Actualidad Sobre los abogados

Mal servicio presta el abogado maleducado

Mal servicio a la Justicia y mal servicio a la profesión.

Si en su día comentamos como la Sala contencioso-administrativa del Tribunal Supremo leía la cartilla al letrado, ahora corresponde a la Sala Social del Tribunal Supremo censurar las expresiones vertidas en el recurso de casación. En aquél caso, la Sala contenciosa reprochaba la falta de pericia técnica del letrado, y en este caso, la Sala social lamenta la falta de cortesía y respeto del abogado, lo que no empaña lógicamente que el recurso prospere. Y es que lo descortés no quita la razón.
Veamos los a mi juicio, elegantes y precisos términos de amonestación frente a excesos expresivos del abogado que nada añaden y que reprende la Sala como un padre paciente.
Afirma la sentencia de la Sala social del Supremo de 7 de Noviembre de 2017 (rec. 3573/2015):

2. Expresiones inadecuadas en el escrito de interposición del recurso.
A) En su legítimo deseo de que prospere el recurso, como así va a ser, el escrito de interposición alberga unas expresiones, todas ellas referidas a los tres Magistrados que forman el Tribunal de suplicación, que no podemos pasar por alto. Son las siguientes:

• Resuelven “manipulando“.
• Han elaborado “elucubraciones totalmente subjetivas“.
• Imponen “un criterio no basado en Derecho, sino sólo en una opinión coincidente de 3 Magistrados“.
• “Tunean […] de forma ya no solo parcial […] tergiversan e incluso innovan […] a efectos de tener en cuenta los que […] le interesan”.
• “Se confeccionan hechos a imagen y semejanza“.

B) Tanto la legislación procesal orgánica (“en todo tipo de procedimiento se respetarán las reglas de la buena fe” advierte el art. 11.1 LOPJ) cuanto la específicamente procesal (“Si los tribunales entendieren que la actuación contraria a las reglas de la buena fe podría ser imputable a alguno de los profesionales intervinientes en el proceso, sin perjuicio de lo dispuesto en el apartado anterior, darán traslado de tal circunstancia a los Colegios profesionales respectivos por si pudiera proceder la imposición de algún tipo de sanción disciplinaria” dispone el art. 247.4 LEC) pugnan con las expresiones reproducidas en el apartado anterior.
Por descontado, el propio Estatuto de la Abogacía exige que quienes ejercen esa prestigiosa profesión observen los usos deontológicos y sean respetuosos para con los Tribunales en la forma de su intervención (arts. 1, 36 y concordantes).

C) Esta Sala no considera que estemos propiamente ante una temeridad o mala fe de la parte recurrente, a la que estimamos su pretensión, sino ante unas manifestaciones extrañas a la buena práctica profesional. Por tanto, en lugar de imponer costas procesales o multa por temeridad (actuaciones subsumibles en diversos preceptos de la LRJS) considera más adecuado manifestar su rechazo hacia esas expresiones y exhortar a cuantos profesionales del Derecho confeccionan escritos procesales a evitarlas, sin necesidad de tener que interesar la intervención del correspondiente Colegio Profesional.”

En fin, solamente quería subrayar que ni en las discusiones domésticas o sociales, ni en los litigios, debe acudirse a la grosería o velado insulto, porque no ayuda a salir airoso, y además mancilla la reputación de quien así actúa. Y eso pese a que con loable tolerancia el propio Tribunal Constitucional consideró que no procedía rechazar una demanda por incluir la expresión “manda carallo”.

En el campo de la abogacía la reputación del abogado importa, tanto cara a posibles clientes, como a la credibilidad y seriedad de los escritos ante los jueces, porque a la hora de valorar la seriedad, nobleza o bondad de un letrado es dificilísimo hacer abstracción de su actitud grosera.

Tal cortesía jurídica, además la sobreentendida en su relación con el cliente, debe tener proyección en todos los campos y entre todos los sujetos del proceso:

– Entre abogados contendientes (a veces se utilizan gestos y expresiones para minar su argumentación atacando los conocimientos del contrario).
– Entre abogados y testigos o peritos (a veces se asiste excepcionalmente a agresividad, acoso y desplantes inadmisibles)
Entre abogados y jueces o fiscales.

Cuando un abogado recurre en apelación o casación una sentencia desfavorable es comprensible que no esté feliz porque su tesis ya ha sido tumbada en la instancia, pero eso no le autoriza a desatarse en improperios contra los jueces. El buen abogado, debe velar por criticar objetivamente la sentencia que es objeto de apelación o casación pero sin adentrarse a colocar adjetivos desdeñosos o insultantes hacia los jueces que dictaron la sentencia. E igual deber asiste al juez a la hora de resolver un recurso frente a su decisión, cosa que tampoco le hará muy feliz, sin adentrarse en similares “cuerpo a cuerpo” o descalificaciones al letrado.

La pena es que la cortesía personal no la enseña la Facultad ni la Escuela de Práctica Jurídica ni ningún Código deontológico, sino la educación recibida de la familia, profesores, o del ejemplo de afines y de la empatía natural.

No olvidemos que la venda de la alegoría de la justicia es para no ver quiénes son las partes y garantizar la imparcialidad, pero no tiene tapados los oídos para escuchar groserías … y actuar en consecuencia.

NOTA SOCIAL.- Podría aplicarse para la profesión de abogado lo que evoca el título de mi última obra “No somos muebles de Clikea”, disponible ya en librerías ya que los abogados no deberían ceñirse a escritos de formulario como muebles de frío montaje, ni debiera abusarse del “click” para cortar y pegar normas y jurisprudencia.

Para los interesados en hacer un buen regalo de Navidad, con dedicatoria personalizada si se solicita a kontencioso@gmail.com, ya está disponible mi última obra que pretende abrir los ojos al sendero de disfrutar de la vida y que puede adquirirse directa y rápidamente:

27 comments on “Mal servicio presta el abogado maleducado

  1. PEDRO ALONSO

    Sr. Chaves:

    He de reconocer que poco a poco me he ido enganchando a su blog. Sus comentarios, ademas de abordar cuestiones jurídicas de actualidad y relevancia, me parecen muy acertados. Además, en estos tiempos de tribulación jurídica, no podía ser más adecuada la publicación de su libro “No somos muebles de clickea”, que acabo de pedir a Amazon.

    Muchas gracias.

    • Don Pedro: Gracias a usted, vivas y emocionadas. Siempre se agradece poder prestar servicio a los demás y que así se entienda. Un cálido abrazo, y si desea una dedicatoria personalizada pues gustoso se la remito ( basta con un correo electrónico a kontencioso@gmail.com ). Ya me alegró usted el día

  2. julio planell falcó

    Mi más enhorabuena al insigne Magistrado J.R.Chaves por ser tan acertado en este artículo, puesto que es del todo cierto que la educación y la cortesía de los abogados en los tribunales denota que el abogado no solo es un buen profesional, sino que es una persona que respeta al adversario y a los jueces, que merecen, valga la redundancia, un respeto..

    • Juan Pedro Dietmar

      Esas expresiones que extracta del abogado no son en si mismas ofensivas todo depende de la realidad y la conducta de las actuaciones criticadas porque entre los jueces los hay profesionales de la prevaricacion que junto a otros normales y unos pocos ejemplares constituyen la tribu de la toga judicial.
      Si no se a que se está refiriendo la critica del abogado y no siendo en sí mismas ofensivas o insultantes esas expresiones, no me está dando la informacion suficiente para juzgar don fundamento si el Supremo tiene razón o está atacando la libertad de expresión del abogado (y de su cliente).

  3. Estimado J.R.
    ¡Muy oportuno! A medida que uno trasiega por los Juzgados y Tribunales va apreciando cada vez más la cortesía profesional y la buena educación, no sólo oral, sino también la que se refleja en los escritos.
    Recuerdo que en una demanda relativamente corta (20 páginas), me contestó uno de los grandes despachos (150 pp.). Lo que más me sorprendió de la contestación no fue la extensión (aunque también), sino el lenguaje utilizado, por curiosidad comencé a contar los insultos personales que había en el escrito, y en las primeras 30 páginas había 43, ahí dejé de contar. Como, además, reconvino; cuando redacté la contestación, el cliente me preguntó por qué no respondía a los insultos. Le dije, creo que, en mi opinión, los insultos retratan a quien los profiere, no a quién los recibe, y que dudaba mucho que eso le fuese a dar puntos ante el Juez (quizá debí citarle la frase de Rousseau “Los insultos son los argumentos empleados por los que están equivocados”). Aunque no insistió, sé que se sintió frustrado por no poder contestar al Letrado contrario lo que se ¿merecía?
    El pasado martes tenía un juicio de delitos leves (nunca llevo penal, y precisamente, debido a mi desconocimiento, cuando el cliente me dijo que le habían denunciado y que si podía acompañarle, pensé que era sólo a declarar, naturalmente, demasiado tarde me di cuenta de que no era solo eso y no tuve más remedio que estudiarme el procedimiento, preparar los testigos, las conclusiones, etc.). El caso es que al llegar el abogado del denunciante, apareció ante el Juzgado simulando enfermedad, con un pañuelo en la boca, haciendo como que tosía, simulando que tenía que salir, amagando desmayo, en resumen un número. Estoy seguro de que todos los que estábamos ahí sabíamos que era cuento, y que todo era un esperpento para evitar que se celebrase el juicio. Desgraciadamente, también todos (la Jueza, el Fiscal y yo mismo) sabíamos que había que envainársela y suspender. La alternativa era denunciar la simulación, llamar al forense, iniciar acciones penales contra el letrado, etc., y todo por un juicio de faltas (ya sé que ahora no se llaman así). Por la tarde, el cliente me envió un e-mail diciendo que había visto al abogado salir de su despacho conduciendo y hablando por teléfono ¡Tuvo una curación milagrosa!
    He de reconocer que este tipo de tretas de pillo y argucias me causan cierta simpatía. Pues este tipo de abogados descarados hace lo que a veces te pide el cuerpo con desparpajo. En mi opinión, sin embargo, lo hacen con manifiesta inconsciencia o, en su caso, desprecio del daño que hacen a sus clientes.
    Yo creo que la cortesía profesional es esencial para el ejercicio de la profesión. Cuando encontramos un abogado cortés y educado es mucho más fácil llegar a un acuerdo. Incluso si se pierde la derrota duele menos, pues sabes que has perdido frente a un profesional. Lo único malo es que, cuando ganas tampoco disfrutas tanto la victoria. En ambos supuestos, normalmente, también es más suave la ejecución de las sentencias.
    ¡Enhorabuena por la entrada y, nuevamente, gracias!

  4. Californiano

    Estoy de acuerdo en que el uso de esas expresiones ni es elegante, ni adecuado, ni sirve en realidad para que las posibilidades de estimación del recurso prosperen. No obstante, durante mis muchos años de abogado han sido prácticamente inexistentes los casos en los que he visto a abogados actuar de manera grosera o irrespetuosa, bien por escrito, bien de manera verbal. Concretamente en lo que se refiere a intervenciones en sala, no recuerdo ni una sola vez en la que un juez o magistrado haya tenido que llamar la atención a un letrado, mas allá de alguna ocasión puntual en que el letrado tuteó a un testigo y se le llamó la atención, hecho este que yo interpreté más como “despiste” que como falta de modales ( no digo que no se den casos, solo afirmo que yo no los he presenciado). Sin embargo, he de decir, con pena y pesar, que han sido muy numerosas ( y no quiero usar expresiones exageradas, por eso digo “muy numerosas” que es la expresión adecuada) las ocasiones en las que he visto a jueces y magistrados ser groseros y desconsiderados con los abogados (hablo de la jurisdicción civil y penal). Unos ejemplos breves vividos por mí: 1º) Yo cuando entro en la sala, no solo digo “buenos días Señoría” sino que además, hago una leve inclinación con la cabeza en señal de respeto. Muchas veces el magistrado ni siquiera me responde o ni siquiera me mira, o lo que es peor, me mira pero no me responde. 2º) Empezar a informar en un procedimiento técnicamente complejo y tras llevar tres minutos hablando ( siempre me quito en reloj de la muñeca y lo coloco en la mesa para controlar el tiempo) me dice la magistrada: “termine ya porque son las dos y media de la tarde y yo no quiero quedarme a merendar en el Juzgado”. 3º) Estar informando en un tema penal delicado de abusos sexuales y cuando afirmo, en el informe final, que resulta llamativo que la Fiscalía no presente algún testigo de cargo y que me resulta extraño que a las 4 de la tarde no hubiera nadie en la calle donde ocurrieron los hechos, pese a ser una calle céntrica y concurrida (alegación mía que no parece disparatada) la Juez levanta la vista al techo, y resopla ostensiblemente en señal de desaprobación. 4º) Y por último, procedimiento de divorcio en el que la magistrada nos hace pasar a los letrados antes de la vista oral para ver si hay posibilidades de acuerdo, y cuando le decimos ambos letrados que ello va a resultar difícil, se dirige a mí directamente y me dice: “pues que sepa usted que no voy a conceder la pensión compensatoria que solicita ni en ese importe ni en ningún otro”…me dieron ganas de responderla “gracias por dictar sentencia in voce”. En fín, que excesos hay por ambas partes pero lo de algunos magistrados es como para hacérselo mirar.

  5. En primer lugar desear a nuestro E=Mc2 unas Navidades tan felices como se merece su bondad inmensa y un año 2018 en que se cumplan todas sus expectativas. El libro me lo manda Amazon el próximo Lunes y sé que disfrutaré de él con igual intensidad que los anteriores, obras maestras cada cual en su estilo. Asímismo, coincido plenamente con Californiano: hay juces groseros y maleducados que sólo merecen el más absoluto desprecio, aunque cierto es que la Sala Social en este caso habrado con rara elegancia. Sin embargo, a veces, el ‘ius retorquendi’ devene inevitable ante el desprecio, la altanería y la falta de escrúpulos de determinados burócratas que se dicen ‘jurisprudentes’ y que son ni una cosa ni la otra. Mis mejores deseos para todos los lectores del ‘blog’.

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  6. Juan Carlos Morcillo

    Querido Jose Ramón:
    He leído el post y casi tengo la obligación imperiosa de contestar porque el tema me saca de mis casillas. Hoy no me guía un ánimo “iocandi gratia” sino una indignación sincera.
    En primer lugar me congratulo de las elegantes maneras con que el Alto Tribunal le llama la atención al compañero porque refuerzan la autoridad moral de su reprimenda.
    En segundo lugar me apena sobremanera que a medida que se jubilan los compañeros mas antiguos y se incorporan otros nuevos se deteriora cada vez mas la falta de educación en los escritos procesales y , como no, en las actuaciones en sala.
    Tengo que discrepar en una cuestión y es que, en la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad de Zaragoza, a la que tuve el honor de asistir como torpe alumno hace ya demasiados años, sí se nos dieron ciertas nociones sobre la educación y las buenas maneras en el ejercicio profesional.
    Entonces, era de rigor que el compañero con menos tiempo de ejercicio profesional se levantara a estrechar la mano del compañero de mayor experiencia una vez acabase el acto de juicio. Era de rigor que cuando se entraba en sala ante un órgano colegiado, el letrado detuviese su camino en mitad de la sala inclinando levemente la cabeza ( en señal de respeto que no de sumisión) a la vez que daba los buenos días. Era de rigor no hacer referencia personal alguna al compañero durante tus intervenciones. Era de rigor ponerse en pie si el Magistrado entraba en la Sala… En suma, era de rigor observar una liturgia que esencialmente estaba presidida por las normas más elementales de cortesía y de buena educación.
    No obstante, si comparto contigo que si la educación no se trae puesta de casa cualquier orientación o referencia al respecto cae en saco roto.
    Hoy, ya al margen de determinados escritos procesales que por voluntad propia irían a parar a la trituradora sin pasar por la mesa, nos encontramos al letrado que entra en la sala cargado de bolsas de la compra que hacen mas ruido que la legión cruzando los bosques de Aquitania en otoño, al compañero que entra sin dar siquiera los buenos días y que cuando acaba el acto se marcha como Juan Portal, al compañero que en vez de defender la Justicia de sus pretensiones se dedica a criticar al compañero de la parte contraria, al compañero que en tu turno de intervención empieza a recoger el despliegue de su mesa como si estuviera practicando el traslado de una papelería… En fin…
    Esta, que en su día fue una profesión de caballeros, se está convirtiendo paulatinamente en una competición de mercenarios.
    Pero, a fuer de ser justos, habrá de aplicarse la norma a todos los intervinientes ya que se están incorporando algunos jueces jóvenes en toda España con notables carencias en lo que a buenas maneras se refiere. No hace mucho tiempo interpuse una excepción procesal en una vista y Su Señoría, lejos de limitarse a estimar o desestimar por su trámite la excepción, se dedicó a abroncar a mi compañero de un modo absolutamente soez y absurdo por no haber previsto la situación procesal. El hecho de que el compañero seguramente ejercía cuando Su Señoría todavía balbuceaba en una cartilla me llenó aún mas de indignación. La absurda y grosera bronca fue tan grave que al salir de la Sala me vi obligado a pedirle disculpas y a manifestarle mi apoyo si decidía adoptar medidas o formular una queja.
    Os ruego me disculpéis por lo que me he extendido pero este es un tema en el que tengo perdida toda esperanza y aún así me irrita notablemente.
    Interesantísimo el post. Ojalá algunas personas lean la Sentencia que nos hoy nos traes con la atención que merece.

  7. ALFONSO RAMIREZ LINDE

    “V. No procures nunca en los tribunales ser más que los magistrados, pero no consientas ser menos”.

    “El alma de la toga” de Ossorio y Gallardo, es – o debe ser – libro de cabecera, especialmente, para quienes en el desarrollo de su cotidiana actividad, han de utilizar la toga. Del citado libro forma parte lo que se conoce como “Decálogo del Abogado”. De él elijo el V que arriba aparece transcrito.

    Y lo traigo ahora a colación, porque creo que dicho precepto, bien leído, bien interpretado y, en su momento y caso, bien ejecutado, es, para el abogado, una eficaz vacuna que le protege contra el empalago versallesco, de un lado, y de otro, contra la zafiedad, en general y especialmente de la que hoy nos deja constancia nuestro maestro.

    Buenos días.

  8. Con todo el respeto y la cortesía, habrá un abogado maleducado entre mil funcionarios groseros, maleducados, que sin formación deciden sobre los derechos de otros y que ejercen el abuso de poder impunemente ante la pasividad de sus superiores. No será que el abogado ha contestado a un insulto proferido por un funcionario? Una simple constatación… u opinión, como se prefiera. Saludos!

    • José Luis

      Muy buenos días! Igualmente con todo el respeto y la cortesía que me inculcaron mis mayores, he de agradecerle (nótese el sarcasmo) que, por mi condición de funcionario, me haya incluido Ud. tan amablemente (nuevo sarcasmo) en esa caterva de empleados públicos presuntamente (permítame la presunción, cuanto menos…) sin formación (aunque hayamos aprobado las correspondientes oposiciones “a tortas” con otros centenares de opositores estupendamente preparados), a su juicio groseros y maleducados, pero que aún mantenemos la vocación de servicio público y que, por tanto, desempeñamos nuestras funciones de la mejor manera que sabemos o -importante matiz- podemos, buscando con éllo atender los derechos e intereses de los ciudadanos. E incluso, y aunque le resulte difícil creer, sin caer en abuso de poder (ahora sin sarcasmo alguno). Sin nada más que desearle que pase unas felices fiestas en compañía de los suyos, se despide de Ud. un humilde servidor público que no se considera, en absoluto, grosero ni maleducado. Y recuerde, un grano no hace montaña (sea en el ámbito del empleo público, o en el mundo de la abogacía).

  9. Pilar Pérez

    Lo que me llama la atención no es que el lenguaje inapropiado no merezca llamada de atención, sino que la inexplicable (¿Es insulto inexplicable?) conducta de los magistrados que desestimaron sin tener motivo para ello no merezca sanción alguna

  10. Comparto la necesidad de la cortesía, porque es buena para todos y dignifica a la Justicia -que falta le hace.

    Pero me temo que la actuación forense es sólo un espejo de lo que sucede en la sociedad, y basta escuchar cualquier debate en televisión -o, incluso, algunas intervenciones en este magnífico blog cuando se suscitan cuestiones políticas- para comprobar que el insulto no es ya una “herramienta” dialéctica, sino el requisito sine que non para que suba la audiencia.

  11. Pilar Pérez

    Ahora que llegan las navidades, quiero felicitar a todos ustedes las fiestas, agradecerles que me dejen participar en este foro sin tener ningún conocimiento jurídico (para eso entro, para aprender) y pedir disculpas si algo lo digo mal, lo que no sería de extrañar. Yo solo soy una ciudadana, con un profundo agradecimiento por vivir en un Estado de Derecho, ya que en algún viaje por el mundo he verificado lo que no lo es, y con el deseo de que funcione cada día mejor en mi país
    Con mis mejores deseos para todos en este nuevo año. También para la Administración a la que deseo cada día un comportamiento más justo, más ágil y , a ser posible, un poco más inteligible.
    Saludos

  12. igortrek

    Estimados todos:
    Efectivamente, todos hemos tenido alguna mala experiencia con jueces, secretarios (perdón, Letrados) y funcionarios. Aunque no estoy de acuerdo con que se trate de algo generalizado. No obstante, yo creo que al igual que con los malos modos de los abogados, nuestra misión es mantener la profesionalidad. Si el trabajo fuese fácil, los servicios serían baratos. Pero no lo es.
    El trabajo de abogado es muy complejo, exige mantener el control y la profesionalidad en condiciones de estrés que desconcentrarían a cualquiera ¿Podría dar clase un profesor o un conferenciante si cada 5 m. alguién le estuviera diciendo abrevie Vd.? ¿Podría hacer una entrevista un periodista si cuando hace la pregunta alguien le dice “improcedente! haga otra pregunta”? ¿Podría un historiador contar lo que pasó cuando parece que los juicios se ganan por la preponderancia del perjurio?
    La profesión de abogado no es fácil, aunque se piensa que la carrera es fácil (comparada con ingenierías, etc.), con el tiempo me he dado cuenta que ejercer la profesión es mucho más difícil que la mayor parte de otras profesiones, creo que sólo es comparable a la medicina. Exige estudio constante, lectura constante, aprender de los errores, y aprender a moverse (o, más bien, a no perder la cabeza) en un entorno muy inestable.
    Si vemos todos los inconvenientes como parte de la profesión y el motivo fundamental por el que nuestros honorarios son altos, creo que es más fácil sobrellevarlos.
    ¡Saludos a todos y ánimo!

  13. alegret

    Me parece que penetras en un terreno resbaladizo. Yo, en casi 30 años de profesión, las mayores muestras de descortesía, grosería y mala educación la he observado en determinados Jueces y Magistrados. Podría darte nombres conocidos de todos, pero no viene al caso, ya bastante tienen con su pésima reputación como personas y profesionales.

  14. alegret

    ¿De que vale elevar una queja ante el CJPJ contra determinado juez por su generalizado, repugnante, prevaricador y grosero comportamiento, cuando ésta se archiva de modo sistemático a pesar de interponer múltiples reclamaciones contra el? Pues te contesto, estimado amigo. Le vale para pasar de un Juzgado de Familia en Gijón a una Sección del Audiencia Provincial de Oviedo. Para eso le protege la asociación judicial a la que pertenece, en la que, a pesar del desprecio que suscita, se le sigue encubriendo. Así que lecciones, estimado Chaves, las justas. Todo ello dicho con el mayor de los aprecios hacia ti y los que ejercen como tu.

  15. Soraya Palomo

    Mi experiencia se limita a un juez que ni me miraba…y eso es peor que un insulto…Le debió indignar que fuera al tiempo la opositora suspendida,demandante y letrada,sin experiencia,defendiendo esa causa..Sin haber salido de la sala ya sabía
    que la desestimaría…y así fue..Copió y pegó en su fallo la contestación de la demanda,incluyendo,y haciendo suya, jurisprudencia desfasada del siglo pasado…En ese momento dejé de magnificar a los Jueces…por suerte gané en Apelación, y recuperé la confianza…

    • Pilar Pérez

      Le podría contar la profunda sensación de vergüenza que experimenté cuando leí la sentencia de inadmisión de un recurso de casación para la unificación de la doctrina interpuesto por un familiar. Para empezar tardaron dos meses y medio desde el fallo a la notificación de la sentencia, cuando normalmente tardan dos semanas. A continuación utilizaron cuatro páginas para explicar que otras reclamaciones de la sentencia de instancia no alcanzaban la cuantía mínima, algo que todo el mundo sabía y sobre las que no se había ni mencionado en la demanda, rectifico, se había mencionado una de ellas porque había que mencionarla pero diciendo..”ya sabemos que no entra por cuantía”. Cuando se llegó a la que sí alcanzaba la cuantía que era la que era objeto de la demanda, la despacharon sin analizar si las cuatro sentencias de contraste reunían la identidad o no. En otras sentencias explican si la identidad se alcanza o no, en esta se quedaron mudos (Habían sido presentadas con todo lujo de detalles explicando la identidad en la demanda , pero no entraron, en la sentencia en la ausencia o no de identidad, se limitó la sentencia a mencionar que la identidad debe de alcanzarse sin especificar si en este caso concretamente se alcanzaba o no. No se atrevieron a decir que no y no me extraña y, por último, en cuanto a la infracción legal que se imputaba a la sentencia recurrida, se había mencionado tres páginas de infracción de la jurisprudencia del propio T. Supremo y Constitucional y lo único qeu mencionaron fue “que no se especifica SUFICIENTEMENTE, la infracción legal que se imputa a la sentencia recurrida”, Un día de estos tendrán que explicar si infringir descaradamente la jurisprudencia es infracción legal o no, que lo digan. Una sentencia de la que solo voy a decir que experimenté una profunda sensación de vergüenza y el primer comentario que me vino a la mente fue ..”Vaya nivelazo”

  16. Excelente entrada.

    El mal estilo es siempre censurable. Pero mejor hacer su censura con elegancia, para poner claramente de manifiesto la grosería. Y aún mejor que se atienda antes a la justicia que a cualquier cuestión estilística. El estilo no debe ser lo más importante.

    Un abrazo.

  17. Hammurabi

    Hace pocos meses el TEDH condenó al España a indemnizar a un abogado, y anular una sentencia de la Justicia española que le condenaba por un delito de injurias a un Juez por decir en un escrito que éste que había falseado los hechos, el TEDH consideró que las expresiones empleadas, a pesar de ser “graves y descorteses” no se referían tanto a la persona del juez como a la forma en la que éste había dirigido el procedimiento. y que el “El deber del abogado consiste en defender con celo los intereses de sus clientes, lo que le lleva a veces a cuestionar la actitud del tribunal”, dice la resolución.

    Creo que nos conviene mucho hacer una comparación entre nuestra legislación y la de países europeo de nuestro entorno. Nos sorprendería ver como se consagra en la legislación de estos últimos como parte fundamental del derecho a la defensa, la plena inviolabilidad de los abogados en todo lo que manifiestan en sus actuaciones procesales. Nos sorprendería ver como en la legislación de países como Francia, esta inviolabilidad alcanza al despacho y domicilio del abogado, que no pueden ser objeto de ningún registro judicial salvo extrema necesidad y requiriendo la presencia del mismísimo Decano del Colegio de Abogados….

    En España, en cambio, Yo mismo he asistido perplejo en infinidad de ocasiones a como simples auxiliares de tramitación procesal, ofendían o despreciaban a abogados delante de su clientes, y la reacción del compañero en cuestión era bajarse la cabeza y marcharse del lugar, naturalmente porque sabe que nadie le iba a amparar.

    Así que hago mío el pronunciamiento del TEDH “El deber del abogado consiste en defender CON CELO los intereses de sus clientes, lo que le lleva a veces a cuestionar la actitud del tribunal”

    Y saludos.

  18. Ramiro

    El tema de la cortesía y la educación es básico, sobre todo cuando estamos viendo como se ha llegado incluso a presuntas agresiones a la Excma. Sra. Decana del Colegio de Abogados de Madrid, por parte de un supuesto colega…
    Este tipo de comportamientos son un baldón y un desdoro para la profesión, de ser ciertos, y espero sean debidamente corregidos por vía disciplinaria, o incluso judicial penal.

  19. Roseta

    Soy de los que opina que las formas importan, y que el dicho “Quien pierde las formas, pierde la razón” está lleno de sentido. La deontología profesional debe estar presente en cada una de nuestras actuaciones profesionales. Por desgracia, algún que otro compañero no se ha leído nunca nuestro código deontológico para saber que hay que pedir la venia o avisar al compañero con el que está en negociaciones que va a presentar la demanda.

  20. Jose LUis Varela

    Pues yo que ando calentito últimamente ya que el TS viene de inadmitirme 3 recursos de casación , despachando mis 15 folios de cada escrito con una providencia de un párrafo , me dan ganas de largar un escrito poniendo a caer de un burro a mas de un magistrado.

    Comparto parte de los comentarios en el sentido de que suelen ser mucho mas abundantes las faltas de respeto de los jueces hacia los letrados que viceversa.

    No hace ni un mes, un juez de instrucción (con el que “suponía” tener buena relación), en medio de una declaración, se dirige a mi , a grito pelado, dejando entrever que yo había aleccionado a la testigo (que esperaba?) ya que me había visto hablando con ella antes de entrar y que tuviera “cuidadito”, insinuando que me abriría diligencias por obstrucción a la justicia.

    Por no hablar de otro que me llego a decir que “yo no necesito abogados para dictar sentencias”, etc, etc, etc

    A un conocido mio, cuando acabó la carrera tuvo una reunión con un magistrado, amigo de la familia, para que lo orientara sobre las salidas de la licenciatura; y cuando el chaval le dice que le gustaría ser abogado y no opositar, el juez le contesta, alterado, “Pero vamos a ver, tú quieres jugar en primera o en regional?”

    En fin, que para los jueces, somos simples macetas decorativas de los estrados, es algo que tengo claro desde hace tiempo, pero por lo menos , como decía el otro: “usted juzgue pero no moleste”

  21. Californiano

    Se que esta entrada es del 15 de diciembre, pero a propósito del respeto entre jueces y abogados, esta noticia viene “al pelo”

    http://www.eldiariomontanes.es/cantabria/anulada-condena-anos-20171224115808-nt.html

  22. Pingback: Como elegir buen abogado por Juan Manuel Serratos García.

Gracias por comentar con el fin de mejorar

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