Categoría: Lenguaje

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Paso de gigante para unificar el estilo de las sentencias

equilibrioHay sentencias judiciales cuya lectura “hiere la vista”, parecen un sudoku o escritas con desprecio a las reglas del orden, la sintaxis y la gramática. Tradicionalmente la forma, lenguaje, estructura y estilo de cada sentencia judicial ha quedado al gusto de cada juez.

Unas sentencias se atrincheraban en arcaísmos (“Debo declarar y declaro…”) y otras abusaban de neologismos; unas utilizaban la letra Times New Roman y otros Tahoma o la primera que tocase; unas sentencias encadenaban subjuntivos y se negaban a utilizar el “punto y seguido” y otras eran telegráficas; unas citaban sentencias por su número y otras por la referencia de la base de datos; la puntuación, fechas y uso de siglas era el reino del capricho; el uso de siglas o cita de fechas era libre… en definitiva, so pretexto de la independencia judicial se dejaba el estilo en manos de cada juez o ponente.

Pues bien, la falta de armonía ha emprendido la senda de la uniformidad. Se ha dado un loable paso firme por la Sala de Gobierno del Supremo que mediante el acuerdo de 19 de Enero de 2016 aprobó la Guía breve del prontuario de estilo para el Tribunal Supremo, donde se abordan criterios sobre la estructura de la sentencia, el uso de lenguaje (Mayúsculas y minúsculas, expresiones numéricas…), como citar sentencias y leyes y uso de abreviaturas o latinismos, así como el formato (uso de negrita, subrayado y cursiva), entre otras cuestiones extrínsecas pero importantísimas.

Aunque es una guía orientativa, seguramente calará poco a poco en todos los órganos judiciales y con ello se facilitará mayor claridad, elegancia y orden en eso tan importante que es una sentencia. Está en juego la transparencia y fuerza de motivación de las sentencias.

Veamos. Leer Más

avisto palabras
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Del español jurídico: lo serio y lo divertido

DiccionarioRecibo con alborozo la noticia de la publicación del Diccionario del español jurídico (Espasa, 2016) fruto de un Convenio entre el CGPJ y la Real Academia Española (RAE), cuyo aval es el Director de la obra, mi admirado Santiago Muñoz Machado (Catedrático de Derecho Administrativo y académico) y que “recupera los criterios que usó la Academia en el Diccionario de autoridades y no se limita a definir las palabras, sino que añade una explicación sobre el uso y procedencia del concepto con apoyo en la legislación, la jurisprudencia y los autores”. Un amplio volumen de 1669 páginas, con 30.000 entradas y participación de 130 profesores y catedráticos de universidades españolas seleccionados por especialidades del derecho.

No deja de ser curioso que se avance en esa línea de precisión de conceptos y respeto a la tradición y apoyo en el uso, y paradójicamente hace unos días el gobierno español se comprometió a la expulsión del latín del templo judicial.

Una vez fijados los conceptos, términos y jergas en sus justos términos con tan magna obra, queda la labor mas difícil; inculcar las cuatro reglas de oro que no están en los libros, a letrados y jueces en sus escritos o alegatos orales: Claridad-Exactitud-Brevedad-Orden (CEBO). Cualquier escrito sin una de esas cuatro patas, cojeará.

Nos recordaba G.K. Chesterton aquello de “Divertido no es lo contrario de serio; es lo contrario de aburrido”. Por eso me parece oportuno recordar que el lenguaje jurídico tiene plasticidad y permite juegos de palabras, como por ejemplo en los tiempos de corrupción actuales, es curioso el palíndromo (palabra o frase capicúa que se lee igual en ambos sentidos) del venezolano Darío Lancini: “Son robos, no sólo son sobornos”.

Ello me lleva a resucitar un viejo post, a petición de algunos lectores, sobre la riqueza del lenguaje jurídico y como se presta a juegos de palabras. No solo a estrategias retóricas en el foro sino a divertimentos curiosos. Veamos las sorpresas que aguardan al jurista tras las palabras.

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ContenciosoLenguajeLibros del fin de semana

Un día del libro no basta para los juristas: mejor un libro al día

LibrosartMe sorprende que solamente se dedique un día del año para festejar el libro cuando la lectura y el agradecimiento a Gutenberg y a los escritores que alimentan las imprentas, debería ser tarea de homenaje diario (mediante su práctica) como desayunar o limpiarse los dientes.

Curiosamente el pasado jueves tuve ocasión de ofrecer una charla amena a los alumnos de Derecho administrativo de la Facultad de Derecho de la Universidad de A Coruña titulada “Los goces y las sombras del Derecho Administrativo” (ya sabéis que la amenidad de una ponencia arranca del título como la noticia del titular), y entre otras cosas hice hincapié en la necesidad de la formación humanística para el jurista.

Les decía que “no todo en la vida es derecho”, que “leyendo, el derecho sabe mejor”, y les señalaba la diferencia manifiesta entre quien hace honor al calificativo de “letrado” (por gustarle las letras y la lectura) y quien sólo lee escritos procesales. Especialmente les advertí que cualquier juez aprecia en la lectura de un alegato la formación del abogado y cómo no, la fuerza de lo que dice y como lo dice. No sólo las formas procesales importan sino las formas de expresión.

Un escrito procesal simplón, mal escrito, con pésima sintaxis y pobreza semántica es el equivalente a comida enlatada, y sí, el “corta y pega” recuerda al MacDonalds.

En cambio, un escrito procesal sencillo pero con destreza lingüística, con dominio de las frases, que sabe recurrir a la metáfora o término preciso, que desliza alguna expresión técnica o latina con habilidad y pertinencia, es el equivalente a un delicatessen digno de restaurante con estrellas Michelín.

De ahí, que telegráficamente –confieso que el tiempo me apremia pues es sábado- aquí van lo que serían las diez enormes ventajas de leer habitualmente escritos no jurídicos (periódicos, novelas, ensayos, poesía, etc). Leer Más

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Un jurista que escribe bien se ayuda a sí mismo

corregirPor lo general, los escritos forenses, ni de los letrados ni de los propios jueces, son un modelo de sintaxis, ortografía y riqueza léxica. La jerga, la precipitación o los “corta y pega” generan mala literatura jurídica en formato procesal.

 

No debe olvidarse que los informes, alegaciones o sentencias son “mensajes” y el errado uso del medio afecta a lo que se comunica: en primer lugar, porque lo oculta o tuerce (y entorpece la lectura al distraer al lector); en segundo lugar, porque deja una pésima imagen profesional del letrado (descuidado y/o mal formado); y en tercer lugar, porque incomoda al destinatario (se frivoliza y pierde seriedad el mensaje).

 

Por eso, un buen letrado (“hombre de letras”) no solo debe “leer” y “escribir” sino educarse en ortografía y sintaxis (ya que la “caligrafía” ha sido enterrada por la informática).

 

Confieso que cometo y he cometido numerosos errores en este blog, en mis libros y en mis escritos profesionales pero al menos intento mejorar y corregirme. De igual modo, creo que no sobra que los letrados no lean solo libros de derecho sino que enriquezcan el léxico con lecturas de otros campos que de forma sutil aflorarán en la vida profesional.

 

Así que tras leerme el delicioso libro “Palabras Mayores: 199 recetas infalibles para expresarse bien” (Vox, 2015), de Alberto Gómez Font, Xosé Castro, Antonio Martín Fernández y Jorge de Buen, he aprendido infinidad de cuestiones, sobre semántica, sintaxis, ortografía e incluso composición de textos para edición. Una auténtica joya, con un estilo ameno y lenguaje directo. Pero lo mas importante es que ofrece soluciones alejadas del academicismo pero sin pérdida de rigor.

 

Pues de entre las numerosas cuestiones útiles de la obra, me limitaré a indicaros unos pocos y sencillos usos de lenguaje que tienen relevancia en el ámbito jurídico y que muchos descuidamos o pensábamos que actuábamos correctamente.

 

Espero que os sirva como complemento del post general que dediqué en su día a los gazapos y errores formales en los escritos procesales.

 

Aquí va siete útiles criterios, sencillitos pero que nos evitarán algún sonrojo. Leer Más

Contencioso.es - JR Chaves - De gazapos y otros errores formales de los escritos procesales
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De gazapos y otros errores formales de los escritos procesales

Define la Real Academia de la Lengua al “gazapo” como “Yerro que por inadvertencia deja escapar quien escribe o habla”.

 

Viene la caso porque la escritura en el ámbito procesal es una herramienta esencial para comunicar posiciones y estrategias entre las partes y el juez. Sin embargo hoy día, ya sea por los avances tecnológicos, porque se lee poco y escribe mucho, porque lo urgente desplaza lo importante, porque se prima el fondo sobre las formas o por cualesquiera otra razón, lo cierto es que la mayoría de los escritos procesales cumplen su misión con dignidad pero no faltan ovejas negras que dejan en mal lugar al rebaño (y para los suspicaces que ya habían desenfundado el colt, tales errores se predican tanto de los escritos de abogados como de fiscales o jueces, aunque insisto en que como hablamos de “letrados” no es una patología generalizada sino un fenómeno ocasional pero doloroso cuando se manifiesta).

 

Veamos una sencilla clasificación de errores menores (o “gazapos”) de los escritos procesales y algunos consejos que tengo el atrevimiento de formular, al margen de todo academicismo pero con leal vocación de ayudar a mejorar.

 

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De imputados a interesados y viceversa

interesado En un artículo de Opinión en el diario La Nueva España, el profesor Sosa Wagner, con su agudeza y talento habituales, bajo el sugerente título de ” Imputados: adiós” comenta los derroteros de la proyectada reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en cuanto acabará con el término “imputado” para sustituirlo por el edulcorado “investigado”, y que me lleva a reflexionar desde mi particular perspectiva sobre otros posibles maquillajes de palabrería en la órbita administrativa. Leer Más

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La palabra mas bonita del Diccionario Jurídico

palabras bellasTras haber reflexionado sobre la palabra mas bonita del Diccionario en castellano, me detuve a pensar si era posible hablar de palabras bellas en el mundo del Derecho, campo de la tensión entre norma, justicia y realidad. Algo así como hablar de palabras bellas en un cementerio el día de Difuntos.

Aquí va el resultado de mis reflexiones, con la levedad propia de la víspera del fin de semana, y agradezco las sugerencias de algunos buenos amigos que ya me las hicieron, así como de los lectores que puedan contribuir a enriquecerlo tras su lectura. Leer Más

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El Tribunal de la Unión Europea aclara el concepto de retraso aéreo

indemnizaciones por retraso La noción de litigio o pleito evoca complejidad y erudición jurídica. Sin embargo, como frecuentemente he indicado, una gran parte de pleitos versan sobre cuestiones de hecho o probatorias ( en las que subyacen las herramientas jurídicas para valorarlas) y otra gran parte versan sobre cuestiones netamente jurídicas que se zanjan con consultas a jurisprudencia o doctrina trillada. Así y todo, existe un tercer género de sentencias: las que abordan cuestiones jurídicas pero que ponen a prueba el sentido común del Tribunal ya que ofrecen una encrucijada en que todo es defendible o sostenible.

Un bonito ejemplo nos lo ofrece la reciente Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 4 de Septiembre de 2014 en el asunto C-452/13, entre un transportista aéreo y un viajero, en la que se da respuesta a la cuestión prejudicial elevada por un tribunal austriaco y que tiene por objeto interpretar el concepto “hora de llegada” del utilísimo Reglamento (CE) nº 261/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 11 de febrero de 2004, por el que se establecen normas comunes sobre compensación y asistencia a los pasajeros aéreos en caso de denegación de embarque y de cancelación o gran retraso de los vuelos.

Veamos, que el caso tiene miga, gracia e interés. Leer Más

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Del tratamiento impersonal hacia cargos públicos y judiciales

respeto   Siempre me ha llamado la atención el sutil calificativo jurídico de quien llama a las puertas de la Administración y después reclama ante la Jurisdicción Contencioso-Administrativa. Al que solicita a la Administración lo bautiza la Ley como “interesado”, con la subliminal carga negativa ( “que solo se mueve por un interés”, 2ª acepción Diccionario RAE, o sea, egoísta); al que demanda justicia ante los Tribunales la Ley le llama “actor”, con otro subliminal mensaje ( “que interpreta un papel”, 1ª acepción Diccionario RAE, o sea, alguien que disfraza la realidad). Claro que tampoco es mejor el término “recurrente” ( evoca alguien terco, “erre que erre”), y no digamos en el ámbito tributario lo de “sujeto pasivo” ( con sus resonancias de variantes masoquistas). Esta perspectiva me lleva a meditar sobre el tratamiento utilizado por el propio ciudadano cuando se dirige hacia la Administración o a los Tribunales .

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Al Tribunal Supremo le gustan las sentencias claritas y con buena letra

Frecuente resulta la incomprensión de las sentencias por los litigantes, sobre todo si pierden el juicio. Menos frecuente es que no las comprendan los abogados, versados en la jerga y razonamiento judicial. Pero lo que ya es insólito es que el Tribunal Supremo reproche enérgicamente a una Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia por la oscuridad, ambigüedad y confusión de una sentencia. Es el caso de la Sentencia dictada por la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo de 21 de Octubre del 2009 (Rec. 1575/2007) por la que se anula la sentencia dictada por la Sala de lo Contencioso-Administrativo de un Tribunal Superior de Justicia (“de cuyo nombre no quiero acordarme”). No tiene desperdicio la conclusión del Tribunal Supremo que posiblemente al no disponer de una piedra Rossetta que descifrase la sentencia impugnada, opta por anularla. Leer Más