No todo es Derecho en la Administración Opinando

Vivir para el Derecho, vivir la vida

No hace mucho, me confesaba un conocido jurista que «El derecho es mi vida, José Ramón», y lo decía saliendo de las catacumbas de una nula vida social, mientras me ofrecía su último trabajo sobre una cuestión colateral, en que había invertido incontables horas, que posiblemente leeríamos cuatro pelagatos – uno al menos por compromiso- y que en breve sería enterrado por otros artículos de otros autores, por una alevosa jurisprudencia o por cambios legislativos. No me preguntó por mi vida, circunstancias familiares ni inquietudes vitales, ni hablamos de ninguna de las bellas artes ni me espetó chiste, metáfora o anécdota alguno que me permitiese comprobar que todavía estaba vivo.

John Stuart Mill, el célebre filósofo del siglo XVII decía que “Es poco probable que un hombre sea un buen economista, si no es nada más que economista”. Idéntico juicio puede hacerse del jurista, pues si se detiene en el derecho, solo habla de derecho, sueña con el derecho, se cree el César del derecho y solo valora a las personas en función del derecho, será difícil que tenga la visión social, empatía y perspectiva global que alza un buen jurista.

Lo dicho vale para abogados, fiscales, catedráticos de disciplinas jurídicas y jueces, pues no faltan eruditos tan especializados en el derecho como algunos ajedrecistas de alta competición, que no ven por encima del tablero ni fuera del salón de juego. Es verdad que hay eminencias y superhombres que parecen haberse convertido en reencarnaciones de Leonardo Da Vinci; pienso en Eduardo García de Enterría, José Luis Villar Palasí, Alejandro Nieto, Juan Alfonso Santamaría Pastor, Ramón Martín Mateo o Francisco Sosa Wagner, por ejemplo, que son admirables ejemplos de quienes nos  han demostrado que es posible vivir el derecho y la vida, el humanismo y el academicismo, la dimensión teórica y el mundo real, la ciencia y la conciencia, el humor y el sabor….

En esa línea, en mi obra  “Como piensa un juez”(Bosch,2021) cito las memorias del juez Bernard Botein donde precisa con toque humorístico las virtudes de la profesión de juez, y no sitúa la erudición jurídica como la principal:

Ante todo debe ser honesto. En segundo lugar, ha de poseer una razonable dosis de habilidad. A ello se ha de unir valor y ser un caballero. Si añade alguna noción de Derecho, le será muy útil».

Así y todo, una legión de juristas confunden la toga con la casulla o hábito religioso, y no les faltan razones.

El profesional del derecho sabe que es una disciplina escurridiza y se ve obligado a actualizarse; como el tiburón, si detiene su movimiento y cierra la boca, se hundirá irremisiblemente.

Además es un ámbito competitivo, especialmente en los juicios, donde no se gana por tener la razón de su lado, sino primordialmente por saber plantearlo, argumentarlo, sostenerlo con citas jurídicas y jurisprudenciales, aunque siempre hay que contar con el factor suerte (¿con las pruebas, con el juez, con el contexto?).

Eso explica que algunos juristas se dediquen en cuerpo y alma a la profesión, lo que es respetable como decisión personal, e incluso conozco juristas con problemas de adicción jurídica (algún síntoma he tenido en el pasado).

Sin embargo, no creo que lo ideal sea el ermitaño jurídico, ni que el Derecho se convierta en un altar en el que sacrificar ese regalo que llamamos vida.

Si se sale de la caja del Derecho, la sana reflexión sufre tres impactos de otros tantos obuses de realidad.

  • El transcurso del tiempo, que inexorablemente no se detiene, por más derecho que sepamos y por mucho que publiquemos o pleitos que ganemos. El tiempo pasa, y nosotros pasamos.
  • El impacto del contexto de pandemia, que pone sobre la mesa lo que importa y lo que no, lo que tenemos y lo que podemos perder, la fragilidad de la salud, las limitaciones de la ciencia e incapacidad de los gobiernos.
  • La sensación de desencanto que invade al común de los juristas: ante los derroteros que toman las leyes, según criterios políticos no siempre transparentes ni serios; ante normas que caducan como las hojas y los principios se doblan como el bambú; y al experimentar casos singulares, más o menos próximos, que ofrecen las noticias, la vida cotidiana o la profesión, en los que la Justicia parece estar ausente.

Lo dicho no es motivo para abandonar la ilusión por la Justicia ni para dejar de limpiar y mantener dispuestas las armas jurídicas, ni para tirarse a la bartola, sino para darse cuenta, como he sostenido de palabra oral y escrita (de obra, confieso que me ha sido difícil) que  el estudio del derecho, la reflexión jurídica o la lectura de jurisprudencia son hábitos saludables con los que nos ganamos el pan o incluso algunos disfrutamos, pero hay vida ahí fuera.

Vida social, familiar y amistosa para saber interpretar y aplicar mejor el derecho, y para saber disfrutar fuera del derecho.

Vida de la que puede respirarse, de la que nos hace sentirnos relajados y felices, de momentos que paladeamos porque  nuestros pasos en la tierra cobran sentido: una francachela amistosa o familiar, la visión de un bello paisaje, el jugueteo con los hijos, el deleite de una melodía, el gozo de una película o libro, la creación artística de nuestra propia mano o mente, un abrazo de quien queremos cuando le necesitamos, sonrisas cálidas y risas en buena compañía, el alivio de diagnósticos de salud positivos, el orgullo de participar en una competición deportiva, percibir nuevas ideas de quienes admiramos y que nos hacen mejorar, escuchar el silencio y mirar el horizonte, etcétera.

En definitiva, más que sentirnos ante el derecho como tiburones, debemos considerarlo como andar en bicicleta, pues si no pedalemos nos caeremos, pero no nos impide movernos y disfrutar del paisaje y la compañía, porque no conozco a nadie que pedalee mirando el suelo.

NOTA.- No sé si este post se debe a la proximidad navideña, a la melancolía del mal tiempo atmosférico o malas noticias de los medios, o por lo fácil que resulta la terapia de dejar la pluma o la tecla suelta. No tengo esperanzas de que el lector llegue hasta aquí, pero si ha tenido esa paciencia, gracias por la compañía, y siéntase libre de vivir su vida, pero tómese unos segundos para reflexionar si va en la dirección adecuada.

16 comments on “Vivir para el Derecho, vivir la vida

  1. Jesús Blasco

    Grandes reflexiones que comparto y siempre defiendo. Abrazos.

    P.D.: Estuviste genial en la mesa redonda del miércoles. Siempre nos enseñas algo. Un placer escucharte.

  2. De acuerdo, seguimos.

  3. juan perez periañez

    Buenos dias a JR y a todos. La obra «CÒMO PIENSA UN JUEZ», extraordinaria. De lectura obligatoria debiera ser en la Escuela Judicial. A mi, en la modestia de mi bufete, me pasa: para enfado de mis dos hijos y de la jefa de mi casa civil, ( (mi mujer ),con razòn, tengo menos vida familiar y social de que la que es necesaria, Me quitan el Derecho, a los Beatles ( la mùsica en general ) y al Barca, y ya si que dejarìa de tener sentido este mundo .El «‘palo» de lo de Messi fuè – es -muy duro… Abrazo fuerte.

  4. Jose Adserias

    Delicioso artículo JR.

    Muchas gracias por recordar también el imperecedero discurso de Steve Jobs https://www.youtube.com/watch?v=DCsxANtBoIs

    No te conformes.
    Cuando tenía 17 años leí una cita que decía algo como. “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada día mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta era NO durante muchos días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo”.

  5. Las circunstancias de cada uno : cuando la arbitrariedad en la inaplicación del derecho no te deja vivir la vida en grave perjuicio.

  6. dqabogados

    Estimado J.R, muchas gracias por tus reflexiones, tus aportaciones jurídicas y tu altruismo.

  7. Marisa Davila Martinez

    Tan lúcido como siempre. Esta vez con un discurso totalmente necesario para la Salud física, mental y emocional de nuestro colectivo. Gracias siempre. Marisa Dávila

  8. Otro sabio consejo de Richard P. Feynman: “Estudia lo que más te interese de la forma más irreverente, original e indisciplinada que puedas”.

  9. Moitas grazas.

  10. Anónimo

    precisamente Sr. Chaves, esta distancia a veces, que tomas del derecho y de la vida judicializada que tenemos todos, es lo que hace grande tu Blog. Esa humanidad y ese humor ( no me canso, incluidas tus viñetas) casi siempre presente en tus notas ha hecho que algunos profanos de esta materia estemos atentos cada día a tus entradas. gracias.
    la frase de Humbert es perfecta para algunos de nosotros.
    saludos a todos,
    Carlos
    635463558

  11. Bravo JR. En algo así andaba pensando últimamente, debe de ser una sincronicidad junguiana de esas. Tomamos nota.

  12. Carlos A M

    Gracias por tu posteo. Muy oportuno, además, en mi caso particular. Es notable como el trabajo cotidiano a veces nos hace perder de vista lo realmente importante.

  13. «No me preguntó por mi vida, circunstancias familiares ni inquietudes vitales, ni hablamos de ninguna de las bellas artes ni me espetó chiste, metáfora o anécdota alguno que me permitiese comprobar que todavía estaba vivo». Muy bueno! Es cierto que cuando esto sucede con alguien resulta desolador. Gracias por el post.

  14. Anónimo

    Tomás Martín Vargas.Sí, llegué hasta aquí a altas horas. Toda una excelente reflexión sobre la vida personal y profesional que a veces es dificil separar. Gracias

  15. Jesús+MC

    SEVACH, me ha encantado esta reflexión tan sabia y tan necesaria.

    Salud!

  16. Pingback: Vivir para el Derecho, vivir la vida – Vivir Viviendo

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