Contencioso

La muerte de Luis Ortega, Magistrado del Tribunal Constitucional

Me entero casualmente navegando por la red de la triste noticia del fallecimiento de Luis Ortega Álvarez, magistrado del Tribunal Constitucional, fallecido de infarto en un receso de las deliberaciones del Tribunal Constitucional, cargo que ocupaba de 2011.

 

1. Lo primero que siento es una gran pena porque cuando desaparece alguien del que hemos leído algo con atención y provecho, nos aproxima y traza un lazo de complicidad. Y debo confesar que el Manual de Derecho Administrativo (Ariel, 1994) del que es coautor (junto a esos dos grandísimos Parejo Alfonso y Jiménez Blanco) ha figurado entre mis obras de cabecera y podemos estar orgullosos de haber contado con una persona sensata, laboriosa y brillante que dio el salto desde su Cátedra de la Universidad de Castilla-La Mancha hacia el Tribunal Constitucional donde con seguridad contribuyó a revalorizar su imagen Institucional en horas bajas.

 

Tuve ocasión de conocerle hacia 1998, donde compartimos asiento como vocales en la Comisión de Evaluación de Investigación de Universidades (por entonces yo era Director General de Universidades e Investigación del Principado y él Catedrático de Derecho Administrativo) y pudimos brevemente cambiar impresiones sobre los derroteros de la investigación universitaria, pero entre pasillos fue capaz de demostrarme su bonhomía y claridad de miras, con una notable afabilidad.

 

2. Lo segundo que me provoca escalofríos es la circunstancia del lugar, con ocasión de las deliberaciones del Tribunal Constitucional (algo así como la muerte del Obispo en la Catedral durante oficios solemnes), y las de la edad del infortunado (62 años) unido a una profesión- la jurídica- que nadie calificaría” de riesgo” pero muchos ignoran que es un ámbito donde se ceba el estrés, las depresiones, agotamiento y como no, los infartos que no avisan.

 

3. Por último, bien está una reflexión desde la distancia que nos demuestra que frente a la guadaña caprichosa de la comadre Sebastiana, como la llamada el escritor Ramón J. Sender, no basta la sabiduría ni el poder, pues no hay blindaje contra el filo ciego del infortunio que cuando menos se lo espera, siega la vida del estudiante, del Maestro, del lacayo o del Rey. Es la única y terrible igualdad. Y ahí desembocarán estudiantes, abogados, jueces y Catedráticos, sin escapatoria.

 

De ahí que la moraleja agridulce que nuevamente debemos extraer es que aprovechemos nuestra “vida y obra” para enriquecer la vida de los demás, a no dejarnos avinagrar por los fracasos, ni alimentemos envidias u oropel. No podemos caer en el error de confundir la promoción, los galones jurídicos y la derrota del competidor, con la meta de la existencia. Hay que tener distanciamiento y grandeza de miras, y eso no lo da el cargo sino la talla personal de cada cual.

 

De lo que se trata es que cuando dejemos este mundo, los que nos quieren, como al bueno de Luis Ortega, podamos decir sentidamente aquello de “fue una buena persona, cosechó éxitos que mereció y dejó huella en nuestra memoria”. Y eso es mucho.

Con respeto y agradecimiento, a Don Luis.

5 comments on “La muerte de Luis Ortega, Magistrado del Tribunal Constitucional

  1. Magnífica y emotiva reflexión mas allá de lo jurídico. Que descanse en paz.

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  2. Sus escritos se entendían, y convencían. Y quiso ser valiente y muchas veces lo consiguió

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  3. Compartimos Departamento y Seminario en la UCM hace ya muchos años él joven Profesor Titular y yo imberbe Ayudante y era un hombre querido y respetado tanto por su buen carácter como por su valía como jurista, era la primera generación de administrativistas nacidos al derecho ya en la transición y en su caso con un profundo compromiso personal, moral y cívico con la democracia.

    Esa imagen del mundo del Derecho como liberado de cualquier estres desde luego no cuadra con el TC, por más que tenga mala fama, la tasa de fallecimientos entre sus Letrados por causas directamente imputables al estres es difícilmente imaginable y el trabajo de muchos Magistrados es también agotador.

    Queda el recuerdo de un gran Magistrado, un extraordinario Profesor y un Jurista con un compromiso radical con la democracia.

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  4. Pingback: HARLAN FISK STONE Y LUIS ORTEGA ÁLVAREZ: MUERTES PARALELAS. | Monsieur de Villefort

  5. QUÉ BONITO;
    Descanse en paz.

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