Humor y Administracion

La Ciudad del derecho administrativo

Benjamín Duke, Ciudades Imaginarias

La proximidad del fin de semana me lleva a una rápida y simple ensoñación, para jugar con la idea de que las disciplinas jurídicas que confluyen en la Justicia contencioso-administrativa, fuesen habitantes de la Ciudad del Derecho.

Bajo esa licencia expresiva y con toque de humor, se me ocurre pensar cómo se la repartirían.

El urbanismo se adueñaría de la City, barrio financiero y de negocios.

La contratación tendería a moverse por el mercado. Todo va rápido y se regula por reglas que conocen mercaderes y clientes.

La extranjería se encuentraría en Chinatown, donde reina el colorido, la variedad,e incertidumbre.

La responsabilidad patrimonial estaría en el barrio antiguo, donde hay mucho tránsito, poco cambio y menos sorpresas, pues todos se conocen.

El dominio público estaría ocupando parques y jardines. Todos saben su presencia, no molesta, e incluso agrada.

La función pública habitaría en la zona residencial, accesible, ordenada y con dotaciones cómodas.

La seguridad social viviría discretamente en un barrio del arrabal, con dignidad y tranquilidad.

El derecho digital con la administración electrónica estarían afincados en la moderna catedral y sus aledaños, con mucha solemnidad y admiradores pero con pocos fieles que comulguen, aunque muchos haciendo penitencia.

Las subvenciones y las sanciones estarían ocupando plazas o lugares de confluencia de sendas, a donde acuden los vecinos procedentes de todos los barrios de la ciudad. Es un lugar compartido por todos.

El derecho de organización pública se situaría en la zona de polígono industrial, de acceso restringido, al margen de la vida social.

El tributario sería dueño de una enorme favela, un barrio peligroso con sus propias reglas y con límites poco claros. No sabes como saldrás si entras, aunque a veces te buscan.

El suministro eléctrico a toda la ciudad del Derecho Administrativo, lo ofrece la Justicia, aunque a veces hay apagones puntuales, o se oscila entre luz radiante y mortecina, según los barrios y zonas. Tampoco faltan ocasionales terremotos por fallas del Tribunal Constitucional.

Lo más importante es que el aire que se respire en la ciudad, formado por leyes y reglamentos, sea puro. De nada sirve que el sol constitucional salga cada día si la contaminación normativa provoca cabreo global y perjuicio a la salud pública.

En definitiva, la Ciudad del Derecho Administrativo recuerda la ciudad telaraña, descrita por Italo Calvino (Las Ciudades Invisibles,1972):

 

Octavia, ciudad telaraña. Hay un precipicio entre dos montañas abruptas: la ciudad está en el vacío, atada a las dos crestas por cuerdas y cadenas y pasarelas. Uno camina por los travesaños de madera, cuidando de no poner el pie en los intervalos, o se aferra a las mallas de una red de cáñamo. Abajo no hay nada en cientos y cientos de metros: pasa alguna nube, se entrevé más abajo el fondo del despeñadero.
Ésta es la base de la ciudad: un red que sirve para pasar y para sostener. Todo lo demás, en vez de alzarse encima, cuelga hacia abajo: escalas de cuerda, hamacas, casas en forma de bolsa, percheros, terrazas como navecillas, odres de agua, picos de gas, asadores, cestos colgados de cordeles, montacargas, duchas, trapecios y anillas para juegos, teleféricos, lámparas de luces, tiestos con plantas de follaje colgante.
Suspendida en el abismo, la vida de los habitantes de Octavia es menos incierta que en otras ciudades. Saben que la resistencia de la red tiene un límite.

1 comment on “La Ciudad del derecho administrativo

  1. Gracias por su síntesis.
    No puede ser mas descriptivo.

    La mayor parte de las personas que ocupan todos estos espacios siguen creyendo el cuento que hizo famoso el danés Hans Christian Andersen, allá por el año de nuestro Señor de 1837 y lleva por titulo «El traje nuevo del emperador» paseando a caballo por la ciudad luciendo su nuevo traje.

    La historia de nuestro inefable infante don Juan Manuel en su libro El Conde Lucanor (capitulo XXXII) allá por el siglo XIV, recuperó lo que parece una fábula y es una realidad.

    Nuestro rey desnudo tributario se basa en la creencia generalizada, difundida desde el espacio tributario y admitida por la mayoría; un incremento de valor es valor incrementado.

    El ejemplo del actual IIVTNU utilizar el valor actualizado, (en IBI) incrementado por valoraciones catastrales (Valor catastral de SUELO) ya tributado, NUNCA ES valor incrementado.

    Valor en IBI 10 se incrementa en 2 y resulta actualizado, 12 (comprobado por valoración potestativa de haciendas locales)

    12 es valor incrementado.
    2 es el incremento de valor.

    un incrementado de valor NO es valor incrementado.

    Desde la zona tributaria han permitido e incluso propuesto que se liquide por «autoliquidación» que no es «imposición», en base a valor 12 (VALOR INCREMENTADO), omitiendo que en todo caso una imposición sería sobre incrementos o ganancias, 2 (INCREMENTO DE VALOR) que pone de manifiesto mayor capacidad económica.

    Si el valor tributado como 10 en IBI, se reduce a 9 por la valoración, pone de manifiesto una INcapacidad económica que no se legisla como hecho impositivo ninguno, sin perjuicio del valor TRASLADADO A CENSO comprensivo de Catastro y público 9 en IBI, con referencia catastral en el registro de la propiedad que tributa (0,75%) por acto jurídico documentado.

    Corrija todos los tributos y la quiebra del estado está servida.
    El Sr. Xiol, del TC ha preferido abstenerse de lo que considera un engaño a los contribuyentes al considerar que la fórmula (no existe) «interpretada» por Hacienda es inconstitucional.

    Esta actuación explica la mayor estructura funcionarial europea, que se financia en fraude (rey desnudo) por el robo a los ciudadanos crédulos, la mayoría, incluso propios del espacio tributario que no quieren pensar aquello que reclama el ciudadano y optan por silencio administrativo.

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