Crónicas administrativistas Sobre los empleados públicos

Orgullo y prejuicio por ser funcionario

 

Desde antiguo buscar un chivo expiatorio ha proporcionado un inexplicable alivio de las tensiones de todo grupo social alarmado y desorientado. La crisis económica ha provocado en algunos empresarios el cómodo e infantil discurso contra los funcionarios y enarbolando un dedo acusador hacia el colectivo, siendo el caso mas sonado el del presidente de la patronal CEOE, que ha venido seguido por la infantil diatriba del Presidente de la Federación Asturiana de la Construcción al considerar no productivos a los funcionarios y censurable que puedan verse “funcionarios con la bolsas de la compra, o salir a desayunar”. A este paso, el empresariado parece emular al Hare Krisna tanto por su machacona insistencia en la insania de los funcionarios como por el hastío que provocan tan simplonas afirmaciones. Aunque desde este blog ya se comentó la opinión del Sr. Rosell,  el letrado de la Junta General del Principado de Asturias, Ignacio Arias, ha dado cabal y demoledora respuesta a este último desatino del representante de la patronal asturiana, Sr.Abilio, en un artículo publicado en La Nueva España que por su interés reproducimos.

1.El artículo se titula significativamente: Leña al funcionario, que es de goma, y se expresa así.

Mi querido y admirado Serafín Abilio, en su calidad de presidente de la patronal asturiana de la construcción (CAC-Asprocom), en declaraciones que reproduce La Nueva España del pasado día 4 de agosto, se suma a lo que últimamente se ha convertido en el deporte nacional de dar leña a los funcionarios, emulando a ilustres predecesores como el dueño de Mango o el presidente de la CEOE. En este concreto caso, don Serafín amplía su crítica a los mineros. 

Poco puedo decir en relación a estos últimos, cuyas particularidades profesionales no domino, pero parece claro que no se ha elegido el momento más oportuno por razones de todos conocidas. En cualquier caso, el mundo de la minería me ha inspirado siempre mucho respeto, cariño y emoción, entre otras cosas por ser una profesión que representa valores enraizados con la historia de Asturias. 

Sí estoy en condiciones de hacer algunas reflexiones sobre lo dicho por don Serafín sobre los funcionarios. Aboga por implantar un sistema que vincule el salario a la productividad, pues piensa que los funcionarios trabajan poco, ya que los ve con bolsas de la compra y tomando café durante la jornada laboral, conductas que contrastan con las de los funcionarios alemanes cuyas costumbres afirma conocer. 

El hecho de que don Serafín vea a funcionarios (no dice cuántos ni dónde) portar bolsas de la compra o tomar café en horario laboral no supone ningún desdoro para la función pública. Todo lo contrario. Evidencia que determinados funcionarios, por sus concretas circunstancias personales, se ven obligados a sacrificar su media hora de pausa para hacer la compra, y los que optan por tomar café están haciendo uso de un derecho. Pero en ambos casos, dentro de la media hora de pausa, pues no olvide don Serafín que todos los funcionarios deben fichar cualquier salida del centro de trabajo y el reloj no entiende más que el frío lenguaje de las matemáticas. 

En cualquier caso, el efecto es el mismo que percibimos cuando pasamos por una obra a las diez de la mañana de un día laborable y vemos a todos los obreros, desde el peón al encargado, comiendo el bocadillo o en la cafetería más próxima tomando el pincho. Y a nadie se le ocurre decir: «¡Qué vagos son los obreros de la construcción y qué poco producen!». Todo lo contrario, si algo se nos ocurre pensar es ¡qué bien que vivimos en un país civilizado en el que los trabajadores tienen derechos, entre ellos, el de hacer una pausa en su jornada laboral! 

Al hecho de que no se trabaje de sol a sol sin descanso, como en la Edad Media, no se puede anudar la consecuencia de que no se produce. 

Si los únicos reproches que se pueden hacer a los funcionarios públicos es que utilizan su pausa laboral para hacer la compra o tomar café, ¡bendita función pública! 

En cuanto al socorrido argumento de la productividad de los funcionarios, debe quedar claro de una vez por todas que los funcionarios ni colocamos ladrillos, ni fabricamos tornillos. Invito a don Serafín a que proporcione criterios claros y concretos para baremar la productividad de los funcionarios. ¿Cómo mediría don Serafín la productividad de un ordenanza, de la encargada del registro, de un letrado del servicio jurídico o de un médico, cuyos trabajos dependen en unos casos de terceros y en otros de la complejidad de la actuación? ¿Se mediría igual un juicio de faltas que un recurso de casación o una intervención de menisco que una prótesis de cadera? Por tanto, crítica, sí, pero que sea consistente. 

Por otro lado, ¿quién valoraría la productividad en caso de poder ser aplicada? ¿El responsable político o el alto cargo de designación libre? 

Los excesos en la aplicación de las pautas de organización propias de la empresa privada pueden reducir las garantías del sistema de mérito y la imparcialidad del funcionario. 

Admitiríamos que don Serafín hubiera apelado al manido argumento de que hay muchos funcionarios y poco motivados. Pero incluso en esos escenarios hubiera merecido la pena salir en defensa de los funcionarios, que son las víctimas y no los verdugos de los problemas que aquejan a la Administración. 

La clase dirigente ha venido haciendo política con la función pública, y en algunas CC AA (por ejemplo, Extremadura y Andalucía) el número de efectivos públicos es ofensivo para el sentido común, pero de ello no tienen la culpa los funcionarios. 

En cuanto a la motivación, seguro que don Serafín elige como encargado de obra a quien cuenta con un currículum colmado de experiencia ascendente (peón, peón especialista, especialista, especialista de primera, oficial de segunda, oficial de primera, etcétera). En la Administración no impera esa regla. Se puede elegir y, de hecho, se elige para ocupar la cúspide de la pirámide de mando a un recién ingresado. Por tanto, la falta de motivación no es asintomática. 

Dice don Serafín que los funcionarios alemanes no hacen la compra ni toman café durante su jornada laboral. No será porque no tengan pausa, porque la tienen, y en algunos Länder, en una franja horaria superior a la española. No obstante, si no ha visto funcionarios alemanes con la bolsa de la compra quizá se deba a que sus salarios, notablemente superiores a los de sus homónimos españoles, les permiten encomendar estos menesteres domésticos a terceras personas. En cuanto a que no toman café, eso es seguro, porque allí prefieren la cerveza. 

Querido Serafín, los funcionarios no somos de goma como el mono que ha hecho célebre la expresión que titula este artículo, y la crítica que nos pone injustificadamente a los pies de los caballos duele.

2.  Es cierto que es difícil acabar con los prejuicios hacia los funcionarios y también es cierto que existe una triple explicación objetiva de tales prejuicios.

En primer lugar, es imposible por razones puramente estadísticas que dentro de los  casi tres millones de empleados públicos de las Administraciones españolas, lo que ofrece un Zoo burocrático inmenso, no existan ovejas negras, cigarras haraganas o alacranes venenosos. Faltaría más: ni el Vaticano está libre de pecadores.

En segundo lugar, el ciudadano normalmente se ve obligado a acudir al servicio público ( sin libertad de elección) y además  bajo la idea de que es quien lo paga con sus impuestos, lo que eleva su nivel de exigencia y puntillosidad. Lógico, y para comprenderlo basta que el funcionario recuerde su pensamiento cuando actúa como ciudadano ante otra Administración distinta de la que presta servicios.

Y finalmente hay que tener en cuenta que la humana condición del ciudadano le lleva a pensar que cuando colisiona nuestro interés particular (en la solicitud, denuncia o gestión pública) con el general ( la decisión contraria de la Administración) es ésta la que se equivoca y no a la inversa, y además dada la abstracción del ente Administración es mas humano focalizar la culpa en el débil eslabón del funcionario de la ventanilla o el mensajero público de la decisión.

3. Por eso, dado que la situación económica se agrava, Sevach se atreve a pronosticar que se ampliará más todavía la “brecha” socioeconómica entre los trabajadores del sector privado ( sin estabilidad) y los del sector público ( estabilidad), colocando a éstos en una situación que se percibe socialmente como privilegiada y que alimentará brotes de envidia y lo que podría bautizarse de “burofobia” ( el origen de la palabra “burocracia” viene del francés “bureaucratie”, derivada de “bureau”, oficina) animosidad que podrá constituir un caldo de cultivo para la adopción de medidas traumáticas sobre el colectivo. Un estado de opinión crítico será la mejor coartada para las depuraciones burocráticas. Algo así como entregar cristianos a los leones o como las expulsiones de los moriscos decretada por Felipe III a principios del siglo XVII para ocultar otros problemas y dar carnaza al pueblo. El problema es que me temo que eso no es lo mejor para el servicio público ni para la sociedad española.

4. Me pregunto si al igual que el día del “Orgullo Gay” algún día los funcionarios tendrán que salir a las calles para proclamar su orgullo por su condición de servidores públicos (Día del Orgullo Burocrático), que en la inmensa mayoría de los casos no les ha sido regalada sino cosechada con esfuerzo.

0 comments on “Orgullo y prejuicio por ser funcionario

  1. Habilitado

    Estoy, punto por punto, de acuerdo con usted, mi estimado Sevach; no hay mejor estrategia que dar un enemigo al vulgo para distraer la atención, y si eso ademas te permite meter mano en las estructuras de la administración, que es la guardiana del poder entregado a los políticos, mejor que mejor para éstos!

  2. Coincido en tu diagnostico sevach, aunque creo que ya ha llegado esa situación, y particularmente no quiero sentirme culpable por ser funcionario. Se es funcionario a las duras y a las maduras, y el común ciudadano debería serlo igualmente, pero desgraciadamente al funcionario se le desprecia tanto si la economía va bien como si va mal.

  3. Había leido ya el artículo, y soy de tu misma opinión, chapo¡, menos mal que alguien ha dicho verdades como puños.

  4. FuncJM

    Algunas reflexiones sobre el sempiterno debate funcionarial:

    Primera.- Son más los funcionarios que trabajan que los que no.

    Segunda.- Dentro del grupo de los que no lo hacen sencillamente porque no les da la gana y el sistema se lo permite, se encuentran aquéllos que en grado sumo y extremo no hacen absolutamente nada. En todos los organismos públicos hay alguno. Bien, a éstos hay que aplicarles sin complejos el régimen disciplinario. ¿Quién? Evidentemente no va a instruir el expediente su jefe, pues entraron juntos con pantalón corto hace más de 20 años y “es que Antonio es así”. Por tanto, la única forma de acabar con el sambenito de nuestra holgazanería es al que de forma manifiesta, rotunda y notoria se dedique a escaquearse sistemáticamente, buscar clientes para luego atenderlos en su despacho, en su oficina o en su chiringuito, a firmar informes para particulares o empresas, que luego entran en el propio organismo dónde ejerce sus funciones haciendo un uso grosero de incompatibilidad, a pasearse y manifestar con desvergüenza que todo lo que allí ocurre le importa un pito, apercibirle en una primera fase (insisto un órgano no condicionado por el mal llamado compañerismo), hasta llegar a la definitiva y que considero más interesante, que cuando vaya el día 28, 29, ó 30 al cajero, no tenga allí el salario que al estilo de los trileros más dotados, escamotea a todos los ciudadanos (no es descartable, por supuesto, que si no hay enmienda y tan bien le va fuera, tenga a la fuerza que vivir de lo exógeno).

    Tercera.- También sería importante arbitrar un método eficaz para aquéllos funcionarios que de forma reiterada y con dosis insultantes de cara dura ejercen con demasiada frecuencia su derecho a pedir la baja temporal por incapacidad, con la inestimable colaboración del galeno que le firma el salvoconducto.

    Cuarto.- Por último, recordar a todos los funcionarios que con su pasividad o abstención colaboramos en que estos elementos sigan bajo el manto de la Función Pública, que todo lo que ellos no hacen lo tiene que hacer el resto, a igual sueldo y, además, conseguimos llevar tatuado en la espalda un indolente muñequito de los Santos Inocentes que, cierto es, se convierte en personaje “fashion” cuando a la Macroeconomía le saltan las costuras por los aires. Gracias.

    • DiegoGómez

      Totalmente de acuerdo. Es la mejor manera de poner en valor a todos aquellos que hacen que el país funcione.

      Añado alguna reflexión más.

      En primer lugar, creo que el mundo de la función pública es demasiado amplio como para considerar a todos los funcionarios igual, puesto que ni es lo mismo el empleo en una Administración que en otra, ni el puesto que se desempeña.

      En segundo lugar, a mi entender en algunas Administraciones y puestos el sistema no funciona y se pierde mucho tiempo, esfuerzo y dinero (Igual que en las grandes corporaciones privadas). Por lo que conozco de amigos y familiares funcionarios no puede ser que se premie igual al burro que al gran profesor, al vago que al abnegado funcionario que va por las tardes a trabajar para que las cosas funcionen sin remuneración y ni siquiera una palmada de ánimo en la espalda a cambio. La historia ha demostrado que el sistema comunista no funcionó y no digo yo que haya que caer en estrictos criterios de productividad, como tan bien se razona en el artículo publicado, pero sí que la Administración debería de funcionar mejor, no sólo por el bien de los ciudadanos en general, sino también de los propios funcionarios que trabajan en ella en particular.

      En tercer lugar, es cierto que en el mundo exterior (Parezco el replicante de Blade Runner “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”), esto es, fuera de la Función Pública la situación es en muchos casos muy crítica y basta con que un ciudadano llegue a algún puesto de atención al público de una Administración Pública y le traten con mala educación para que, como dice Sevach, rememoren a Felipe III y piensen en la expulsión, la excomunión y a ser posible quema pública del funcionario. Es cierto que la educación en España va cada vez a peor y que a veces te tienes que fijar para saber si estás hablando con una “persona humana” o con un Ñú, pero también es cierto que en esos puestos es donde más debería de estar asimiladas las acepciones de funcionario y de servidor público, teniendo un poco de empatía y no ponerle el cartel de cerrado al que viene corriendo porque son las 13.30 horas, con un Vuelva Usted mañana. Tampoco digo que esto sea patrimonio exclusivo de los funcionarios, puesto que en muchas empresas privadas (sobre todo en las grandes corporaciones) muchas veces te tratan fatal; lo que sucede es que cuando se hace por un empleado público, a la mayoría de la gente le sienta peor porque piensa que de sus impuestos se pagan sus sueldos.

      En cuarto lugar, es legendaria la caradura universal que tienen los políticos y los representantes de las grandes corporaciones para echar balones fuera. Primero llevan al país a la ruina y después todo es culpa de los funcionarios. No me cabe ninguna duda que las medidas contra los empleados públicos no han acabado aquí y que vendrán años de travesía en el desierto, ERE´s, despidos y congelación salarial. Para un político es lo más fácil del mundo y teniendo en cuenta el nivel de políticos que tenemos, no sólo nacional, sino también europeo -por no hablar de la nula operatividad de la UE-, es para echarse a temblar.

      Por último, todos deberíamos de tener más responsabilidad cívica y pensar que podríamos hacer nosotros por mejorar las cosas en nuestro entorno, ya que antes de criticar a los demás, sería bueno un autoexamen de conciencia.

      Un abrazo para tod@s

  5. Tesorero

    Tenemos menos derechos que los trabajadores del sector privado, y ahí va un ejemplo:

    Los trabajadores pueden acceder a la jubilación parcial, sin trabas ni cortapisas, y un ejemplo de ello se recoge la recientemente publicada Ley de Actualización, Adecuación y Armonización del Sistema de la Seguridad Social.

    A los funcionarios no sólo se nos discrimina respecto de los trabajadores sino que, además, desde que nos lo prometieron en el artículo 67.4 de la LEBEP nos han venido haciendo promesas, todas ellas incumplidas, sobre la publicación de la norma que posibilite el acceso a la jubilación parcial de los empleados públicos.

    El hastío que nos provoca a este importante colectivo la clase política y los gobiernos de turno, seguro que van a tener fiel reflejo en las urnas el próximo 20N.

  6. Gestha: “Las grandes empresas defraudan más de 42.700 millones anuales, el triple que las pymes”

    Y la bajada de sueldos de los funcionarios solo ahorró 2.500 millones. Pa’cagarse. Y que luego venga Rosell con tonterias. Solo con haber reducido esos 42.700 a 40.000 ya se habria conseguido mas que con la bajada.

  7. Habilitado

    Al hilo de lo que decía DiegoGómez, os imagináis que un funcionario tratase a un administrado como nos tratan a la mayoría las compañías de teléfonos, electricidad, etc…? Creo que lo azotarían, le pondrían una corona de espinas, le harían cargar con una cruz mientras sube un monte y luego le crucificarían delante de su madre y sus compañeros (y el problema es que el funcionario no podría resucitar a los 3 días!!)

  8. JUAN DE DIOS DE BAILEN

    Diariamente estoy en contacto con funcionarios de las Delegaciones de las diferentes Consejerias, en mi caso de Andalucía administracion y judicial, realmente considero que aproximadamente el 70 % de los funcionarios son eficaces y amantesde su trabajo pero el resto es una sangria del erario público, hay que “llamar al pan pan y al vino vino”.
    Ah! y con respecto a las oposiciones para conseguir la plaza, sería cuestión de comprobar ….algunas o varias de las plazas conseguidas.

  9. Si así es como producís los funcionarios. Leyendo los comentarios anteriores veo que la mayoría están publicados en horario de trabajo, a eso llamáis trabajar ?. En mi empresa privada entrar en interne si motivo laboral justificado es una falta leve, y tres faltas leves es una grave. En la empresa privada quisiera veros yo.

  10. Actualmente en España existen más de 2,5 millones de funcionarios, una cifra que sólo es superada por Francia (5,2 millones), Alemania (4,5 millones), Polonia (3,5 millones) e Italia (3,4 millones). Esta cifra coloca a España en la quinta posición de la Unión Europea en relación al número de funcionarios, superando la proporcionalidad en la UE respecto a la relación de ciudadanos corrientes sobre empleados públicos, existiendo 18 funcionarios por cada habitante.

    Son muchas, pues, las personas que quieren ser funcionarios. Mientras una pequeña parte decide trabajar en la administración pública por vocación de servicio al país, la gran mayoría se sienten atraídos por el sueldo y los horarios de los que disfruta el funcionariado. El hecho de realizar unas oposiciones a funcionario es una buena opción para conseguir un trabajo seguro.

    ¿Cuales son las ventajas de ser funcionario?

    Hay varios factores que hacen que ser funcionario en España sea especialmente atractivo. Veamos algunos de ellos:

    -Un trabajo seguro. Ser funcionario implica tener un empleo seguro para toda la vida, implica poder perder el puesto pero no la plaza de trabajo. Esto, en tiempos de crisis y cuando el estrés laboral está muy presente en nuestra sociedad, es un gran aliciente, porque a pesar de los duros momentos económicos que viva el país, siempre tendremos un sueldo fijo. Además, este sueldo fijo y de por vida permite al trabajador poder plantearse y organizar su futuro a largo plazo, sin tener que estar pendiente de si en unos años seguirá en el trabajo actual o estará desempleado, etc.

    En el caso de las personas de una cierta edad es algo especialmente importante, ya que,por lo general, si una persona mayor se queda sin empleo le será mucho más difícil encontrar un trabajo que a una persona más joven.

    – Estabilidad emocional. El hecho de ser funcionario de la Administración Pública, por ejemplo y tener un empleo seguro ofrece al trabajador una gran y agradecida estabilidad emocional, ya que se evita preocuparse por asuntos cómo el buscar trabajo, el desempleo…

    – Un buen horario laboral. Los funcionarios disponen de un buen horario laboral que les permite tener tiempo libre. En muchos empleos públicos se trabaja solo por las mañanas, de manera que los funcionarios tienen más horas libres que otros trabajadores de empresas públicas, en las que a veces las horas extras son demasiado habituales. Además, a menudo se libra los fines de semana y se hacen menos de 8 horas diarias. Estos horarios permiten tener más tiempo libre para dedicar al descanso o a hacer otras actividades y hobbies…

    – Salarios seguros y medios. Respecto a los salarios, el hecho de ser funcionario también tiene sus ventajas. Si bien es cierto que en algunas empresas privadas el sueldo de los trabajadores es mayor, en el caso de los funcionarios la ventaja recae en que en épocas de crisis su sueldo puede congelarse, pero rara vez disminuye. Además, los funcionarios tienen derecho a pagas extras y sus salarios están regulados por la ley.

    – Formación continua. Aunque muchos no lo sepan, la Administración pública ofrece a los funcionarios la posibilidad de asistir a numerosos cursos de formación. Esto permite a los trabajadores mantenerse al día, sobretodo en trabajos relacionados con la tecnología. Hay que decir, que estos cursos de formación continua son totalmente voluntarios, y que el trabajador no perderá su puesto por el hecho de no hacerlos.

    – Protección ante la ley. La Administración, por su condición de ser de carácter público, se ve obligada a cumplir al pie de la letra las leyes de igualdad, permisos de enfermedad o bajas, huelgas… No es que en las empresas privadas no se cumplan estos deberes, pero siempre se corre más riesgo que en el sector público, en el que los directores no pueden tomar represalias de ningún tipo en contra de un trabajador por ejercer sus derechos.

    – Por último, una de las características más gratificantes para los funcionarios: los días de vacaciones. Los trabajadores de la administración pública tienen derecho a un mes de vacaciones, pero además pueden disponer de 6 días de asuntos propios al año. También optan a una excedencia ilimitada por motivos personales (aunque esta requerirá haber trabajado al menos 5 años en la Administración), además de las excedencias por maternidad, licencia por estudios, etc.

    Todas estas ventajas concluyen en lo que podríamos llamar una gran ventaja general: una mejor calidad de vida. Los horarios y salarios de los funcionarios, sus periodos de vacaciones y su protección ante la ley hacen que estos trabajadores dispongan de unas mejores condiciones de vida, que puedan conciliar mejor la vida laboral y la familiar, que estén más a gusto con y en su empleo y menos preocupados. En resumen, una mayor comodidad, tranquilidad y calidad de vida que hace que muchos quieran ser funcionario.

    • sevach

      No es oro todo lo que reluce. En primer lugar, el funcionario para hacer valer sus derechos tiene que acudir a la jurisdicción contencioso-administrativa mientras que el trabajador privado tiene que acudir a la jurisdicción social, y es sabido que aquélla se inspira en el interés público ( con su secuela de potestad de autoorganización que debilita al funcionario) y ésta en el interés del trabajador, de manera que el funcionario estará privado de la protección de reglas jurídicas tan potentes como la de condición mas beneficiosa, norma mínima, interpretación pro operario…¡Casi nada!.

      En segundo lugar, el funcionario tiene una relación estatutaria, o sea, la norma dictada por su “patrono” (o Estado/CA…) que se cambia según su criterio, y en cambio, el trabajador mantiene una relación contractual con su patrono que se resiste a cambios unilaterales, y ello explica que un funcionario puede ver cambiado su horario, los turnos o condiciones de trabajo sin rechistar a diferencia de un trabajador de la empresa privada.

      Y en tercer lugar, normalmente el trabajador de la empresa privada cuenta con un único patrono durante gran parte de su vida laboral, conociendo sus puntos fuertes y débiles, y en cambio en el mundo público, el funcionario tiene por jefe una hidra de cien cabezas ( Jefes escalonados y políticos con mando) y además cambian tras las elecciones con las consiguientes zozobras, vendettas y demás.

      En fin, que el funcionario en tiempo de crisis cuenta con mayor seguridad pero en tiempos de bonanza suele ser mirado por encima del hombro por trabajadores de las empresas privadas.

      Pero lo auténticamente importante es que el reproche al funcionario podría hacerse si su nombramiento fuese restringido sobre claves de sangre, nobleza o clientelismo, pero dado que en principio y por lo general, todo ciudadano mayor de edad puede concurrir a ello en buena liz. De ahí, que los comentarios negativos de quienes no son funcionarios a quienes lo son, me recuerdan a quienes en este período estival en la playa muestran un cuerpo orondo y critican a quienes ofrecen un cuerpo sin michelines: detrás de estos hay sacrificio y aquéllos bien pudieran estar en esta situación.

  11. almussent

    Estando de acuerdo como estoy con Sevach y con Antonio Arias, me parece, de todas formas, que es imprescindible una reforma de la función pública. Si el estatuto funcionarial es una protección del funcionario para que cuando llega el momento de informar desfavorablemente no lo despidan a continuación ¿ para qué necesita un maestro, por ejemplo, esa protección? Hay mucho personal en la administración que se beneficia de la condición de funcionario pero desempeña labores propias de oficios que se prestan igualmente en la empresa privada, y que nunca van a tener que informar desfavorablemente un expediente de modificación de un contrato ni van a tener que poner una denuncia de tráfico a un concejal (o a la subdelegada del gobierno), ver: http://www.diarioinformacion.com/alicante/2011/08/11/castellano-reprocha-llinares-cuestionara-multa/1157600.html?utm_source=rss

    En cuanto a la justificación de que los funcionarios tenemos estabilidad en el empleo porque hemos superado una oposición, el sistema actual (al menos en la administración local) no ofrece ninguna garantía de objetividad de los tribunales, más bien de lo contrario. Hasta el EBEP podía darse el caso de que se compensaran los intereses de unos partidos con la de otros, o de que determinados manejos pudieran salir a la luz, pero desde que todo el tribunal es designado graciosamente por el alcalde el resultado ha sido peor. Y ello por la propia naturaleza de las cosas: Lo normal es que el alcalde designe para formar parte de los tribunales de seleccion a funcionarios que sean de su confianza (y que por tanto admitan recomendaciones) y no que designe a aquellos que se han distinguido por su objetividad e independencia (y que por tanto van a seleccionar al mejor, cosa que no beneficiaría a nadie, salvo al ciudadano que va a sufrir a ese funcionario). La única forma de reducir (no de suprimir, cosa que sería imposible) el fraude en esta materia sería que la selección de todos los funcionarios de administración local se efectuara por las comunidades autónomas. Pero eso no va a pasar por razones obvias que nada tienen que ver con el servicio al interés general.

    Un saludo.

  12. Jesús

    Hola:

    En Castilla-La Mancha, en el año 2007 ya fué instituido el Día de la Dignidad del Funcionario por la Junta de Personal de los Servicios Centrales, órgano de representación de los funcionarios, cuando los altos cargos se subieron el sueldo de golpe y a los funcionarios a plazos y a lo largo de varios años. Subida de sueldo a los funcionarios que no resarcía todas las pérdidas acumunladas y que ya ha sido recortada.

  13. pelexo

    En primer lugar sería oportuno distinguir, entre funcionarios, personal laboral y empleados. No somos tantos los funcionarios.

    Curiosamente la administración acapara toda la mala atención al ciudadano e ineptitud. Me cuesta creer en las empresas el trato con el cliente (y en algunos casos el engaño) no sean citados . Yo a diario recibo a ciudadanos de todo tipo, pero últimamente sobresale el que acude pensado que es el puto amo y como tal tengo tratarlo. Necisito esto para ya (necesita venir mañana porque el Secretario está en sala y sin su firma ni un escrito suyo solicitándolo no lo puedo hacer) pues como funciona la Admon y a soltar lastre. Ellos se podrían queja de mí, yo de ellos no.

    con respecto a las vacaciones y los días de asuntos, creo que un repaso rápido a unos cuantos convenios colectivos nos devolvería a la realidad.

    Todos los funcionarios están “de alta” esos rumbosos empresarios autónomos que baten record de trabajadores en el limbo, que al final ganan menos de yo y desconocen los impuestos podrían sufrir el mismo escarnio. Pero no porque no son funcionarios.

    Para igualar, ya puestos, por lo alto, no por lo bajo. Mejores condiciones de trabajo para el que carece de ellas y no encabronarse con los suupuesto privilegiaos hasta quitarle todo lo que se antoje privilegio.

    Por último para que existan servicios públicos son necesarios funcionarios, y pegándoles o difamándolos a lo mejor nos encontramos a una empresa privada donde estaban ellos y, a lo mejor no nos gusta tanto.

  14. 1.- La moderna función pública que exigió el mérito, la capacidad y la igualdad es una creación de la revolución francesa y el liberalismo, como un mecanismo de defensa de la burguesía, estableciendo un funcionariado imparcial para frenar el poder absoluto del monarca y evitar que le arrebatara la propiedad privada. La defensa de la propiedad privada fue el germen de la libertad, de la limitación de poderes y del funcionariado público imparcial y meritocrático.

    2.- Parece mentira que sean ahora, precisamente, algunos mal llamado empresarios los que reclamen a voces y coces la extinción del funcionariado imparcial. Pues si el funcionario puede ser despedido impunemente por el poder político ni nadie con méritos tendrá interés en ser funcionario, ni ningún funcionario garantizará jamás la imparcialidad ante el ciudadano frente a sus jefes que puedan despedirlos.

    3.-Escuche bien el jefe de Mango y sus seguidores: cuando los funcionarios dejen de ser independientes, no vuelvan a quejarse si les expropian, les sancionan o les inspeccionan arbitrariamente los poderes políticos, pues no pensaron en su libertad ni en su propiedad, sino en maldades y miserias de poderoso.

    4.- Los funcionarios deben dejar de confiar en el Estado y pensar como Tocqueville “En Europa, cuando alguien tiene un problema, recurre al Estado; en América, crea una asociación”. Ojo, no digo un sindicato subvencionado, igual de subvencionado que la patronal que ladra sin ton ni son contra los funcionarios. Digo que, o los funcionarios se organizan contra la burofobia (Sevach lo ha clavao el término) que se les viene encima, desmontan ideológicamente el acoso social y marcan estrategias colectivas de derribo y boicot contra los burófobos, o serán eso, los nuevos cristianos para echar a los leones.

  15. El funcionario en tiempos de crisis o de bonanza goza de mayor seguridad, pero en ningún caso creo que sea mirado por encima del hombro por los trabajadores de las empresas privadas ni por el resto de ciudadanos aunque no sea más que por su proximidad y relación con el poder. Sin embargo es cierta la mala prensa que la burocracia ha tenido siempre y en todas partes. ¿Porqué?. Seguramente tenga mucho que ver la perfección y eficacia burocrática que producen efectos no deseados.
    En la estructura burocrática rige el principio de relaciones impersonales pero se quiebra hacia dentro de la organización con fenómenos de nepotismo, favoritismo, clientelismo, enchufismo, pelotilleo etc. con el efecto de disfunciones funcionales hacia fuera.
    La frialdad de las reglas y de la doctrina administrativa vinculante, la representación del poder que en mayor o menor medida ostenta todo funcionario, el trato rígido de los asuntos que niega toda individualización dentro de la organización y el trato impersonal que recibe el administrado y su personal problema explican la impresión de arrogancia, prepotencia, insolencia e indiferencia. En definitiva, para el administrado no se trata sólo de un posible sentimiento de envidia sino la sensación de humillación o desprecio, cosa que se extiende con el aumento del nivel cultural y que no encaja dentro del sistema democrático vigente.
    ¿Solución?. Quizás debe pasar, hacia dentro, por suavizar el principio de eficacia para que su coste sea inferior al valor del producto resultante, suavizar la jerarquización, mediante el establecimiento de reglas en consenso con los obligados a su cumplimiento, eliminar de raíz las malas prácticas y corruptelas en asuntos de personal. Hacia fuera, suavizar el principio de impersonalización.
    En cualquier caso si las ventajas del sistema burocrático se atribuyen a la organización y no a los funcionarios, los inconvenientes también han de juzgarse con este criterio. O sea, que la culpa no es de los funcionarios.
    Un temor: Al igual que las grandes máquinas mandaron al paro a miles obreros, la imparable y revolucionaria Administración electrónica puede volver inútiles a miles de funcionarios.
    Saludos. Es un placer, leer vuestras opiniones.

  16. Permitanme que les recuerde que cuando se compara a los funcionarios siempre se hace con el personal que peor está de las empresas mas diminutas. Sin embargo, de hacer una comparación ha de ser homogenea. Ya me gustaria a mi estar tan bien como está el personal de mi nivel, pero de empresas como Telefonica, Santander y similares, pues recordemos que mi empresa, el Estado, tiene mas empleados que cualquiera de las empresas del IBEX-35, pero los empleados del Estado no estamos ni la mitad de bien que los empleados de las empresas del IBEX-35.
    Vease: http://graficos.lainformacion.com/economia-negocios-y-finanzas/mercados-y-bolsas/diferencia-de-sueldo-entre-las-cupulas-del-ibex-35-y-sus-plantillas_ELZiwC9dkTfocYnxSzWWU3/ea

    PD: Ahora prejubilaran al personal de Telefonica con mas de 52 años. Yo tengo 51 y me jubilaré a los 70, y eso si para entonces todavia existe la jubilacion. Los de Telefonica para entonces ya llevarán 19 años jubilados. Ahora, hablenme de privilegios.

  17. Habilitado

    Nuestra amiga la Sra. Salgado (ahora ministra de economía y antes ministra de administraciones publicas) debe tener manía a los funcionarios http://www.elconfidencial.com/economia/2011/08/15/salgado%2Dapuesta%2Dpor%2Dextender%2Del%2Dajuste%2Dde%2Dlos%2Dsalarios%2Da%2Dlos%2Dfuncionarios%2D82766/
    Esta Sra. es la que estaba en el MAP durante las ultimas reformas de la Funcion Publica española, no? Y es también la de la bajada de salarios y la que los quiere bajar otra vez, no?
    En serio, tienen algo que ver Mr. Mango, Rosell y esta Sra.?

  18. En mi opinión, despejando la idea de que el funcionario tiene la culpa de todo, si es posible avanzar en una mejora de lo público. Debe darse virtualidad a las RPT’s y a la organización del empleo en la administración. Resignación de tareas, efectivos, redefinición de funciones…y muchas cosas más son precisas. Se puede y debe mejorar. En cuanto a la productividad del funcionario, es una cuestión técnica el decidir su reparto atendiendo a un sistema equitativo y justo, pero que considero necesario. Rebajar su sueldo, es una medida estética y populista.

    Existe un amplio campo para el debate y la implantación de sistemas de trabajo más eficaces y que aprovechen mejor el dinero de los contribuyentes sin comprometer las garantías de un sistema público. Desde dentro debemos abordarlo, con ánimo templado, y no repeler todo ataque a los empleados públicos y a la administración.
    Reconocer esto no implica en absoluto desconocer la pantomima y habladurías de barra de bar (con perdón de éstas) que estos señores hacen al atacar de forma simplista al funcionario. Es una falta de visión, de estrategia, y ¿por qué no? una osada ignorancia de lo que representa la administración y el imprescindible papel de los funcionarios en ella.

  19. aprovecho para lanzar una pregunta….¿necesita la administración perosnla laboral fijo de oficios?

    • Como siempre cobra sentido personal de oficios con carácter fijo si se trata de necesidades permanentes y objetivas que no puedan ser atendidas por contratos ( p.ej está claro que el Ayuntamiento de Madrid no puede estar contratando administrativamente un carpintero distinto para cada eventualidad). Lo rechazable es la perversión: meter al amiguetes temporalmente para convertirlo en estable fraudulentamente, hacer el juego a los sindicatos para crear plazas laborales donde no se necesitan, contratar laboralmente a plazas que deberían pertenecer a funcionarios, etc.
      Saludos

  20. No de Andalucía

    Qué manía con meter a Andalucía en todos los berenjenales:
    “(por ejemplo, Extremadura y Andalucía) el número de efectivos públicos es ofensivo para el sentido común, pero de ello no tienen la culpa los funcionarios.”
    Datos: En España los funcionarios representan el 13,6% de los empleados. Por encima de esa cifra se encuentran Extremadura (23,8%), C y León (16,8), ANDALUCÍA (16,7), C La Mancha (16,5), Canarias (15,88%), Aragón (15,19%), Asturias (14,15%) y Madrid (14,1%) que incluye los funcionarios del nivel estatal. El menor peso de los funcionarios se encuentra en Cataluña (9%), Baleares (10,7) y Valencia (10,98%). Navarra, País Vasco y La Rioja no llegan al 12%.
    Y más datos:
    ¿Y que cantidad de funcionarios hay según la población de cada una?
    · Extremadura: 85 funcionarios/mil habitantes
    · C y León: 68
    · MADRID: 68
    · Aragón: 67
    · C La Mancha: 66
    · Canarias: 62
    · ANDALUCÍA: 60
    · ESPAÑA: 57
    · Cantabria: 57
    · Murcia: 57
    · Galicia: 55
    · Asturias: 55
    · La Rioja: 53
    · Navarra: 52
    · Pais Vasco: 51
    · Baleares: 51
    · C Valenciana: 46
    · Cataluña: 40
    · Ceuta: 587
    · Melilla: 134.

  21. A modo de resumen, parece que todos estamos pensando en lo mismo: La función pública es necesaria, tiene que ser imparcial e independiente, y su funcionamiento debe regirse por los principios de eficacia y eficiencia.

    Teniendo todo esto en cuenta, no se puede estar contra los criterios objetivos de racionalización de la administración y sus recursos (materiales y humanos) ni contra la organización por objetivos.

    Ahora bien, resulta que esas metas sólo se pueden conseguir si las administraciones públicas (léase políticos) hacen previamente su trabajo:

    – Racionalizar y modernizar las estructuras y métodos de trabajo.
    – Fomentar una cultura de calidad en los servicios.
    – Fijar los objetivos de cada área.

    Sólo entonces se puede poner en práctica un sistema en el que los funcionarios nos impliquemos, y a partir de ahí no podemos excusarnos ni pedir un trato diferente a cualquier trabajador.

Gracias por comentar con el fin de mejorar

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