Actualidad De la Universidad

El calvario de la acreditación para ser profesor universitario

aplastadoEn la conocida novela Rebelión en la Granja (Orwell, 1947) se afirma aquello de “todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que todos”.

Y eso ha pasado en el mundo docente universitario. Hay Catedráticos y Titulares pero no todos son iguales entre sí. Mismo género pero distinta especie.

Hay Catedráticos “pata negra” –oposición– de la vieja oposición preconstitucional, Catedráticos de concurso para acceso a plazas concretas de Universidad concreta (tras la LRU 1983), Catedráticos habilitados en competencia para plazas limitadas (tras LO 6/2001), Catedráticos acreditados sin más competencia que superar un listón de méritos, y sin límite de plazas (LO 4/2007).

Y ahora, tras la reforma del sistema de “acreditación” que se ha endurecido por R.D. 415/2015, a modo de esclusa para frenar el aluvión de Catedráticos (las Universidades se hacinaban como la balsa de La Medusa de Gericault), se pueden distinguir como los pasajeros al embarcar, los “acreditados preferente” (hornada “light”) y los “acreditados postergados” (hornada “hard”).

Lo curioso es que la etiqueta no hace mejor ni peor, pues depende del momento que le ha tocado vivir a cada uno.

En suma, la Universidad pública española que debería ser el buque insignia de la investigación y ejemplo de organización de la sabiduría, lleva décadas mirándose el ombligo y despistando a los buenos investigadores de su labor, para ocuparlos en sistemas competitivos que son experimentos de ministerio, donde a veces para ser Catedrático se impone un examen y temario, otras solo méritos, otra se prima la docencia, y como siempre lo que le place u ocurre al ministerio. Al final, se produce un múltiple efecto perverso.

  1. En primer lugar, malestar en los investigadores y docentes de nueva generación que pierden energías en orientar su esfuerzo y labor para alcanzar esa diana móvil que son los méritos que le pueden garantizar la plaza estable, porque no olvidemos, que sin estabilidad hay desasosiego y un profesor o investigador desencantado baja su rendimiento.
  2. En segundo lugar, malestar entre los profesores e investigadores de un mismo área, donde sería deseable que la categoría académica fuese vinculada al liderazgo, al prestigio y a la cualificación. Y lo cierto es que, junto a espléndidos Catedráticos campan otros de medio pelo, oportunistas o favorecidos por las ocurrencias del BOE.
  3. En tercer lugar, el aluvión de Catedráticos con la política de puertas abiertas, sin límite de plazas ha provocado unas Universidades donde los profesores de la mayoría de las áreas ofrecen una estructura de pirámide invertida, donde puede encontrarse por ejemplo, Universidades con 5 Catedráticos de Derecho Constitucional, dos acreditados y dos Titulares.

Captura de pantalla 2017-04-27 a las 19.37.41En suma, aquellos buenos profesores que no quieren competir con nadie, que no envidian a nadie pero desean tener medios, ayudas y poder trabajar (muchas veces vinculado a la condición de Titular o Catedrático), y que son recientes doctores con sueños y energías, se encuentran con que, para acreditarse, las exigencias de méritos se convierten en una ruleta, y además si consiguen acreditarse, que las plazas salen con cuentagotas y según criterios oportunistas del equipo de gobierno de cada Universidad.

En este contexto, tras el criticado R.D. 415/2015 que endureció los requisitos de acreditación, un sindicato lo impugnó para cuestionar su art. 14 por considerar que aludir a un “número mínimo de contribuciones” es una reglamentación genérica que no cuantifica ni objetiva los méritos evaluables o el baremo. Sin embargo, para la Sentencia de la Sala contencioso-administrativa del Tribunal Supremo de 22 de Febrero de 2017 (rec. 1219/2015):

La queja de la recurrente sobre que la determinación del número de contribuciones, así como el baremo y los criterios a tener en cuenta por el órgano evaluador que, a su juicio, debió establecerse también en la norma reglamentaria, no comporta un déficit en la regulación de la materia, sino el ejercicio de una opción que tiene en cuenta que se trata de ramas o áreas de conocimiento muy diversas (Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas, e Ingeniería y Arquitectura) que tienen unos contornos, contenidos y peculiaridades propias que no resulta posible reconducir, con el detalle que postula la recurrente, a un régimen uniforme e idéntico.

De esta afirmación me sorprende lo de que “no resulta posible reconducir… a un régimen uniforme o idéntico”, (??) ya que a mi juicio es perfectamente factible que un reglamento pueda avanzar por cada área de conocimiento para fijar el número, calidad o cantidad de contribuciones, de manera que exista seguridad jurídica pues está en juego el derecho de acceso.

Lo que no parece muy aceptable en términos de seguridad jurídica es que un reglamento atribuya una potestad discrecional en la ANECA u otro órgano administrativo para fijar nada más ni nada menos cuantos méritos (tramos de investigación, publicaciones, etc) son precisos para obtener la plaza.

Captura de pantalla 2017-04-10 a las 17.29.34Por otra parte, para aquellos que vean rechazada su acreditación tampoco hay buenas noticias, no solo porque si consideran que tenían méritos suficientes se verán con la carga onerosa y casi diabólica de probar ante la jurisdicción contenciosa que los suyos debían valorarse más y que las Comisiones de la ANECA formadas por especialistas se equivocan, sino que caso de perder el recurso ante la Sala contencioso-administrativa correspondiente, no tendrán posibilidades reales de que su recurso de casación se admita.

Y ello, como ha recordado la Sentencia de la Sala de lo contencioso-administrativo del Tribunal Supremo de 15 de Febrero de 2017 (rec. 460/2015) porque

el escrito de interposición se centra más en expresar una legítima queja sobre la valoración de los méritos realizada por la Administración, y no corregida por la sentencia recurrida, que en reprochar a la sentencia que se impugna infracciones normativas específicas que puedan dar lugar.

Aunque esta sentencia se dicta bajo las pautas del anterior recurso de casación, recordemos que el interés casacional para que se admita el nuevo recurso de casación excluye cuestiones probatorias o de hecho (como por ejemplo, que se tienen más méritos).

Por tanto, malos tiempos para la acreditación como profesor, y lo que es malo para los profesores universitarios es malo para la educación e investigación, y eso es malo para la sociedad.

Al final muchos profesores ilusionados arrojarán la toalla y darán la razón a D. Miguel de Unamuno en aquella frase: “Que inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones” .

En fin, quizá reverdece la adaptación de un conocido chascarrillo que explica las quince razones por las que Dios no sería catedrático de una universidad pública española.

14 comments on “El calvario de la acreditación para ser profesor universitario

  1. O sea que quienes accedieron a la cátedra a través de una oposición (supuestamente limpia y objetiva), normalmente con treinta años (o menos), compabilizando la preparación de las pruebas con algún otro trabajo (como letrado del Consejo de Estado, de Cortes, etc.) son “pata negra”, y los que están accediendo a titularidades o cátedras a los 45-50 años o más tarde mediante el sistema de acreditación, “sin mas competencia que superar un listón de méritos, y sin límite de plazas”, después de haberse pasado treinta años a tiempo completo en la Universidad son, pues eso, chusmilla.

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    • Noooo, Gabriel.. lo de “pata negra” como bien sabes es la etiqueta habitual en la Universidad, y es cierto que a muchisimos acreditados no se les ha dado la oportunidad de ser lo que llaman patas-negra

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    • En la judicatura se estila también mucho eso de denominar magistrado “pata negra” al que superó una oposición simplemente memorística y mirar con cierto desprecio a los juristas que acceden a la carrera judicial por el cuarto turno después de haber sido brillantes letrados durante muchos años. Recuerdo una anécdota graciosa: mi difunto padre (q.e.p.d) tras una exitosa carrera como abogado durante 30 años, fue elegido magistrado y tuvo que intervenir en el juicio a un político destacadísimo de nuestra Comunidad Autónoma, que finalizó por sentencia condenatoria e inhabilitado. Los otros dos magistrados que conformaban la Sala de lo Penal eran “patas negras”. El procesado era un político extraordinariamente conflictivo y provocador. Era Licenciado en Derecho y abogado no ejerciente pero, para ese litigio, se dio de alta como letrado ejerciente y se autodefendió en las sesiones del juicio oral, tras despedir a brillantes penalistas que, hasta ese momento, le habían defendido. Tras utilizar todas las tretas procesales imaginables ( llegó a ser multado por el tribunal por faltas de respeto a este), llegó el momento en que el Tribunal estaba sobrepasado por la situación, y el Presidente de la Sala, un “pata negra” que presumía de ello, le susurró al oído a mi padre, que era un Magistrado del cuatro turno : “oye, tu que has sido abogado durante muchos años, ¿cómo salimos de este atolladero?”. Así se escribe la Historia.

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  2. Todo en España es una pugnetera tortura. Acceder a una universidad como alumno, como profesor, acceder a un puesto público, dirigirse a los tribunales….todo. ¿Es que no somos capaces de aprender de los países de nuestro entorno? ¿En todo tenemos que ser únicos? Experiencia personal: mi hija, quiere estudiar derecho en una universidad inglesa, vaya ud. a UCAS, contacto con UCAS través del face. puede acceder por esta vía (course of access to higher education) ¿La admiten? rellene el formulario y esto tiene que estudiar. Escribo a la Universidad, a varias, me interesa Northumbria, mande curriculum, admisión provisional a la espera de la nota del curso de acceso, mínimo “merito” global, si lo sacas estás dentro, vale escribe al cabo de unos meses, ya lo saqué, matriculada. Pagas, aprendes y te examinas.

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  3. Hola, solo comentarte que da la sensación de que diferencias entre profesor e investigador, imagino que asociando el primero al docente. Mi forma de pensar no es esa, pues un profesor es docente y es investigador, si bien parece que para méritos solo se hace hincapié en lo segundo. Yo no concibo la docencia sin investigación. De hecho somos PDI, aunque parece ser que cuanto más te acercas a la D, menos relevante eres pues la docencia (como el valor en la mili) desgraciadamente se te supone.

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  4. Pero ¿Qué puede esperarse de un modelo de Universidad en el que, en la práctica y en gran medida, sigue funcionando el axioma “besar a los de arriba patear a los de abajo -o de al lado-” (“kiss up kick down”)? ¿Objetividad? ¿Igualdad? ¿Justicia? La Universidad necesita de una revolución que la saque del medievo y la adapte y acompase -de forma verdadera y no puramente retórica- a nuestros tiempos.

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  5. Aclararé que la Universidad española no es una vergüenza, hay excelentes profesores y catedráticos, pero el SISTEMA de selección a pesar de que los seleccionados fuesen igualmente excelentes doctores y con una suficiencia que en muchos casos no hubiesen necesitado de ese deficiente sistema. En la Abogacía las cosas son bien diferentes.

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  6. Porque tienes que buscarte las habichuelas todos los días……
    Lamento el tono de mi primer comentario, desafortunado en las formas, un buen amigo tuvo una mala experiencia en materia de plazas y con el tema de las escuelas que las hay en todas las áreas y en todas las disciplinas. Imagino que si el sistema le hubiera favorecido no lo hubiera criticado.

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  7. Y los clientes son la ANECA de todos los días….y mucho más rigurosos.

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Gracias por comentar con el fin de mejorar

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