemas y papeles no se queden atascados en el despacho, y mucha más para sacar lo mejor de los colaboradores. Y desde luego que la experiencia no se aprende sino que se vive.

Lo digo con conocimiento de causa. Conozco secretarios generales e interventores cargados de trienios, letrados públicos, abogados del Estado y magistrados que destilan sabiduría y sentido común por los poros pero ignoran sin disimulo lo que dice el articulado vigente, bien por no estudiar (no toca y ya estudiaron bastante) o bien por flaqueza de memoria. Además no toman iniciativas ni asumen riesgos, pues prefieren sentirse como los libros en los estantes que esperan a ser consultados y entonces sienten predilección por hurgar en la memoria para verter la anécdota o consejo que arroje la luz.

lederNo es fácil evaluar la competencia de estos veteranos pero encaja en una admirable polivalencia como bolilleros, bomberos y gaiteros: hacen encaje de bolillos con los problemas complejos, apagan fuegos y templan gaitas. Lo sangrante es que muchos se ven empujados hacia la jubilación anticipada o el ostracismo burocrático por el empuje de las tecnologías o por experimentos políticos de barniz renovador. Sin embargo se olvida que esa sabiduría que ofrece la experiencia, el luchar a brazo partido con ciudadanos y políticos, para poder dirigir una unidad administrativa, no la ofrecen las oposiciones ni la dan las tecnologías de la información.

De nada sirve conocerse un reglamento o utilizar aplicaciones informáticas si no se dispone de eso que se llama empatía profesional, esto es, comprender a los compañeros y directivos, entender sus razones y hacer que trabajen en equipo, sin zancadillearse.

No olvidemos que no es fácil dirigir una unidad administrativa o destacamento de funcionarios, pues el ecosistema alberga todo tipo de especies.

Además no olvidemos, y lo digo con afecto porque me ha sucedido, el papel de un buen jefe administrativo que protege a sus dependientes frente a las urgencias e intolerancia de la autoridad política, lo que solo puede hacerse por parte de quien es un curtido funcionario en mil batallas y sabe tratar tanto al político como mimar a los suyos. El veterano sabe que los políticos cambian y que los buenos funcionarios no se improvisan, y si es de ley, será un escudo para sus empleados, posición generosa debida a la experiencia en ese estanque de peligros en que se mueven políticos y funcionarios.

Creo que en este ámbito reina (además del Principio de Peter sobre la competencia) la que bautizaría como Paradoja de la decadencia de la sapiencia, o sea, que cuanto mas arriba se está en un cargo público, menos ciencia jurídica o técnica se atesora, pero curiosamente mejor se resuelven los problemas y mejor servicio público se presta.

En su día me esforcé en demostrar como el estilo del teniente Colombo, con su edad, desaliño y sentido común, sería un excelente funcionario. En cambio, un funcionario inexperto, ambicioso, mercenario, cargado de datos, posiblemente sería un pésimo servidor público.

IMG_0571Por eso, debemos felicitarnos de contar con los funcionarios vintage, que como los buenos vinos se revalorizan con el paso del tiempo. Lo que sería un despilfarro de recursos sería confundir el sueño de la administración sin papeles con una administración sin funcionarios, porque a todos nos gusta ver un rostro que nos de explicaciones de los asuntos públicos, y si hay que quejarse siempre nos confortará que alguien con experiencia de explicaciones e intente encontrar soluciones.

Aquí tenéis ambos artículos publicados ayer.

11 comments on “Los veteranos de la administración: dinosaurios o lobos grises

  1. No le veo sentido a los funcionarios. Tener memoria, ¿ y qué ? Lo importante es resolver problemas.
    ¿ Quiénes mantienen a los funcionarios y al Estado al que pertenecen? Los no funcionarios.
    Deberían ser contratos renovables anualmente. Así nadie se relajaría.
    Los no funcionarios no nos podemos relajar.

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    • Hasta los defensores del spoils system o sistema de botín que caracteriza la función pública norteamericana se dieron cuenta del peligro que esto generaba, que tuvo su reflejo en lla crisis en los servicios del Estado ocasionada por la sustitución de unos funcionarios por otros, generando una tremenda corrupción, lo que llevó al presidente Carter a la aprobación de la Civil Service Reform Act, defensora del sistema funcionarial. Basta echar un vistazo a la función pública comparada y ver las diferencias entre el sistema continental francés impuesto por Napoleón y el sistema anglosajón para llegar rápido a la conclusión de cuál de los dos sistemas genera mejores servidores públicos. El sistema de oposiciones es sin duda el mejor para reclutar a los mejor preparados. No es lo mismo llegar a un puesto de trabajo superando a cientos o miles de opositores que por conocer a fulano o mengano. Otra cosa es la desidia y el desinterés que la seguridad en el puesto de trabajo genera en ocasiones, aunque para hay instrumentos como la evaluación en el desempeño. Otra cosa es que los políticos de turno los utilicen.

      Fdo. Un funcionario.

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    • Yo, que tampoco soy funcionario, opino lo contrario, Xebe. Un funcionario cuyo puesto dependa de renovación continua carecerá de la más mínima independencia y no hará lo que diga la ley diga sino lo que diga su jefe porque de otro modo le echarán. Tal y como yo lo veo la independencia del funcionario es la mayor garantía para mi como administrado.
      Otro tema es el relajo pero, si el sistema se hace funcionar, tampoco debiera de ser problema pues habría de ser corregido por los jefes, (menor evaluación del desempeño, disciplinariamente, etc…) que serían para otro post en su caso.

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    • El conocimiento y la experiencia no se improvisa. Tampoco se puede dejar al libre capricho del político la renovación o no al funcionario de turno, sobre todo al que resulta incomodo, no amoldable a los intereses politicos y defensor del interés público.
      No se puede odiar a toda una clase de trabajadores por el simple echo de que una minoría no cumpla con su trabajo.
      No se pueden tener visionrs tan simplistas para resolver una serie de patologías que padece nuestra función pública.

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  2. Pingback: Funcionarios y políticos – Fiscalizacion.es

  3. A ver si recordamos de vez en cuando, porque la población general lo olvida, que el sentido del funcionariado y la plaza fija está relacionado con la independencia de la Administración de los avatares de los cambios políticos. Si no existieran las plazas fijas, los funcionarios cambiarían cada vez que cambia el partido en el gobierno. Amigos, vecinos, primos y parientes tomarían la Administración por asalto, en un clientelismo decimonónico letal para el funcionamiento de la Administración pública e incompatible con el Estado de Derecho. La Administración no es la empresa privada, metámonoslo en la cabeza, no puede serlo.En la empresa privada se juegan sus “riales” , en la cosa pública en funcionamiento del estado y el consenso social.
    Si queremos ver como funciona un estado en el que el dirigente cambia a los funcionarios cada vez que le apetece podemos acercarnos por Nicaragua o Venezuela.
    Un vez que se tiene la plaza en propiedad, introducir elementos de innovación, adaptación a los tiempos y productividad, es difícil pero no imposible. Ahí está el reto

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  4. Buenísimo artículo, profesor José Razón Chaves.
    Va a haber que cambiarte el nombre…

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  5. Hay que distinguir de que cuerpo de funcionarios estamos hablando, evidentemente si nos referimos los Jueces, Fiscales, Policías, Inspectores de hacienda, el Cuerpo diplomático, los mandos del Ejercito…, encargados segun el propio EBEP de la salvaguarda de los intereses generales del Estado, en este caso, la permanencia y inmovilidad en el cargo no solo es una garantía de independencia frente al poder político, sino que es de la propia permanencia del Estado mismo, que preserva sus ideales, sus lineas diplomáticas generales, su sistema político….que a menudo los politicos respetan y atribuyen incluso a que se mantenga, salvo que vengan legitimados por una revolución, que implica normalmente cambios drásticos en la propia estructura del Estado.

    Por eso no hay que meter en el mismo saco a todos funcionarios,

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  6. antes de haber sido Director General, debe haberse sido auxiliar (y haberse pasado por todos los escalones); después de llegarse a Doctor, tiene que convertirse el conocimiento en Administración electrónica

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  7. Pingback: La edad de los jueces a la palestra - El rincón jurídico de José R. Chaves - delaJusticia.com

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