Sobre los abogados

Recobrar la autoestima tras perder un litigio  

consuelo del abogado     Un momento triste para el abogado, cuando ha estudiado el caso, ha diseñado la estrategia y ha cumplido con formas y plazos, tiene lugar cuando le notifican la sentencia y sus ojos ansiosos( si antes no lo ha hecho el procurador) se fijan directamente en el fallo, para constatar esa temible palabra “ Desestimar”. O  quizá la mas aterrorizadora aún : “ Inadmitir”.

    La decepción, amargura o rabia  invade al profesional.  Esa es una experiencia que, como el sarampión, hay que pasarla, pero a diferencia de esta enfermedad que solo sucede una vez, es algo que acompañará a la vida profesional del letrado como las tormentas al pescador.

    A nadie le gustan los traspiés ni los varapalos, ni decepcionar al cliente o decepcionarse a sí mismo. Eso me lleva a plantearme el consuelo que puede encontrar el abogado que le permita levantarse y seguir confiando en la profesión y en la Justicia y disipar la tentación de colgar la toga.

 

 1. No se trata ahora de lo que en su día bajo un barniz de humor califiqué de excusas de un abogado ante el cliente cuando pierde un pleito, sino de algo mas serio y necesario. Los íntimos pensamientos que ayudan al abogado a seguir adelante frente a la adversidad.

 

 I. El pensamiento mas tranquilizador es el de quien tiene la conciencia tranquila: “ Hice todo lo que podía; he hecho mi trabajo con diligencia, esfuerzo e ingenio”.

II. El pensamiento evasivo: ¿Perder? ¡ No he perdido! ¡Me han robado el partido!

III. Echar la culpa a otros: “ Mi cliente no me ayudó con su actitud, versión y pretensiones desorbitadas”; “ El abogado contrario utilizó artimañas”, “ Mala suerte con este juez”.

IV.Culpar a las circunstancias: “ No he venido a luchar contra los elementos, decía Felipe II”,¿ Quién podía prever esta sorpresiva sentencia del Tribunal Europeo o Constitucional?,¿ cómo podía suponer que ese testigo o documento sería decisivos?.

V. La visión serena: “ El Derecho no es una ciencia exacta”; “ toda interpretación del derecho o verificación de hechos depende de factores y voluntades no siempre objetivas”, “ Es el precio de la maquinaria judicial”.

VI. Generalización absolutoria: “El mejor escritor hace un borrón”; “ No hay letrado que no pierda un pleito”, ” Quien no haya perdido un pleito… que tire la primera piedra”.

VII.La firmeza: “ Solo no son derrotados los que no luchan”.

VIII.El optimismo: “ Aprenderé de la derrota. No volverá a suceder”. Como afirma el Zaratustra: “ Lo que no me mata me hace mas fuerte”

abogado pensativoIX. La sana autocrítica: “ ¿Cómo no pude verlo?,¡ No se me ocurrió consultar ese punto del expediente!¡ Tenía que haber hecho desistir a mi cliente y no enfrentarle a esta agonía!. 

X. La disciplina del corredor de maratón: “ El que resiste, gana; en la carrera de la Justicia hay que perseverar sin darse por vencido”.

XI.El luchador: “ Tengo una segunda oportunidad: apelaré, plantearé nulidad de actuaciones o iré al Tribunal Constitucional”.

XII.Minimizar los efectos: “ No tiene importancia. Realmente es un litigio menor”, “ Al fin y al cabo, todo es papeleo”; “ Una gota de agua en el océano del millón de litigios anuales”.

XIII. Poner en su justo contexto: “ Yo me equivoco, pero también a los jueces les revocan sus sentencias los tribunales superiores”; “ Las sentencias no son juicios infalibles sino un criterio tan razonable como el de los abogados”.

XIV. El compañerismo: desahogarse con el colega de despacho.

 XV. El fatalismo: “ Al menos me queda poco para jubilarme”.

 

2.Es cierto que como suele decirse, “no queda otra” que dejar de mirar hacia atrás por el retrovisor a la derrota y mirar hacia adelante. Todo se supera aunque hemos de reconocer que la irritación y desconsuelo del abogado se explica cuando la sentencia desfavorable está “viciada”. O sea, cuando no se entiende, o no se han entendido los alegatos del abogado vencido, o dan confusos “corta y pega” por toda respuesta, o sencillamente es disparatada, situación que se convierte en desesperación si además no cabe recurso de apelación, casación o amparo.

 

tension entre abogados3.  Pero en fin, tengamos claro que la derrota o la victoria son algo natural en los pleitos jurídicos. Quien se cree o anuncia como abogado que lo gana todo, o es un truhán o un ingenuo.

  Buen abogado es el que lucha por su cliente como si el asunto fuera propio y como si le fuera la vida en ello: con seriedad y esfuerzo (  y me atrevo a decir que esa actitud es la que puede aplicarse a los jueces en su labor).

 Tal y como apuntábamos en nuestro libro “ Abogados al borde de un ataque de ética” (Thompson-Reuters Aranzadi,2014), quien no quiera derrotas que se dedique al juego solitario del frontón. Pero quien ejerce como abogado sabe que la esencia del foro radica en la noble lucha dialéctica y estratégica, una partida de ajedrez con un árbitro a veces impredecible. Al fin y al cabo, se trata de enfrentar tesis y hechos, y como los gladiadores suele ser lucha con un solo vencedor y un derrotado.

 

 4. Aunque ciertamente cuando se trata de enfrentarse a la Administración, la lucha es desigual ya que por razones puramente estadísticas el desencanto se extiende entre profesionales del Derecho Administrativo porque solo se gana uno de cada cuatro litigios a la Administración y además bajo tan pésimo pronóstico, en nueve de cada diez hay condena en costas si se pierde el litigio. Así y todo ya señalé que si hay 20 razones para no ejercer como abogado administrativista otras tantas buenas razones avalan el acierto de esa decisión.

 

5.Pero no se trata de ser pesimistas sino realistas, aunque se da la paradoja es que un abogado pesimista suele ser un abogado prudente que se coloca en el escenario mas difícil y se enzarza en anticipar las estrategias del contrario, mientras que el abogado optimista en exceso tiende a bajar la guardia y a “morder el polvo” de la sentencia condenatoria.

 En fin, que las amargas derrotas las compensan las dulces victorias, que también “haberlas, haylas”.

abogacía NOTA DE SOCIEDAD: Recuerdo a los interesados que hoy jueves a las 19,00 horas estaré en el Colegio de Abogados de Pontevedra con una charla sobre “ El expediente administrativo: derecho de acceso en vía administrativa y valor en el proceso”.

 

 Y mañana las 19,00 horas en la Sala de Plenos del Tribunal Superior de Justicia de Oviedo disertaré sobre “ Versiones y perversiones del sistema de vencimiento de las costas en lo contencioso-administrativo”.

 Y finalizado este aviso propio de hoja parroquial, pues os deseo un buen día en lo profesional, lo jurídico y como no, en lo personal (que es lo que realmente importa).

19 comments on “Recobrar la autoestima tras perder un litigio  

  1. Simplemente brillante. Colocaré esta disertación como hoja de cabecera .

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  2. Estimado SEVACH, una gran reflexión cargada de grandes verdades. Pero a veces los que nos dedicamos a este noble oficio nos encontramos con sentencias que te dan ganas de………., más de una vez he visto desestimar un pretensión argumentando la misma con legislación derogada, en primera instancia, sentencia firme, qué haces ante esto, contar mucho, mucho y mucho.

    Un saludo.

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  3. Lo que más me jode, y perdón por la expresión, es tener que pagar costas. Es lamentable que hoy en día se impongan las costas en la primera instancia en lo contencioso-administrativo, cuando los juzgados y tribunales le dan la razón a la administración en un 80% de los casos, según he leído, aunque en tu artículo hablas de tres de cada cuatro pleitos, es decir, un 75%…
    ¿Cómo le explicas al cliente -que obviamente no va a volver a litigar en su vida- que tiene que pagar al Abogado del Estado, Letrado de la Comunidad Autónoma o Letrado Consistorial…, al precio de un abogado normal y corriente, con despacho abierto al público, al corriente de todos los tributos y gabelas, etc…?
    Hace unos años leí que al Estado cada pleito le costaba una cantidad irrisoria, resultado de dividir el coste de la Abogacía del Estado por los millones de litigios en los que estaba inmerso… No se si iran cien o doscientas pesetas cada uno. (Era una noticia de prensa y por lo tanto no se si muy exacta). Pero lo que está claro, al menos para mí, es que es totalmente injusto tener que pagar dos veces a estos profesionales: una cuando pagamos nuestros impuestos, y otra cuando nos imponen las costas.
    ¿Dó queda el derecho fundamental a la tutela judicial efectiva, del art. 24 de la Constitución, de nuestros derechos e intereses legítimos…?

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  4. Interesante y ameno como siempre, Sevach. También, por su talante amable, peca de una leve roussonianeidad al omitir otro clásico:

    La demanda/oposición a la misma era endeble por un excesivo optimismo en la valoración de las circunstancias (“Bueno, no tenemos pruebas, pero esto está ganao, que el demandado tiene una cara de golfo que no puede con ella”), desconocimiento palmario del tema (“Si he hecho diez mil monitorios civiles, no tendré ningún problema en defender un pleito de acoso sexual en el lugar de trabajo, con vulneración de derechos fundamentales, despido objetivo fraudulento y cesión ilegal de trabajadores, ¿no?), mantenerse a flote (“la cosa está muy malamente, hay que hacer de todo, haya más o menos posibilidades”) o simple avaricia (“Si no le saco la pasta al cliente, otro lo hará”).

    Claro está que ningún letrado reconocerá su incompetencia a nadie, y muy pocos lo harán en su fuero interno, aunque sea evidente para el juez, el letrado de enfrente y hasta para el oficial del juzgado.

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  5. Juan Manuel del Valle Pascual

    Enhorabuena, Sevach. Supongo que por pudor te has dejado la reflexión más común, por lo prosaica. “¿Y ahora cómo le cobro lo que no percibí como anticipo de la minuta en provisión de fondos?”
    Quede como enseñanza que al pleito hay que ir con raciocinio, sopesando pros y contras, riesgos parea que el siniestro no sea una sorpresa, sino calculable en su proporción. No se arregla la vida a pleitos, ni la venganza sana las heridas. Más ayuda la comprensión del adversario, la convicción que se use para que él también comprenda, los escenarios colaterales que a todo ello conduzcan (“¡Te parto las piernas!”. Es broma, claro). Cuando llegue el cliente a contar el caso, hay que tomar distancia para ver la perspectiva del asunto, la visión que tendrán terceros. Sin reducir el afecto, convencerle de las carencias de su razón y los excesos de su pasión, de que el futuro abre caminos que el pasado cierra. Abogacía preventiva. Mal está engañar a otros, que la gente no es tonta, pero fatal engañarse uno mismo, porque entonces sí eres tonto.

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  6. Es inevitable porque somos humanos que el abogado se plantee esas cosas y sufra los disgustos que se mencionan en el artículo. Pero el mejor abogado, el mas profesional, es el “terminator” que deja todo lo que puede al márgen los sentimientos y tiene claro que esto al final es un trabajo que se hace para ganarse la vida honradamente. A veces se gana sin razón, y a veces se pierde con ella, porque esas son las reglas de un juego desarrollado por humanos y no por autómatas. Cuanto antes tenga claro eso el letrado, mas claridad mental y paz interior tendrá, y sobre todo, antes podrá acertar en el diagnóstico y ser consciente de la mejor solución como con buen tino señala JM del Valle. El cliente se guía por sus sentimientos, pero paga a un profesional para que no se deje llevar por éstos y le dé al menos la garantia de no tener la visión nublada y aplicar de forma quirúrgica la lex artis. El abogado que piensa así no es afectado igual por los reveses que los que no. Saludos.

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  7. Muy cierto lo que se expone, siendo muy difícil que alguien sea todo lo objetivo que debiera con uno mismo. Pero del mismo modo que una manera inteligente de preparar un caso puede ser desarrollar, aun imaginariamente, la contestación a la misma, y adelantarse disparando contra ella todo lo que se nos ocurra, tanto excepciones como cuestiones de fondo, reforzando seguramente su consistencia, una sentencia desestimatoria también debería llevar a hacernos reflexionar en la medida de lo posible sobre los motivos del fracaso, y de hecho se hace siempre.
    Hay posibilidades sobre las que poco se puede hacer como la IV, ya que si nos pilla a contrapié un cambio de criterio del TS, TC o del propio Juzgado, difícilmente será imputable ningún reproche al letrado que inició la acción conforme el criterio jurisprudencial vigente en ese momento, salvo tal vez la recomendación de un rápido desistimiento sin costas (si todavía hay tiempo).
    Otras como la XII sobre si un pleito era menor o sin importancia no debería barajarse, al menos no a menudo, ya que si no merece interés el asunto mejor no embarcarse.
    En ocasiones, las menos, puede existir un error flagrante sin posibilidad de recurso, pero siendo prácticos casi nunca merece la pena embarcar al cliente en un amparo de negro futuro, o un más que complicado procedimiento por error judicial, ya que nuestro ánimo no debe enturbiar el interés del cliente que difícilmente se verá recompensado con algún recurso o acción extraordinaria de remota viabilidad
    En la gran mayoría de las ocasiones asistimos a fallos motivados en los que no se concuerda con la tesis del demandante porque en esto del derecho muchas veces nos movemos en zona de grises y puede defenderse tanto A como B, o al menos defender fundadamente ambas tesis en un caso concreto, siendo así uno se puede volver tranquilo a casa.

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  8. Muchas gracias por estas reflexiones, me han venido muy bien ya que pienso en tirar la toga unas dos o tres veces al día y lo lunes igual 5 o 6.

    No estoy tan segura de que merezca la pena seguir tal y como está el patio político (y por tanto contencioso) en el país. Quizás sería mejor hacer un trabajo político y no volver a ponerse la toga hasta lograr una reforma de la Justicia muy, muy profunda. Tengo la sensación de estar chocando todos los días contra un muro, de esforzarme como una bestia yo y mis clientes y que con eso, en realidad, lo que hacemos es sostener un sistema profundamente ineficiente. Incluso cuando gano, pierdo. Estoy segura de que haciéndome política adelantaría mucho más, o siendo juez como Sevach, un lugar desde donde puede hacerse un grandísimo papel. Pero como abogada… poca cosa.

    Saludos,

    Francisca

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    • Mª Victoria Torres García-Lomas

      Estimada Francisca:
      No la tires. Se puede ganar o perder, pero por muy desalantora que pueda parecer vuestra tarea cuando se pleita contra la Administración al menos hay una opotunidad. Como jurista soy una pésima cliente . Siempre llego al despacho del abogado pertrechada de sentencias y con las ideas muy claras. Me cuesta hacer un ejercicio de humildad, pero siempre dejo que se imponga la sensatez y la confianza . Por suerte o por desgracia he tenido que pleitear mucho en los últimos años y de mis fracasos he aprendido mucho. Es la alquimia de la reisiliencia. Nunca me he sentido sola. Contaba con mi abogado.

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  9. En primer lugar agradecer esta entrada del “maestro” porque hacía falta una entrada balsámica de este tipo. Coincido con los comentarios anteriores. Y sí, la amargura es inmensa cuando has trabajado mucho y bien pero el resultado no es el esperado y lo peor de todo es cuando de antemano ves venir la “sentencia garrote” de instancia en donde en juicios de cierta importancia la balanza parece inclinarse de antemano ante el más fuerte. Y eso los profesionales lo vemos venir. Pero no son razones jurídicas las que te llegan a ese convencimiento sino otras. El cliente tiene las mejores cartas de la baraja en su mano y la Administración va con “dos pitos”. Pero sabes que no te van a dar la razón jurídica. Eso apunta a lo que dicen los compañeros, que para ganar los pleitos en lugar de estudiar y preparar los casos parece ser más provechoso hacer “política de juzgado” y poco derecho.

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  10. Buena reflexion Sevach. La autoestima es un instrumento imprescindible en esta profesion, sin ella ilvanar una demanda o un recurso se hace poco menos que imposible….Pero tanto perder y recuperar la autoestima nos va dejando mella….yo procuro mentalizarme – y mentalizar al cliente-, de que aun con razón y con razones, se puede perder….así, cuando el fallo nos es favorable, la alegría es mayor, y la desilusión menor si no nos favorece……pero, aun así, cómo evitar la frustración ante un fallo irrazonable!

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  11. Dice La Nueva España de hoy:
    El Supremo anula un examen que dio once plazas de médicos de uci en tres hospitales
    El concurso-oposición fue impugnado por tres de los aspirantes, cuyos argumentos habían sido rechazados por el Tribunal Superior de Asturias

    Y yo me pregunto, ya que se ha hablado de costas,:
    1º).- La sentencia del TSJ ¿condenaba en costas a los recurrentes?
    2º).- ¿que provisión de fondos se habrá efectuado para llegar al Supremo?
    3º).- Si la oposición hubiera sido de celadores del Hospital, personal con menos capacidad adquisitiva para esta guerra de trincheras económicas, ¿ tendríamos igualmente jurisprudencia calentita o habrían tenido que desistir ?

    Ya se que es el viejo argumento de la Justicia para ricos, perdonarme, no me pude aguantar……

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  12. Muchas Gracias Jose Ramón. Excelente artículo en la línea habitual. Sin duda, lo peor de la Abogacía es cuando le tienes que decir a un “cliente” o amigo que ha perdido el juicio….. Cuando empecé a ejercer había pensado que el tiempo iría suavizando el trance, pero no es así. Ahora bien , lo que más te duele (y sucede menudo) es cuando pierdes el pleito contra la Administración por argumentos jurídicos no esgrimidos de contrario y que tampoco se vislumbraban en el expediente administrativo…. Al revés no sucede y aquí sí te queda cara de tonto de verdad…. Un abrazo.

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    • Estimados Colegas, creo que para atenuar los imponderables de un juicio, es prioritario hablar con el cliente al tomar el caso de las posibilidades que se puedan presentar, entre ellas que se desetime. Lo tremendo que puede suceder, es que por algún mal cálculo en el cómputo de los plazos, se haya vencido la posibilidad de recurrir. En ese caso, he tenido que dictar sentencia por mala praxis denunciada por el cliente del profesional, icluso con conocimiento que aunque se hubiera recurrido en término, tampoco hubiera prosperado. Como bien han expuesto las vicisitudes son muchas en la profesión. Encima, lidiar con las sentencias mediocres y las costas. Saludos

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  13. Estimado compañero,
    solamente comentarte que me ha encantado tu artículo.
    Un abrazo de una compañera joven que ha perdido el autoestima en juicio.

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  14. A mi, lo que más me enerva, es que SSª apenas te deje hablar, sobre todo en el interrogatorio.

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  15. Conocí a José Ramón en la presentanción que dio en Madrid de su diccionario contencioso administrativo. Deseaba ver la cara de la persona y el profesional que más admiro porque sabe ser docente, tiene conocimientos, sentido del humor y sabe vivir. Sus amigos me lo confirmaron y me alegro mucho de haber ido porque, con gente como él, se lleva mejor la dura profesión de defensor de la justicia. Mª Dolores. Abogada

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    • Estimada María Dolores: El placer fue mío, y por supuesto que seguidores como vosotros son los que me animan, no solo con el blog sino con el día a día de esta profesión, que tanto para abogados como para jueces, es una montaña rusa.
      Un fuerte abrazo

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  16. Pingback: El consuelo del jurista desencantado - El rincón jurídico de José R. Chaves - delaJusticia.com

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