Se habla tanto de eficiencia procesal, mediación, electronificación, lenguaje políticamente correcto, y mantras similares, arropados en leyes voluntariosas, que parece que los tiempos de jerga y burocracia en el proceso están agonizando.
Falta por ver si se cumplirá aquello de «cualquier tiempo pasado fue mejor» (Jorge Manrique) o si «tu viejo camino está envejeciendo rápidamente» (Bob Dylan).
Cuando estemos en condiciones de hacer balance serio, posiblemente yo estaré lejos en el tiempo y el espacio, pero no puedo menos de recordar con una sonrisa la visión humorística de la riqueza de la jerga procesal de tiempos no lejanos, plasmada por mi gran amigo Juan Manuel del Valle en su amena novela («Acaso haya esquinas sin embustes«, 2021), que quiero compartir, por aquello de empezar «la semana judicial» con buen humor.
Y el lío es mayor cuando escribes una demanda o la contestas, porque escribes como si tú fueras el procurador, una falsía, que dices que dice escribir en nombre del cliente, sin que este ponga ni una palabra, ni decir que es el abogado, que es el que ha escrito todo, pero se lo calla, o sea, como un ventrílocuo. El procurador va al pleito, pero no dice esta boca es mía, por lo que es como un convidado de piedra, un figurón, a veces ayuda mucho a los abogados que empiezan, pero por lo bajini, porque los novatos están despistadísimos, que en los libros de la carrera se cuenta una cosa, pero en la realidad se hace otra distinta. Lleva al juzgado, como dije, los escritos del abogado, y recibe los del contrario, y, de vez en cuando pregunta cómo van los papeles. Son como los recogepelotas del tenis que juegan otros, teniendo a los clientes de espectadores, que en los juzgados no les hacen ni caso. Pero a veces son los que rematan a gol justo delante de la portería.
A continuación sigue con la jerga jurídica:
No es extraño, porque, como se puede ver, para entender este lenguaje hay que saber el idioma y conocer el patio, que no hay dos iguales y ya se ve que es difícil, porque suele significar cosa distinta de lo que entiende la gente, y según el juez que te toque. Ya que se puede ser litisconsorte si tienes que ir de la mano con otro, activo o pasivo, tanto del actor, como del demandado. Si estás en un pleito penal, aparece el fiscal, otro señor con puñetas –puntillas en las mangas– como los jueces, que es el que ataca de verdad y al que hace caso el juez, porque toman café juntos, y a tu cliente le sientan en un banquillo la mar de incómodo –podían poner sillas–, con un policía al lado y esposado. A tu cliente le llaman acusado o encausado, y puede mentir como un bellaco, que no le pasa nada, que cuando declara un testigo, como mienta, en las películas le acusan de perjurio, pero aquí, se dice que de dar falso testimonio, pero todo cuela y cabe en la cazuela, que aquí se perdona lo de mentir casi siempre, que está en nuestro ser.
El dominio de la lengua, pluma y humor sigue explayándose con la palabrería judicial:
Ya lo que se aprende de los actos judiciales, o sea, de lo que escriben los jueces y cómo lo llaman, es un sinparar: Todas las sentencias, que no son refranes, terminan en un fallo, con lo que se da por hecho que no aciertan, y así suele ser en cuanto hay un buen abogado de por medio, sobre todo si pilla un defecto procesal, que eso es una mina, aunque no tenga razón el cliente; cada providencia no se cuida del mundo, ni de los hombres creyentes, como si fuera dios, y por eso debe ser que aquí se recurren todas, para ganar tiempo y cobrarle más al cliente o que pague más tarde, o sea, como un crédito de bajo o ningún interés.
Y no acaba nuestro trovador;
Los autos no tienen ruedas ni motor, y tampoco andan; las diligencias mucho menos, ni llevan caballos, y las hay previas y preliminares, antes de nada, y para mejor proveer, luego, cuando ya podían haberlo provisto antes, y son bastante tiquismiquis, pues las hay de trámite y de mero trámite, que ya es afinar, pero retrasan la sentencia, cuando suele convenir. Luego están las ejecutorias, que dan y quitan, de palabrita, eso sí, pero ni matan, ni dejan muertos, aunque sí arruinados, porque o te quitan la casa o el dinero del banco, pero ya en el lanzamiento, que es cuando va la policía empujando. Y está lo del desahucio, para que los que no saben pongan la “h” intercalada fuera de sitio y digan deshaucio.
Hay tiempo para hablar de los recursos:
Y qué me dices de los recursos, que hay un montón: los hay de casación, sin boda ni banquete, que unas veces cambian la sentencia y otras le dice a que la cambie quien la dictó mal, que a él le da la risa, lo que tarda una barbaridad, entre que vas y vuelves, para que cuando lo haga ya no se encuentre nada o no hay quien lo remedie; los hay de súplica, de queja, en interés de ley –como si los demás no lo fueran– y de suplicación, así como de apelación, de alzada y de reposición, ordinarios, o del montón, y extraordinarios, de fuera del montón, que son el no va más, que a alguno le dejan pelado lo que ganó en instancia, que revocan su fallo…con otro fallo, que en la justicia hay más fallas que en Valencia.
Ítem más:
Este lenguaje es la monda. Deponer no es liberar los intestino en el excusado; un peritaje no es un cajón de peras; forense y foral no es alguien o algo que está fuera, sino un medico de los juzgados o gente que tiene otras reglas; las apelaciones van en un rollo, pero no enrollan a nadie o a todos, pero da sopor leerlos porque no tienen fin, y es que es verdad que son insoportables, que, por lo visto es como antes se guardaban los documentos, enrollados, como una tubería bien gorda; los expedientes se folian para numerar los distintos pasos y actos administrativos, que no son actos de funcionario alguno, sino de la autoridad competente, que con nadie compite, que el incompetente no es que sea tonto de baba, pero si no lo dicta quien le toca, son nulos, algunos hasta de pleno derecho, cuando más bien serían de pleno torcido. Aquellos se pueden remendar, pero estos, no. Conservando lo que corresponda, como las sardinas de una lata de ídem.
Y como no, de las unidades administrativas:
Los negociados administrativos no negocian con nadie, pues solo pasan de acá para allá los papeles, y sus jefes suelen ser unos cascarrabias mal pagados hasta de sí mismos, cuando no están en otro sitio, o sea, despachando, como un dependiente de ultramarinos, con el jefe de servicio, que tampoco es el que regenta los urinarios, como si entre uno y otro se llevaran las cosas por las bajantes, pues los papeles se pierden más que la guerra de Troya. (Página, 371)
Pero no es una novela jurídica. Sencillamente una visión fresca, luminosa y lúdica de algo serio. Porque como decía Chesterton, «serio» no es lo contrario de divertido (divertido es lo contrario de aburrido, y lo serio explicado con humor «comunica» mejor).
Buena semana.
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Los autos no tienen ruedas ni motor, y tampoco andan; las diligencias mucho menos, ni llevan caballos, y las hay previas y preliminares, antes de nada, y para mejor proveer, luego, cuando ya podían haberlo provisto antes, y son bastante tiquismiquis, pues las hay de trámite y de mero trámite, que ya es afinar, pero retrasan la sentencia, cuando suele convenir. Luego están las ejecutorias, que dan y quitan, de palabrita, eso sí, pero ni matan, ni dejan muertos, aunque sí arruinados, porque o te quitan la casa o el dinero del banco, pero ya en el lanzamiento, que es cuando va la policía empujando. Y está lo del desahucio, para que los que no saben pongan la “h” intercalada fuera de sitio y digan deshaucio.
Gracias Señoría!, me ha alegrado el comienzo de semana con su humor Quevedesco muy fino y ajustado a los recovecos procesales.
Simplemente GENIAL.
La verdad es que siempre me ha llamado la atención que los señores jueces y magistrados «fallen» tanto; ¿no sería esto ahora un abuso de la administración de justicia? Por cierto, si al final se impone la IA, ¿ésta también «fallará»?
La IA falla como la escopeta del malo…
EJEMPLO.
El terreno, ¿es «inmueble»? o ¿es «bien inmueble»?
RESPUESTA CHAT GTP
¡Hola! En términos legales y técnicos, el terreno generalmente se considera un «bien inmueble». Esto se debe a que los bienes inmuebles son aquellos que están fijamente unidos a la tierra, como los terrenos y las edificaciones. Así que, en resumen, el terreno es un «bien inmueble». Si tienes alguna otra duda o necesitas más detalles, ¡estoy aquí para ayudarte!
CONCLUSIÓN, «error patente» de la IA.
Si fuese «bien inmueble» no se permitiría tasación administrativa ni pericial contradictoria del justiprecio de un «Bien inmueble». Todas las sentencias se refieren al «inmueble» «terreno» porque es el conjunto de «bienes inmuebles» rústicos, incluso los urbanizables diferenciados, y por ello pericial contradictoria, del valor de las tierras, previa valoración, por método residual de las construcciones, «bienes inmuebles», entre otros posibles diferenciados del «bien inmueble» «tierras».