Humor y Administracion Sobre los empleados públicos

Del síndrome postvacacional de los funcionarios: deseos, zancadillas y desencantos

 

soñarMuchos malvados bromearán afirmando bajo el cruel tópico de la galvana burocrática que los funcionarios constituyen el único colectivo no propenso al síndrome postvacacional ya que no habría diferencia entre su esfuerzo en vacaciones y su esfuerzo en período laboramente activo. Sevach prefiere ser más realista y señalar que el común de los funcionarios sufre un síndrome de desgana crónico, como consecuencia del contraste entre sus propósitos postvavacionales y los despropósitos administrativos en que se ve envuelto. Y es que, al igual que un colegial está ansioso por iniciar el curso académico, estrenar los nuevos libros, contactar con los compañeros y llevar al día los deberes, el funcionario tras las vacaciones alimenta positivas expectativas. No hay como el reposo para la autoestima y la fe en el sistema. Sin embargo, la cruel realidad pronto asoma y buena parte de los funcionarios se ven obligados a replegarse en su concha y rumiar su desdicha.

1. Veamos, algunos de los sanos propósitos de los funcionarios tras el descanso vacacional así como el correlativo despropósito administrativo que impide su logro.

Primer Propósito: Leer todos los días los Boletines Oficiales, estatal y autonómico.

Las órdenes del patrono del funcionario revisten la forma de leyes, reglamentos, instrucciones, convocatorias y un sinfín de pamplinas jurídico-administrativas. Un funcionario informado y al día es un funcionario competente. Por eso, nada mas noble que el trabajador intente dominar todas las aristas normativas de su trabajo.

Despropósito: Los boletines oficiales se han vuelto accesibles por internet pero han aumentado las normas administrativas en fuentes (estatal, autonómica,local e incluso institucional) y en dinamismo (vigencias y derogaciones frenéticas) unido a sentencias del Tribunal Supremo o Tribunales Superiores de Justicia en interés de ley (que se publican oficialmente) y a Sentencias del Tribunal Constitucional que vinculan en su integridad. El resultado es que el funcionario que intenta informarse y estar al día de la normativa que rige su labor, o su entorno burocrático, se siente como un infante luchando por vaciar el océano con un cubo.

Segundo Propósito: Orden en la mesa de despacho.

Todo trabajador de oficina sabe que inercialmente la teoría del caos se apodera de su despacho, y especialmente el funcionario que no es dueño de su ritmo de trabajo ni le corresponde el criterio de decisión final. Por eso, con la mejor de las intenciones pretende tener ordenada la mesa, la agenda y los utensilios de escritorio. Las fotografías familiares y los símbolos centraditos al mejor estilo fen-sui. Incluso aspira a ordenar los archivos del ordenador en carpetas y subcarpetas. Y por supuesto, los expedientes clasificados por materias y cuadrados en pilas, o por orden cronológico. Las leyes y boletines manejados también merecen la minuciosa atención clasificadora de un entomólogo.

Despropósito: Pronto la avalancha de asuntos, las urgencias de los jefes, los acuses de recibo huérfanos, los ahoratelomiro, los estonoesmío y otros documentos de variopinta procedencia van sumiendo la mesa en lo mas parecido al infierno del cuadro de El Bosco o a una chatarrería sin reciclaje.

Tercer Propósito: No trabajar más de la jornada legalmente exigible.

La vida familiar y el ocio personal importan. Se trata del afán del funcionario de recuperar su propio territorio personal.

Despropósito: El funcionario público es siervo de la urgencia del político. La autoridad quiere respuestas lo más rápido posible, y el funcionario responsable se acaba dejando la piel para que finalmente su labor se paralice en la mesa del político, sus asesores o los vericuetos institucionales de ese mar de los sargazos que es la decisión política. A veces la urgencia del asunto, que suele plantearse a última hora de la mañana, se envuelve de modo amargo bajo una orden fulminante, y otras veces bajo la dulce manzana envenenada del ruego de la autoridad. El resultado es un funcionario fustigado que acaba saliendo de la oficina fuera de la jornada ordinaria o que madruga para adelantar trabajo, o que no agota su derecho a días de asuntos propios para atender su labor.

Cuarto Propósito. No llevarse los problemas del trabajo a casa.

El noble anhelo de todo funcionario es salir de la oficina, aunque sea con horas extraordinarias, pero eso sí, tras “fichar” olvidarse de todo hasta el día siguiente. Aquí el funcionario aspira a realizar el clásico ” trabajar para vivir” y superar el esclavista “vivir para trabajar”.

Despropósito: El funcionario público trabaja para los asuntos públicos y es difícil evadirse cuando los medios de comunicación ponen énfasis en la noticia pública ( la sentencia, la legalidad o ilegalidad, la eficacia o ineficacia,etc). El funcionario nota el aliento del control sobre su nuca. Además los expedientes están sujetos a plazos, a la presión del ciudadano y/o abogado, a la necesidad de ofrecer resultados y respuestas, tanto al ciudadano como al político. Esa especie de “libertad vigilada” del funcionario le obliga a llevarse los problemas y trámites a casa. No digamos ya, si un político airado le presiona, o si un abogado le amenaza con las penas del infierno, o si sobrevuela la idea de la responsabilidad administrativa.

Quinto Propósito. Aplicar la Ley a todos por igual.

El funcionario público al tomar posesión jura o promete acatar la Constitución y las leyes. Y por eso, su sueño es aplicar a rajatabla la legalidad, no emitir informes sesgados, ni ser cómplice de agravios comparativos o chapuzas de políticos sin escrúpulos.

Despropósito: El funcionario público tras el cumplimiento del primer trienio, o incluso antes, comprende que Roma no paga traidores (como a Viriato), y que creer en la Ley estricta, invocarla frente al desafuero político y mostrar sus reparos por escrito, son el camino más fácil para el ostracismo retributivo y para la postergación en la promoción profesional. Al final, buena parte de los funcionarios caen en la cómoda pasividad, como mecanismo de supervivencia burocrática, y por eso tales funcionarios tienden a no hacer causa de expediente alguno, a convertirse en una pieza muda del engranaje y a refugiarse en el “siempre se hizo así”, ” nunca pasa nada”, “no quiero segar la hierba de mi promoción”, etc.

Sexto Propósito. No perder la perspectiva de su labor como servidor público, sin lugar para chismorreos, envidias y conspiraciones.

Se trata de no preocuparse de cantos de sirena de Estatutos Básicos, de carreras profesionales, de palabrería de productividad, niveles y otros sonsonetes que consumen tiempo y energías en despachos y pasillos burocráticos.

Despropósito: El funcionario público se ve sometido a la fuerza de los rumores o comunicaciones estratégicas, de autoridades, compañeros o sindicatos. Es difícil ignorar el incendio cuando se está dentro de la vivienda.

2. En fin, quizás no hay muchas diferencias entre el común de los trabajadores y los funcionarios públicos, pero Sevach habla de lo que tiene mas a mano, y le parece que existe una realidad subterránea de la vida funcionarial mas compleja que los cómodos tópicos que los vilipendian. Lo dicho podrá leerse en clave de humor, o como irónico sarcasmo, y quizás existan funcionarios que no reconozcan haber hecho ninguno de tales propósitos en ningún momento de su carrera administrativa, pero si los hay creo sinceramente que son una minoría.

3. La Ciencia de la Administración, esa Cenicienta del Derecho Público, tiene mucho por estudiar, ya que si se diagnostican los males de organización administrativa y de desencanto funcionarial, fácil será encontrar fórmulas que permitan mejorar la Administración Pública. No se trata de cuidar a los funcionarios públicos como al buey de Kobe (masajes, cerveza y música) sino de desterrar la sensación agria de ser funcionarios Pagafantas.

11 comments on “Del síndrome postvacacional de los funcionarios: deseos, zancadillas y desencantos

  1. Sevach debo felicitarte por tu bitácora, es reconfortante saber que todavía hay oasis intelectuales en los que poder escuchar opiniones y juicios bien fundamentados y con grandes dosis de humor y humanidad. Aunque la recompensa de estas iniciativas sea muchas veces nada más la de sentirse bien con uno mismo por saber que hace lo correcto, debo felicitarte por mantener viva la antorcha de la razonabilidad. Es un placer descansar de vez en cuando en este pedestal.

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  2. Estupendo comentario.

    Lo más curioso del caso es que con él Sevach no está contando milongas, como muchos no-funcionarios podrían creer, sino pintando la realidad al estilo de Velázquez.

    Tras lo dicho por Sevach late un sentimiento a mitad de camino entre la tristeza y la impotencia, muy generalizado en el ánimo del personal funcionario que, sin embargo, pronto cesará de latir, pues, tal y como van las cosas, podemos observar cómo está viniendo (están trayendo) la solución a todos los problemas, que viene -ya está llegando- de la mano de la privatización que -paso a paso, y, aunque muchos no lo creamos- sin duda todo lo resolverá. Viviremos en un mundo más eficiente y enterraremos por fin el “vuelva usted mañana” que tanto mal ha causado a los ciudadanos, inermes históricamente. Y así también se habrán terminado todas nuestras dolencias.

    En fin, gracias a los impulsores de la innovación por la soterrada reforma constitucional que a todos nos librará a medio plazo de la subclase funcionarial y dejará reducido el marco laboral a un solo colectivo uniforme en el que ya habrán quedado desterrados los males congénitos de aquel grupo de vagos, poco capaces y peor formados.
    ¡Qué lástima tantos años desperdiciados con un sistema funcionarial decadente e ineficaz! Demos la bienvenida a la panacea de todos los males. Requiescat in pacem functionarii. Bienvenidos sean los Empleados públicos (hoy, y luego…).

    Es obvio que no podíamos permitirnos seguir así más tiempo. Según los teóricos de la ciencia de la Administración:
    – El Empleado público no debe llevarse los problemas del trabajo a casa. Eso es índice de que…
    – El Empleado público no debe trabajar más de la jornada legalmente exigible. Eso es índice de que…
    …Todo es índice de que… quizá no funcionen bien los funcionarios.

    En fin, como funcionario, no puedo más que sentir indignación y repugnancia causadas por todos los que no queriendo ver la realidad, por unas y otras razones –siempre interesadas- que no entro a valorar, solo quieren terminar con una institución como la Función Pública que tan gran servicio ha hecho, está haciendo y seguiría haciendo… si le dejaran. Lo que tendrían que hacer es potenciarla, mejorándola, actualizándola y eliminando los males objetivos que la acechan, agarrando el toro por los cuernos desde en aquello de dotar de independencia a los funcionarios que han de ejercer el control en las administraciones locales, por ejemplo, hasta en aquello de terminar con las injustas desigualdades retributivas entre funcionarios de una misma clase y distinta adscripción territorial, por destacar las dos cuestiones en esta materia quizás más urgentes en el ámbito local y en el general.

    En el fondo creo coincidir con Sevach en que en verdad -en la realidad- todo se resume en que en general las cosas están mal como están porque «El Funcionario propone… y el responsable político dispone».

    Y, por ello, en buena técnica y para resolver en verdad los problemas, quizá debería dotarse de más poder -e independencia- al funcionario (sin detrimento del que ahora detenta el político), invirtiendo los términos y la dirección de las reformas modernas.

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  3. Si.

    Pero a lo largo de mi vida y de mis experiencias con profesionales de todos los ambitos y de lo mas variopinto….He de reconocer que los menos eficientes y con mas desgana a la hora de realizar su trabajo por estadistica son los funcionarios, sobre todo los/as administrativos/as.

    Pero evidentemente los hay muy eficientes, que hacen muy bien su trabajo. Y ya sa sabe….. por unos pocos se ganan la fama todos. Pero asi es la vida.

    Saludos

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  4. Pues si, la empresa privada nos lo solucionará todo….por ejemplo, el termostato de mi calefacción. En Mayo (Aproveché una época en que las empresas del ramo tienen poco trabajo) llamé a una empresa para que me instalara uno nuevo. Tras quedar por teléfono en que llamarían para darme precios y venir a montarlo, no volví a saber de ellos. Indignado, exclamé “Os vais a enterar! Para esto está la libre competencia y el mercado” Y llamé a otra empresa, que me atendió amablemente, me puso en contacto con su instalador y quedó en pasar “la semana siguiente”. Aún lo estoy esperando. Y así, hasta agotar (Sí, he dicho bien, no es una errata) el listado de instaladores de las páginas amarillas de mi localidad. Y en el mes de Mayo. Sigo sin termostato de calefacción a efcha de hoy.

    ¿Quién no ha vivido algo similar con fontaneros, electricistas, albañiles, o cualquier otro servicio similar? El sacrosanto mercado y empresa privada que todo lo solucionan, resulta que no es tal remedio al final.

    Siempre he pensado que en España sobran funcionarios en muchos ámbitos, ya que aquí invertimos el principio clásico y es el órgano (Pesebre del amigo del político) crea la función, en vez de al revés. Un cuerpo funcionarial de élite, mas reducido, bien preparado y retribuído, con un nivel de exigencia alto y sobre todo, con una burocracia enormemente reducida y medios dignos del Siglo XXI, haría maravillas. Ahí está Hacienda para demostrar que se puede mejorar mucho. Pero mantener e hipertrofiar el sistema actual solo hace que generar ineficiencia y acaba por destruír las virtudes del funcionariado español (Que también las tiene, por mucho que algunos se empeñen en negarlas) y que Pablo Soto resaltaba con acierto.

    Saludos

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  5. El problema, y de ahí la demagogia circulante, es que se habla siempre de un colectivo integrado por millones de personas como si se tratase de una empresa de 76 trabajadores. Si yo voy a una caja de ahorros y la persona que me atiende en ventanilla disfruta de una fealdad grosera y de una obesidad notable, por ejemplo, no me plantearé decir que todos los empleados de banca son feos y gordos..Sin embargo, la conducta de un funcionario afecta a la opinión sobre el coletivo..todos vagos, tres cafés, todos con bolsas del supremercado al volver del desayuno (de uno de ellos)..En fin, que todo el mundo puede juzgar nuestro trabajo, pero ay de que quién ose criticar el trabajo realizado por un trabajador de lo privado..

    Yo ya he decidido desde hace tiempo que no voy a perder el tiempo en discutir e intentar convencer a mis conocidos y amigos sobre los mitos y leyendas de la Admininstración (para empezar, porque no saben distinguir entre los distintos niveles de Administración que existen: “Ah, ¿pero tú no trabajas en el Ayuntamiento?”). Pero creo que si algún no funcionario leyera esto que dice Sevach de llevarse el trabajo a casa, se desternillaría. Hay casos y casos, obviamente y como en todo, pero por fortuna y salvo en el caso de los teletrabajadores, pocos funcionarios nos llevamos materia a casa.

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  6. Espléndido, sevach. Debes ser el ultimo defensor ilustrado de los funcionarios

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  7. La función pública – al menos en la esfera que yo conozco algo: la local- se ha convertido en paradigma del clientelismo-pesebrismo y reflejo de la corrupción cada vez más notoria que existe en nuestro pais. Cuando el amigo entra por la puerta el profesional sale por la ventana. El resultado es que “la función pública” se degrada día tras día. Quiero hacer un llamamiento o canto de cisne en favor de los antiguos cuerpos nacionales (ahora sospechosamente “estatales”) que han sido corrompidos (léase baremos específicos en los concursos) para paulatinamente dejarlos morir lentamente. El político es el gran corruptor, porque no quiere un técnico independente y eficaz. Mejor dicho: si tiene que optar entre la eficacia y la sumisión elige indudablemente la sumisión. En realidad no le interesa un funcionario independiente porquer esa independencia choca con su poder que tiene a ser omnímodo.Así nos vemos y así nos veremos.Vamos de cabeza a la España del corralito o del funcionario “cesante” del S. XIX.

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  8. Totalmente de acuerdo con Juan, y por supuesto con el planteamiento de Sevach. Pero, una cosa, “el político” que fomenta y aprovecha el caciquismo no es sólo el cacique local, es el que, en la cúspide, sabe perfectamente que hay un sistema caciquil, corrupto, extendido por toda España -como una metástasis- y no hace ni dice absolutamente nada para cambiarlo.

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  9. Juan Manuel del Valle Pascual

    DIARIO POSTVOCACIONAL
    DE UN FUNCIONARIO CUALQUIERA.

    Apenas una semana
    después de las vacaciones
    y todo está del revés:
    Adios bellas sensaciones
    de la playa
    ( sin sombrilla ),
    de los montes
    ( sin familia),
    de los parques de atracciones,
    chiringuito ( Ay, Ley de Costas )
    de butifarras y tostas,
    de helados y de mojitos,
    de las pieles bronceadas
    de las macizas, los mendas
    estupendos y estupendas
    – cada cual tiene su gusto,
    pues divertirse es lo justo
    y no hay que ser un palizas -,
    de las terrazas de noche,
    de los garitos innobles
    con las chicas en top less
    ( o bañistas musculosos,
    porque para todo hay gustos),
    miss camiseta mojada.
    ¡ Qué alegría! ¡ Qué placer !
    ” Esperamos en la playa
    a quien la tenga más larga.”
    Y no seré yo,¡ pardiez !
    ( Y creedme que lo siento,
    mas…si hay que mentir, yo miento )
    cubatas, gin tonics, cien
    mendas en carnes tolendas,
    entre bailes y canciones,
    con los ligues de ocasiones
    que nunca volveré a ver.
    Ni a repetir, ¡ qué cojones !

    Son, como mucho, un recuerdo
    que me despierta obsesiones
    de tintes escandalosos
    que me lanza al calendario,
    a diario, mas con ganas
    de inolvidable galbana,
    para, con cinco moscosos,
    perderme en una semana
    por toda la Habana vieja
    bailando al son de la salsa,
    todita la noche entera
    entregado al ron de caña
    y al daiquiri de leyenda.

    Pero, heme aquí, en el despacho,
    me he leído todo el BOE,
    el de mi comunidad,
    los decretos más traidores,
    seis concursos sigilosos
    con aroma de amañados
    ( qué asquerosos, cuán taimados )
    toda la correspondencia,
    -vaya empacho-
    redacté ya siete oficios,
    una Instrucción del Servicio
    (que antes era Circular),
    que nadie habrá de aplicar
    y que dudo que alguien lea.
    Bruñido en dura pelea
    revisé el correo electrónico
    y contesté los e-mails.
    Me he quedado catatónico,
    he perdido el bronceado
    ( pues la ducha no perdona.
    ¡ Envidiosa ! )
    He ganado cuatro kilos
    que a ver cómo me los quito,
    pues la dieta es un castigo,
    la báscula, una chivata
    que he de dejar jubilata,
    pues no se hace eso a un amigo.

    ¡ Menuda vida cabrona
    me espera hasta Navidades !
    ¡ Feria de las vanidades
    burocréticas que asolan
    a los pobres funcionarios !
    Con el sueldo congelado,
    el ascenso prometido
    ¡ al carajo!
    ” La RPT no se toca,
    ha dicho el Subsecretario,
    que nos sacan los colores
    todos nuestros adversarios
    en Las Cortes.
    Si hay que joderse, te jodes.
    Debemos ser solidarios.
    Tú bien sabes que te aprecio”.
    Pero aquí quien paga el precio
    es uno mismo.
    ¡ Qué cinismo !
    ¡ Qué desprecio !
    Y los jefes de los nervios
    pues la crisis hace estragos,
    que yo pago
    ( como has visto ),
    que tu pagas
    ( Ya verás, ya te lo he dicho),
    que pagan los ciudadanos
    ( menos algunos parados,
    que pillarán un poquillo).
    Pero ellos no ¡ qué carajos !

    Mientras, nos dejan en bragas
    con sus errores palmarios,
    que cometen de ordinario
    aunque les digas : “No lo hagas,
    que la cagas”.
    Y la cagan.
    ¿Y a quién les echan las culpas?
    Al turuta.
    O a mí mismo.
    Tú, disfruta,
    que de eso va el masoquismo,
    y sufrir va con el sueldo,
    aunque sea bien escaso.
    Valga Dios tal despotismo.
    Porque estoy acostumbrado…
    Pero me quedo jodido.
    Jodido y abandonado.

    ¿No voy yo a meter la pata
    mientras ellos no la sacan
    aun rodeados de asesores
    que se llevan una pasta
    sin hacer oposiciones ?
    ( Y ellos en trajes y en bolsos,
    y en lo que no hayan probado;
    es pura casualidad
    que al que regala, en contratos,
    el riñón le hayan forrado
    sin ser de su “negociado”
    lo que había que contratar.
    ¡ Y se dicen acosados! )
    Meten la pata a diario
    de la forma más impune.
    Y no dimite ni el Tato,
    ni les cesan.
    Para ellos es un castigo
    que les lleven al Juzgado
    aunque sea a declarar
    en condición de imputados.
    ” Si acaso algún funcionario
    va a ir haciendo las maletas”.
    Le mandan a casa un rato,
    y aunque todos sus amigos,
    por más que le oigan contar,
    le miren cual apestado
    aunque jure : ” Yo no he sido. ”
    ¿ Quién cree a un expedientado
    por la digna autoridad ?
    que ya se arreglará todo
    cuando lo diga el Juzgado.
    La ignorancia es un perfume,
    no hay cohecho en los regalos.
    hecho para los señores.

    Si acaso a los funcionarios
    que no tienen más partido
    que el de fútbol cada sábado
    …o domingo… y algún miércoles,
    si aun estamos en la Champions,
    y no nos echa un foráneo,
    por supuesto, injustamente,
    por algún error del árbitro.
    Y que luego, levemente,
    comentan en el trabajo
    …hasta a veces con el jefe,
    si le vimos por la tele
    junto con los mandamases
    muy seriecito en el palco.
    Trabajando,
    claro,
    Alguno se duerme un rato.
    Es muy duro su trabajo,
    aunque nunca nos dé entradas
    p’a poder acompañarle
    en esas duras jornadas
    de debates urbanísticos
    en las que lo edificable
    se mueve más que un ministro,
    y lo rústico a terciario
    hacen que el plan de urbanismo
    sea un finstro
    en manos de un consejero
    que no lo entiende ni él mismo
    ni el que hizo su diseño.

    Asesores
    de sueldo descongelado
    igual que los diputados,
    magistrados del Supremo
    o Secretarios de Estado,
    ministros y senadores
    (Esos sí que tienen paro,
    orondas jubilaciones
    y complementos eternos
    si antes eran funcionarios).
    Y una beca,
    pues con el tiempo algo aprenden.
    Y relaciones
    todas ellas excelentes
    p’a pasarse a lo privado
    en infaustas condiciones
    que no se las salta un gato.

    Mientras, yo aquí, pesaroso,
    pues no me queda un moscoso,
    ya los gasté, t’os juntos,
    igualito que un idiota,
    cuando el acceso de próstata.
    ¡ Qué disgusto !
    ¿ Por qué no seré un pelotas,
    un síseñor, un bandido,
    un funcionario vendido,
    un quitacaspas, un nota
    que sonría a todas horas
    a nuestros jefes queridos
    del partido al que más votan.

    Siempre quedará el recuerdo
    de aquel tiempo
    del verano de esta copla.

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